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July 28 OBTUBRE A Respondona Querida amiga: Al menos tienes esta casa a la que venir a llorar. No creo que entre nosotros haya alguien que no haya pasado por momentos amargos. Tienes nuestro apoyo -ya lo ves- y tendrás la alegría que necesitarás para ir adaptándote a la vida que irá viniendo. Tus sobrinos son jóvenes y a esa edad las heridas, aunque nunca desaparezcan, tienen mejor cura, aunque el dolor del momento sea, supongo, terrible. Recibe mi abrazo y mis deseos de ánimo. Antonio Lluvia, pero como Dios manda Quiero decir que donde de verdad es un placer la lluvia es en el campo, en la Creación. Las ciudades no están preparadas ni para el calor, ni para el frío ni para la lluvia. Las ciudades tienen que encerrarse en ellas para vivir, salvo los días de sol generosos, de luz amable. El campo es el más ajustado paisaje para las “cosas” naturales. Me alegra leer aquí a Daddy, mi queridísimo tocayo estepeño -¿cómo va esa nueva idea empresarial?-, del que guardo memoria magnífica, por su verdad, su generosidad… ¿Qué le pasa a Mariquilla? / ¿Celos por lo de la brocha? / ¡Pues yo te doy la escobilla! No me digas que soy malo, / compañera; / estoy lijando madera / (¿le das tú el barniz al palo?) Y “Estherita”, “Estherita” / me llama flojo… / Pues a ver si me estira… / que no me enojo. Y Rocío, Rocío…, / mi aceitunera, /¿las prefieres cocidas / o en su salmuera? Saben a beso. / Y hay gordales que incluso / no tienen hueso. ¡Qué manera de llover! / ¡Pedidle el plano del Arca / al pobrecito Noé! Abrazos La lealtad Sabino Fernández Campos no se lleva a la tumba, como ha dicho alguna frase canalla, los secretos del 23-F; se lleva algo mucho más importante, algo que por ser tan poco común cuasi tiene que soportar críticas, y eso tan escaso no es sino la lealtad. Cuando la muerte cierra para siempre la boca de una persona, es de manifiesta ruindad decir públicamente lo que en vida del difunto no se le dijo a la cara, y más cuando se trata de convertir en poco menos que un silencio cómplice lo que no fue sino exquisita prudencia de fiel servidor a una idea, una persona, un país, España. Acostumbrados como estamos a que no haya secreto -ni de despacho ni de alcoba- que no tenga su precio en los mostradores del chisme, un ejemplo de lealtad nos asombra, nos despista, nos hace pensar que esa persona- Fernández Campos, en este caso, debió contar cuanto sabía. Los cementerios del mundo están llenos de tumbas donde duermen para siempre, sin posibilidad de aparecer, secretos de Estado, de pareja, de amistad, de amantes, de empresa, porque alguien decidió que era mejor dárselo como comida a la tierra que como carnaza a la opinión pública. Lo que don Sabino supiera del 23-F que no se haya contado, se queda para él, para las memorias de su muerte, esa obra que no podrá leer nadie. Pero más que lo que pudiera habernos ocultado el general, lo que debe interesarnos es cuánto de pena -cuando no de sangre y muerte- pudo ahorrarnos su exquisita prudencia, su elevadísimo sentido de la lealtad. Si hubo algo que pudiera rozarle a su señor, ¿acaso no era deber de su jefe preservar al Rey? A lo largo de la historia, ¿no ha salvado vidas la lealtad? ¿No ha evitado guerras la prudencia? Es posible que el general se lleve secretos a su tumba, pero también se lleva intacta su lengua, porque su lengua, aunque hubiera podido, no escandalizó jamás. Y eso en España es, no un elefante blanco, sino un mirlo blanco. Globo sin niño La imagen del globo navegando sin control sobre el territorio de Colorado no hubiera salido del círculo de los ufólogos, si la noticia no se hubiese servido con un niño dentro. Pero la noticia se convertía en atención mundial por lo que de tragedia podría tener en su final. Nos encontrábamos ante el hombre que muerde al perro, porque no se trataba de un niño con globo sino de un globo con niño. No recuerdo una atención igual puesta en el cielo desde los trágicos vuelos del 11-S; el globo de Colorado tenía en vilo a millones de telespectadores por lo que nos dijeron: dentro va un niño. Seguimos el vuelo como si se tratara de la aventura de un argonauta infante y atrevido, una travesura que podía acabar en drama. Cuando el globo aterrizó como una medusa herida, el niño no estaba dentro, el niño estaba, por voluntad, escondido en el desván de su casa. Ahora dicen que pudo haber sido un montaje de los padres de Falcon, el Ícaro que nunca existió. Si fue así, los Heene hicieron bien en matricularse en arte dramático: han sacado sobresaliente al conseguir que el mundo concentre su atención en un globo dentro del cual no viajaba nadie. En esta España de crisis saltan de vez en cuando alarmas que tienen ese perfil aerostático. Cuando al Gobierno -y en ocasiones, a la oposición- le conviene, alguien dice que han visto a uno que jura haber pagado con mercancía de lujo viejos favores, y dejan caer que en esa nave de corrupción viajan dos, tres, cuatro políticos enfangados. Y todos buscamos en el cielo de la culpa el globo supuestamente cargado de políticos manchados. Salen a la calle las televisiones, la inquietud general mira al cielo y todos esperamos a que el globo aterrice. Y más de una vez hemos visto que dentro del globo no iba nadie. Pero antes de que el primer globo aterrice, ya hay en el cielo diez globos más y cien voces diciendo que dentro viaja una culpa. España. barbeito@abc.es Día de san Puente Al final, por más nombres que le pongamos al almanaque, lo que más celebramos es tener tiempo libre para hacer lo que nos venga en gana. Esclavos de las obligaciones, en cuanto viene un día a romper cadenas, nos desmandamos. Ni la Navidad, ni la Semana Santa en sí, ni festivo que se coloque como pilar entre un jueves y un sábado o entre un domingo y un martes, por grande y tradicional que sea; salvo excepciones, lo más celebrado del almanaque es san Puente, ese santo en el que ponemos nuestras esperanzas. Preparamos un cumpleaños y una onomástica, una comida familiar y una celebración aislada, pero no hay ingeniero que nos gane en preparar puentes. Y si no, a qué viene tanta oferta de puentes en las agencias de viajes, y a qué tanto plan con tanta antelación cuando pensamos en un sitio mientras consultamos el calendario que tenemos a mano. Cierto, no todo el mundo se va, que gente hay siempre en todos los sitios, pero en esos sitios hay gentes de otros sitios, el público del trasiego, porque se trata de trasegar, de cambiar de aires. Y de holgar. A San José de Calasanz lo celebrábamos mucho en la escuela sólo porque era festivo, sin importarnos ni su santidad ni su grandeza como pedagogo. La Fiesta Nacional -que en el caso del 12 de octubre no tiene nada que ver con los toros- la celebramos porque nos propicia un descanso laboral, no porque la españolidad nos rebose. Como los anticonstitucionalistas celebran el 6 de diciembre y los ateos celebran la Inmaculada por el pedazo de puente que a veces tienen los dos festivos si se unen al fin de semana, y aun desunidos. No hay santo ni patria que tenga la celebración que tiene san Puente. ¿Patria? El descanso. ¿Fe? En un día en rojo en el almanaque. Si no fuera así, ¿iban a celebrar tanto la Semana Santa los gobiernos laicos, que se matan por coger las andas de san Puente de la Pasión? Una descorazonada Nunca escribimos cantos para recibir las derrotas. Eso viene más tarde, cuando, obligados por las circunstancias, tan machadianamente, cantamos lo que se pierde. La derrota descuerda cítaras y ahoga las voces. Y sobre un resto de jazmines marchitos, el llanto y la queja son letra y música improvisada del revés. Madrid (y con Madrid, España) ha pasado de tener una corazonada a descorazonarse. Esto pasa mucho en la vida. En la esperanza puesta en unos JJ.OO. y en el más común de los sueños diarios. Los precavidos aconsejan no hacer de las vísperas un festivo que pueda llevarnos al desencanto. Pero a ver quién se niega: la fiesta parece tan posible, hemos puesto tanto en ella, parece tan al alcance... Lo cierto es que los cinco aros olímpicos se han convertido en cinco lágrimas. Madrid fue de ella al cielo de la corazonada, pero no pudo ir de Copenhague a Madrid con el sí bajo el brazo. La mano policroma de la campaña sirvió para recogerse el llanto de las mejillas y, muy a su pesar, para decirle adiós a un 2016 que lo columbrábamos olímpico en el horizonte de los almanaques y de pronto se nos ha perdido, como si se hubiese ido al pasado sin pasar por el presente. Las lágrimas, los llantos que esperaban eran los de la alegría, nunca los de la pena. Pero la pena vino, vino a descorazonar la corazonada, y sin haberla ensayado, nos salió perfecta. Es duro ahora recoger del suelo las plumas de Ícaro para ensayar un nuevo vuelo. Pero habrá que hacerlo. A la fiesta ya le habíamos hecho la cama, por más que en ella se haya revolcado, deshaciéndola, el desencanto. No sé si fuimos demasiado lejos, si soñamos demasiado, si no calculamos bien el salto. Lo cierto es que es muy triste que sea el llanto el himno olímpico que por octubre lleva Madrid, lleva España. Quién nos iba a decir que la prueba más dura de los Juegos de 2016 iba a ser superar el No. A “Mandela” Mi querido compañero de casa: has nombrado a un gran amigo, Alfredo Santiago, y López de segundo, por más señas. Gracias a Alfredo empecé a escribir versos con más frecuencia. Prologó mi primer libro de poemas y mantenemos una gran amistad desde el año 72 -ya ha llovido-, aunque él esté en Madrid. Me alegra que lo nombres, pero te claro que la sevillana a la que aludes sí hace mucho tiempo -mucho- que la escribió. Es posible que muchos más de veinte. Y entera, como creo que sabes, dice así: “Ay, cuando yo iba al Rocío… / ¿Dónde están mis veinte años? / cuántos momentos, vividos, / cuánta niña enamorando… / Cuando mi padre decía / a sus amigos de antaño: / “Este chiquillo está loco, / ya cambiará con los años”. Creo que era así. Pues los míos, mis veinte años, están donde tienen que estar, muy lejos, sin estorbarles a estos de ahora. Y no me cambiaría. Por otro lado, no quiero que nos enfrentemos con discusiones que, como bien apunta Yamayor, no son frecuentes en esta casa. ¿Damos un giro? Mirad: ya he partido y aliñado -y, en parte, comido- las primeras aceitunas de este año. Son gordales, de Osuna, y están de locura. Las aceitunas son mi magdalena prousiana. Es otoño, sin lluvias por aquí, pero otoño. Hace tanto calor como en julio. Pero es otoño. Y el campo, que es fiel a su cita, aun renqueante lo dice, desde el oro de las viñas a las castañas que, asándose, ya humean por las esquinas. Tiempo de sabores -de otros sabores-; tiempo, pues, para que desgranemos lo mejor de nosotros, que tanto sabores guardamos. Porque lo importante no es tanto saber dónde están nuestros años pasados como reconocerlos en los que tenemos ahora, todos juntos, como el resultado de un vino que ha ido echándose cosechas sobre la madre. Un abrazo a todos. Antonio ¡Que llueva! …Y no sólo para empapar el campo, espantar los virus, pintar la otoñada, traer un otoño como Dios manda… Que llueva para que se vaya tanta suciedad como nos deja la política, esa bola de grasa que va pringándolo todo. Cansa esta España que siempre tiene a mano un asunto “raro” para tapar otros. ¿Habéis visto con qué facilidad se deja de hablar de crisis, del problema de la Educación, de los crucifijos y de lo que se tercie, y, como en un ataque de urgencia, unos y otros recurren a los cajones donde aguardan turno la sangre reseca que, a la luz, se refresca y huele. Hay gente que ha tenido que sacar a su hijo del colegio de pago para pagar la hipoteca, y gente que hace horas extras donde le sale, con tal de pagar la comida. Y España se pone pía de manchas, de unos, de otros, de casi todos. Una vergüenza lo que ocurre en Sevilla con Mercasevilla, y vergüenza con la trama valenciana de “Don Vito” y sus beneficiados, y vergüenza -ya hasta el hartazgo- con el caso de Marta del Castillo. En Sevilla, dos de “izquierda” (es un decir) han prohibido un acto de homenaje a Agustín de Foxá… Por cierto, os recomiendo que en la hemeroteca del ABC digital busquéis -hoy viene junto a la noticia de la “fosa”- la fecha 8-9-1936. Lo digo para que algunos sepan cómo trató este periódico la “muerte” de Lorca. Estoy en la cosa de poder incluir fotos, ¿eh? Sed misericordiosos con los torpes… Un abrazo. ¡Que llueva! Leña al mono …Que soy yo. Esther me llama flojo / (con gran fortuna), / porque alargo en aliño / las aceitunas. / Ay, huesos fuera, / aunque la aceitunita / no la comiera. Bienvenido (y bienhallado) mi querido Francis, Francisco de Juan. Vale, me vale: / cambio tus manzanillas / por mis gordales. Por cierto, también he aliñado manzanillas. Pero a algunas voy a darles sólo las amargas…, ay, ay, ay… Si es que todavía ando cómo coñ… ac voy a colgar las fotos… Si es que ahora resulta que no tengo el fotochó y uno que tengo viene en inglés y voy a terminar por colgar aquí cualquier cosa rara… ¿Sabéis? También preparo el libro, que está listo, y encima -anda, Esther, llámame flojo-, una exposición de fotos propias. El título de libro y exposición… os lo digo la semana próxima. ¿Y el niño del globo? ¡Eso sí que es arte! Han tenido al mundo en vilo por un globo vacío… ¡Vivan las apariciones de El Palmar de… Premio! Noto a Mariquilla muy metida en el potro de paritorio. Bien. Viva la vida. Pero para mí que todo esto, como otros asuntos, no son más que globos vacíos para que no sepamos dónde está el niño… En fin, que estoy en directo en la radio -llámame flojo, Estherita (lo de “Estherita” no va con segundas, que ya sabes que por aquí se dice “eres más flojo que una estera”), y, lo siento querido Francis, pero el 23 a esa hora debo de estar en Aracena para dar el Pregón del Jamón… y que nadie me diga que eso está mascao. Lo estará cuando lo cate. Y ojalá lo editaran en lonchas para daros un ejemplar a cada uno. Y el 24 tengo -sigue llamándome flojo, “Estherita”- canto al vino en Bollullos del Condado, y… estoy lijando maderas en casa y aplicándoles Xiladecor incoloro satinado… ¿Nadie me escribe versos? ¿Sí? ¡Dime quién era! Que a veces, y más en este tiempo, se agradece un ramito de violetas… Va a llover. Estoy aquí, en la terraza, viendo cómo la mañana le está buscando a la tarde camisas de lluvia. Será hermosísimo ver cómo la lluvia empreña esta vega… ¿Alguien acepta un rato conmigo, aceitunas, café, vino, brocha, madera, rosas tardías, versos o silencios? Os abrazo. Antonio July 27 SEPTIEMBRE Genio o loco
Se fueron Sevilla y Molina y a él no le cambió la cara. Titanic tocado dos veces. Se ha ido Solbes y ni siquiera pregunta si el extintor está en su sitio. Titanic tocado por tercera vez. Cayo Lara fue a La Zarzuela y poco menos que le pidió al Rey ayuda para organizar la III República. El agua entra en los camarotes de las primeras plantas. Llega Hugo Chávez y le dice al Rey que si se ha dejado barbas, como Fidel. El Titanic se moja el culo. Llega Evo Morales y dice «La República de España». Los músicos del Titanic dicen que la última y se van, que el agua entra ya por el saxo. ¿Puro azar encadenado? Muchas casualidades parecen. A lo peor eso de «República de España» no es un lapsus. Y él sin inmutarse. Como aquello de Lorca cuando Ignacio: «No se cerraron sus ojos / cuando vio los cuernos cerca». El problema cuando vemos a alguien que no se inmuta ante el peligro más cercano es no saber si nos encontramos ante un gran hombre o ante un loco. No es el caso del torero que al recibir una tarascada del toro y al ver que acude en su ayuda toda la cuadrilla grita recomponiéndose «¡Fuera, fuera!» No, ni siquiera eso. Eso podríamos interpretarlo como una valentía desmedida, como un gesto de poderoso que se sabe ganador a pesar de un revés aislado y quiere resolver solo la lucha. El problema es que la cuadrilla se va, se va de la plaza, se está yendo, para no tener nada que ver con el cornalón del que le están advirtiendo, un cornalón que puede multiplicarse, que puede alcanzar a toda la cuadrilla, al callejón, a la barrera y a los músicos de la banda. Y él sigue ahí, sin inmutarse, «¡Fuera, fuera..!». Dios quiera que se trate de un superhombre lleno de clarividencia, pero es que los arúspices dicen que las entrañas de las aves no auguran nada bueno. Y nosotros pidiéndole al cielo que esa popa hundida del Titanic sea una broma del capitán, porque si no, es hundimiento. ¡Anda, la píldora!
Lo recordarán, sin duda. Iba el niño camino de la escuela y al ver a sus compañeros morder donuts, decía «¡Anda, los donuts!» Cuando el niño, mordiendo su donut volvía del colegio, decía «¡Anda, la cartera!». El niño tenía en casa donuts y cartera, y si tenía un olvido de alguno de los dos, le bastaba con desandar el camino y darse prisas. La mal llamada «Píldora del día después» -supongo que habrán querido decir «del día siguiente» - se va a convertir en el nuevo donut o la nueva cartera. El personal joven, que está más pendiente de avivar el incendio interior que de colocar extintores de profilaxis, si se daba al revolcón oportuno y ninguno de los dos tenía maneras de poner medios, ella ponía remedio: al día siguiente iba al centro sanitario, solicitaba la píldora y hacía algo así como el que toma bicarbonato tras una ingesta copiosa. O bien, como conozco algún caso, las había tan seguras de lo que iban a hacer, que pedían la píldora del día después para la cópula de mañana, que mañana seguro que cae algo, que para eso es fin de semana. O sea, por si hay banquete, me echo el omeprazol en el bolsillo. Ya recetan en las farmacias las famosas píldoras que alguien ha aireado como una bandera más de la igualdad femenina. Bien. La píldora no es familia directa del aborto, pero al final, en este plan, todo acabará en endogamia. Lo que sorprende es que el Gobierno, en píldoras y abortos, parezca más interesado en dar cursos que enseñen cómo tomarse la aspirina en vez de aleccionar para evitar el dolor de cabeza. Si pregona el lema «contra cópula, píldora», y «contra preñez, aborto», es como si quisiera convencernos de que una paliza no tiene importancia si tenemos a mano una pomada que alivia el dolor y quita los cardenales. Ahora -tal vez camino del colegio- alguna niña que la noche anterior haya holgado a pierna suelta, quizá exclame: «¡Anda, la píldora! Maestros como autoridad, ¿sí o no?
Yamayor está mejorcito de ánimos, y nos alegramos. Él sabe que nos tiene. Vamos a dejarlo un ratillo, a ver si se nos va a poner depresivo de tanto (merecido) afecto. Vuelva a escribir como solía, don Pedro. Ánimos. Pero quiero que nos “mojemos” un poco o todo con el asunto que se debate estos días en España, tras la propuesta de Esperanza Aguirre de considerar a los maestros una autoridad, como un juez o así. Yo, que soy muy de José A. Marina, convengo con el filósofo que la educación “es tarea de toda la tribu”, y sin autoridad no es posible una buena educación. O sea, que soy partidario de lo que ha propuesto Aguirre. Entre otras cosas, porque como a los maestros no los protejamos (de alumnos y de padres de alumnos), van a acabar con ellos. Ojo: he dicho autoridad, disciplina; no autoritarismo ni castigo. Digo lo que no hace falta aclarar, espero. Abrazos. Sed felices. Cebolla, perversos y versos
Bienvenida, Mayte. No te preocupes: a tu gazpacho no le echaré cebolla y tú a nada mío, pepino. “La cebolla es escarcha / morena y pobre…” Todo es cuestión de tiempo. O no. Que..: “Tanto tiempo yo le di / al tiempo que, con el tiempo, / no hubo tiempo para mí”. Contra tiempos perversos, versos. Querida Concha: ¿Ilusa? Depende. A veces no hace falta tener para “tener”. Mira (lee) esto: “Qué importa que tú estés lejos, / si yo sé que estás pensando / en lo mismo que yo pienso”. Mi querida Esther: “Mi niña tiene unos labios / donde yo apunto mis besos / cuando me voy acordando”. Mariquilla (que no te tengo orviá, miarma, que es que uno es mú vaguísimooooo): “Pregúntale tú a los vientos / adónde van por la noche / mis mejores pensamientos”. Romero, ay, Romero… “Será que me sobran penas, / será que no sé contar, / que siempre que ajusto penas / me salen penas de más”, “Con tu nombre por divisa, / el toro que sueño pasta / debajo de tu camisa”. Yamayor, amigo: “Sábanas de amanecer: / mortaja de aquellos hijos / que no quisimos tener”. Antonio (¡Viva la Virgen de las Nieves!), “Por un costado Triana / y por el otro Sevilla. / A ver qué río del mundo / tiene mejores orillas”. ¿Dónde anda Isabel? ¿Quizá en La Alpujarra? “Sé de una sierramorena / donde sueñan contrabando / estas manos bandoleras”. Pata todos: “Buscaría aquellas piedras / y en aquel mismo camino / tropezaría con ellas”, “Que cuesta mucho cerrar / puertas que siempre estuvieron / abiertas de par en par”. Procurad sed felices. Abrazos. Antonio Nuevo curso
Queridos míos… ¡Vaya bronca de algunos! Bien, eso está muy bien. No he escrito porque en esta página no encontraba “Crear” y, como buen torpe, no sabía cómo hacerlo. Me he aventurado a escribir donde pone “Publicación rápida”. Agosto, que no falté un día en el artículo, falté aquí por eso que comento y por dejarme llevar por las mañanas en la cama y las siestas (y mucho baño, mucho, con muchos ejercicios en el agua para corregir la “protrusión”. Pero os he leído. Ay, los amantes. Algunos creen que los amantes se improvisan, como si los vendieran en una tienda de los desavíos. Es más profundo. Sólo creo que se acerca más a lo que yo creo “Infiel”, y, en buena parte, Carmina. No podemos confundir amantes con ocasiones de aquí te pillo, aquí te mato. Muchas pueden ser las circunstancias que nos empujen. Lo ideal sería, creo, ser amante siempre (incluso de la propia o el propio), porque la calidad de amante es, muchas veces, lo que mantiene viva la llama. Por encima de todo quizá esté la ternura, pero ser amante no es una tara. He sido amante tantas veces como amé. Nunca dejaré de serlo. ¿La pregunta era acaso que si he tenido muchas amantes? Muchas. No entiendo una relación, por corta que sea, en la que no me sienta amante. Otra cosa. Vuelve el curso escolar (y el político) y, después de algunos altercados públicos, ¿hablamos de educación? Ha salido un libro que, como todos los de su autor, promete: “Recuperación de la autoridad”. Es de J.A. Marina. Pero creo que para debatir sobre esto, no necesitamos leerlo, aunque se nos haga imprescindible. La semana próxima estaré en condiciones técnicas de “colgar” fragmentos de mis intervenciones taurinas en Pozoblanco y Zafra, dos sitios, por cierto, donde me han acogido maravillosamente. Pero me apetece que debatamos sobre autoridad. Primera opinión, la mía: Lo tengo escrito, por lo que a algunos no les resultará nuevo. Nos hemos dormido, y están vendimiando la viña. Hemos confundido muchas cosas. Mi padre imponía autoridad, y jamás me puso una mano encima. Fue su actitud -ejemplar siempre- y la continua corrección a mis infracciones, que eran diarias. Alguien dijo que había que dejar libre a los niños, y ahora, ya hombres, tenemos que encerrarlos. Pasen y hablen. Bienhallados. Un abrazo. Gracias por el cariño. Antonio « Todos con “Yamayor” Querido amigo Yamayor: Aquí no sólo estamos para versos, risas y guisos; opiniones sobre los asuntos sociales o algún que otro comentario picarón. Si está usted necesitado de nosotros, todos con usted. Así que, como han hecho ya algunos de la tribu, todos con usted. Ánimos. “…Herido estoy, miradme: necesito más vidas. / La que contengo es poca para el gran cometido / de sangre que quisiera perder por las heridas. Decid quién no fue herido…” Seamos enfermeros de ánimo de nuestro amigo. ¡Ya! Carcaño, el deseado Se lo oí decir en una entrevista televisiva al juez Emilio Calatayud, refiriéndose a Miguel Carcaño: «Aunque parezca mentira, este tipo de chicos suele tener mucho éxito entre muchas chicas». Más o menos. Terrible. Si hay muchas chicas que prefieren para compañero un tipo que encaje dentro de la personalidad del asesino confeso de Marta del Castillo, el problema es bastante más grave de lo que imaginamos. Me costaba creerlo, me costaba aceptar que una adolescente pudiera sentir atracción por alguien de andar por ahí con navaja y voz de matón, que se drogue y pegue, que sea el chulo que reta al sheriff. Que mate. Pero las últimas noticias dejan claro que es verdad cuanto decía el inteligente juez granadino. Ya ven, hemos sabido por la prensa que Miguel Carcaño recibe llamadas de una chica que dice estar enamorada de él. No sé si los padres de esa niña saben con qué fuego juega su hija, en qué nido de víboras está metiéndose, pero es para que todos los padres con hijas de esa edad les trastearan los móviles hasta dar con el problema. Porque si bien es cierto que Carcaño no tiene un gramo de enfermo, es posible que quien le llama con ánimo que se confiesa enamorado sí lo esté, y si no es enfermedad, es una locura impropia de quien ha de preservar su vida de depredadores así. Se sentarán ante un jurado popular los acusados por el crimen de Marta. Hay actos por los que algunos pagarían por ver, y, unos por morbo, otros por saber qué dicen los acusados, otros por tratar de entender algo que resulta tan macabro que escapa de una mente sana, reventarían la audiencia si fuera televisado. Sólo veremos los alrededores del juicio. Y lo más asombroso -y triste- sería que en el coro que les llama «asesinos» a los inculpados, saliera una voz de niña -madrina de la locura- gritándole a Miguel te quieros y piropos. Si una adolescente ve atractivo el perfil de un tipo que hizo con Marta lo que dice que hizo -y mejor será que no conozcamos más detalles-, esa adolescente es carne de violador, de maltratador o de asesino. Una cosa es que resulte atractivo un tipo duro, orgulloso y chulo, mujeriego y seductor, y otra que los ojos se pierdan por un asesino. La voz de Marta tendría que levantarse para decirle a esa «novia» telefónica qué pasó por culpa de confiarse a un amor equivocado. Cuidado, chica, que a lo peor, de tanto buscarlo, encuentras a tu Miguel Carcaño particular. Pilatos y los negros Quiera Dios que la Gripe A se frene o la frenen y no mute para que nadie se inmute, porque al paso que van las noticias, si no nos mata la puñetera gripe, nos va a matar la multitud huyendo, muertecita de miedo, del bichito. Consejos para todos, incluso para escolares, con voz de Serrat: «Niño. Eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca.» Y usemos para todo pañuelos de papel, nada de los viejos pañuelos de yerba que todo se lo llevaban al bolsillo; y nada de dos sonadas con el mismo pañuelo para que los posibles miasmas aguarden escondidos entre los pliegues de la mocarrá, y nada de andar por ahí besando a todo el mundo, y nada de manoseo. Pañuelos de papel, clines. El pedazo de agosto que van a hacer en septiembre los negros de los semáforos, que yo no sé quién les dijo a estos muchachos que en Sevilla lo que había que vender eran pañuelos, para las lágrimas, para el sudor, para los mocos, para limpiar las gafas. Cualquier coche de sevillano solidario con estos muchachos lleva, entre el maletero, los bolsillos de las puertas, la guantera y los bajos de los asientos, cuarenta paquetes de pañuelos. Y como los venden más baratos que en las tiendas, pues a darles el euro y a trincar el paquete de pañuelos, que siempre son más socorridos que cuarenta periódicos de los que vendían antes. Algunos -me ha pasado a mí- ya incluso subieron el precio de los pañuelos y pedían 1,20, y le dije al negrito que el euro era más efectivo, que eso de tener que andar buscando veinte céntimos mientras dura un cambio de luz de semáforo, era un engorro, que se jugaba el que no pudiera comprarle. Lo cierto es que la Gripe A parece haberse solidarizado con los negros de los pañuelos y puede que les vaya tan bien que acaben rezándole a la Gripe A. para que no se vaya. Pañuelos de papel, muchos pañuelos. Con tal de venderlos, los negros, que no saben lo sagrada que es una Virgen para nosotros, son capaces de ofrecérselos -por razón de higiene- a las mismísimas Dolorosas sevillanas. Eso, los negros. Algunos alarmistas van a aconsejar que el próximo año no salga El beso de Judas, que no faltaría más que además de traicionar al Maestro, le pegara la gripe. Claro que el que más en son va a estar con los consejos de la gripe será Pilatos, que como aconsejan lavarse las manos mucha veces, fíjense qué largura tuvo el romano, que se vino aquí el tío con la palangana puesta. Multitud necesaria Llevaba dos meses despotricando del tráfico en la ciudad, de la multitud callejera, de tener que salir dos horas antes para cualquier asunto en un lugar cercano, de guardar cola en los aparcamientos... Clamaba porque llegara agosto para irse a la playa cuarenta días y vivir en libertad de vestuario y tiempo, paseos por la orilla del mar, siesta, partida de mus, copa en cualquier terraza, comida con los amigos... Cuando llegó a la playa se llevó una decepción: ¿crisis? Allí había tanta gente como en años anteriores, y estaba tan difícil encontrar un sitio para echarse en la arena como una ración de sardinas en el chiringuito de siempre. Sentado en su terraza, despotricaba contra la multitud que lo ocupaba todo, que lo comía todo, una multitud capaz de enfriar el sol, de tanto tomarlo. Aprovechaba el amanecer y el atardecer para pasear en paz por el húmedo arenal donde las olas le tendían alfombras salobres; comía en casa, antes que meterse en un restaurante donde la gente llega de cualquier manera, oliendo a humanidad o a salitre, con niños que chillan como gorriones revueltos y camareros que te perdonan la vida en la segunda cerveza. Tenía que dejar reservado el periódico en el quiosco, si quería leer; y el pan en el súper, si quería almorzar con pan. «Maldita multitud, ¿cuándo se irán?» Cuando el final de agosto aún tenía levantada su carpa de fuego y ruidos, vio en los pisos de su zona el trajín del regreso. Respiró hondo: por fin se hará la paz. Al amanecer del lunes salió a su paseo diario y no vio a nadie. Nadie en el quiosco, nadie en la tienda del pan, quince o veinte aparcamientos libres, subió y bajó solo el ascensor de su bloque, encontró diez mesas libres en el chiringuito, y en la playa, media hectárea de arena para él solo. «¡Vámonos para Madrid! Esto es un desierto», le dijo a su mujer. Hay quien tiene en su soledad la multitud más insoportable Brevedades Para Esther, Infiel, Respondona (no es que seas así, Esther, miarma, son los “apodos” del personal), Mariquilla, tocayo de Olivares y otros, sobre heridas más o menos profundas o más o menos cicatrizadas. Estos poetas son así. Mirad. Bueno, mejor: leed… Lo peor de todo ha sido que aquellas penas de ayer ni me duelen ni se han ido. Como la quería tanto, se dejó el hierro en la herida para morir más despacio. Yo no sé por qué me quejo, si a mí lo que me da vida es esta pena que tengo. Todas mis cornadas son del mismo toro, del mismo: la primera, de tu amor; la última, de tu olvido. …Puedo recordar más. Y un abrazo para todos Nuevo curso Queridos míos… ¡Vaya bronca de algunos! Bien, eso está muy bien. No he escrito porque en esta página no encontraba “Crear” y, como buen torpe, no sabía cómo hacerlo. Me he aventurado a escribir donde pone “Publicación rápida”. Agosto, que no falté un día en el artículo, falté aquí por eso que comento y por dejarme llevar por las mañanas en la cama y las siestas (y mucho baño, mucho, con muchos ejercicios en el agua para corregir la “protrusión”. Pero os he leído. Ay, los amantes. Algunos creen que los amantes se improvisan, como si los vendieran en una tienda de los desavíos. Es más profundo. Sólo creo que se acerca más a lo que yo creo “Infiel”, y, en buena parte, Carmina. No podemos confundir amantes con ocasiones de aquí te pillo, aquí te mato. Muchas pueden ser las circunstancias que nos empujen. Lo ideal sería, creo, ser amante siempre (incluso de la propia o el propio), porque la calidad de amante es, muchas veces, lo que mantiene viva la llama. Por encima de todo quizá esté la ternura, pero ser amante no es una tara. He sido amante tantas veces como amé. Nunca dejaré de serlo. ¿La pregunta era acaso que si he tenido muchas amantes? Muchas. No entiendo una relación, por corta que sea, en la que no me sienta amante. Otra cosa. Vuelve el curso escolar (y el político) y, después de algunos altercados públicos, ¿hablamos de educación? Ha salido un libro que, como todos los de su autor, promete: “Recuperación de la autoridad”. Es de J.A. Marina. Pero creo que para debatir sobre esto, no necesitamos leerlo, aunque se nos haga imprescindible. La semana próxima estaré en condiciones técnicas de “colgar” fragmentos de mis intervenciones taurinas en Pozoblanco y Zafra, dos sitios, por cierto, donde me han acogido maravillosamente. Pero me apetece que debatamos sobre autoridad. Primera opinión, la mía: Lo tengo escrito, por lo que a algunos no les resultará nuevo. Nos hemos dormido, y están vendimiando la viña. Hemos confundido muchas cosas. Mi padre imponía autoridad, y jamás me puso una mano encima. Fue su actitud -ejemplar siempre- y la continua corrección a mis infracciones, que eran diarias. Alguien dijo que había que dejar libre a los niños, y ahora, ya hombres, tenemos que encerrarlos. Pasen y hablen. Bienhallados. Un abrazo. Gracias por el cariño. Antonio Multitud necesaria Llevaba dos meses despotricando del tráfico en la ciudad, de la multitud callejera, de tener que salir dos horas antes para cualquier asunto en un lugar cercano, de guardar cola en los aparcamientos... Clamaba porque llegara agosto para irse a la playa cuarenta días y vivir en libertad de vestuario y tiempo, paseos por la orilla del mar, siesta, partida de mus, copa en cualquier terraza, comida con los amigos... Cuando llegó a la playa se llevó una decepción: ¿crisis? Allí había tanta gente como en años anteriores, y estaba tan difícil encontrar un sitio para echarse en la arena como una ración de sardinas en el chiringuito de siempre. Sentado en su terraza, despotricaba contra la multitud que lo ocupaba todo, que lo comía todo, una multitud capaz de enfriar el sol, de tanto tomarlo. Aprovechaba el amanecer y el atardecer para pasear en paz por el húmedo arenal donde las olas le tendían alfombras salobres; comía en casa, antes que meterse en un restaurante donde la gente llega de cualquier manera, oliendo a humanidad o a salitre, con niños que chillan como gorriones revueltos y camareros que te perdonan la vida en la segunda cerveza. Tenía que dejar reservado el periódico en el quiosco, si quería leer; y el pan en el súper, si quería almorzar con pan. «Maldita multitud, ¿cuándo se irán?» Cuando el final de agosto aún tenía levantada su carpa de fuego y ruidos, vio en los pisos de su zona el trajín del regreso. Respiró hondo: por fin se hará la paz. Al amanecer del lunes salió a su paseo diario y no vio a nadie. Nadie en el quiosco, nadie en la tienda del pan, quince o veinte aparcamientos libres, subió y bajó solo el ascensor de su bloque, encontró diez mesas libres en el chiringuito, y en la playa, media hectárea de arena para él solo. «¡Vámonos para Madrid! Esto es un desierto», le dijo a su mujer. Hay quien tiene en su soledad la multitud más insoportable. Cantos de ciegos Hacía treinta años que había terminado la guerra civil y aquellos hombres actuaban como si estuvieran pendientes de ganar los últimos frentes. Como centinelas de su propia intimidad, aguzaban el oído si había dos obreros que hablaban de la situación del campo, y enseguida daban la voz de alerta, creyendo que estaban rodeados de rojos. En los trabajos bastaba que alguien cuestionara las bases de los jornales para que el dueño lo señalara como a un peligroso, y la frase «ése es un comunista» se le aplicaba al que osara leer y pensar más allá de donde marcaban los que querían conservar España en el formol de la dictadura. Los chavales que teníamos la historia de la guerra como una aventura más de «Hazañas bélicas» a lo español, no sabíamos a qué venían aquellos cantos de banderas victoriosas y aquellos gritos que mezclaban a Dios con un militar y señalaban el camino de la salvación entre un ojo dentro de un triángulo isósceles y la mirilla de un máuser. Cuando veo a Zapatero junto a Guerra y Pajín, cerca de donde hacen coro los líderes sindicales, y cantan la Internacional y hablan de capitalismo salvaje y de guerra a los que tienen más, de chorizos y mangantes, pienso en la cara que pondrán los chavales que nacieron hace veintitantos años al ver puños en alto y al oír gritos contra el capital y, con pañuelo al cuello, cantos que hablan de «en pie los esclavos sin pan», «...cambiemos el mundo de base / hundiendo al imperio burgués...». Y eso lo cantan, treinta años después de la dictadura, muchos de los que llevan treinta años viviendo de la democracia y algunas que, por edad, sólo han podido ser madrina de guerra del novio de la Barbie. Cantos de ayer y de hoy, cantos de ciegos que, con tal de no perder el poder, gritan que hay fantasmas por todas partes. España está necesitada de voces que canten su presente. Y de españoles que miren al futuro. July 26 Agosto Vivir de milagro
Quizá el primer miedo nos lo metieron con el chicle: «Niño, ten cuidado al mascar chicle, no te lo vayas a tragar, mira que el chicle se enreda en las tripas y te mueres». Y nadie caía en la cuenta de por qué, si era así, no se pegaba en la boca. Después nos dijeron que no mordiéramos los polos de nieve, que se caían los dientes, y hasta no hace tanto tiempo tuvimos creído que como se nos cayera en la cabeza una salamanquesa, nos quedábamos calvos. Así en las advertencias como en las recomendaciones: «Si fumas, te tomas un vaso de agua en ayuna y te limpia toda la nicotina». Y a beber agua. Recuerdo cuando corrió la equivocada voz que decía que el aceite de oliva era malo para el estómago, y ya ven la gloria -para todo- que es el aceite de oliva virgen. Tengo amigos enganchados diariamente a un medicamento por una prescripción médica que les dijo que ese tratamiento era bueno para su problema o para prevenirles otros. En la tribu hay gente que todavía, cuando tiene un dolor de muelas, se mete un corcho en el bolsillo en la creencia de que se le quitará el dolor, y quien sostiene que mordiéndose la lengua no pican las avispas. Y en cuanto a milagros de adelgazamiento o para no envejecer, ya saben, miles de nombres, recetas, alimentos y hábitos que han ido perdiendo crédito a medida que la realidad demostraba lo contrario. Viene esto a cuento porque he leído que ahora resulta que una aspirina al día no previene del infarto. Tengo amigos amenazados del corazón que viven tan felices tomándose una aspirina al día y se creen escudados del jamacuco. Lo malo es que ahora el miedo es capaz de hacer más daño del que pensamos, cuando -de demostrarse que es cierto- mucha gente crea que quedará indefensa ante un posible infarto. ¿Y qué dirán los médicos, que nos han recetado tantas cosas convencidos de que eran buenas para nuestra afección? Con las excepciones lógicas, creo que vivimos de milagro, como decía un amigo cuando salió de la botica cargado de pastillas: «Tó esto es pa ná. Como algo me venga por derecho, tó pa ná. Lo que tenga que ser, será. Mi primo estaba bajando las escaleras del hospital, de donde salía de hacerse un "electro" cuyo resultado fue, según el médico, que del corazón estaba perfectamente, y en el penúltimo escalón cayó fulminado de un infarto». No se extrañen si mañana nos dicen que la gripe A es buena para curar los resfriados. Lotería del gol Un semanal 22 de diciembre comienza con el inicio de la liga de fútbol. Hay en el tono de las emisoras de radio, cuando cantan los partidos de fútbol, un lenguaje primohermano del de los Niños de San Ildefonso. Es la música de la suerte que se juega, que se acerca, que se canta como un reclamo de esperanzas de premio. Por las carreteras que vienen cargadas de coches que vuelven de las playas, si de pronto se abrieran todas las ventanillas de los automóviles, el aire no sabría si está en agosto o en diciembre. El balón es ahora una bola que rueda en busca del premio del gol, como en diciembre las bolas son el balón que da vueltas en el bombo en busca del gol de un premio gordo. La vieja música del fútbol radiado es un canto que llevamos dentro casi todos los españoles, una canción que parece la misma música y una letra que sólo cambia nombres. Cuando las radios sonaban en los casinos junto al café de la tarde y la tiza de la quiniela en la pizarra iba cambiando resultados y signos, el aire callejero de los pueblos era un canto que nadie entendía bien hasta que el locutor cantaba gol, como sólo ponemos toda la atención en diciembre cuando la voz de un niño que parece haber descubierto oro, canta en alto la cantidad del premio si éste es el tercero, el segundo o el primero. La suerte del gol y la del dinero se unen por medio del grito en las radios que no parecen distinguir entre un balón en las redes o una bola de lotería en la casilla de los premios importantes. Estaba la radio ahí, desenchufada, esperando la llegada de las mañanas de tertulias y noticias que traerán la vuelta morena de la política, y cuando agosto en su final ha recordado que empieza la liga de fútbol, el enchufe ha buscado su sitio y la radio empieza a sonar con la misma música -podrían repetir cualquier jugada de hace diez años y no la distinguiríamos de la actual, si los nombres de los protagonistas fueran los mismos-, con el mismo chillón relato de un muchacho que lleva un balón, o lo centra, o lo despeja, o lo para, o lo empuja dentro de la portería. Suena hermano este sonido al también chillón de los niños de la lotería; hay en los dos cantos -es un decir- una misma intención en busca del camino del premio principal. La única diferencia es que la lotería puede caernos a cualquiera y los goles siempre son una lotería que, aunque nos alegre, nunca deja el premio en nuestras manos. La vejez niña Una fecha, un nombre, algo que iba a decir y se le quedaba en la mitad en su sonriente balbuceo, aquel primer asomo tan a lo san Juan de la Cruz: «.un no sé qué que queda balbuciendo.» Lo llamaron despiste, olvidos propios de la edad, y ella, que es una amable sonrisa de guardia, sonreía y sonreía y dejaba en el aire las dos palabras con la que resume todo cuanto quiere decir: «¡Anda, anda..!» Guarda dentro, en la memoria que sólo ella sabe abrir o cerrar, canciones de su tiempo y canciones religiosas, versos de su juventud, romances que la desmemoria salpica de pies quebrados. Alguien cercano a ella pensó que quizá fuera bueno ir apuntándole canciones, como un alfabeto sonoro con el que ella fuera hilando el contenido. Y acertó: basta apuntarle una canción para que ella la siga, sin error, hasta el final. Tan es así que cuando se despide con adioses, inmediatamente se le queda en la voz la canción de la Piquer de la Niña de la Estación, y entonces su adiós infantil y tierno se alarga en un «.recuerdos a su familia, / al llegar, escríbame.» hasta que la señorita Adelina, más cursi que un guante, se despide. Vive en la edad sin memoria de un olvido que no lo es del todo y de un recuerdo que es hermano del de los peces. Al principio hablaba de ciudades que no visitó sino en sus viajes de olvido, y preguntaba por personajes cercanos y muertos como si acabara de estar con ellos. Para ella, viven sus padres, su marido, tíos lejanos. Los hijos son cualquier nombre, menos ellos, y si son sus nombres, no siempre son ellos, que se le enreda el corto hilo de su memoria y los mezcla, los confunde, aunque jamás pierde su sonriente y educada manera de tratarlo todo. Acompaña las canciones de la radio, si las tiene en la discoteca de su lejana memoria, y basta entonar un «Salve, Madre.» para que al momento, con el buen oído que tuvo siempre, enlace diciendo: «.en la tierra de tus amores / te saludan los campos.» Una vejez niña la mantiene en un limbo -«¡Anda, anda..!»- de ternura y encanto, que niña se hace cuando abraza, cuando besa, cuando se echa en los brazos de sus hijos -y de cualquiera que le suene cercano- como en el pecho de la maternidad que necesitará su íntima inocencia. Le ha vuelto la niña que fue, aunque sin memoria de haberlo sido o de haberlo dejado de ser. Y va, como flor siempre viva en la cansada rama de su edad, alegrándolo todo. «¡Anda, anda..!» «fiesta de la vida» El periodista y columnista de ABC Antonio García Barbeito proclamó anoche la fiesta de los toros como la «fiesta de la vida» durante el Pregón de Taurino de la Feria de Nuestra Señora de las Mercedes de Pozoblanco. En su intervención, Barbeito rechazó la omnipresente y recurrente asociación que algunos hacen de Pozoblanco y fatalismo por la mortal cogida de Francisco Rivera «Paquirri» en el coso pozoalbense hace veinticinco años. «El toreo es vida», defendió el pregonero, que comparó el riesgo del arte de Cúchares, «el juego más peligroso», con el del montañismo o el paracaidismo. Ni montañistas ni paracaidistas van a morir. Los toreros tampoco, dijo en defensa de su asociación de vida y toreo. Una defensa que también hizo de la fiesta en Pozoblanco más allá del recuerdo de aquel fatídico septiembre de 1984. «¿Es que no pueden los triunfos, la gloria, más que toda la pena de una tarde?», preguntó al respetable que lo escuchaba. Al mismo que segundos antes había advertido «que Pozoblanco no es un lugar donde mueren los toreros, aunque muriera uno. Es un lugar de toreros, es una plaza de toros, un pueblo aficionado». La verde señorita Se nos vino de golpe su verde adolescencia, como si en una noche se hubiese hecho muchacha. Se nos vino en la luna que endurece la carne del membrillo que guarda septiembres en ajuares. Se nos vino de golpe la verde señorita y la rama se puso pendientes de esmeralda. Viene a darse del todo, vestal inmaculada, a ofrecerse a las manos que vendrán en racimos a bajarla del alto balcón de su recreo. Manzanilla que luces, delicada y brillante, en las cruces abiertas donde duerme el mochuelo, donde meten sus dedos las manos de la noche para redondearte sin que nadie lo vea. Mira por estos días, manzanilla jugosa, el trajín de escaleras que suena por el campo, ferrocarril disperso que va uniendo sus tramos para subirte al tren -¡qué mimo!- del verdeo. Se condensó la lluvia interior del aceite en tu figura niña que entrega dos opciones: la mordida delicia de la mesa y el vino o el líquido regalo a orilla de almazara. El olivar repite los frutos en sus ramas como si moldeara Dios mismo las cosechas. Las manos, aceituna, las manos que te saben, las manos que tú sueñas, las manos que te cuidan desde que eras apenas una flor sin orgullo, la trama que encanece en abril los olivos, la que prudente adorna la rama en cercanía, la que espera las lluvias, las lunas y los vientos y se enfrenta a los soles para ser provechosa. Las manos, aceituna, las manos vuelven, todas, a la fiesta gloriosa que el verdeo organiza en los pagos profundos de raíces que suenan en busca de los jugos por dentro de la tierra. Las manos, aceituna, las manos que da el campo, terribles pergaminos donde escriben su historia solanos amanuenses, infames mediodías del agosto que vuelve vestido de tu gracia. Canta por las mañanas del verano maduro tu voz de niña tierna su canción de entregada. Y cómo huele el campo, aceituna, a tu carne, al sabor que derrama -sin tacha- tu presencia. Te viniste de golpe, como siempre viniste; pájaro que amanece de pronto entre las hojas. Te viniste de golpe, aceituna, tan mía, ya carne de mi carne y jugo de mis jugos. Y siempre eres aquella que rodó por la infancia cuando la infancia era, como tú, nuevo asombro. Racimos en las ramas, cuentas de aquel rosario que rezaban los hombres esperando esperanzas. Ya vuelves, señorita, verde niña del campo, a poner el milagro del verdeo en el aire. Y yo sigo mirando cómo pasas de largo, sabedor de que llevas mi vida cuando pasas. «Pozoblanco no debe ser igual a muerte, sino a cita taurina»
LUCÍA ZARZA CÓRDOBA. El escritor y columnista de ABC Antonio García Barbeito es el encargado hoy de exaltar la Feria Taurina de Pozoblanco en un pregón marcado por la celebración del 25 aniversario de la muerte de Paquirri en la plaza pozoalbense y por el cambio en la gestión de este coso, a cargo ahora de José Cutiño. -¿Sobre qué versará su exaltación de la Feria Taurina? - Pretendo decir que Pozoblanco no tiene por qué ser el punto kilométrico donde Paquirri murió, sino de una cita taurina. Esta plaza no debe ser igual a muerte sino a toreo, igual que el toreo debe ser sinónimo de vida y no de muerte. Voy a cantarle a la vida, no voy a ir a Pozoblanco a llorar. Paquirri era una figura del toreo antes de su muerte, pero ésta le dio una categoría distinta. No fue un torero artístico ni de estilo, pero sí de gran entrega, valentía y de un «toreo macho». -¿Cree que la muerte de Paquirri en el coso pozoalbense ha marcado de negro esta plaza? - Muchos toreros han muerto y las plazas en las que lo han hecho no se consideran malditas, pero sí que las hace distintas. La muerte tiñó de negro a Pozoblanco, pero también le dio renombre, ya que por la cogida de Paquirri ha sonado mucho. A este torero le tocó perder en Pozoblanco y a esta plaza ser el tapete donde se jugó la vida Paquirri y donde perdió la partida. Gracias a Paquirri, Pozoblanco ha pasado a la historia, igual que la plaza de Talavera con la muerte de Joselito. Las plazas ganan en morbo e interés tras la muerte de un torero, es así. -El Ayuntamiento de esta localidad se ha decidido por José Cutiño para gestionar el coso, ¿qué le parece? -Me alegro que sea Cutiño quien se haga cargo, porque quiere hacer algo distinto. Además, todas las plazas que toca, cambian. Cabe destacar, por ejemplo, Olivenza o Aracena, que se han convertido en una cita anual ineludible. José Cutiño, si puede y le dejan, puede hacer lo mismo con Pozoblanco. Es un buen aficionado y es un buen gestor, además, trata muy bien a los toreros y sabe a quién lleva y el caché que le corresponde y eso es muy importante. Uno de los carteles de esta feria une a Perera, El Juli y Morante, un sello garantía. -¿Qué opina de la polémica que surgió tras la concesión a Fran Rivera de la Medalla de Oro Bellas Artes y la renuncia de José Tomás a la suya? -Creo que los toreros no deberían entrar en esas cosas. Es como si en una corrida le conceden a Fran Rivera dos orejas y un rabo y a José Tomás también, qué hace, ¿devolver los trofeos? No procede en absoluto, porque nadie es quién para considerarse mejor que otro, aunque lo sea. En esta circunstancia lo único que se puede decir es «cuando me lo dieron a mí se lo daban a gente de categoría, ahora se la dan a cualquiera», pero nada más. -¿Cree que los antitaurinos perjudican la fiesta? -Son una minoría y no me preocupan, además algunas cosas que defienden son una idiotez. No hay que tenerles en cuenta. Empate a penas
Nada sucede porque sí. De charla con unos amigos, empezamos hablando de política y al cuarto de hora estábamos hablando de toros, de grandes hombres de la historia y aun de fútbol. ¿Por qué? Muy sencillo: en la historia, en los toros y en el fútbol hay personajes infinitamente más interesantes que los políticos actuales. Para sacar en la conversación a un político que dé juego, que sea capaz de soportar media hora de análisis, hay que buscar en las fotografías de hace treinta años. Y tanta mediocridad hay en la derecha, en la izquierda, en el centro y donde usted señale. Aquello que contaba Paco Gandía de un crápula que va de señor estirado y con pinta de ricachón y le quita el niño a San Cristóbal y la lanza a El Cid a caballo: «A ése lo subes a un avión y lo dejas caer, y caiga en el sitio que caiga, debe cuarenta mil duros». Pues usted coloca a toda la clase política española y hace una fotografía gigantesca, cierra los ojos y señala, y ponga el dedo donde lo haya puesto, hay un torpe, un mediocre, un trincón, un infeliz o un medio tonto. Y la gente, es natural, prefiere hablar de gente de primera línea, de artistas, de líderes, de hombres y mujeres de valía. ¿Cómo va a ser lo mismo hablar de las vueltas que da un político para dejar sin resolver un asunto, que hablar del último faenón de Perera, Ponce o Tomás, los zurriagazos de Kaká o Messi, las gestas de Julio César, el alcance de los grandes científicos o la lección filosófica de un pensador? La gente se aburre cuando trata el asunto político, porque pone usted sobre el tapete a unos y a otros, y el resultado es un tristísimo empate a penas, que si unos no hacen, los otros no apuntan maneras. Y, claro, la gente prefiere hablar de glorias, de belleza, de arte, de inteligencia, de finura, de solvencia, de valía en otros campos. Mira usted el panorama y no sabe para dónde tirar, a qué brazos echarse que no salga herido, defraudado o más desamparado. Crisis, paro, gripe, educación, corrupción. Empate a penas, porque la peor crisis es la que padecemos en la clase política. Nadie tiene a un líder político ni a mano ni en la esperanza, ese hombre -o esa mujer- que venga, rompedor y clarividente, a solucionar problemas. Por eso la gente cuando habla de política se aburre al rato, incapaz de defender un nombre brillante, y habla de cualquier otra cosa. Los políticos son ya esa triste pobreza inevitable. Ay, qué cruz Y lo malo de esto es que seguro que la mayoría de los que están por la tarea de descrucifijar las escuelas fueron niños y niñas de colegios religiosos y tomaron la primera comunión con todos sus avíos, digo avíos de librito con las pastas de nácar, rosario caro y crucifijo o medalla de la Virgen al cuello. Seguro que casi todos los que firman esta medida no se quedaron sin rezar en ninguna comida, ni faltaron a misa de doce, ni ponían pegas para comulgar todas las semanas. No son ni de la quinta ni de la situación social de El Cangui, que me decía una vez: «En mi casa pasábamos tanta jambre, que al ver que una noche y otra repetíamos pan seco y algo de fruta robada en el campo, yo me quedaba mirando todas las noches la estampa de la Sagrada Cena, a ver si les sobraba algo». Es lo que me decía el buen amigo cuando hablábamos de la casa de cada uno: «En la mía había un cuarto que estaba destinado a comedor, pero como no se comía, lo convirtieron en alcoba». Ya sabemos que nadie va a dejar de creer en lo que cree sólo porque quiten un crucifijo, que en esto pasa como en aquella letra de sevillana: «¡Como si escondiendo el agua / se nos quitara la sed!». No se va a hundir el mundo, ni nadie se va a morir por eso, ni van a acabar con los cristianos. Es el mal gusto. Y lo gracioso es que todas estas medidas vienen de unas gentes que constantemente nos están diciendo que seamos tolerantes, que tiene guasa la cosa. Todo esto lo incluyen en el paquete de aperturismo, ese aperturismo que se queda a mitad de camino para decirles a las mujeres dónde tienen que tocarse para soltar un do de pecho -«estamos tan agustitoooo.»- que se origina en el hormiguero. Nos piden que no seamos racistas, ni xenófobos, que aceptemos a las parejas homosexuales como a las heterosexuales, que inventemos el bautizo por lo civil, que no seamos violentos con quienes vienen a matarnos. Y por un crucifijo -un símbolo de entrega de amor por los hombres-, montan la que montan. Y son aquéllos, conste; aquellos que no más ayer decían las oraciones incluso en latín. Si ya sabemos que no va a pasar nada, que en mi credo mando yo y una cruz la pongo donde se me antoje, si es mi espacio. Es el mal gusto, las ganas de desviar asuntos. ¿El crucifijo es el causante del masivo fracaso escolar, o las medidas que vienen de arriba, y no del Arriba del crucifijo? Cualquier día prohíben los parches Sor Virginia. Castigo divino Mientras estás en la pelea no te das cuenta, porque la pelea apenas te deja tiempo para reflexionar, y porque, todo hay que decirlo, cuando suena la campana sólo tienes ganas de sentarte en la banqueta y echarte sobre las cuerdas y pedir agua. Te das cuenta cuando te dejan suelto unos días, y en ese tiempo eres el que siempre soñaste ser: un gozador del tiempo, de todo el tiempo. Ni hora para acostarte ni hora para levantarte. Y eso no significa que no hagas nada, que lo haces, y, si analizamos, más que cuando estás en plena pelea. Pero es otra cosa, es la libertad de la voluntad, eso que tú siempre añadías cuando hablaban de libertad: «A mí dejadme plaza de voluntario». Lo piensas ahora. Ahora es cuando sabes de verdad del sabor de un libro leído y digerido como una gran comida. Ahora es cuando has descubierto el velador del rincón de ese bar por el que pasas sin mirar ni el letrero de la puerta, y resulta que un día de tu descanso, tomando café y leyendo el periódico, te has dado cuenta de que entre dos árboles se enmarca la mejor marina viva que soñar pudieras. Y has conocido a ese vecino del que habías hecho injustos prejuicios y resulta que al verte tan cargado de bolsas, corrió a ayudarte. Han bastado veinte días de descanso para que descubras más riquezas que en once meses. Ha pasado lo que te dijo un día aquel amigo mayor: «Vas por la vida en coche conducido por ti, y lo que ves, lo ves de refilón, y te pierdes un montón de personas y cosas importantes que rozas sin saber que existen. Un día te vas a bajar del coche y vas a caminar, para que veas cuanto existe por tu diario». Eso te está pasando. Ya no valorabas un desayuno en paz, un paseo para comprar la prensa, un encargo; ya no sabías lo que era una charla hasta las tantas de la noche o hasta las tantas de la mañana, sin mirar el reloj, sin esa exigencia que te acompaña. Ya no te acordabas de lo que es un rato al sol o a la sombra, el paseo por un pequeño pueblo, por la orilla del mar, por la orilla de alguien. «A mí dejadme plaza de voluntario». Dueño de tu tiempo, remas a capricho por el día. Y cuando alguien te recuerda que dentro de unos días empieza otra vez la rueda laboral, entiendes aquello que de niño decía el cura: «El trabajo es un castigo divino, porque el hombre pecó». Hubieras matado al pecador. Y al que dice que el trabajo es salud. Y al que dice que se aburre de vacaciones. Fútbol y frases El mundo del fútbol se ha dado cuenta de que un hombre sin partidos es un hombre partido y no deja mes del año sin un encuentro entre dos equipos. El fútbol se nos ha hecho droga del ánimo sin la que no podemos estar más de una semana, y si no juegan, al menos que nos lleguen noticias de fichajes. El Cangui, que se aficionó tarde al fútbol, no se pierde ningún partido televisado en temporada, y los torneos veraniegos, tampoco. Ayer, cuando hablábamos de que ya está aquí otra vez la temporada, me dijo que está deseando que empiece, que el fútbol es su gran aliciente de las tardes del domingo para aliviar la tristeza que le supone el anochecer dominguero que avisa de la llegada del lunes, un día que él aborrece, como lo aborrecemos tantos. Dice que del fútbol no lo ha quitado ni la peor temporada de su equipo, aquella temporada del descenso que él llama vergonzoso. Pero añadió algo que firmo al pie de su palabra: «Más que temerle a un fallo de mi portero o a una mala puntería del delantero centro, le temo a la letanía de declaraciones de entrenadores y futbolistas antes del partido y, sobre todo, después». Dice El Cangui que él puede perdonar que el entrenador de su equipo se equivoque en el planteamiento de un encuentro, lo que no le perdona es que trate de explicar en la posterior rueda de prensa qué ha sucedido en el campo para perder por cuatro a cero, y, por ejemplo, dice: «Hoy, algunos de mis jugadores no estaban en el partido, y en fútbol no hay rival pequeño y cualquiera te hace un roto». O esto: «Una cosa ha sido el partido y otra muy distinta el resultado», para emparejar lo que dijo dos semanas atrás: «El fútbol es gol, y punto». Sí, y puntos. En esto, El Cangui dice que guarda frases para antologías filosóficas: «Estos tres puntos ganados hoy nos vienen muy bien». O dicen: «Si queremos estar arriba, hay que ganar partidos». O el delantero del banquillo: «Si no me dan minutos, no puedo demostrar lo que valgo». O: «Sería bueno ganar mañana». Dice El Cangui, con razón, que en la tasca más cutre de la tribu es capaz de recoger frases más lúcidas de la boca blasfema de cualquier borracho. Pero los futbolistas y los entrenadores -y otros- se han creído pensadores, Cangui. Y hay futbolistas y entrenadores que si en el campo merecen palmas o silbidos, en las ruedas de prensa merecen tarjeta roja. Y una cremallera en la boca. Y que se vaya la luz. Con bolsillo ajeno Esto es como la bicicleta del comunista del chiste: sí, que se reparta todo, pero a mi bicicleta que no la toque nadie. El Gobierno, cada vez que tiene un problema -o sea, cada media hora-, se convierte en pared de frontón y causa un rebote, y a ver quién recoge la pelota, que sale del rebote como una bala. Lo que mejor sabe hacer el Gobierno, y está demostrado, es buscar soluciones fuera de su intimidad. Inventa ministerios y ministros -y ministras-, se gasta un dineral en chuminadas que ni arreglan nada ni siquiera entretienen, y cuando la realidad económica da la cara, una única solución (de otro): subir los impuestos. Sin salir de casa, ya leyeron lo de la Junta, la nuestra -bueno, la de ellos- y su guía para que las mujeres aprendan a tocarse. Ya ven, como si el problema de las mujeres fuera cómo tocarse y no cómo hacer que les toque la suerte de unos políticos eficientes. A lo fácil. Van a lo fácil, a lo sonoro, a lo que saben de más que causará -a veces por su grado de barbaridad- cierto cachondeo que haga que los verdaderos problemas se silencien. Pero los socialistas de esta nueva hornada quieren seguir vendiéndonos el viejo pregón de la igualdad, y nosotros, claro, no tenemos más remedio que troncharnos de risa, por no llorar. Estos socialistas de ahora tienen de izquierda -de izquierda entendida como empezaron a vendérnosla- lo que Belén Esteban tiene de prudente y modosita. Jamás se vieron lujos tales en quienes dicen venir de los descamisados. Meta usted la pluma en la Junta, por ejemplo, y verá el derroche de cargos, y si suma usted lo que nos cuesta a los españoles lo que sobra en el Gobierno, quiero decir, los que no sirven, hay para solucionar los extras de Los diez Mandamientos. Pero el palo, es lo que se sabía, será para quienes damos la cara en nóminas o facturas, que no somos los ricos sino los que no podemos escaparnos. Que no nos vendan más la burra del rico y del pobre, hombre, que ese trato es muy viejo y muy burdo. Si quieren compensar, que empiecen por dar ejemplo ellos, y que el presidente, por citar algo, que veranee donde no necesite doscientos agentes de seguridad, ¿o me va a llamar rico a mí Zapatero desde unas vacaciones que nos van a costar -metan la pluma- más que llevar a la playa a todos los pobres de España en régimen de pensión completa? Si empezaran a prescindir de su lujo y de sus paridas, nos sobraba dinero. La nueva cara Hace quince años lo intenté y me quedé en el bigote. No fui capaz de afeitarme del todo y dejé el bigote como reserva del habitual monte que ya entonces apuntaba barbicano. El otro día le pedí a Juan, mi barbero, que me rozara el monte facial, y, también Juan optó por dejarme el bigote. Cuando me miré al espejo fue como si le abriera la puerta a un extraño. No era yo. Contrariado -y eso que no tengo arrugas-, cogí la maquinilla y me quité el bigote. Quizá fue peor, pero al menos no tenía más remedio que asumir la cara sin pelos. Me faltaba cara al lavarme, me sentía raro al rascarme la mejilla, me horrorizaba pasar frente a los espejos, y eso que aquel era más yo que el de unos días antes. Yo, que confieso que la barba empecé a dejármela porque un invierno se averió el termo de la casa -y también por vago-, no por ningún tic revolucionario ni de otra naturaleza, reconozco que mi imagen es ya con barba, que muy pocos de mi cercanía me conocieron sin ella. Lo cierto es que han pasado diez días y el rastrojal encanecido va devolviéndome la imagen a la que estoy acostumbrado y que asumo más mía que la rasurada. He leído las noticias de la operación de cara que ha dirigido el doctor Pedro Cavadas -quien apareció en la tele con un blusón que, más que médico, parecía un hippy que fuera a vendernos el último cd pirata de El Cigala-, ese genio filántropo que es capaz de devolver sonrisas y palabras a alguien que se espantaría de los espejos y quizá viviera en la larga amargura de no saber qué iba a ser de su vida. Gracias a las milagrosas manos del doctor Cavada, el paciente intervenido quizá vuelva a comer, a sonreír, a hablar. Ha dicho el doctor que el paciente se ha mirado al espejo y está encantado. Para quien tiene su cara como el engendro de una careta horrible, verse en el espejo con un aspecto más o menos normal debe de significar un milagro en toda regla. Poco le importará a ese hombre dejarse la barba o rasurarse, si lo que de verdad necesitaba era una identidad facial que no le resultara monstruosa. Poco valen unas barbas -o afeitárselas- al lado de un caso así. Será su cara de siempre o estará cambiada, pero se habrá mirado con los ojos de gratitud de quien recibe un aspecto más o menos común. Si vuelvo a afeitarme y otra vez intento huir de los espejos, me acordaré de cómo los buscaba ese hombre para celebrar verse la lengua, la nariz, la boca. Incómodos paraísos Hemos ido desvirgando paisajes sin darnos cuenta de que nos quedábamos sin territorios vírgenes que tanto admirábamos. No nos hemos conformado con disfrutar de ellos de tarde en tarde y nos hemos metido en su cama, y ya no se cabe en su alcoba. No hace tanto tiempo -y si lo hace, ¿qué más da?- nos escapábamos algunos amigos, para pasar el día, a las veras del parador de Mazagón. Bajábamos una rampa terriza y se quedaba ante nosotros la inmensidad de un mar orillado de playas desiertas. Una inmensidad de arena para cuatro chavales, y de tarde en tarde, quizá una pareja extranjera que paseaba sin creerse el paraíso que hollaba. La única construcción que había era un cuartel de costa de la Guardia Civil. Recuerdo que bebíamos de un manantial que brotaba de la enorme pared vertical que defendía la playa, y a la hora de comer, o el bocadillo o el parado. La ducha, cuando llegábamos a casa. Cuando volví pasados unos años, no encontraba nada de la virginidad que dejé en lo que llamábamos «la playa de la paz». Vino la huella del ladrillo, empujada por nuestra ambición de conquistarlo todo, y acabó con el paraíso. Para no perderla, le dije una vez a una mujer: «Procura dejarme algo de ti sin conquistar, para no cansarme jamás de tu territorio». Eso mismo tendríamos que haber hecho con los paraísos, la playa, la sierra, todo. Pero no fuimos capaces de resistir la tentación. Hace veintiún años viajé a Zahara de los Atunes para un reportaje de costa que empezó en Tarifa y acabó en Ayamonte. Cuando pasé el pueblo y llegué al hotel Atlanterra, sólo este edificio se levantaba allí como un oasis. Un alargado vacío -era agosto, como ahora- salpicado de cestas para proteger a los clientes del hotel de las perdigonadas de arena que dispara el levante. En Punta Camarinal, arriba -sólo arriba, en el monte-, algunos chalés que me dijeron que eran de alemanes. Lo demás, vacío frente a un paradisíaco mar que se tornaba turquesa junto al finísimo y blanco arenal. Titulé el reportaje «Zahara de los Atunes (no se lo digas a nadie)». Hace unos días, de Barbate a Zahara -nueve kilómetros- tardé más de una hora. Inmensa caravana. No encontraba el Atlanterra en el laberinto de edificaciones, y en Punta Camarinal, los chalés han bajado ya hasta la playa. No nos quedan paraísos vírgenes, y si queda alguno, estará ocultándose del peligro de los coleccionistas de virgo, que somos todos. Mancha de luz Desnudas las vi ayer, cuando escribían palotes, su alfabeto de esperanza. Desnudas las vi ayer, cuando los fríos las llenan de muñones, cuando aguantan esperando un ajuar que se presiente en el prudente pulso de las savias. Y las vi cuando, niñas, se ponían las primeras camisas, cuando andaban abriendo al aire una pañolería verde, sonora, tierna. Por la Mancha, manuscrito de Dios leía el viento a la luz de la luz que se derrama. Bien medido poema de la mano que sabe lo que escribe cuando labra; alineado sueño de bodega, canto sin voz del vino que se calla para dejar que suenen los racimos, ocultos cascabeles que se hermanan hechos uno en la falda de la madre que les metió la sangre en las entrañas. Ando por estas tierras que se rizan en sereno oleaje de labranza. Por aquí navegaron los arados, timoneles del campo los llevaban, y un mascarón de mulas por los liños abría en dos la luz de la mañana. Llanura luminosa que pedía caballetes y lienzos y palabras. Que no sólo dan vino estos viñedos: dan cuadros y poemas. Dan el alma. Paisaje de novelas y leyendas, escena de la historia más hidalga, siempre un camino abierto a la aventura, y siempre en el camino, la posada. Y unas gentes que son como la tierra: abiertas, luminosas, buenas, llanas. Ando por esta tierra y sé que piso la callada nobleza de mi España; una España labriega que en la tierra tiene principio y fin de cuanto aguarda. Vendrán las manos a coger racimos porque es preciso destetar la carga. Y se irán los racimos a ser vino, que sólo vive aquí quien se desangra. Y el vino cantará por los lagares su juvenil canción de mosto. Al alba, las bodegas se irán abriendo todas para llenarse de su propia alma. Rugirán en la noche los fermentos como un mar encerrado que buscara regresar a la tierra donde tiene su querencia la uva. Ay, la Mancha. Cien molinos de viento frente al viento, y cien vientos hermanos en las hazas, redondeando luces que maduran sólo por dar cosechas de esperanza, que aquí llueve la luz, hay chaparrones, temporales de luz, luz es el agua; lluvia de luz a todas horas, siempre: luminoso diluvio que te empapa. Lienzo, canción, poema, sol, viñedo. Manchegas tierras hondas y calladas, con qué sabiduría vendimiáis vino y cultura con la misma traza. Llueve vendimia aquí, llueve vendimia. Y suena en la imprecisa lontananza, cerrándole al paisaje su vestido, la cremallera de algún tren que pasa. Viento de ayer Agosto se ha venido capaz de dejarle la cama chamuscada al otoño. Menos mal que la noche deja abiertas sus ventanas y el mar vocea frescos que dejan dormir con el regusto del tirón a la sábana que el cuerpo recupera en la madrugada. Pero el día sólo tiene cura metido en el mar o en el invierno mentiroso del aire acondicionado. Leyendo la prensa, tras el café de la mañana en el bar, el cuerpo pide agua fría. No me había fijado en la camarera -fue otra la que me atendió cuando llegué-, una muchacha hermosa que no sabe cuánto tesoro pasea en sus veinte años. Se acerca para preguntarme amablemente si he terminado, y aprovecho para pedirle una botella de agua muy fría. La miro por admirarla, más que con la lujuria con que la hubiera mirado hace diez años. La miro como quien se recrea en un frutal cargado sin ánimos de menoscabarle ni una fruta, aunque recreándose en todas. Cuando se va, la miro por detrás. Es muy hermosa, y tiene algo distinto más allá de su pelo rizado y negro, más allá del cuello donde ni siquiera le sueñan las arrugas de mañana. Más allá de sus ojos, que ponen un brillo de noche en su luz de asombro. Es distinta, y no sólo por tratarme de usted sin envejecerme en el tratamiento. Es distinta. Y quizá por distinta me sepa conocida. Viste con elegancia su ropa de trabajo, y, salvo la natural «provocación» de su edad y su hermosura, no hay en ella nada que la vulgarice. Está fría el agua, y me sienta como lluvia en un barbecho de octubre. Fue al levantar la cabeza para beber: estaba en el mostrador, leyendo, con la cabeza inclinada. La llamé para que me cobrara. Vino y le pregunté si era de por aquí. «Mitad y mitad. Mi madre sí es de aquí; mi padre, del norte. Mi madre se colocó allí, allí se conocieron, se casaron. Yo estoy de vacaciones en casa de unos tíos y trabajo de día para pagarme el veraneo.» Me dijo su nombre, y el de su madre. Sí, es su hija. Eso era lo que me resultaba tan distinto y tan conocido. Le dije adiós y me fui recordando -y recitando por dentro- el hermoso poema de Torcuato Luca de Tena, «Viento de ayer»: «¿Es tu hija, verdad? La he conocido / por la estrella fugaz que hay en sus ojos. /.Tiene el cuello tan frágil como tú lo tenías, / y en el pelo, los mismos pájaros locos. / Tiene un viento de ayer entre los dedos, y en el rostro. / tu firma escrita / con otra sangre / que no conozco.» Ay, viento de ayer, que vuelve. Hecho a mano Cuando los frecuentes y dramáticos casos de abusos sexuales, maltrato a la mujer, a niños, puñaladas traperas de tíos que actúan como un toro abochornado o por maldad natural lo que aconsejan es organizar unos cursos para que las mujeres aprendan defensa personal, la Junta de Andalucía, en su afán igualitario, decide que lo que de verdad hace falta es una guía para que la mujer aprenda a darle alegría a su cuerpo, Macarena. Del no me toques que recomiendan por la gripe A, al tócate de la guía de la Junta. Nos vinieron primero con el póntelo, pónselo del condón; después aconsejaban que las muchachas harían bien en intercambiarse caricias, y ahora viene la guía para que la mano aprenda el camino más corto para el placer. La Guía Chuminil, que no la Guía Michelín, aunque en las dos podemos encontrar la ruta más corta, la más rápida y con paradas donde quieran las mujeres. Así que, muerto Valerio Lazarov, hemos pasado del «Mama, Chicho me toca.», a que cada cuala se toque los sitios de Zaragoza tirando por la parte de los montes de la Puebla. Ea, ya tenemos otro paso dado en igualdad. La Junta, en su indesmayable lucha por que la mujer consiga grandes logros en superarse y en superar al varón, pone el dedo en la llaga -frase popular hecha, ojo- y entiende que la igualdad sexual de la mujer, en cuanto a intimidad se refiere, tiene que ser, más o menos, como los buenos asientos de eneas, hecho a mano. O sea, el placer, que llegue por vía digital. Manos a la obra, nunca mejor dicho. «La masturbación ha estado siempre cargada de mentiras o leyendas», dice la guía, y añade: «.no tiene ningún problema, no causa enfermeda-des.»; bien, pero quizá yerre cuando dice que «.no vuelve loca a la que lo hace y no engancha como una droga». ¡Que te crees tú eso, Junta! ¿Que no vuelve loca? Pues algunas dicen que se vuelven locas de contentas y que, a falta de pan -de barra-, bienvenidas sean las tortas de un enganche digital que, además, no precisa de ayudas externas. A la Junta le ha faltado la frase de campaña, y en vez de «¡Pies, para qué os quiero!», haber escrito: «¡Manos, para qué os quiero!» En este caso, los dedos se hacen huéspedes. de la casita de la cigüeña, y casa y huéspedes están encantados. Ya ven lo que es la Modernización. ¿Una guía? Una guía teníamos que editar nosotros, no para tocarse nada sino para evitar que nos sigan tocando lo que llevan años tocándonos. Noli me tangere Va a resultar realista la letra de la soleá que nos parecía exagerada: «No quiero que vayas a misa / ni que a la puertecita tú te asomes, / ni tomes agua bendita / donde la toman los hombres». Este problema de la gripe A está de un subido que vamos a tener que morder como la suegra de la copla, con la boquita cerrá. Y dejarnos de la más liviana muestra de afecto y de las más rancias devociones religiosas, ya ven la que hay liada con los besamanos. La memoria me lleva al sacristán al pie de la imagen expuesta en besamanos o de aquel crucificado al que le besábamos la rodilla amoratada. El sacristán tenía un algodón empapado en alcohol y tras cada beso pasaba el algodón por la parte besada, y yo me preguntaba si al final no besaba uno todos los besos que se acumulaban en el algodón. «Los besamanos saben a matrona», dijo una niña amiga a quien la matrona de la tribu le había puesto muchas inyecciones y había experimentado en su nalga el frío del algodón empapado en alcohol. Nada puede besarse; el beso como contagio. Quién nos iba a decir que podíamos morir por la boca, como el pez. Ni se besan mantos, ni medallas, ni manos ni pies de imágenes benditas. Si entre los humanos se impone el hola y adiós sin ningún roce, en el trato con lo sagrado es mejor darse a las oraciones y desde lejos, por si acaso. Amar sin besos, y sin manoseo, sin manitas. Lo que se dice amar desde lejos. Noli me tangere. No me toques. Ya ven, ha bastado la gripe A para que nos volvamos desapegados. Somos capaces de recurrir al preservativo para evitar venéreas y el sida, pero a ver qué inventamos para poder besarnos sin riesgo, que como no nos plastifiquemos la boca. Ni la mano. Los jóvenes que se tiran en las sombras de grama van a tener que ponerse guantes para tocarse. Así que más que dos candados en las barandillas del Puente de Triana, lo mejor será anudar dos guantes como prueba de amor sano. El detalle del candado suena a cierre de cinturón de castidad. Un problema es ahora ir a que nos den un masaje, y dejar que el barbero nos toquetee la cara afeitándonos, y en el fútbol, los goles tendrán que celebrarlos haciendo el gesto del abrazo. Y en la misa, al paso que va el miedo, no será extraño que el cura diga: «Daos fraternalmente la paz. pero sin besos y sin manos». Porque no faltaría más que alguien dijera: «Pues a mí, la gripe A me la pegó santa Eduvigis en un besamanos.» Rezo sin vo Él nunca lo contó, nunca quiso contarlo. Fue su mujer la que me lo dijo un día, hace muchos años, cuando yo era poco más que un niño. Por lo visto, cuando en junio del 36 andaba de trilla, decidió un día untarle aceite a las ruedas dentadas del trillo, porque la mañana anterior notó que chirriaban. Fue al darle la vuelta al trillo cuando lo vio. Dijo que se le nubló la vista, de la impresión, de pensar en qué habría pasado si sube al trillo y las mulas empiezan a trotar dando vueltas por la era cortando la parva. Dijo que se le nubló la vista. Eran días en los que las revueltas en el campo sorprendían ora con un trigal ardiendo, ora con una cuadrilla de matones que llegaban a un tajo y levantaban a veinte segadores. Eran fechas raras, fechas que habían dejado mucho odio entre las ardientes sábanas del verano. Hermanos, primos, hijos enfrentados por lo que se decía una idea y no era sino falta de ideas, sobre todo, falta de buenas ideas. Estaba caliente el verano, y la sangre parecía no saber -ni querer- salir de aquel calor que lo mismo quemaba una cebada que una vida. Dijo que se le nubló la vista y que en ese nublado vio -o le pareció ver- la imagen de la Virgen de los Reyes. Él, por lo que me contaron, nunca dijo que aquello fuera un milagro, pero lo cierto es que si no le da la vuelta al trillo para engrasarlo, aquel petardo lo hubiese matado, o le hubiese causado mutilaciones. No explosionó, lo vio a tiempo de quitarlo y evitar su daño. Jamás se lo oí contar, ni -aunque yo lo sepa porque me lo contó su mujer- le dijo a nadie el nombre del que le puso el petardo. Él sólo tuvo una reacción: ir, mientras viviera, a ver la Virgen de los Reyes. Y así fue, así lo hizo. Lo vi algunos años, con su mujer, y otros, recuerdo haberlo visto con todos sus hijos. Un año me puse cerca de él a ver qué rezaba aquel hombre que no era ni de misas ni muy de santos. Estuve pendiente y ni siquiera un movimiento de los labios, sólo una mirada tierna y verde que se le iba anegando en lágrimas que no le caían. Después, sacaba su pañuelo de yerba y se secaba las lágrimas argumentando que era sudor. No, no era sudor, era llanto sin apenas notarse, como serían oraciones los largos silencios de su mirada cuando la Virgen se acercaba, una imagen que volvería a ver nublada, nublada por las lágrimas, no por la impresión al ver aquel petardo que pudo impedir que yo naciera La víbora gorda Equivocó su celo, bien maduro, y se nos dio a engañar con una novia. Era de capital la desgraciada. Pero la chica hurgó por los corrales y hallaba sólo plumas de gallina. Conviene tirar lejos las mentiras cuando se trata de engañar a un nuevo. En la tribu no hubiera hallado nunca costado de muchacha, que lo suyo, por más que lo tapara con voz dura, era un clamor en la chavalería. Propensión a la pana y a los chismes traía ya en sus pasos de principio. Y un alma de comadre le asistía, de basto sarasón sembrando dudas, por más que sus espigas siempre fueron de grano hueco que jamás, molidas, dieron harina firme que sirviera para freír un macho en toda regla. Por más que se tapaba presumiendo de voz de carretero por la calle, lo desnudaba el paso de un muchacho; se le ponían ojos de lagarta y dicen que a la noche, cuando pasan serenos desganados en su ronda y han cerrado sus puertas los casinos, se va a los sitios que la sombra traza para catar del vicio que le empuja. Trabajó lo preciso, casi nada, hasta que se inventó lo de los huesos y se dio a ese vivir de paga magra que lo mantiene vivo y como un sollo. Los oídos de guardia, siempre atento a todo lo que cuentan que otros dicen, y la víbora gorda desayuna tostadas de calumnia que le sirven las lenguas de su talla y su linaje. No hay preñez que no tenga vicaría que se le escape al bicho de su lengua, ni escapada nocturna de casado que ajusta revolcones con alguna, mejor si está casada la que salta los bardos del ajuar y las promesas. Ni carne ni pescado, aunque la cola de pescadilla loca le delata. Parece que no mira y va grabando; parece que no oye y coge al vuelo el crecer de la grama, el viborilla; parece que no habla y suelta lengua y es un muestrario de difamaciones, siempre esa lengua larga como un manto que se mancha al pasar por su saliva. Pegado a procesiones y a quinarios, va envenenando todo cuanto toca. Y encima se ha creído que le asisten la gracia y el ingenio, y, dicen todos, que la gracia la tiene donde dicen que la tienen, agudas, las avispas. Ni por ahí siquiera la imagino, que si de frente pinta el adefesio, por detrás, basculante, me parece amago de derribo orondo y lento. Así va el pregonero de lo malo en neutro malandar por las esquinas. Medio hombre de ayer, medio de nada hoy que, alcahueta loca, escandaliza. Reptando va la víbora, engordando con el veneno que a ella sola mata. Nacemos desvalidos. Tan pronto como somos del todo conscientes, descubrimos física, emocional e intelectualmente la soledad, necesitamos a los demás. Los precisamos para conocer algo, incluso a nosotros mismos. Parejas desparejas Queridos, veo que estamos de un subidón de “dúos” muy especial. Bien, bien. Mas ¿por qué somos tan “honrados” al hablar de parejas de alianza y no nos atrevemos a hablar, aunque sea un amor grande, de los amantes? Como estamos en agosto y apenas nos oye nadie, propongo que dejemos en su sitio a los amantes, que amante viene de amar, ojo. Ahí dejo el guante. ¿No hemos tenido amantes los de esta casa? ¿Tan poco hemos amado? A ver, un paso al frente… Abrazos. ¿Lo alquilamos hasta septiembre? No penséis, queridos amigos, que he alquilado el blog en agosto, es que me he ido fuera unos días y no tenía mucho tiempo libre. Pero aquí andamos de nuevo. ¿Dónde andáis vosotros? Me quedé en una rectificación que me hizo alguien -¿fue yamayor o viejo?- respecto de mi lesión vertebral: efectivamente, me comí una erre, se escribe protrusión, y así creí haberlo escrito. Me faltó una tecla. Corregido. ¿Estáis en el mar, en la montaña, en el trabajo, en casa..? Ya os hablaré de Castilla, de Soria, sobre todo, que tanto me apasiona. He paso en un día de 14 grados a 38; de pasear bajo la lluvia -mojándome- por El Collado soriano a andar empapado en sudor todo el día; de andar todos los días, a cualquier hora, por el centro de la ciudad o las afueras, a refugiarme en aire acondicionado. El sur es hermoso, sí, pero ¡qué calor, Señor! A ver, dadme pistas de vuestras vacaciones o de vuestra actividad. ¡Ah de la casaaaaaa! ¿Hay alguien ahí? Abrazos Parejas desparejas Queridos, veo que estamos de un subidón de dúos” muy especial. Bien, bien. Mas ¿por qué somos tan “honrados” al hablar de parejas de alianza y no nos atrevemos a hablar, aunque sea un amor grande, de los amantes? Como estamos en agosto y apenas nos oye nadie, propongo que dejemos en su sitio a los amantes, que amante viene de amar, ojo. Ahí dejo el guante. ¿No hemos tenido amantes los de esta casa? ¿Tan poco hemos amado? A ver, un paso al frente… Abrazos. ¿Lo alquilamos hasta septiembre? No penséis, queridos amigos, que he alquilado el blog en agosto, es que me he ido fuera unos días y no tenía mucho tiempo libre. Pero aquí andamos de nuevo. ¿Dónde andáis vosotros? Me quedé en una rectificación que me hizo alguien -¿fue yamayor o viejo?- respecto de mi lesión vertebral: efectivamente, me comí una erre, se escribe protrusión, y así creí haberlo escrito. Me faltó una tecla. Corregido. ¿Estáis en el mar, en la montaña, en el trabajo, en casa..? Ya os hablaré de Castilla, de Soria, sobre todo, que tanto me apasiona. He paso en un día de 14 grados a 38; de pasear bajo la lluvia -mojándome- por El Collado soriano a andar empapado en sudor todo el día; de andar todos los días, a cualquier hora, por el centro de la ciudad o las afueras, a refugiarme en aire acondicionado. El sur es hermoso, sí, pero ¡qué calor, Señor! A ver, dadme pistas de vuestras vacaciones o de vuestra actividad. ¡Ah de la casaaaaaa! ¿Hay alguien ahí? Abrazos
July 25 JULIO Aquí “Orzowey” Pues, ya ves, querida Esther, que todavía no han podido conmigo los leones… ni la Velá. Te cuento, os cuento: estoy de vacaciones en la radio (no así en el ABC, donde escribiré, D.m., ininterrumpidamente. Pero, hija, uno sale, entra, va, viene… Y como tengo que rehabilitarme la protusión vertebral, entre andar y nadar se me va un puñado de tiempo, y como además no me levanto tan temprano… Y como además tengo que terminar trabajos urgentes… Y como además me invitan a pasar un par de días en la costa o en la sierra… Y como además en mi estudio hace más calor que encargando niños… Pues, ya ves. Pero estaré aquí, aunque no creo que con tanta frecuencia como en los últimos días. Pero estaré. A ver si también están los demás… ¿eh? Abrazos. Y que sepas, Esther, que os recuerdo. Y ya sabes lo que escribió Montesinos: “Sólo es verdad aquello / que en la memoria existe”… Hora del Lobo Las ovejas necesitan salir a buscar comida y agua, y se la tienen que jugar en los sitios de la yerba y los arroyos, si no quieren morir de inanición. Se la tienen que jugar porque saben que en esos sitios aguardan, también hambrientos, aunque sólo de ovejas, los lobos. Diariamente la necesidad, diariamente el riesgo, insomne el peligro. Algunas han dejado la vida a la orilla de su remedio, incapaces de escapar del ataque o porque andaban débiles y se juntó el hambre con las ganas de comer (nunca mejor dicho); otras pudieron cambiar un bocado de yerba por una dentellada de la que milagrosamente escaparon, aunque todavía se lamen la herida; y otras, nadie sabe cómo, consiguen un sorbo de agua y un ligero ramoneo en cualquier árbol y, por velocidad o astucia, salvan el pellejo. La crisis ha desatado una selva silenciosa, una callada lucha entre la necesidad de supervivencia y quienes dan el dinero. Mientras algunos diseñan su veraneo y otros no saben cómo cruzar el canalla territorio del verano, muchos hombres de empresas, medianas y pequeñas, estudian diariamente cómo ir en busca de alimento dinerario sin tener que dejarse toda la sangre, toda, en la dentellada de los bancos. Sin piedad. Eso dicen quienes todos los días pasan por la aduana de los dineros,por el duro confesionario del tanto por ciento. Sabedores de que tienen la solución, los bancos aguardan con los colmillos afilados la llegada -no falla- de la presa. Hay que vender el dinero a precio de vacuna de la inmortalidad. Dicen que sobran treinta mil puestos de trabajo en el sector bancario, pero sobran más necesitados en los despachos del director, españoles que necesitan ayuda para que sobreviva su empresa y se la juegan entrando a coger el dinero de una mano que guarda la dentellada entre los dedos. ¿El pastor? El pastor está preparando sus lujosas vacaciones, pagadas por las ovejas, por cierto Los monstruitos No es que le hayamos dado mucha guita al pandero, Cangui, es que se la hemos soltado y anda por ahí cabeceando, dando zurriagazos con la cola, iracunda cobra aérea, sin nadie que lo sujete y a merced de los vientos. Con los menores hemos pasado de írsenos la mano a que se nos vayan de las manos. ¿Has leído lo que ha ocurrido en Baena? Horrible. ¿A la permisividad que estamos teniendo con la delincuencia infantil podemos llamarla, como a la confusión de la enfermera, «terrorífico error», o será políticamente incorrecto? Se nos malogra la cantera, Cangui. Con la de muchachos preparados que hay, muchachos que recibieron disciplina, idea del sacrificio para su formación, y salen estos —cada vez son más— tratando de extender la piorrea por toda la boca. Cinco menores y un joven violaron a coro a una niña de trece años…, sí, pero una niña que a esa edad ya había tenido relaciones sexuales con uno de sus violadores y se prestó, incluso, a que éste grabara con la cámara del móvil sus juegos de sexo. Me vas a llamar antiguo, Cangui, pero yo prefiero que una niña de trece años juegue a las muñecas, tan inocente de todo, a que entregue el virgo como quien regala un cromo. La culpa no sólo es de esos violadores. A una niña de esa edad hay que tenerla controlada, sea traviesa o santa. Pero ya ves, Cangui, que como los vientos oficiales apuestan por la absoluta libertad de las niñas, pues sale lo que sale, ¿o acaso tú conoces a persona, animal o semilla que no necesite de cuido? Hemos conseguido una granja de monstruitos, y lo malo es que no hay quien tenga dos pares para siquiera pegar una voz en esa granja. Fíjate, amigo, en todo el desarrollo de esta historia, desde que una niña recién salida de la menarquia se mete en una relación de madurez y acaba en manos de un manojo de cabroncios que la violan. Estos monstruitos tienen espejos muy cercanos a los que mirarse: el Rafita, los asesinos de Marta del Castillo y cien más, y, claro, saben que van a salir en los medios y su gesta parecerá, en su pandilla, una heroicidad. Y como saben que nadie les pondrá una mano encima, y como saben que tienen todo el territorio para ellos, pues actúan así, con esa tranquilidad. Y ya ves el asco de granja que tenemos, Cangui. Nadie quiere siquiera restallar el látigo y los monstruitos nos comen. No nos quejemos: estos árboles los plantamos nosotros. Y dejamos que crecieran torcidos. Penosa disciplina No se puede servir a dos señores a la vez. Salvo en política, donde se le sirve a quien haga falta, si peligran los garbanzos o están en juego otros intereses cercanos. De todo hemos conocido en esos plenos, desde aquel concejal de derecha que propuso que se le concediera la medalla de oro a la Virgen patrona, y ante el sí de casi todos, otro concejal, un cachondo de izquierda, se opuso y lo miraron para matarlo, pero les hizo una jugada a los de derecha y propuso ampliar el medalleo a las otras tres Vírgenes de la tribu, lo que dejó en cueros vivos a los que lo miraron y le hizo exclamar al concejal de la propuesta primera una barbaridad que tenemos que considerar chiste para no llevarnos las manos a la cabeza: «¿A las otras tres? ¿Vas a comparar tú a la patrona con las otras?» Pues desde este caso, a cien más, y casi todos por el mismo estilo. He conocido a concejales que fueron en una lista con la sola idea de acabar con un símbolo, aunque ello significara ponerse frente a su credo. Algo así le está pasando al alcalde de Sevilla, que el hombre anda entre sus ideas más íntimas y lo que dice su partido sobre el aborto en niñas de dieciséis años. Aquí es donde hay que ver la firmeza de los hombres, y donde vemos, por lo común, las debilidades de los políticos cuando median disciplinas de partido o conveniencias ante el pueblo. Alcaldes y alcaldesas hay que se confiesan rojos y no se pierden una misa ni una procesión ante un santo, comulgan si ven que los están mirando y son capaces de nombrar alcalde perpetuo a un santo patrón, aunque no crean ni en el sol que les alumbra. Y en el otro lado, más o menos: fachas hasta las cachas los he visto cantar himnos que piden tierra y libertad, varias semanas después de haber cantado el Cara al sol con el mayor de los convencimientos. De todo hay en esta viña del Señor. Y ahora con el asunto del aborto a los dieciséis años, sin necesidad siquiera de consultarlo en casa —como si la niña fuera a fumarse el primer cigarrillo—, viene la duda de qué hacer, si ser fiel a las ideas más arraigadas o a la disciplina de partido. ¿Y qué hace el alcalde? Pues le pone una vela a Dios y otra al diablo, gesto muy propio de quienes con tal de estar en la pista entran por el aro ardiendo que les pongan. Si Maleni Álvarez dijo «Antes partía que doblá», aquí hay quien, antes de partirse, se dobla y aun se hace nudos en los huesos. Siempre un muerto Quizá fue la muerte de Paquirri la que aceleró que en los festejos taurinos sea obligatorio que haya una UVI móvil y un completo equipo médico. Como hizo falta que en el césped muriera el futbolista Antonio Puerta para que todos los clubes de determinada categoría hacia arriba tengan desfibriladores a mano. A veces hace falta que alguien muera para que reconozcamos que queda mucho por hacer. Mientras la muerte no asoma la cabeza pocos se cuestionan el peligro o el riesgo de determinadas profesiones o espectáculos. Las armaduras guerreras no eran una moda sino una necesidad. Llevábamos muchos años sin un debate sobre el riesgo mortal de los sanfermines, justo desde la última muerte en los encierros. Y vuelve a abrirse el tarro de las preguntas cuando a un corredor lo ha corneado de muerte un toro. Hay quienes sostienen que las tradiciones son intocables y quienes claman por cambiar determinados aspectos de algunas de ellas, por ejemplo, los encierros de Pamplona. Turno de hipócritas, muchas veces, sobre todo en este último bando. ¿Qué nos atrae de los sanfermines, acaso el arte de los mozos? ¿No será más el morbillo que produce ver el riesgo de los otros? Sé que algunos van a ver a determinados toreros por si un toro los pilla por derecho y poder contarlo en las tertulias acentuando el «yo estuve allí». Si a los sanfermines les quitamos el riesgo mortal de los toros nos quedaría una carrera absurda -como correr entre mulos- que a nadie atraería. Unos quieren enfundarles los cuernos a las reses, otros seleccionar a los corredores, otros que los mozos se pongan armadura y otros que los encierros se eliminen. Pero al día siguiente de la muerte del corredor volvieron a correr tantos mozos entre tanto peligro cornúpeta. Me gustaría comprobar cuántos aficionados irían a la plaza si los toros fueran mochos. Si los sospechan de "afeitados" y protestan... Marbella de oferta Es posible que hace diez años algunos no cupieran por la estrechez de la calle Álamo marbellí, de llenos que llevarían los bolsillos, cuando Marbella, más que un gran invento turístico, más que un mar plácido, más que un microclima y más que nada, era una máquina de dinero: lo generaba, lo pedía, lo quitaba, lo escondía, lo blanqueaba y lo que hiciera falta. En la calurosa mañana marbellí, cuando cientos, miles de coches se dirigían a la plaza de toros de Puerto Banús para ver la Copa Davis, al tiempo que desde la parte de La Campana venían cientos de mujeres cargadas de bolsas del mercadillo de los sábados, trasladado de sitio por culpa de la Davis, paseaba por el centro de Marbella. Es un placer este lugar, si no está hasta la corcha. Y no lo estaba. Por la sombra de las plazas peatonales, surtidores que miran al cercano mar y estatuas de bronce que temen derretirse bajo el sol de julio. Busco el primitivo asentamiento de Marbella, junto a la muralla, esa paz de cal y frescura, flores y toldos, calles empedradas, estrechas, abiertas plazas de árboles y monumentos, balcones que se hacen más altos para no dejar de ver el mar, la luz repetida, derramada por todo el casco antiguo. La gran iglesia del patrón San Bernabé, en la que rezan en diez lenguas, terrazas que invitan a un refresco al fresco. Y tiendas, muchas tiendas, una tienda, dos tiendas, tres tiendas, cien tiendas… Y nadie comprando. Y pegadas en los cristales de esas tiendas, ofertas: «Todo al 50%, todo al 70%». No, todo está al imposible por ciento. Marbella es ladrillo y mar, turismo y construcción, y cuando eso falla, tiene que colocarse el cartel de oferta. Y es una pena. Un pueblo que es un cuenco de luz allá arriba, que se derrama lujoso hacia el mar, que tiene paseos preciosos, magníficos comercios, tiendas espectaculares, pisos y chalés de ensueño, toda clase de servicios, tiene que poner su letrero de pobre porque se fueron —y nadie sabe hasta cuándo— los buenos tiempos. Una tienda preciosa, ningún cliente… ¿A qué hora cierran? «Estamos abiertos, ininterrumpidamente, hasta las once de la noche». Todo al 70%. La Davis, sí, y Ferraris y Porches junto a los yates en Puerto Banús, sí. Pero las tiendas, todo al 50%. Aquella Marbella lujosa, diosa sin sueño junto al mar, vestida de tules y adornada de brillantes, hoy sale a su puerta a colgarse el cartel de «Todo al 50%». Y da pena verla así. La mirada fría Hay miradas que engañan, y no podemos juzgar a nadie por la manera de mirar en un momento determinado, que hay miradas de iracundia o dulzura que sólo reflejan un momento que en nada se corresponden con la personalidad de quien mira. Recuerdo cómo me echó para atrás la fotografía de alguien que después se ha quedado entre mis amigos más tiernos; era una mirada de malo de la película, y cuando me lo aclaró, nos reíamos: «Era una foto de presentación, y necesitaba poner cara de mala leche para que me respetaran». Todo lo contrario de aquella muchacha a la que una madrugada creí tener enamorada tras dos horas recitándole poemas y soltándole citas tiernas, y cuando le pregunté que si estaba emocionada, me respondió: «No. Es que me estoy durmiendo». Pero hay miradas que no engañan. No digo que a Miguel Carcaño, el asesino confeso de Marta del Castillo, haya que juzgarlo por su mirada, pero esa mirada, cada vez que la hemos visto dirigirse a alguien o a algo no ha tenido temperatura, ha sido una mirada desde el hielo, desde una frialdad que no se improvisa, que no se estudia como pose sino que se lleva dentro. Es la mirada del asesino, lo sea o no lo sea. A esa edad, tras seis meses de cárcel, interrogatorios, furgones policiales, esposas, reconstrucción de los hechos, a un muchacho, por firme que sea, si tiene dentro un gramo de inocencia se le escapa por la mirada, si no en una fotografía será en otra, si no en un reojo, en una mirada de frente. A Miguel Carcaño no se le ha visto la más mínima dulzura en los ojos, el más remoto calor, ese calor que puede dar saberse solo cargando con una culpa ajena. Repito: no se le puede juzgar por la mirada, pero esa mirada de escarcha es ya una culpa. ¿No vieron cómo miró al amigo cuando éste le pidió que lo mirara a la cara? ¿Vieron el fusilamiento visual, frío como carámbano, con que midió, más que miró, al amigo? Cabe un asesinato en esa mirada, aunque resultara inocente. En esa mirada hay un asesino, aunque no hubiera despertado aún. A esa edad, esa frialdad es una culpa. A esa edad, quien mira así ha mirado ya otras veces y ha descargado el deshielo de una acción mala. No sé si Marta conocía esa mirada, pero, tan niña, quizá la tradujo por firmeza, seguridad, practicidad. Y no sabía la pobre chiquilla que estaba metiéndose en dos mortales callejones de nieve. La mirada de Miguel Carcaño quema. Y quema de fría. Volar sin alas Veintidós siglos más tarde, Arquímedes de Siracusa renace en el aire alto de esta vega siempre viva. Lo veo pasar en el aerostático que viene ganando altura desde el este, como un planeta curioso que orbitara a capricho de los vientos. Dicen que fue cuando, sentados junto a una fogata, los hermanos Montgolfier observaron cómo se elevaba el humo. Así que entre el principio de Arquímedes y una fogata se elevó la idea del globo y, al fin, el globo. Los globos de mi infancia volaban por las aventuras de El Capitán Trueno, cuando éste, junto a Crispín y Goliat, iba a visitar a su novia Ingrid a la isla de Thule. La imaginación colocaba aquellos globos en las alturas del aire del verano cuando los chiquillos íbamos a volar panderos a las Tierras Altas. El sueño era volar sin alas, subir a la altura, ver desde arriba cómo era el mundo que pisábamos. La altura siempre fue un sueño infantil, quizá por la memoria de pájaro que quizá guarde la sangre: un árbol, un cerro, un balcón, una torre… No sé quiénes van en la barquilla de ese aerostático que reina sobre la vega, azul y hermoso, peonza que aprovecha las vueltas de la guita del aire para bailar su lenta y armoniosa danza. No sé quiénes van, pero los envidio. Mi viejo sueño: volar sin alas, tener la perspectiva del pájaro en su vuelo. ¿Cómo sería mi patio —pensaba— visto desde las nubes bajas? ¿Cómo el universo agrario por donde mi infancia andaba creyendo que pisaba el mapa del mundo? Se empequeñecería todo, como si todo lo mirara colocándome unos prismáticos al revés. Volar sin alas. Y sin motor. Ni la aviación ni siquiera el paracaídas; otra sensación, la de tener consciencia de viajar por el aire sin más sonidos que los del aire lento, asomado al balcón de la barquilla de un globo. Siempre que, como ahora, veo pasar un aerostático, quisiera que lanzaran una escala hasta mi azotea y, si fuera capaz, subir por los escalones del aire hasta llegar al globo para sentir esa paz levemente meneada de la hoja que levantan los remolinos de la tarde en los rastrojales y que se quedan, altísimas, sobre el paisaje que me embebe. Sigue su viaje hacia el sur la caprichosa nube azul del globo. A veces oigo su disnea, la que origina la llama que calienta el aire interior, pero cuando, silencioso, cruza como una dama prudente, sé que en la barquilla van, sin cumplir, todos los sueños de alas que tuve. Que son casi todos Fiestas Si os parece (no te rías, que es peor), dejamos los chistes y pasamos a otros asuntos. ¿Por qué no contamos las fiestas, desde las íntimas a las públicas, que hemos vivido o viviremos este verano? Y de los recuerdos que vivien en los veranos de nuestra adolescencia… Un abrazo. Berzas y versos Pues cualquiera pensaría que al personal de esta casa sólo le interesan las berzas (como síntesis de la comida) y los versos (como síntesis de la poesía). Y sé que el personal es más amplio en gustos, en sabores y en saberes. No quiero que convirtamos esto en un foro poético ni en una feria gastronómica, ni en lamentaciones (yo soy el primero que se queja de su espalda, conste) ni en un intercambio de botafumeiros. ¿Es que no salís a dar una vueltecita para pasar calor, refugiarse de la lluvia o disfrutar de las noches plácidas, donde las haya? ¿Es que no vais, como yo, al Mercadona de turno, al Cortinglés de guardia ni a los mercadillos semanales de todos los sitios? ¿Es que no vais a fiestas locales para contarlas? Menos versos quiero, y más prosa de lo diario. Dejemos en paz -y en guerra- a los poetas, y, sin olvidar lo leído ni lo que sigue sonándonos como queridas campanas rítmicas -oh la voz prestada que nos señaló la herida o la alegría…-, disfrutemos, caramba, que se nos va el verano y nadie cuenta un chiste… Por cierto: ¿Saben el de aquel tío que sube a un taxi en Sevilla y le pregunta al taxista que si se puede fumar? Pues el taxista le dice que no, y pregunta el tío, “¿Y para qué entonces tiene el coche esos ceniceros?” Y le dice el taxista: “Pa los que no preguntan”. Abrazos. Antonio Noches de julio Mis amigos… A ver, Alacant, has de saber que no hay un solo poema de Montesinos que no haya leído; ni poema ni prosa. ¡Claro que conozco ese verso! ¿Conoces tú estos? “¿Por qué me parecen fríos / los ríos / que no son míos? / Para mí sólo hay un río. / Por sus aguas llevaré / un día los versos míos… / Un día que no veré”? Pero gracias por recordarlos aquí. Querido Nolasco, un juego con tu nombre: “Colás, no, Nolasco”. No sólo me gusta tu aliño sino que lo hago, aunque más en invierno, fíjate. Raro que es uno. ¿Cómo estáis viviendo julio, tan caluroso por aquí y tan raro por otros sitios? Lo digo por dejar de comer, que entre receta y receta, nos vamos a poner… Mejor así. Como os supongo al tanto de cuanto ocurre tras las últimas violaciones, ¿cómo creéis que están tratando el asunto los políticos? ¿O preferís hablar de esa muchacha centroamericana que subasta su virgo para costear los gastos de enfermedad de su madre? ¿O de Gibraltar? ¿O de fútbol? De toros ni lo miento, no vaya a ser que… Ah, gracias a quienes se han preocupado de mi columna (vertebral); hoy he terminado la rehabilitación hospitalaria. Muy bien atendido, ¿eh? Y ahora viene lo peor: mi disciplina en natación y, sobre todo, en los movimientos: que cómo tengo que agacharme, cómo he de sentarme, cómo dormir, cómo… ojú. En fin, que estoy mejor. Acabo de salir de la piscina (son las 00.25) y el agua estaba para reliársela como un manto y andar con ella por la noche de julio, una noche límpida que reparte estrellas a capricho. Son vísperas de Santiago. En mi pueblo sale, a caballo, y es mi hermandad. ¡Lo que eran para mí estas vísperas cuando tenía veinte años..! Un abrazo Cambiemos de menú …Porque parece que estamos empeñados en convertir el gazpacho en un debate de Estado. ¿El pepino rayado, amigo “Nolasco”? Sí, es cierto, lo sabía. Lo que no sabía es que a ti la camiseta de tu equipo te recuerde un pepino… Será porque a mí, la bandera del mío me recuerde una loncha de jamón con su mediación de tocinito, ay, tan sabroso. ¿Recuerdas lo que dijo Machado? “¡Quién fuera diamante puro! -dijo un pepino maduro-” Pero, bueno, se acepta pepino rayado como animal de compañía en el gazpacho, para que no se repita. Mariquilla, Esther, Amaya, Isabel, Concha, Acuaviva, Yamayor, Viejo… ¿Creéis que a los asesinos de Marta del Castillo les ha salido la jugada por saber aguantar unos meses? La presión ya no es la misma, se habla menos de ellos, y encima viene a echarles una mano la actualidad, el caso de ese niño marroquí muerto por error y la niña violada a coro en Baena. ¿No veis que todo va quedándose atrás, como agujeros tapados en falso -o, peor, como heridas-, porque se suceden las penas en esta España nuestra? ¿Qué está pasando en la adolescencia, en la juventud, para que salgan tantos “tarados”? ¿Error de siembra, de cuidadores de la educación -empezando por la casa-, la sociedad, el aire contaminado de la calle? Cuando la juventud no es un “divino tesoro”, malo. Y cuando la adolescencia no se vive en son con la edad, peor. Como nos pasa con los frutos, que queremos consumirlos fuera de su temporada, nos pasa con la edad: vamos acelerándola, con prisas por consumirla verde. Y así nos va, como la mona de la fábula que subió al nogal: escupía las nueces cuando al mordelas las notaba verdes… Por cierto, ¿qué aliños preparáis en el verano? ¿Cuál es el menú más frecuente? Me encantan las berenjenas refritas y revueltas con huevo, y de las sardinas asadas ni hablo. Ahí sí como pimiento, asado y en tiras finas con sal gorda sobre fondo de aceite… ¿Gusta? Abrazos. Antonio ¡Vaya gazpacho! Se ve que al personal de la casa le va la buena mesa, aunque Amaya se ponga de los nervios la cebolla que le echo al gazpacho mientras yo tengo que aceptar pepino y pimientos… ¡y dos huevos hervidos…, vaya gazpacho, supongo que los invitados saldrán corriendo, espantados..! Eso no se lo come ni Baltasar de Alcázar, jaja… (Amaya estará ahora que me cogía y me machacaba… en el gazpacho). Pero no va sólo de mesa. Esther me ha respondido con el eco montesinos y lo aprovecho. Montesinos (Rafael Montesinos Martínez, Sevilla, 30 de septiembre de 1920-Madrid, 5 de marzo de 2005) heredó a Bécquer y parte de Manuel Machado (si esto me lo permite mi querido Rafael Roblas, biógrafo del poeta, amigo suyo y culto de letras), y construyó su poesía con la suma sencillez -”Se me hace cada vez más difícil la poesía, de puro sencilla”, dijo-, con palabras diarias, de todos, y ahí estriba, para mí, su grandeza. No fue espectacular su metáfora -tampoco creo que lo pretendiera-, pero cuando la colocaba, resultaba única en aquel decir sin decir de Rafael. Mirad qué tres versos a la juventud: “No sé dónde me he dejado / algo que no sé qué es / ni por qué me duele tanto”. O esta otra: “Lo peor de todo ha sido / que aquellas penas de ayer / ni me duelen ni se han ido”. O la gracia profunda de la décima para saludar a la primavera, cuando dice: “…y otra esperanza gritando: / “¡Que te pierdes, que te pierdes!” / Otra manzana que muerdes, / otro nombre y otro olvido. / Las cosas que nunca han sido, / ¿por qué caminos se irán? / Honda tristeza de Adán / escupiendo lo mordido”. Leed: “Las cosas que nunca han sido”. ¿Y la décima del ángel “de la mirada redonda”, cuando le avisa a la amada: “¡En guardia tus azucenas!” Hace muchos años que escribió, filosafando como siempre, estos tres versos: “No digas que no te aviso: / quien se mira en otros ojos / está mirando su olvido”. Buenas noches. Queridos amigos… Bueno, veo que no hay pelota que el personal no despeje, ya sea de cocina, de lectura, de vacaciones, de faenas del hogar… Pamela (bienvenida, por cierto) me dice que pido explicaciones y no las doy. Es posible. ¿De qué? Pues de poco: sigo trabajando en la radio (descanso a partir del 24) y seguiré, sin descansar un día, en el periódico (y escribiré aquí, conste) y ya tengo cuasi listo (me falta el título, Efi) el libro que saldrá en octubre. Acabo de grabar en CD una selección de poemas de amor, porque algún amigo quiere darlo a conocer (creo que podré colocar aquí algún audio al respecto, si se permite) y estoy con un programa para la televisión (creación mía, creo que un programilla interesante, no puedo adelantar nada), y encima, todos los días, rehabilitación en el hospital, onda corta y estiramiento; ya ven la guasa: una columna diaria y diaria rehabilitación de columna, y cuando acabo en Onda Cero, empiezo con onda corta. ¡Que me den el premio “Ondas”! A ver, Amay/Efi, ese gazpacho que yo no me atrevo a probar, porque se me repiten los pimientos y el pepino no entra en mis olores -ni en mis sabores- preferidos. ¿Os digo el mío? Es muy suave y podéis tomaros dos litros sin peligro. Ahí va: Un kilo de tomates muy maduros (preferiblemente, que no sean de rama… anda, Efi), un diente de ajo, un poco de sal, un trozo de pan remojado, un trocito de cebolla y, más o menos, 100 centilitros de aceite (de oliva virgen, claro), le añado agua con hielo y… probad, probad, benditos… Se admiten apuestas de cata a ciegas. Esther, lo tuyo-lo nuestro- con Montesinos es demadiado… “Mi niña tiene unos labios / donde yo apunto mis besos / cuando me voy acordando”. Otra, enorme: “Las mañanas eran claras / porque mi vida lo era, / no porque fueran mañanas”. Otra: “Buscaría aquellas piedras / y en aquel mismo camino / tropezaría con ellas”. ¿Te gustan? María Isabel podía contarnos sus veladas de concierto en su Granada, que creo que Baremboim la elevó al séptimo cielo. Y Rocío…, ay, mi Rocío. Gines del alma nos media, querida: “Que cuesta mucho cerrar…” ¿Te acuerdas de cuando yo trabajaba en la Caja Rural? Gines, ay, Gines… “Nunca me fui, porque se va el que olvida, / y yo no te olvidé, pueblo tan mío…” “Abría la primavera / en los patios de tu edad, / y yo pasé por tu vera / y me enredé en tu rolsal…” Gines, ay, Gines. Un beso, Rocío. Yamayor nos acompleja: es perfecto, el tío (con cariño esto, ¿eh?) Es un hombre del Renacimiento. Y colaborador, fiel compañero, y encima, culto. Un matiz, querido amigo: en Salteras se está perdiendo la “elle” en los jóvenes, y hay que oír a personas de cierta edad para oírles decir “callejilla”, en vez de “cayejiya”, tan común en otros pueblos del Aljarafe. Sí se habla con elle común en Olivares, Albaida, Benacazón, Bollullos de la Mitación, Carrión de los Céspedes… Bueno, que es tarde y mañana a las 6.15 suena el despertador. Vivid, sed felices. ¿Queréis comentar algo de ese niño marroquí muerto por error de atención en el “Gregorio Marañón”? ¿O de los sanfermines? ¿O de los jazmines -los tengo blancos y azules- que afeminan el olor de los patios? Un abrazo para todos. Antonio. Y más: Entre mis libros, de todo tiempo, no sólo de verano, están los de Efi/Amaya, esa belleza paginada que aletea por mi casa como un bando de poéticas palomas, entrañables, queridas, amadas, envidiadas palomas… Organizar el verano (si se puede) No sé si ya tenéis vacaciones o vais a tomarlas pronto. Pero no quiero ni pensar que nos dispersemos de tal forma que dejemos la casa vacía. A ver, ¿qué vais a hacer? Por ejemplo, en el apartado de lecturas, ¿qué recomendáis? ¿Qué estáis leyendo? ¿Qué pensáis leer? Estoy leyendo “El centro de la tierra”, un libro de relatos cortos de mi paisano y amigo Andrés Pérez Domínguez (reciente Premio Ateneo de novela, en Sevilla), que os recomiendo; lo alterno con “Anatomía del miedo” (Marina) y, como siempre, clásicos, novelistas y poetas; y modernos. Ya os diré de una biografía de Julio César que he comprado. También leo lo penúltimo que me han regalado, “Todos los cuentos”, de la catalana Cristina Fernández Cubas. Y estoy recopilando textos propios para un libro que quizá salga en octubre. Y escribo versos, cuando puedo. En fin, que no sé qué deciros para que no dejemos la casa vacía en verano. Escribid, escribidme. Sois la razón más cálida y más fuerte de esta casa. Sois ya la casa misma, una casa construida con vosotros, por vosotros, sobre vosotros. Cada uno sois la casa, toda la casa, y, al mismo tiempo, cada uno está en todos los demás. ¿Y “yamayor”? “Viejo”, qué bien lo dices. Os abrazo. Antonio Mi gente Porque ya sois “mi gente”, porque ya somos lo que pretendía: mi familia. Gracias, Esther, por “matarme” con ese poema de Montesinos, aunque “no sé por donde vienes a mis venas…” Gracias, querido paisano de Olivares (¡qué nombre más hermoso para un pueblo, y qué palacio, y qué iglesia, y qué fiestas..!), y gracias a ti, Máximo, por venir, y que vuelvas. Y a todos los “viejos”, escriban bajo el alias de “viejo” o no, porque somos ya viejos en esta casa, bendita vejez: Concha, Libia, amaya (o Efi), Isabel… ¿Habéis visto hoy los sanfermines? Es terrible que muera un mozo, pero es que juegan al límite de la muerte. Ellos lo entenderán; yo -por escasez de valentía-, no. ¿Y el calor, cómo lo llevamos? Os espero siempre. antonio Calor y calores A ver, a ver. Por más cerca que haya estado del mar, os digo, queridos amigos, que donde con más fresco duermo es en mi Aljarafe de mi alma y de mi vida. Cierto es que los días, por lo común, son canallas, pero esta meseta recibe de noche los aires que vienen del mar, de las marismas, de los pinares y del Condado (de Huelva) y, al menos en mi casa, esa osadía vertiginosa sobre el perfil del cerro, las noches -salvo algunas, que siempre hay- son para eternizarse en ellas. Más de una madrugada hay que taparse, tirando de la sábana, a ciegas desde el sueño que siente el ala fría de la brisa, y esa sensación, en julio, es lo más parecido a la imagen de la infancia cuando, destapados por el sueño, la mano de la madre o del padre venían a salvarnos ajustándonos la manta al cuerpo encogido. Las calores son las calores, y hay que defenderse de ellas como podamos. Pero de lo que no sólo no me defiendo sino que me entrego gustoso, es del calor amigo que tiene esta casa. Gracias por vuestro interés por mi columna y por mis columnas; gracias por estar aquí, tantos nombres ya en el corazón. Os evoco, queridos Concha, José Luis, Amaya (dale recuerdos a Efi), María Isabel (”Coge tu sombrero / y póntelo… / que por tu Granada / calienta el sol”), Mariquilla (qué gracia tiene la puñetera sevillana… ), Aguaviva (siempre vivas sus aguas), Viejo (siempre tan nuevo), Yamayor (siempre tan niño sabio), Rafalito Roblas, mi querido profesor, amigo, poeta, tan montesinamente unido a mí, siempre -como Montesinos- doliéndose de la distancia de su ciudad, siempre “sin salir de ella”), Eduardo (seas bien recibido siempre), Esther (gracias, amiga), Magase, Nita, Juanma (aquí también hace lo suyo, Juanma, cuando aprieta el Lorenzo, al fin y al cabo, orilla de río es ésa, y orilla de río es ésta, dos “Guad” hermanados en aguas), Orlita (tan delicada en la orla de sus palabras), Adp (anda, clara que tu nick no es ni un virus ni un electrodoméstico), Juan Belmonte, tan trianero en su decir (prepárate para la Velá, “Pasmo”), y tantos otros… Oidme: no me decis nada de Honduras, ni de la crisis, ni de José Tomás (el torero) ni de José Tomás (el sastre), ni de Kaká, ni de Cristiano Ronaldo, ni de las ministras, tan bien vestidas casi todas ellas, tan aportadoras de nuevo lenguaje, algunas; ni del Orgullo gay, ni de los atascos playeros… ¿Hemos hecho un mundo para nosotros, en el que no caben algunos asuntos comunes a los demás? No estaría mal. Me parece bien que siempre nos encaminemos, tan juanramonianamente, al ideal. Y ahora que caigo, ¿por dónde anda Libia? Querida Libia, toma mis ojos para que veas el campo pajizo, la barba de tres días de los rastrojos, y toma el aire, para que oigas la anárquica coral de los pájaros que adorna, de cuando en cuando, el policromo paso del abejaruco. Pronto espero ”colgar” aquí fotografías íntimas del paisaje. Ahora veo un globo aerostático sobre la vega, aérea peonza quieta en la altura. Ese era mi sueño de niño cuando volaba panderos (cometas): “…Que mi sueño era volar, / a lomos de un viento amigo, / más alto que los panderos / que volaban los chiquillos. / …Y procurar que ese sueño / no lo sujetara un hilo…” Abrazos cálidos. Antonio Estos amigos… Únicos. Sois únicos. Mis entrañables, ¿hace mucho calor donde estáis? Esta noche pasada, a dos kilómetros del mar, era un infierno: sin noticias de Dios, ni una gota de aire. Y yo que soy de los que se agobian si no corre brisa, y encima en reposo (estoy pasando una crisis muy propia de mi quehacer, quiero decir, un problema “de columna”, claro, tanto escribir columnas, al final acabamos padeciendo de ella); el amanecer no es que sea de diciembre, pero apunta otras hechuras. ¿Y qué me decis de la subida de la luz, la gasolina, el tabaco..? Por cierto, querida Amaya, ¿qué nuevo libro preparas? Y tú, Isabel, ¿qué nos dices de ese “ahora sí, ahora no” de la tierra donde se cree que está Federico? ¿Y dónde está nuestro yamayor? Ay, soy el culpable de que algunos amigos no estén ahora… Los buscaremos. Y se nos ha muerto Crémer, Amaya, y… por cierto, para alegrar el verano, ¿No habéis visitado la Guía de las Tapas de ABC? Invito yo. Abrazos ¿Se puede? Pues, sí. Creo que, por educación, lo menos que puedo hacer es pedir permiso para entrar a esta casa que se construyó con tan buenas intenciones y en la que yo he sido un huésped raro y desconsiderado. No voy a ponerme a explicar todas las circunstancias que han concurrido para esta “espantá”, pero prometo que, salvo lo que exijan fuerzas mayores, estaré aquí y es posible que muy pronto con sorpresas. ¿Cuáles? No digo nada, pero voy a aprender a colgar aquí algunos archivos y otras novedades. Celebro volver. Espero encontrar a alguien aquí que diga alegrarse de mi vuelta. Saludos. Antonio Dos vehículos Pasan las carretas del Rocío por algunos caminos de Andalucía, de vuelta de la romería. En estos días, al verlas pasar, pensaba en lo que supondría que siguiésemos teniendo la carreta -o el carro- como vehículo de transporte. Lentas, cansinas, eternizándose en el paisaje, sin prisas, viviendo cada metro del camino… En el aire, vigilando el paso de las hermandades, varios helicópteros que en un momento van de un lugar a otro. El “Así en la tierra como en el cielo” de la romería. Algunos pueblos tardan tres, cuatro, seis días en cubrir un trayecto que habitualmente -cuando no es romería- cubren en dos horas, una hora, media hora… Los peregrinos “viajan” a un tiempo desconocido, al tiempo cuasi detenido del paso de carreta, de caballo, del andar… Arriba, los helicópteros. Dos conceptos del tiempo: uno que masca las distancias segundo a segundo y otro que se las bebe en el tiempo que aquél tarda en levantarse. Vuelven las carretas, despacio, escoltadas por caballos, cohetes, gaita y tamboril… En un mar lejano, perdidos bajo las aguas, doscientos veintiocho pasajeros del tiempo vivido con rapidez, pasajeros de ese avión siniestrado, jamás podrán saber del tiempo, de ningún tiempo. Miro al cielo y miro a los caminos. Y me alegro de ser todavía -aunque nunca se sepa dónde está el peligro- partidario del tiempo mascado del caminante. A veces viajamos tan rápidos que vamos de ninguna parte a ninguna parte. Pienso todo esto, mientras lamento el accidente, recordando con Antonio Machado que “se hace camino al andar”. Cuento esto para decir que me horroriza volar… en avión. Abrazos. Antonio  (Óscar Arnulfo Romero y Galdames; Ciudad Barrios, 1915 - San Salvador, 1980) Arzobispo salvadoreño. Formado en Roma, inició su carrera eclesiástica como párroco de gran actividad pastoral, aunque opuesto a las nuevas disposiciones del Concilio Vaticano II. En 1970 fue nombrado obispo auxiliar de El Salvador, y en 1974 obispo de Santiago de María. En esta sede comenzó a aproximarse a la difícil situación política de su país, donde desde hacía décadas gobernaba el Ejército. Se implicó de lleno en la cuestión una vez nombrado arzobispo de El Salvador en 1977. Sus reiteradas denuncias de la violencia militar y revolucionaria, que llegaba hasta el asesinato de sacerdotes, le dieron un importante prestigio internacional. Ello no impidió que, al día siguiente de pronunciar una homilía en que pedía a los soldados no matar, fuese asesinado a tiros en el altar de su catedral. Óscar Arnulfo Romero Era hijo de Santos Romero y Guadalupe Galdámez, ambos mestizos; su padre fue de profesión telegrafista. Estudió primero con claretianos, y luego ingresó muy joven en el Seminario Menor de San Miguel, capital del departamento homónimo. De allí pasó en 1937 al Colegio Pío Latino Americano de Roma, donde se formó con jesuitas. En Roma, aunque no llegó a licenciarse en Teología, se ordenó sacerdote (1942). El año siguiente, una vez vuelto a El Salvador, fue nombrado párroco del pequeño lugar de Anamorós (departamento de La Unión), y luego párroco de la iglesia de Santo Domingo y encargado de la iglesia de San Francisco (diócesis de San Miguel). Trabajador y tradicionalista, solía dedicarse a atender a pobres y niños huérfanos. En 1967 fue nombrado Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES), estableciendo su despacho en el Seminario de San José de la Montaña que, dirigido por jesuitas, era sede de la CEDES. Tres años después el papa Pablo VI lo ordenó obispo auxiliar de El Salvador. Crítico por entonces de las nuevas vías abiertas por el Concilio Vaticano II (1962-1965), no tuvo buenas relaciones con el arzobispo Chávez y González, ni tampoco con un segundo obispo auxiliar, Arturo Rivera y Damas. Movido por aquella postura, cambió la línea del semanario Orientación (que desde entonces disminuyó notablemente su difusión). También atacó, sin demasiado efecto, al Externado de San José y a la Universidad Centroamericana (UCA), instituciones educativas dirigidas por jesuitas y, finalmente, a los propios jesuitas, contribuyendo a apartarlos en 1972 de la formación de seminaristas (sustituidos por sacerdotes diocesanos y nombrado él mismo Rector, el Seminario debió cerrar medio año después). A pesar de esta serie de fracasos, gozaba del apoyo del Nuncio Apostólico de Roma, y fue nombrado obispo de Santiago de María en 1974. De gran dedicación pastoral, promovió asociaciones y movimientos espirituales, predicaba todos los domingos en la catedral, y visitaba a los campesinos más pobres. Bien visto por ello entre los sacerdotes de su diócesis, se le reprochó cierta falta de organización y de individualismo. En 1975, el asesinato de varios campesinos (que regresaban de un acto religioso) por la Guardia Nacional le hizo atender por primera vez a la grave situación política del país. Así, cuando el 8 de febrero de 1977 fue designado arzobispo de El Salvador, las sucesivas expulsiones y muertes de sacerdotes y laicos (especialmente la del sacerdote Rutilio Grande) lo convencieron de la inicuidad del gobierno militar del coronel Arturo Armando Molina. Monseñor Romero pidió al Presidente una investigación, excomulgó a los culpables, celebró una misa única el 20 de marzo (asistieron cien mil personas) y decidió no acudir a ninguna reunión con el Gobierno hasta que no se aclarase el asesinato (así lo hizo en la toma de posesión del presidente Carlos Humberto Romero del 2 de julio). Asimismo, promovió la creación de un "Comité Permanente para velar por la situación de los derechos humanos". El Nuncio le llamó al orden, pero él marchó en abril a Roma para informar al Papa, que se mostró favorable. En El Salvador, el Presidente Romero endureció la represión contra la Iglesia (acusaciones a los jesuitas, nuevas expulsiones y asesinatos, atentados y amenazas de cierre a medios de comunicación eclesiásticos). En sus homilías dominicales en la catedral y en sus frecuentes visitas a distintas poblaciones, Monseñor Romero condenó repetidamente los violentos atropellos a la Iglesia y a la sociedad salvadoreña. En junio de 1978 volvió a Roma y, como la vez anterior, fue reconvenido por algunos cardenales y apoyado por Pablo VI. Continuó, pues, con idéntica actitud de denuncia, ganándose la animadversión del gobierno salvadoreño y la admiración internacional. La Universidad de Georgetown (EE.UU.) y la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) le concedieron el doctorado honoris causa (1978 y 1980 respectivamente), algunos miembros del Parlamento británico le propusieron para el Premio Nobel de la Paz de 1979, y recibió en 1980 el "Premio Paz", de manos de la luterana Acción Ecuménica de Suecia. El 8 de octubre de 1979 recibió la visita de los coroneles Adolfo Arnoldo y Jaime Abdul, que le comunicaron (también al embajador de Estados Unidos) su intención de dar un golpe de estado sin derramamiento de sangre; llevado a efecto el 15 de octubre, Monseñor Romero dio su apoyo al mismo, dado que prometía acabar con la injusticia anterior. En enero de 1980 hizo otra visita más a Roma (la última había sido en mayo de 1979), ahora recibido por Juan Pablo II, que le escuchó largamente y le animó a continuar con su labor pacificadora. Insatisfecho por la actuación de la nueva Junta de Gobierno, intensificó los llamamientos a todas las fuerzas políticas, económicas y sociales del país, la Junta y el ejército, los propietarios, las organizaciones populares, sus sacerdotes e incluso a los grupos terroristas; para colaborar en la reconstrucción de El Salvador y organizar un sistema verdaderamente democrático. El 17 de febrero de 1980 escribió una larga carta al presidente estadounidense Jimmy Carter, pidiéndole que cancelase toda ayuda militar, pues fortalecía un poder opresor. Finalmente, el 23 de marzo, Domingo de Ramos, pronunció en la catedral una valiente homilía dirigida al Ejército y la Policía. Al día siguiente, hacia las seis y media de la tarde, durante la celebración de una nueva misa en la catedral, fue tiroteado y muerto en el mismo altar por cuatro desconocidos. Se atribuyó el crimen a grupos de ultraderecha, afirmándose que la orden de disparar habría sido dada por el antiguo Mayor Roberto D'Aubuisson (uno de los fundadores, posteriormente, del partido Alianza Republicana Nacionalista, ARENA); sin embargo, no se detuvo a nadie y todavía en la actualidad permanecen sin identificación y castigo los culpables.  Martín Luther King (Atlanta, 1929 - Memphis, EE UU, 1968) Pastor baptista estadounidense, defensor de los derechos civiles. Hijo de un ministro baptista, Martin Luther King estudió teología en la Universidad de Boston. Desde joven tomó conciencia de la situación de segregación social y racial que vivían los negros de su país, y en especial los de los estados sureños. Convertido en pastor baptista, en 1954 se hizo cargo de una iglesia en la ciudad de Montgomery, Alabama. Muy pronto dio muestras de su carisma y de su firme decisión de luchar por la defensa de los derechos civiles con métodos pacíficos, inspirándose en la figura de Mahatma Gandhi y en la teoría de la desobediencia civil de Henry David Thoreau. Al poco de llegar a Montgomery organizó y dirigió un masivo boicot de casi un año contra la segregación en los autobuses municipales La fama de Martin Luther King se extendió rápidamente por todo el país y enseguida asumió la dirección del movimiento pacifista estadounidense, primero a través de la Southern Cristian Leadership Conference y más tarde del Congress of Racial Equality. Asimismo, como miembro de la Asociación para el Progreso de la Gente de Color, abrió otro frente para lograr mejoras en sus condiciones de vida. En 1960 aprovechó una sentada espontánea de estudiantes negros en Birmingham, Alabama, para iniciar una campaña de alcance nacional. En esta ocasión, Martin Luther King fue encarcelado y posteriormente liberado por la intercesión de John Fitgerald Kennedy, entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, pero logró para los negros la igualdad de acceso a las bibliotecas, los comedores y los estacionamientos. La fama de Martin Luther King se extendió rápidamente por todo el país y enseguida asumió la dirección del movimiento pacifista estadounidense, primero a través de la Southern Cristian Leadership Conference y más tarde del Congress of Racial Equality. Asimismo, como miembro de la Asociación para el Progreso de la Gente de Color, abrió otro frente para lograr mejoras en sus condiciones de vida. En el verano de 1963, su lucha alcanzó uno de sus momentos culminantes cuando encabezó una gigantesca marcha sobre Washington, en la que participaron unas doscientas cincuenta mil personas, ante las cuales pronunció uno de sus más bellos discursos por la paz y la igualdad entre los seres humanos. Él y otros representantes de organizaciones antirracistas fueron recibidos por el presidente Kennedy, quien se comprometió a agilizar su política contra el segregacionismo en las escuelas y en la cuestión del desempleo, que afectaba de modo especial a la comunidad negra. No obstante, ni las buenas intenciones del presidente, quien moriría asesinado meses más tarde, ni el vigor ético del mensaje de King, Premio Nobel de la Paz en 1964, parecían suficientes para contener el avance de los grupos nacionalistas de color contrarios a la integración y favorables a la violencia, como Poder Negro, Panteras Negras y Musulmanes Negros. La permeabilidad de los colectivos de color, sobre todo de los que vivían en los guetos de Nueva York y de otros estados del norte, a la influencia de estos grupos violentos, ponía en peligro el núcleo del mensaje de King, el pacifismo. En marzo de 1965 encabezó una manifestación de miles de defensores de los derechos civiles que recorrieron casi un centenar de kilómetros, desde Selma, donde se habían producido actos de violencia racial, hasta Montgomery. La lucha de Martin Luther King tuvo un final trágico: el 4 de abril de 1968 fue asesinado en Memphis por James Earl Ray. Mientras se celebraban sus funerales en la iglesia Edenhaëser de Atlanta, una ola de violencia se extendió por todo el país. Ray, detenido por la policía, se reconoció autor del asesinato y fue condenado con pruebas circunstanciales. Años más tarde se retractó de su declaración y, con el apoyo de la familia King, pidió la reapertura del caso y la vista de un nuevo juicio. En los tiempos de Seattle Coretta Scott King, widow of Martin Luther King, dies at 78 Coretta Scott King, viuda de Martin Luther King, muere a los 78 años Guest columnist: Doing justice to the memory of MLK's faith and vision Columnista Resultado: hacer justicia a la memoria de la fe y la visión de Martin Luther King King's dream: Most see it developing El sueño de King: La mayoría de ver el desarrollo de Trip teaches church members about racism and themselves Viaje enseña a los miembros de la iglesia sobre el racismo y de ellos mismos Jerry Large: Turning a blind eye to inequalities isn't an option Jerry grande: Cerrar los ojos a las desigualdades no es una opción Before he was a leader, King was a pastor Antes de que él era un líder, el rey era un pastor de "Keeping his dream alive": Youths reflect on MLK "Mantener vivo su sueño": Los jóvenes reflexionen sobre Martin Luther King Black artist reflects on a life lived in two worlds Negro artista reflexiona sobre una vida que se vive en dos mundos Race isn't as clear as black and white La raza no es tan clara como en blanco y negro Quiz on African-American history in the Northwest Concurso de preguntas sobre la historia afroamericana en el noroeste de Jerry Large: King Day reminds us of successes Jerry grande: King Day nos recuerda de los éxitos Guest columnist: Everyday King Columnista Resultado: Todos los días el Rey For teachers: Lesson plan with current events Para los maestros: plan de lección con los acontecimientos actuales Personas a ConsiderarPaul Rusesabagina Se llama Paul Rusesabagina, es hutu y era gerente de un hotel en Kigali (Ruanda) cuando se produjo, en 1994, el genocidio de los tutsis a manos hutus. Él salvó a un millar de la muerte. Ahora su historia se ha hecho película, ‘Hotel Rwanda’. “Imagínese una jaula llena de ratones rodeada de gatos, gatos que entran y salen de la jaula cuando les da la gana”, dice Paul Rusesabagina. “Imagínese eso y quizá podrá empezar a tener una idea de lo que vivimos los que nos refugiamos dentro del hotel durante el genocidio”. Paul es el personaje de la vida real en cuya historia se basa la película Hotel Rwanda, aclamada en festivales de cine europeos y americanos y candidata a tres Oscar en la ceremonia que se celebra esta noche en Los Ángeles. La jaula tiene un nombre: hotel Mille Collines de la capital ruandesa, Kigali. Los ratones fueron las más de mil personas que se refugiaron en dicho establecimiento durante el genocidio de 1994 bajo la protección del ratón jefe –el gerente del hotel–, Paul Rusesabagina. Los gatos eran los extremistas hutus que tomaron el poder en abril de 1994 y durante los siguientes 100 días hicieron todo lo posible para erradicar a la etnia tutsi –con la que habían convivido durante siglos– de la faz de la tierra. Pese al desinterés total de los países poderosos del planeta, que eligieron que el destino siguiera su curso en Ruanda sin interrupciones ajenas, los genocidas no lograron su objetivo. Al menos, no del todo. Aunque llegaron a matar a cerca de un millón de hombres, mujeres y niños, casi todos ellos a machetazos. Entre los muertos figura un reducido número de hutus que se negaron a ser cómplices del genocidio. Paul es uno de los pocos hutus que se dedicaron a salvar vidas tutsis y lograron también salvar la suya. Convirtió su hotel en un santuario, algo que no consiguieron las decenas de iglesias ruandesas donde se llevaron a cabo masacres. “Decir que no siendo hutu, decir que no todo el tiempo cuando te pedían a gritos que participaras en las matanzas, no fue fácil, no fue nada fácil”, suspira Paul al comienzo de una entrevista con El País durante el festival de cine de Berlín. “En la película se reduce todo a un par de horas, pero en realidad todo esto duró 100 días. Me tuve que enfrentar a los milicianos y soldados genocidas durante 100 días. Cada día…, no, cada hora; duró una eternidad”. Al estilo de Oskar Schindler, el alemán que salvó a un millar de judíos de los campos de exterminio nazi, Paul llevó a cabo su misión de rescate utilizando no la fuerza, sino la psicología y la astucia. Una de las primeras escenas de la película relata lo que pasó el día después de que se iniciara el genocidio, cuando 26 vecinos huyeron a la casa de Paul en busca, como él dice en tono irónico, “de asilo político”. “Era lo que me faltaba. Mi mujer es tutsi, lo cual significaba que tanto ella como nuestros cuatro hijos corrían gravísimo peligro. Y al poco tiempo de presentarse todos en mi casa aparece un convoy de soldados en la puerta al mando de un joven y agresivo capitán”. Paul, que tenía 39 años entonces, era un hombre inusualmente hábil. No cualquier ciudadano de Ruanda, uno de los países más pequeños y pobres de África, llega a ocupar el cargo de gerente en un hotel perteneciente a una empresa europea –en este caso, Sabena, de Bélgica, país que colonizó Ruanda hasta 1962–. El Mille Collines era (y es) el hotel más importante del país. “Lo primero que me dijo el capitán fue que si yo sabía que habían matado ya a todos los demás gerentes de hotel en Kigali. Le dije que no lo sabía, aunque la noticia no me sorprendió, ya que en mi propia vecindad se habían estado amontonando los cadáveres la noche anterior. Pero, a continuación, el capitán agregó que yo tenía suerte. ‘Hoy’, me dijo, ‘no te vamos a matar, pero tú sí matarás. Matarás ahora mismo a todas estas cucarachas tutsis que tienes en tu casa’. O sea, que quería que matara a 30 personas, sin excluir a mi mujer. Me dio una pistola y me dijo: ‘Anda, empieza”. Paul intentó razonar con el capitán. Y sorprendentemente, éste le escuchó. “Que no sabía utilizar un arma, le dije; que de qué le servía matar a toda esta gente; que qué amenaza representaba para él un señor mayor que se encontraba ahí en nuestro grupo, y además que reflexionase un poco, que pensase cómo se sentiría de aquí a unos años cuando pensara en la sangre que tenía en sus manos. Al final respondió que, bueno, que si cada una de aquellas personas le daba equis miles de francos se lo pensaría. Yo le dije que esta gente no tenía dinero, pero si él nos llevaba a todos al hotel, ahí tenía algún dinero guardado en la caja fuerte, dinero al que sólo yo podía acceder…”. Discusiones como ésta, que en Hotel Rwanda transcurren en apenas dos minutos y en la realidad duraron dos horas, se repitieron constantemente a lo largo de los terroríficos 100 días siguientes. Casi siempre, Paul se salió con la suya. Lo cual, cuando uno lo contempla en la pantalla, resulta inexplicable. Porque una vez que se les pagaba el dinero, ¿qué era lo que impedía a los soldados incumplir sus promesas y matar a las cucarachas-ratones? Mentir era un pecado inocuo en un lugar donde se despedazaba a una media de 3.000 personas por hora, donde los niveles de eficacia exterminatoria superaban los de los métodos industriales usados por los nazis. “La clave consistía en convencerles de que se detuviesen a negociar. Una vez que logras eso, ya tienes la batalla medio ganada”, explica Paul, cuyos poderes de persuasión pasarán –a través de la película– a la historia. “Y para convencerles, para que se iniciase el diálogo, lo que había que hacer antes que nada era adoptar el tono correcto: darles el honor de tratarlos como gentlemen. Con honor, y con mucho, mucho respeto, como si fueran hombres muy importantes, que era a lo que más aspiraban en la vida y lo que realmente eran en aquel momento, porque tenían, literalmente, en sus manos el poder de la vida o la muerte sobre ti, y tu familia, y tus amigos, y todo el país. Y una vez que los has enganchado, apelas a lo mejor que puede haber en ellos –que no van a ganar nada y perder mucho si matan inocentes– y después apelas a su codicia. Les ofreces dinero y se lo das. Les dices, en resumen, todo lo que quieren oír”. Otra forma de expresarlo es decir que utilizó métodos corruptos para combatir a gente corrupta. Pero lo que no pudo hacer Paul, ni tampoco su amigo el comandante de las tropas de la ONU en Ruanda, el coronel Oliver (papel que interpreta Nick Nolte), ni los pocos periodistas que se encontraban en el país cuando el genocidio empezó, ni nadie, fue despertar a Occidente de su letargo africano; convencer a europeos y estadounidenses de que, dado que se estaba llevando a cabo la atrocidad más grande que había visto el mundo desde la II Guerra Mundial, debe-rían pensar seriamente en una intervención militar. O al menos amenazar con esa posibilidad, lo cual hubiera podido servir para convencer a los organizadores del genocidio del repudio internacional y de que tarde o temprano el coste para ellos sería muy alto (Bill Clinton dijo después de dejar la presidencia norteamericana que de lo que más se arrepentía después de sus ocho años en la Casa Blanca había sido de no haber hecho nada para frenar la matanza en Incluso peor fue, desde el punto de vista de los que se refugiaron en el hotel Mille Collines, que a los pocos días se marcharon, primero, los huéspedes blancos; después, los periodistas, y al final, los pocos soldados que quedaban de la ONU. También a Paul se le agotó el dinero, con lo cual el soborno dejó de servir como arma de autodefensa, y lo único que le quedaba era su extraordinaria rapidez mental. Y su valentía. Cuando las provisiones se agotaban tenía que salir del hotel, lo cual le enfrentó no sólo a grandes peligros, sino a escenas más que dantescas de horror. “Lo que se puede ver en la película no se aproxima ni de cerca al espanto que vivimos en Ruanda”, dice Paul. Pero éste es uno de los méritos del filme. Existía la posibilidad de mostrar escenas de violencia insoportable, pero en Hotel Rwanda las imágenes del terror apenas se ven. Siempre, en cambio, se intuyen. La película, aunque filmada en Suráfrica, recrea la atmósfera que se vivió en Ruanda, el clima de amenaza permanente, con convincente verosimilitud. Esto no hubiera sido posible sin la colaboración constante en el proyecto de Paul, el gerente de hotel que fue primero taxista (trabajo que desempeñó durante tres años en Bélgica) y después dueño de una empresa de transportes en Zambia, antes de pasar a convertirse en –casi– cineasta. Fue del relato de todo lo que le ocurrió, sentado alrededor de una mesa con el norirlandés Terry George (director, productor y guionista de Hotel Rwanda) y su coguionista Keir Pearson, de donde nació la idea de hacer una película capaz de sacudir las conciencias. Pero eso sólo fue el comienzo de la aventura de Paul en el mundo del cine. El guión se elaboró durante cinco días de intensas conversaciones entre él y George en Nueva York, y hasta que se llegó a la versión final no se le dejó de consultar. Por eso, si esta noche Hotel Rwanda gana el Oscar al mejor guión, buena parte del reconocimiento se lo tendrá que llevar Paul Rusesabagina. También si Don Cheadle gana el premio al mejor actor se verá obligado a dar las gracias al hombre que interpreta. “Don se puso en contacto conmigo inmediatamente después de que le eligieran para interpretar el papel y me dijo que me quería ver”, recuerda Paul, de físico más corpulento que el espigado Cheadle. “Quería saberlo todo sobre mí, mi familia, mis aficiones, el pueblo donde nací. Hablamos y comimos juntos muchísimo durante esos primeros días que nos conocimos, y después estuvimos casi pegados el uno al otro durante las primeras dos semanas del rodaje en Suráfrica”. Quizá lo más notable de la excelente actuación de Cheadle es lo fidedigno de su acento africano en inglés. Las horas que Cheadle pasó junto a Paul le ayudaron con un desafío que para otros actores norteamericanos habría resultado insuperable. Luego, Terry George llamó a Paul para mostrarle la primera versión editada del filme. Hubo “algunas cosas” que no le parecieron bien a Paul, y George y su equipo las cambiaron. “Hay tantas cosas que sucedieron que no se pudieron contar, claro… Pero diría yo que el 90% de la película refleja fielmente la verdad de lo ocurrido”. ¿Y el otro 10%? “Todo buen cocinero sabe que para alegrar un plato hay que aderezarlo un poco”, contesta Paul. “Pero también es verdad que lo que nos pasó en el hotel no necesita de mucho aderezo para llamar la atención del público”. Lo terrible fue que no se pudiera llamar la atención de nadie cuando más se necesitaba. Mientras todo el mundo que vea la película en Occidente saldrá preguntándose cómo fue posible que nadie apenas se enterara de lo que estaba ocurriendo en Ruanda, Paul prefiere no sumergirse en el reproche y la amargura, en detenerse a reflexionar sobre la incontestable verdad revelada de manera contundente por el genocidio ruandés: que, para los ricos del mundo, los africanos son, como confiesa en un momento de borracha depresión el personaje que interpreta Nick Nolte, “basura”. “Podría no perdonar, podría hervir con resentimiento el resto de mi vida; pero la vida sigue, a pesar de todo”, afirma Paul Rusesabagina. “Tengo que hacer las paces con la gente que nos falló. Pero lo que ayuda mucho es esta película y el éxito que está teniendo. Porque lo realmente importante y valioso de Hotel Rwanda es que por fin –por fin– el mensaje va a llegar a la comunidad internacional. Y a los ruandeses, claro. También, y quizá ante todo, a los ruandeses. El mensaje actúa como un despertador que clama: ‘¡Vosotros, los seres humanos, habéis fracasado!’. Porque –una terrible ironía–, mientras el genocidio se estaba llevando a cabo en Ruanda, el vicepresidente norteamericano Al Gore estaba en Washington inaugurando el Museo del Holocausto judío… Se pronunciaron muchas palabras grandes en la capital estadounidense aquel día, entre ellas la famosa consigna ‘nunca jamás’. Y mientras tanto, eso era exactamente lo que estaba volviendo a pasar…”. Todo esto lo verán aquellos lo suficientemente valientes para cumplir con la obligación moral (porque es casi una deuda pendiente, un acto de contrición) de ir a ver una obra que es a veces casi insoportablemente tensa, pero al mismo tiempo tremendamente conmovedora. Hotel Rwanda –una coproducción entre Suráfrica, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá– puede llevarse esta noche los tres Oscar para los que ha sido designada candidata. O puede que no los consiga. En cualquier caso, tiene que ser, con diferencia, el largometraje más impactante que se presente a los premios en 2005. Esta noche, Paul Rusesabagina estará presente en Los Ángeles en el gran evento anual del mundo del cine. Quiere que gane Don Cheadle; que ganen los guionistas, George y Pearson; que gane también la actriz inglesa-nigeriana Sophie Okonedo, candidata al Oscar a la mejor actriz de reparto. Quiere que ganen porque son sus amigos y porque es un proyecto que comparte con ellos y del cual se siente enormemente orgulloso, por más razones que cualquiera. Pero Paul tiene un motivo que va más allá de la gloria y la amistad. “Ante todo quiero que ganemos porque así mucha más gente verá Hotel Rwanda. Y cuanto más gente la vea, más posibilidad hay de que realmente se cumpla de una vez por todas aquel ‘nunca jamás’; más posibilidad, también, de que los propios ruandeses recapaciten y se avance en el laborioso proceso de reconciliación que se está intentando poner en marcha en mi país –proceso en el que yo mismo quisiera participar un día–. Por todo esto, y más, mi ferviente deseo es que la película sea vista por el mayor número de personas posible, que llegue al público más amplio imaginable en todos los rincones del mundo donde habitan los seres humanos” Dian Fossey Es la autora del libro “Trece Años con los Gorilas de Montaña”, más conocido como “Gorilas en la Niebla”. Fue asesinada por las mafias el 26 de diciembre de 1985, por su defensa de los gorilas de montaña. Nació en San Francisco en 1932. Consiguió la licenciatura en terapia ocupacional por el San Jose State College, en 1954. Trabajando en el Kosair Children’s Hospital de Kentucky, con niños de educación especial, con los que aplicó sus métodos gestuales de comunicación. En 1960 leyó el libro escrito por el zoólogo George B. Schaller, que fue el primer texto especializado en gorilas de montaña. Y según las previsiones de su época casi podía haber sido el último; ya que las cifras sobre su número eran catastróficas, apenas sobrevivían 500 ejemplares. Dian consiguió convencer al antropólogo Louis Leakey (especialista en gorilas) para poder trabajaba en la zona, y en 1967 llegó a las montañas de Virunga. Los montes Virunga, es un agreste territorio entre Zaire, Ruanda y Uganda, tres de los países más conflictivos de África. La zona está coronada por ocho majestuosos volcanes, muchos de los cuales sobrepasan los 3.000 metros de altitud. En ellos y en medio de densos bosques cubiertos de niebla y de una densa humedad, viven los gorilas de montaña, los únicos que quedan en el Planeta. Dian situando su campamento base en Karisoke y desde allí comenzó su trabajo de recuento y estudio del comportamiento de los gorilas. Por su trabajo recibió en 1974 el doctorado en zoología por la universidad de Cambridge. En 1983 publicó el libro conocido mundialmente como “Gorilas en la Niebla”, donde se rompía con el mito de la bestia salvaje y carnívora y se mostraba la realidad de uno de los parientes más cercanos de los humanos. El Trabajo de Fossey y sobre todo la repercusión mundial que estaba logrando, no gustaba a los cazadores furtivos, que en contra del tópico no eran aldeanos hambrientos, sino organizaciones mafiosas armadas y bien equipadas. Los furtivos habían diezmado las poblaciones de gorilas hasta casi la extinción, con el único fin de abastecer un mercado de trofeos de manos, cabezas y otras partes del cuerpo, para supuestos remedios medicinales basados en la ignorancia y la tradicional estupidez humana. Dian censó apenas 220 ejemplares y se dedicó activamente a combatir el furtivismo. El 26 de diciembre de 1985 fue asesinada a machetazos. Algunos años después se supo que el instigador del crimen fue Protais Ziriganyirago, cuñado del presidente ruandés y jefe de la mafia de furtivos. En la actualidad el número de gorilas sigue siendo muy bajo; pero gracias a la labor de personas como Dian Fossey las autoridades han dictado leyes para proteger a los gorilas, las mafias son perseguidas y las gentes de la región han comenzado a descubrir en el turismo y la promoción de la Naturaleza, una fuente de ingresos que puede mejorar sus vidas. Dirección recomendada: "The Dian Fossey Gorilla Fund International"  Jesuita Kike Figaredo Labor profesional Primero en Tailandia y posteriormente en Camboya, Kike ha consagrado su vida a ayudar a los discapacitados en aquella zona del mundo. Inicialmente a los mutilados que provocan las minas antipersona. También colabora con la Campaña Internacional para la prohibición de las minas antipersona, que recibió el Premio Nobel de la Paz. Kike Figaredo ha organizado multitud de iniciativas para recaudar fondos y ayudar a estas víctimas. En Phnom Penh, fundó en 1991 "La Casa de la Paloma" (Banteay Prieb), donde se imparte educación y formación a los niños mutilados por las explosiones, y donde ha desarrollado talleres para que los propios mutilados construyan sillas de ruedas siguiendo el modelo Mekong (silla de ruedas fabricada con madera y que tiene tres ruedas). En Battambang, funda el centro "Arrupe" y promovió el desarollo de toda la diócesis con múltiples proyectos: de educación , formación de adultos , infraestructurasy ayudas Kike continúa participando en el desarrollo de Camboya por medio de varias ONGsy actualmente participa en la campaña en contra de las bombas de racimo. «LOS PAISES RICOS SOLO PIENSAN EN LOS BENEFICIOS», DICE EL JESUITA CEAR premia a monseñor Figaredo por su trabajo con víctimas de minas JOSE MANUEL VIDAL MADRID.- Procede de buena familia (está emparentado con Rodrigo Rato), es jesuita y obispo, pero no lo parece. Nadie le llama monseñor. Medio mundo le conoce como Quique Figaredo o «el obispo de las sillas de ruedas». Ayer fue galardonado con el Premio Juan María Bandrés de la Fundación Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), por su trayectoria humanitaria. Y es que lleva 20 años trabajando con las víctimas de las misnas de Tailandia y Camboya. Primero como cura. Ahora, como obispo de Battambang (Camboya). Y siempre denunciando a los «países ricos que sólo piensan en los beneficios y que están tan lejos de los pobres que hasta la pobreza les parece virtual». Durante la entrega del galardón, una litografía del fallecido Eduardo Chillida, Ramón Muñagorri, secretario general de CEAR, señaló que monseñor Figaredo es «un testimonio vivo de la cooperación al desarrollo». El obispo misionero, en cambio, restaba importancia a su labor y recordaba sobre todo a las víctimas de las minas. Porque con ellas lleva trabajando media vida. Con la ayuda de 15 de estas víctimas, graduados de la escuela de oficios de los jesuitas, Figaredo levantó una fábrica de sillas de ruedas de madera, preparadas para el suelo camboyano. Unas sillas que reparte gratuitamente por toda Camboya. Y, con cara de medio hereje, monseñor Figaredo las llama «nuevo sacramento», porque permiten a los mutilados «dejar de arrastarse como perros por el suelo, mirar de frente a los demás, trabajar, valerse por sí mismos y, en definitiva, vivir con dignidad». Pero su labor peligra por falta de fondos. «Camboya ya no está de moda», se lamenta. «La gente es generosa en las urgencias, pero luego se olvida aunque nuestras heridas siguen sangrando» otros enlace http://www.periodistadigital.com/religion/object.php?o=190004 http://ignatianagadir.blogspot.com/2007/12/el-jesuita-kike-figaredo-recibe-el.html http://www.elcomerciodigital.com/gijon/20081006/asturias/mision-kike-figaredo-acapara-20081006.html
 Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) “De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”. De pequeña estatura, firme como una roca en su fe, a Madre Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar la sed de amor de Dios por la humanidad, especialmente por los más pobres entre los pobres. “Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mi para que seamos su amor y su compasión por los pobres”. Fue un alma llena de la luz de Cristo, inflamada de amor por Él y ardiendo con un único deseo: “saciar su sed de amor y de almas” . Esta mensajera luminosa del amor de Dios nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, una ciudad situada en el cruce de la historia de los Balcanes. Era la menor de los hijos de Nikola y Drane Bojaxhiu, recibió en el bautismo el nombre de Gonxha Agnes, hizo su Primera Comunión a la edad de cinco años y medio y recibió la Confirmación en noviembre de 1916. Desde el día de su Primera Comunión, llevaba en su interior el amor por las almas. La repentina muerte de su padre, cuando Gonxha tenía unos ocho años de edad, dejó a la familia en una gran estrechez financiera. Drane crió a sus hijos con firmeza y amor, influyendo grandemente en el carácter y la vocación de si hija. En su formación religiosa, Gonxha fue asistida además por la vibrante Parroquia Jesuita del Sagrado Corazón, en la que ella estaba muy integrada. Cuando tenía dieciocho años, animada por el deseo de hacerse misionera, Gonxha dejó su casa en septiembre de 1928 para ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí recibió el nombre de Hermana María Teresa (por Santa Teresa de Lisieux). En el mes de diciembre inició su viaje hacia India, llegando a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de profesar sus primeros votos en mayo de 1931, la Hermana Teresa fue destinada a la comunidad de Loreto Entally en Calcuta, donde enseñó en la Escuela para chicas St. Mary. El 24 de mayo de 1937, la Hermana Teresa hizo su profesión perpétua convirtiéndose entonces, como ella misma dijo, en “esposa de Jesús” para “toda la eternidad”. Desde ese momento se la llamó Madre Teresa. Continuó a enseñar en St. Mary convirtiéndose en directora del centro en 1944. Al ser una persona de profunda oración y de arraigado amor por sus hermanas religiosas y por sus estudiantes, los veinte años que Madre Teresa transcurrió en Loreto estuvieron impregnados de profunda alegría. Caracterizada por su caridad, altruismo y coraje, por su capacidad para el trabajo duro y por un talento natural de organizadora, vivió su consagración a Jesús entre sus compañeras con fidelidad y alegría. El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió su “inspiración,” su “llamada dentro de la llamada”. Ese día, de una manera que nunca explicaría, la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón y el deseo de saciar la sed de Jesús se convirtió en la fuerza motriz de toda su vida. Durante las sucesivas semanas y meses, mediante locuciones interiores y visiones, Jesús le reveló el deseo de su corazón de encontrar “víctimas de amor” que “irradiasen a las almas su amor”. “Ven y sé mi luz”, Jesús le suplicó. “No puedo ir solo”. Le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de Él y el deseo de ser amado por ellos. Le pidió a Madre Teresa que fundase una congregación religiosa, Misioneras de la Caridad, dedicadas al servicio de los más pobres entre los pobres. Pasaron casi dos años de pruebas y discernimiento antes de que Madre Teresa recibiese el permiso para comenzar. El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul y atravesó las puertas de su amado convento de Loreto para entrar en el mundo de los pobres. Después de un breve curso con las Hermanas Médicas Misioneras en Patna, Madre Teresa volvió a Calcuta donde encontró alojamiento temporal con las Hermanitas de los Pobres. El 21 de diciembre va por vez primera a los barrios pobres. Visitó a las familias, lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un anciano enfermo que estaba extendido en la calle y cuidó a una mujer que se estaba muriendo de hambre y de tuberculosis. Comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía y salía de casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en “los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”. Después de algunos meses comenzaron a unirse a ella, una a una, sus antiguas alumnas. El 7 de octubre de 1950 fue establecida oficialmente en la Archidiócesis de Calcuta la nueva congregación de las Misioneras de la Caridad. Al inicio de los años sesenta, Madre Teresa comenzó a enviar a sus Hermanas a otras partes de India. El Decreto de Alabanza, concedido por el Papa Pablo VI a la Congregación en febrero de 1965, animó a Madre Teresa a abrir una casa en Venezuela. Ésta fue seguida rápidamente por las fundaciones de Roma, Tanzania y, sucesivamente, en todos los continentes. Comenzando en 1980 y continuando durante la década de los años noventa, Madre Teresa abrió casas en casi todos los países comunistas, incluyendo la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba. Para mejor responder a las necesidades físicas y espirituales de los pobres, Madre Teresa fundó los Hermanos Misioneros de la Caridad en 1963, en 1976 la rama contemplativa de las Hermanas, en 1979 los Hermanos Contemplativos y en 1984 los Padres Misioneros de la Caridad. Sin embargo, su inspiración no se limitò solamente a aquellos que sentían la vocación a la vida religiosa. Creó los Colaboradores de Madre Teresa y los Colaboradores Enfermos y Sufrientes, personas de distintas creencias y nacionalidades con los cuales compartió su espíritu de oración, sencillez, sacrificio y su apostolado basado en humildes obras de amor. Este espíritu inspiró posteriormente a los Misioneros de la Caridad Laicos. En respuesta a las peticiones de muchos sacerdotes, Madre Teresa inició también en 1981 el Movimiento Sacerdotal Corpus Christi como un“pequeño camino de santidad” para aquellos sacerdotes que deseasen compartir su carisma y espíritu. Durante estos años de rápido desarrollo, el mundo comenzó a fijarse en Madre Teresa y en la obra que ella había iniciado. Numerosos premios, comenzando por el Premio Indio Padmashri en 1962 y de modo mucho más notorio el Premio Nobel de la Paz en 1979, hicieron honra a su obra. Al mismo tiempo, los medios de comunicación comenzaron a seguir sus actividades con un interés cada vez mayor. Ella recibió, tanto los premios como la creciente atención “para gloria de Dios y en nombre de los pobres”. Toda la vida y el trabajo de Madre Teresa fue un testimonio de la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana, del valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y amor, y del valor incomparable de la amistad con Dios. Pero, existía otro lado heroico de esta mujer que salió a la luz solo después de su muerte. Oculta a todas las miradas, oculta incluso a los más cercanos a ella, su vida interior estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él, unido a un deseo cada vez mayor de su amor. Ella misma llamó “oscuridad” a su experiencia interior. La “dolorosa noche” de su alma, que comenzó más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó hasta el final de su vida, condujo a Madre Teresa a una siempre más profunda unión con Dios. Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación interior de los pobres. Durante los últimos años de su vida, a pesar de los cada vez más graves problemas de salud, Madre Teresa continuó dirigiendo su Instituto y respondiendo a las necesidades de los pobres y de la Iglesia. En 1997 las Hermanas de Madre Teresa contaban casi con 4.000 miembros y se habían establecido en 610 fundaciones en 123 países del mundo. En marzo de 1997, Madre Teresa bendijo a su recién elegida sucesora como Superiora General de las Misioneras de la Caridad, llevando a cabo sucesivamente un nuevo viaje al extranjero. Después de encontrarse por última vez con el Papa Juan Pablo II, volvió a Calcuta donde transcurrió las últimas semanas de su vida recibiendo a las personas que acudían a visitarla e instruyendo a sus Hermanas. El 5 de septiembre, la vida terrena de Madre Teresa llegó a su fin. El Gobierno de India le concedió el honor de celebrar un funeral de estado y su cuerpo fue enterrado en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad. Su tumba se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación y oración para gente de fe y de extracción social diversa (ricos y pobres indistintamente). Madre Teresa nos dejó el ejemplo de una fe sólida, de una esperanza invencible y de una caridad extraordinaria. Su respuesta a la llamada de Jesús, “Ven y sé mi luz”, hizo de ella una Misionera de la Caridad, una “madre para los pobres”, un símbolo de compasión para el mundo y un testigo viviente de la sed de amor de Dios. Menos de dos años después de su muerte, a causa de lo extendido de la fama de santidad de Madre Teresa y de los favores que se le atribuían, el Papa Juan Pablo II permitió la apertura de su Causa de Canonización. El 20 de diciembre del 2002 el mismo Papa aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por intercesión de Madre Teresa. Mahatma Gandhi Entre los grandes teóricos que modificaron la configuración política e ideológica del mundo en el siglo XX, figura este hombre de austeridad inflexible y absoluta modestia, que se quejaba del título de Mahatma ('Gran Alma') que le había dado, contra su voluntad, el poeta Rabindranath Tagore. En un país en que la política era sinónimo de corrupción, Gandhi introdujo la ética en ese dominio a través de la prédica y el ejemplo. Vivió en una pobreza sin paliativos, jamás concedió prebendas a sus familiares, y rechazó siempre el poder político, antes y después de la liberación de la India. Este rechazo convirtió al líder de la no-violencia en un caso único entre los revolucionarios de todos los tiempos. El descubrimiento de Oriente Mohandas Karamchand Gandhi nació el 26 de octubre de 1869 en un remoto lugar de la India, en la ciudad costera de Porbandar, del distrito de Gujarat. Éste era entonces un mosaico de minúsculos principados, cuyos gobernantes tenían un poder absoluto sobre la vida de sus súbditos. Su padre, Karamchand Gandhi, era el primer ministro de Porbandar y pertenecía a la casta de los banias, mercaderes de proverbial astucia y habilidad en el comercio. Su madre, llamada Putlibai, procedía de la secta de los pranamis, quienes mezclaban el hinduismo con las enseñanzas del Corán. Era una mujer profundamente religiosa y austera que dividía su tiempo entre el templo y el cuidado de los suyos, amén de practicar frecuentes ayunos. En la formación espiritual de Mohandas, que sentía un ilimitado amor por sus padres, además de la adoración a la diosa Visnú que profesaba la familia, concurrieron una serie de culturas y credos amalgamados: el hindú, el musulmán, el jain. Este último tuvo especial influencia en su filosofía: los jains practicaban la no-violencia no sólo con los animales y los seres humanos, sino incluso con las plantas, los microbios, el agua, el fuego y el viento. Ejemplo típico de tardía genialidad, Mohandas fue un adolescente silencioso, retraído y nada brillante en los estudios, que pasó sin llamar la atención por las escuelas de Rajkot. A los trece años, siguiendo la costumbre hindú, lo casaron con una niña de su edad llamada Kasturbai, de quien estaba prometido desde los seis años sin saberlo. El joven esposo se enamoró apasionadamente de la muchacha, y por hacer el amor con ella abandonó el lecho de su padre moribundo la misma noche en que éste murió. El suceso dejó una culpa imborrable en Gandhi, que más tarde se declararía en contra del matrimonio entre niños y a favor de la continencia sexual. Como sus calificaciones no mejoraron en el instituto, la familia decidió enviarlo a Londres para seguir los cursos de abogacía del Inner Temple, cuyas exigencias eran menores que las de las universidades indias. Con tanto miedo como excitación, el muchacho se embarcó en Bombay en septiembre de 1888. Tenía diecinueve años y acababa de ser padre por primera vez. Antes de partir había prometido solemnemente a su madre no seguir la costumbre inglesa de comer carne, dado que el visnuismo lo prohibía. Varias veces en su adolescencia había transgredido tal norma, impulsado por un amigo que le aconsejaba la carne para parecerse en fortaleza a los ingleses. En Londres vivió tres años, entre 1888 y 1891, período en que se produjo uno de los hechos más determinantes de su vocación: el descubrimiento de Oriente a través de Occidente. En efecto, en la capital inglesa comenzó a frecuentar a los teósofos, quienes lo iniciaron en la lectura del primer clásico indio, el Bhagavad Gita, al que llegaría a considerar «el libro por excelencia para el conocimiento de la verdad». También allí entró en contacto con las enseñanzas de Cristo, y durante un tiempo se sintió tan atraído por la ética cristiana que dudó entre ésta y el hinduismo. De esa época son sus intentos de sintetizar los preceptos del budismo, el cristianismo, el islamismo y su religión natal, a través de lo que señaló como el principio unificador de todos ellos: la idea de renunciación. En estos años decisivos para su formación intelectual leyó a Tolstói, en quien más tarde encontraría el guía para el perfeccionamiento de la práctica y la teoría de la no-violencia. Y cuando regresó a la India con el título de abogado, lo hizo con sus señas de identidad orientales: había ido en busca de la sabiduría occidental y retornaba con el secreto que había hecho sabios a los hindúes. Los primeros experimentos de la resistencia gandhista Al volver a Porbandar encontró a su familia desintegrada: la madre había muerto poco antes y los Gandhi habían perdido toda influencia en la corte principesca. Como abogado no halló muchas perspectivas, ya que su primera actuación profesional terminó en un humillante fracaso, pues enmudeció al dirigirse al tribunal y no pudo continuar. Fue entonces cuando una factoría comercial musulmana le ofreció un contrato para atender un caso de la empresa en Durban, y Gandhi no dejó pasar la oportunidad. Se embarcó hacia Sudáfrica en 1893. En el país de los antiguos colonos holandeses vivía una colonia hindú formada en su mayoría por trabajadores, a quienes los ingleses llamaban despectivamente sami. Carecían de todo derecho, se les despreciaba y discriminaba racialmente, como pudo comprobar en carne propia el joven abogado durante algunos de sus viajes en ferrocarril. Pero la situación era más grave aún de lo que parecía. Terminado su trabajo, Gandhi estaba a punto de regresar a la India cuando se enteró de la existencia de un proyecto de ley para retirar el derecho de sufragio a los hindúes. Decidió entonces aplazar la partida un mes para organizar la resistencia de sus compatriotas, y el mes se convirtió en veintidós años.
 Durante esa larga etapa de su vida, su mayor preocupación fue la liberación de la comunidad india, y en ella fue dando forma a las armas de lucha que más tarde utilizaría e su país. En los primeros años, convencido de las buenas intenciones del colonialismo británico, abrió un bufete para defender a sus compatriotas ante los tribunales en Johannesburgo y se propuso articular un movimiento dedicado a la agitación por medios legales. Fundó el periódico "The Indian Opinion", para aglutinar a la comunidad india y, como instrumento de agitación legal, creó el Congreso Indio de Natal. Sus simpatías anglófilas le llevaron durante la guerra contra los bóers a organizar el Cuerpo Indio de Ambulancias, acción que mereció duras críticas por parte de los nacionalistas indios. A partir de 1904 la actividad de Gandhi sufrió un cambio notable: después de leer la crítica del capitalismo contenida en "Unto The Last", de John Ruskin, modificó su estilo de vida y pasó a llevar una sencilla existencia comunitaria en las afueras de Johannesburgo donde fundó una comuna llamada Tolstói. En esa época bosquejó la teoría del activismo no-violento, que puso en marcha por primera vez para oponerse a la ley de registro. Esta ley obligaba a todos los indios a inscribirse en un registro especial con sus huellas dactilares. Gandhi ordenó a sus compatriotas que no se inscribieran, que comerciaran en las calles sin licencia y, más tarde, que quemaran sus tarjetas de registro frente a la mezquita de Johannesburgo. Como muchos de sus seguidores, fue a parar a la cárcel varias veces, pero el movimiento de resistencia civil obtuvo varios éxitos parciales. En 1913 la protesta contra un impuesto considerado injusto se tradujo en una marcha a través del Transvaal, hasta Natal. Al año siguiente las autoridades británicas dieron marcha atrás con dicho impuesto y autorizaron a los asiáticos a residir en Natal como trabajadores libres. La victoria parecía total, y Gandhi, que había abandonado las vestimentas europeas en señal de protesta, partió definitivamente de Sudáfrica con su mujer y sus hijos. A largo plazo todos los logros de la comunidad india se perdieron y las autoridades de aquel país endurecieron aún más su política racista, pero Sudáfrica había sido el banco de pruebas donde Gandhi desarrolló y comprobó las tácticas que más tarde habría de utilizar en su tierra natal. El Mahatma Gandhi llegó a la India en 1915 como un verdadero héroe, con la aureola de sus campañas en el extranjero. Las masas de Bombay le tributaron un caluroso recibimiento, el gobernador inglés acudió a saludarlo y el poeta Rabindranath Tagore le dio la bienvenida en su Universidad Libre de Santiniketan. A poco de llegar, en la ciudad de Ahmedabad fundó una comunidad casi monástica en la que estaban prohibidas las vestimentas extranjeras, las comidas con especias y la propiedad privada. Sus miembros se dedicaban únicamente a dos trabajos materiales: la agricultura, para obtener el sustento, y el tejido a mano, para procurarse el abrigo. Aquí dio comienzo a una lucha que Gandhi habría de sostener durante toda su vida: la batalla contra las lacras del hinduismo y a favor de los intocables. El primer paso fue admitirlos como miembros de la comunidad. En esos primeros años Gandhi abandonó toda agitación política a fin de apoyar los esfuerzos bélicos de Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial, llegando incluso al reclutamiento de soldados para el ejército inglés. Su entrada en la política india no se produjo hasta febrero de 1919, cuando la aprobación de la Ley Rowlatt, que establecía la censura y señalaba duras penas para cualquier sospechoso de terrorismo o sedición, le abrió los ojos acerca de las verdaderas intenciones de los imperialistas ingleses en su país. Gandhi pasó entonces a encabezar la oposición a la ley. Organizó una campaña de propaganda a nivel nacional mediante la no-violencia, que comenzó con una huelga general. Ésta pronto se extendió a todo el país y las protestas se sucedieron en las principales ciudades, donde se registraron algunos focos de violencia pese a la insistencia del líder en el carácter pacífico de las manifestaciones. Cuando acudía a Delhi a apaciguar la población, Gandhi fue detenido. Días después, el 13 de abril, el brigadier general Dyer ordenaba disparar a sus gurkas sobre la multitud reunida en el Jallianwala Bagh de la ciudad de Amritsar. La dominación inglesa había mostrado su verdadero rostro sanguinario y brutal: casi cuatrocientas personas fueron asesinadas y otras miles heridas. Pero las autoridades británicas se vieron obligadas a reconsiderar sus tácticas y la Ley Rowlatt jamás entró en vigor. En los años siguientes a la masacre de Amritsar, Gandhi se convirtió en el líder nacionalista indiscutido, alcanzando la presidencia del Congreso Nacional Indio -partido fundado por Alan Octavius Hume en 1885-, que él supo convertir en un instrumento efectivo en pro de la independencia. De una agrupación de las clases medias urbanas, pasó a ser una organización de masas enraizada en los pueblos y en el campesinado. Se pusieron en marcha las grandes campañas de desobediencia civil, que iban desde la negativa masiva a pagar impuestos hasta el boicot a las autoridades. Miles de indios llenaron las cárceles y el mismo Gandhi fue detenido en marzo de 1922. Diez días más tarde comenzaba «el Gran Juicio», en que el Mahatma se declaró culpable y consideró la sentencia a seis años de prisión como un honor, con lo que la sesión terminó con una reverencia mutua entre juez y acusado. Cuando salió de la cárcel -una apendicitis hizo que las autoridades coloniales lo liberaran en 1924-, encontró que el panorama político se había modificado en su ausencia: el Partido del Congreso se había dividido en dos facciones y la unidad entre hindúes y musulmanes, conseguida con el movimiento de desobediencia civil, había desaparecido. Gandhi decidió entonces retirarse de la política, para vivir como un anacoreta, en absoluta pobreza y buscando el silencio como fuerza regenerativa. Retirado en su Ashram se convirtió en esos años en el jefe espiritual de la India, en el dirigente religioso de fama internacional que muchos occidentales en busca de la paz espiritual trataban como un gurú. Su retiro finalizó de manera brusca en 1927, cuando el gobierno británico nombró una comisión encargada de la reforma de la Constitución, en la que no participaba ningún nativo. A la cabeza de la lucha política, Gandhi consiguió que todos los partidos del país hicieran el boicot a dicha comisión. Poco después, la huelga de Bardoli, en apoyo a la negativa a pagar impuestos, terminaba en un éxito total. La victoria del movimiento animó al Congreso a declarar la independencia de la India, el 26 de enero de 1930, y se encargó al Mahatma la dirección de la campaña de no violencia para llevar a la práctica la resolución. Éste eligió como objetivo de la misma el monopolio de la sal que afectaba particularmente a los pobres-, y partió de Sabartami el 12 de marzo con 79 voluntarios con rumbo a Dandi, población costera distante 385 kilómetros. El pequeño movimiento se extendió como las olas de un estanque hasta alcanzar toda la India: los campesinos sembraban de ramas verdes los caminos por donde pasaría ese hombre pequeño y semidesnudo, con un bastón de bambú, camino del mar y al frente de un enorme ejército pacífico. El día del aniversario de la masacre de Amritsar, Gandhi llegó a orillas del mar y cogió un puñado de sal. Desde ese momento la desobediencia civil fue imparable: diputados y funcionarios locales dimitieron, los prohombres locales abandonaron sus puestos, los soldados del ejército indio se negaron a disparar sobre los manifestantes, las mujeres se adhirieron al movimiento, mientras los seguidores de Gandhi invadían pacíficamente las fábricas de sal. La campaña terminó con un pacto de compromiso entre Gandhi y el virrey de su majestad británica, en virtud del cual se legalizaba la producción de sal y se liberaban los cerca de 100.000 presos detenidos durante las movilizaciones. Por otra parte, Gandhi era enviado a Londres para participar en la conferencia que discutía los pasos a seguir para establecer un gobierno constitucional en la India. La presencia del Mahatma en Inglaterra, al margen de la gran acogida popular que le dispensaron los barrios londinenses, no supuso resultados favorables para la causa, y al regresar a su país se encontró con que Nehru y otros líderes del Congreso se hallaban una vez más en prisión. Hacia la independencia Varias veces en su vida Gandhi recurrió a los ayunos como medio de presión contra el poder, como forma de lucha espectacular y dramática para detener la violencia o llamar la atención de las masas. La falta de humanidad del sistema de castas, que condenaba a los parias a la absoluta indigencia y ostracismo, hizo que Gandhi convirtiera la abolición de la intocabilidad en una meta fundamental de sus esfuerzos. Y desde la prisión de Yervada, donde había sido confinado nuevamente, realizó un «ayuno hasta la muerte» en contra de la celebración de elecciones separadas de hindúes y parias. Ello obligó a todos los líderes políticos a acudir junto a su lecho de prisionero para firmar un pacto con el consentimiento inglés. La labor de «pedagogía popular» para curar a la sociedad hindú de sus llagas no terminó aquí. Distanciado del Congreso ante la decepción que le provocaban las maniobras de los políticos, se dedicó a visitar pueblos lejanos, insistiendo en la educación popular, en la prohibición del alcohol, en la liberación espiritual del hombre. El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue el motivo de que Gandhi, una vez más, retornara al primer plano político. Su oposición al conflicto bélico era absoluta y no compartía la opinión de Nehru y otros líderes del Congreso, proclives a apoyar la lucha contra el fascismo. Pero la decisión del virrey de incorporar el subcontinente a los preparativos bélicos de Gran Bretaña sin consultar con los políticos locales, clarificó las aguas, provocando la dimisión en masa de los ministros pertenecientes al Congreso. Tras la toma de Rangún por los japoneses, Gandhi exigió la completa independencia de la India, para que el país pudiera escoger libremente sus decisiones. Al día siguiente, el 9 de agosto de 1942, era arrestado junto a otros miembros del Congreso, lo que produjo una sublevación en masa de los nativos, seguida por una serie de revueltas violentas en todo el territorio indio. Ésta fue la última prisión del Mahatma y quizá la más dolorosa, porque desde su presidio en Poona se enteró de la muerte de su mujer, Kasturbai. Era ya un anciano frágil y debilitado cuando salió en libertad en el año 1944. Finalizada la guerra, y tras la subida al poder de los laboristas en Inglaterra, Gandhi desempeñó un rol fundamental en las negociaciones que llevaron a la liberación. Sin embargo, su postura opuesta a la partición del subcontinente nada pudo contra la determinación del líder de la Liga Musulmana, Jinnah, defensor de la separación del Pakistán. Dolido por lo que consideró una traición, en 1946 el Mahatma vio con horror cómo los antiguos fantasmas indios resurgían durante la celebración del Nombramiento de Nehru como primer jefe de gobierno, que fue pretexto de violentos disturbios motivados por la pugna entre hindúes y musulmanes. Gandhi se trasladó a Noakhali, donde habían comenzado los enfrentamientos, y caminó de pueblo en pueblo, descalzo, tratando de detener las masacres que acompañaron a la partición en Bengala, Calcuta, Bihar, Cachemira y Delhi. Pero sus esfuerzos sólo sirvieron para acrecentar el odio que sentían por él los fanáticos extremistas de ambos pueblos: los hindúes atentaron contra su vida en Calcuta y los musulmanes hicieron lo propio en Noakhali. Durante sus últimos días en Delhi llevó a cabo un ayuno para reconciliar a las dos comunidades, lo cual afectó gravemente su salud. Aun así, apareció de nuevo ante el público unos días antes de su muerte. El 30 de enero de 1948, cuando al anochecer se dirigía a la plegaria comunitaria, fue alcanzado por las balas de un joven hindú. Tal como lo había predicho a su nieta, murió como un verdadero Mahatma, con la palabra Rama ('Dios') en sus labios. Como dijo Einstein, «quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo». http://blogs.abcdesevilla.es/latribudebarbeito/ ENERO Cuentas del banco CUANDO yo trabajaba en la banca —todos tenemos un pasado—, un amigo de otro banco me llamó un día y, en confianza, me preguntó si Fulano tenía cuenta con nosotros, y le respondí: «Sí, tiene cuenta con nosotros… Y nosotros también tenemos cuenta con él…, mucha cuenta». Ahora somos nosotros los que debemos tener mucha cuenta con el banco o la caja de ahorros donde tenemos la cuenta. Cuenta con la cuenta, que decimos por aquí. Porque si a una entidad bancaria entran algunas veces unos tíos con la cara tapada o a cara descubierta y, pistola en mano, dicen en voz alta «¡Esto es un atraco!», con la voz baja de la letra chica nos están diciendo los bancos que es posible que nos llegue un atraco, de ellos. ¿Por qué? Pues porque, como dicen que ha bajado el precio de la vivienda, y nuestra hipoteca la concedieron en función de un valor tasado por ellos, y ese valor ha bajado, quieren las entidades bancarias que, además de la casa, hipotequemos otros bienes hasta cubrir riesgos. Ole tus coeficientes, banco o caja de mi vida. Nos daríamos con un canto en los dientes si la cosa de los bancos se quedara en esa frase que dice que «El banco es alguien que nos presta un paraguas y nos lo pide cuando empieza a llover». ¿Por qué? Porque es peor. Ahora, dicen que nuestra entidad bancaria nos va a pedir el paraguas, los impermeables de toda la familia, las botas de goma de los niños y la gorra plastificada. O sea, que nos empapemos y si te vi no me acuerdo. No nos falta más que cantarle al banco la letra de la soleá: «¿Qué más quieres tú de mi, / si hasta el agüita que bebo / te la tengo que pedir?» El agüita, el pan, la luz, el agua… todo. ¿Es un atraco el que quieran que hipotequemos más bienes que la vivienda por la que nos dieron el dinero? Lo digo porque también nosotros podríamos preguntarnos otras cosas, por ejemplo: ¿Nos suben los bancos el interés de un plazo fijo si a ellos les suben el interés de la inversión de ese dinero nuestro? Y más cosas, manos arriba, por favor: ¿No es un atraco el invento de la comisión de apertura, la comisión por cancelación de préstamo o por llevárnoslo a otra entidad, y las cincuenta mil banderillas que nos clavan cuando sacamos (nuestro) dinero o pagan nuestros recibos? Son muy necesarios los bancos, es cierto, y obran bien muchas veces, y nos han sacado de apuros (cobrando lo que había que cobrar, que conste, que los bancos no regalan nada), pero quizá amparados en esa necesidad, nos fustigan donde más nos duele. Porque, vamos a ver, eso de venir ahora con la idea de hipotecarnos entero por la casa, ¿no tiene más pinta de usura que de otra cosa? Por nuestro bien, creo que se impone el uso de preposiciones, y así, además de tener cuenta en el banco, tengamos cuenta con el banco. Que, por lo que se ve y lo que dicen por lo bajini, toda la cuenta que tengamos será poca. Antonio García Barbeito presentó: El día que Jesús no quería nacer... Al resguardo del frío preinvernal y casi sin pensarlo, nos veíamos en el que podría ser, quizás, el mismísimo marco en el que hace casi 2.008 años venía al mundo Jesús, nos veíamos en la noche de ayer en una cueva acompañando a unas imágenes muy conocidas: María, José, la burra, el buey... y el Niño que finalmente, y tras pensarlo mucho, decidió darnos una oportunidad y volver a nacer de nuevo. Estábamos en El Coto "Las Canteras" en un acto organizado por la Cooperativa Santa Teresa 1881. Fue el fantástico periodista y mejor escritor, Antonio García Barbeito, quien nos quiso acercar lo que bien podría ser una historia real. Se trataba de un cuento incluido en su libro El día que Jesús no quería nacer. Y otros breves de Navidad. Fue precisamente, el que aparece en el título de esta obra el que tuvimos la oportunidad de escuchar de la voz prototípica andaluza de Antonio. Antes, para dar comienzo al acto, nuestro cantaor ursaonés, Manuel Cuevas, interpretó varios villancicos flamencos para deleite de todos los ursaonenses allí presentes, trasladándonos así a los próximos días navideños que pronto llegarán. Después, bajo la penumbra de un rayo de luz que iluminaba las imágenes del misterio excepto la del Niño que no estaba presente desde el comienzo, tomó el atril Antonio García Barbeito, quien consiguió captar la atención al instante de todo el auditorio con una narración espectacular de su cuento, El día que Jesús no quería nacer, una especie de pieza teatral con pinceladas poéticas, un cuento que nació para ser interpretado tras un micrófono de radio y ser retransmitido por las ondas. En él, un ángel, va anunciando a los otros personajes del nacimiento que Jesús no nacerá porque el mundo está lleno de odio, envidia, avaricia… pero el ángel queda mudo cuando ve que si no nace el Niño no sería posible ni la paz, ni la alegría, ni la libertad... Jesús tenía motivos para no querer nacer, pero lo hizo y de pronto apareció en su pesebre del escenario, el Niño. Durante su narración, y con una puesta en escena con tintes teatrales, era posible ver la historia y vivirla con sólo cerrar los ojos en un momento íntimo, bajo una escasa luz que invitaba a la reflexión sobre esta obra de Antonio García Barbeito, persona comprometida con la sociedad en la que vive. Pero... ¿quién sabe si este cuento, si esta historia... no se repite cada año allá entre todas las figuras del Belén que muchos guardan en cajas de cartón o incluso más arriba? ¿Educación? para la Ciudadanía
Hola, amigos. Querido Cecilio. Yo también me pregunto por aquel “respeto a los mayores”, que no es de los años 40, por cierto, sino bastante anterior. Hoy me guatría que tratáramos el asunto de esa asignatura, Educación (¿Educación?) para la Ciudadanía. No conozco todo el texto, pero parte de lo que conozco me preocupa. Como muestra, un botón. Leo en uno de sus párrafos: “Es preciso que los jóvenes sean injustos con los hombres maduros. Si no, los imitarían y la sociedad no progresaría”. Como me considero incapaz de digerir esto, solicito vuestra ayuda. Porque no dice, por ejmplo, “los jóvenes, sin perder del todo la referencia de los hombres maduros, deben buscar su propia manera de progresar”. Espero vuestra ayuda. Y sé que os lo agradecerán muchas personas. Saludos para todos. Antonio
Hola, amigos. No creo que haya sevillano que no conozca la noticia, pero como puede que algunos de nuestros amigos no lo sepan, lo digo aquí: el pasado sábado, 24 de enero, una joven sevillana de diecisiete años, Marta del Castillo, salió de su casa -Barriada Tartessos, c/ Argantonio, a orillas de la vía del AVE- en torno a las cinco de la tarde con el fin de echar un buen rato con sus amigos, y su familia esperaba que volviera a la hora habitual y convenida, no más tarde de las 10.30 de la noche. Por lo que nos cuentan, un amigo de Marta la acompañó hasta muy cerca de su portal a eso de las 21.30 horas. Un vecino ha dicho que a esa hora oyó un grito en el portal, pero que no le dio mayor importancia. Lo cierto es que Marta está desaparecida desde entonces. Podemos imaginar el drama que vive su familia. Podéis entrar en abcdesevilla.es para ver algunas fotos de Marta, por si alguien la hubiera visto en algún sitio. Las horas pasan y la angustia de su familia crece. No es para menos, porque con las horas llegan también los malos, los peores, pensamientos. Ojalá a Marta la encuentren viva. La calle, que siempre ha escondido peligros, hoy parece haberse convertido en un territorio de incesante inseguridad, en lugar idóneo para que las ideas más atravesadas hallen víctimas en quienes descargar su maldad. ¿Qué opináis de una calle en la que chavalillos ya están hechos a que los atraquen a punta de navaja para quitarles el dinero, el móvil, el reloj, y en muchas ocasiones son niños los atracadores? ¿Y qué opináis sobre las agresiones sexuales que tantas veces -ojalá no estemos hablando de un nuevo caso- acaban con la vida de la agredida? Estoy seguro de que algunos de vosotros podréis contar casos, y otros, escribir un análisis sensato, como tantas veces por otras razones. Os espero. Saludos. Antonio
Pregunta y problema
Ya está el que se sabe buen portero para los despejes -aunque «cante» en algunos balones fáciles color café- dispuesto otra vez a lucirse con palomitas y otros movimientos frente a los chutazos del personal. Tengo una pregunta para usted. O no. Tenía una presunta ruina que ya es segura. Y ahora tengo una presunta peoría que va camino de acabar como la ruina. Para preguntitas está la cosa. Para pagar con la misma moneda, ayer le dije al presidente que sí, que tenía una pregunta para él: «¿Por qué no quiso admitir que España acabaría por estar a la cuarta pregunta?». Pero fuera de eso, no tengo nada que preguntarle. Las preguntas nos las hacemos los españoles frente al despertador, todas las mañanas, frente al espejo, mientras movemos el café que todavía podemos tomarnos, y millones de personas, en la soledad del desempleo que se veía venir o que se vino si verlo. Un plató. En vez de pan y circo, hambre y circo. ¿De qué va a servirnos preguntar por nada, si sabemos que nos tararearán aquella vieja canción: «parole, parole, parole...», y aquí lo que hace falta, cuanto antes, es una sinarquía bien cimentada, una reunión de los que pueden y que solventen cuanto antes este estado de malo que tira tanto a peor que ya ha llegado? Para preguntitas está el personal. O para recibir, a estas alturas, respuestas más convenientes que convincentes. Más que necesitada de organizar encuentros en un plató, España está necesitada de organizar sin miedo un encuentro con los suyos con los platos de los garbanzos. Una pregunta para usted. No. Una queja. O muchas quejas. Porque el problema de la crisis estaba claro para todo el mundo, menos para los que lo sabían mejor que nadie. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor optimista que el se empeña en que el puercoespín es bueno para esponja de baño. No sé, cuando escribo, ni qué le preguntaron al presidente ni qué contestó éste. Pero, acostumbrado a su lenguaje de magia Borrás, es posible que dijera que Obama va a venir a salvarnos. España, más que una pregunta para usted, lo que tiene es un problema. Y lo malo, presidente, es que ese problema no es para usted, es para ella. Nuestra pregunta Hola, amigos. Supongo que si os invitaran al encuentro de esta noche con el presidente del Gobierno, no tendriais problemas para hacerle una pregunta. Esta mañana, en la radio, yo he dicho que le preguntaría una sola cosa: “¿Por qué no nos advirtió de que íbamos a estar a la cuarta pregunta?” Aunque no tengamos una gran esperanza en que pueda servirle para algo al presidente, quiero conocer la vuestra, que, seguro, será más interesante que la mía. Al final, un poco desencantado, también le he dicho que no iba a hacerle ninguna, que bastante tengo con tratar de responder, diariamente, las mías. Pero como no quiero desencantos, valgan más las vuestras. Que seguro por algunas de esas preguntas llegamos a alguna buena conclusión de por dónde empezar a tratar de arreglar la “cosa”. Saludos. Antonio La doble Sevilla
Una de las cosas que más me asombran de Sevilla es su capacidad para crear el original y reproducir copias con otro aire de ese mismo original; si el original lo crea para que sepamos de su capacidad creativa, las copias las hace para satisfacerse a sí misma y para demostrar, de sobra, que es capaz de ver su espalda sin necesidad de espejos. Sevilla es capaz de inventar sus mitos y los chistes correspondientes para reírse ella misma de sus mitos. Ahí está el ejemplo con Curro Romero: Sevilla lo hace suyo, y antes de que venga nadie a decirle que sólo torea los toros de su estilo, Sevilla crea los chistes de un Curro que torea «a distancia» cuando las circunstancias de la res aprietan. Y así, en todo. Un amigo de Madrid me decía un día, en una reunión de sevillanos, que no entendía cómo lo mismo éramos capaces de emocionarnos viendo pasar un paso de Semana Santa que de reírnos con algún chiste sobre la Semana Santa, por ejemplo, uno que contaron esa noche sobre un Nazareno famoso y un equipo de fútbol. Alguien que oyó a mi amigo, le dijo: «Es que aquí nos gusta humanizarlo todo». Hace unos días me enviaron por correo electrónico un vídeo con un título que ya empezaba a aclarar: «Cómo se saca un jamón en Triana». En un bar del barrio jondo, a media luz, se oía una marcha de cornetas y tambores. Ambiente de Semana Santa. Expectación de bulla a la orilla de una calle, y de pronto aparece por una puerta, con una «solemnidad» única, un tío en la postura del romano que va delante del Cristo de las Tres Caídas moviéndose al son de la música. Todo muy en serio. De casco romano se había puesto un gorro de papel albal y por túnica llevaba un mantel terciado. Cerca de él apareció otro en la posición del Nazareno, moviéndose a su ritmo, como si los dos estuvieran clavados en una tarima. El que hacía de Nazareno, en vez de una cruz al hombro, llevaba un jamón. Pero lo hacían todo con tanta «solemnidad», con tanto conocimiento de los movimientos sincronizados, que causaba respeto. Se oían risas, sí, pero también ese silente murmullo de la Madrugá. Únicos. En otro sitio de la ciudad, hace un par de días fui a ver, por segunda vez, la obra «Estrella sublime». Cuando tras dos blasfemias de la camarera Lola se aparece la Virgen, el efecto en el público es tan sevillanamente único que no hay más remedio que reír. Porque no se hace sangre de lo sagrado, se «humaniza», como decía aquel sevillano. Y cuando el sevillano «humaniza» su idea de lo sagrado, lo sagrado, a veces, resulta mucho más cercano, mucho más nuestro. Cuando la Virgen —«Macu, de Inmaculada»— habla de su Hijo y dice: «…y a los tres meses ya hablaba y decía unas cosas mú raras… Mú boniiiiitas, sí. Pero mú raras», el sevillano está «acercándose» la divinidad. Como con el jamón de Triana. Y eso, amigo, o se entiende o no se entiende. Inventar la culpa Me acuerdo de lo que le pasó a Roque con los pájaros, Cangui. ¿Te acuerdas? No digo ni que sea lo mismo ni que no haya motivos, a veces, para saber qué pasos dan algunos, que en ocasiones se hace necesario saber de un trabajador, de un hijo, de una persona con cargo de responsabilidad pública, pero siempre que la investigación sea para evitar un daño, no para hacerlo. Siempre hemos estado vestidos de ojos ajenos que no parpadean a ver si nos pillan en algo que puedan denunciar, y siempre muchos de esos ojos creyeron ver o «vieron» lo que nunca pasó. Por estas tribus hay muchachas honradas a las que alguien les echó encima una calumnia que las emputeció para siempre, sólo porque las habían visto salir a deshora, muy arregladas, camino de nadie sabía dónde, y hombres que llevaron hasta la muerte una fama de cornudos sin que su mujer siquiera se hubiese asomado al bardo de la infidelidad. Cuando una sospecha nos lleva a inquirir la vida de una persona, malo; y si esa sospecha está empujada por aviesas intenciones, peor. Si no hay más ciego que el que no quiere ver, no hay peor denuncia que la que viene de alguien que quiere ver donde no hay. He conocido municipales que se daban más al fisgoneo de parejas a las afueras que a vigilar por la seguridad de sus vecinos. El aire tiene ojos a jornal que están pendientes de todo. Por eso me acuerdo de Roque en estos días en los que el aire de Madrid —como si buscan en otros sitios— se llena de visillos y de mirillas, de orejas pegadas a los tabiques de la confidencia y de traductores de palabras, de gestos, de paseos, de entradas y salidas, traductores que después, a su antojo, dicen negro donde sólo vieron gris, si acaso, porque necesitan llevarle la pieza al que paga. ¿Te acuerdas lo que le pasó a Roque con las palomas, Cangui? Había lucha por ver quién ganaba en las votaciones para presidente de la Sociedad Agropecuaria, y Roque era un hombre no sólo entendido sino honrado, y con dinero de más para no necesitar nada ajeno. Su rival iba al cargo por lo que iba, para medrar en él con cuatro discursos de mentira que encendieran a los socios. El rival de Roque lo tenía difícil, muy difícil, para ganar. Habló con algunos de los suyos y les encargó que le descubrieran a Roque algún vicio, algún resbalón. No hubo maneras. Uno de ellos dijo: «Ayer lo seguí de lejos cuando salió a pasear por el campo y lo único que hizo fue lo que hace siempre: coger le media talega de grano que le compra a mi primo y echarles de comer a las palomas del Palomar de la Vereda.» El rival saltó como un resorte: «Dile a tu primo que le eche veneno al grano que le despacha. Ya le recompensaré. Y mañana vete tras él y cuenta lo que veas…» Roque ni siquiera se presentó a las elecciones. Ese día estaba declarando ante la Guardia Civil, acusado de asesino de palomas… Yo “ERE”, tú “ERE”, él “ERE” Queridos amigos: Habrá que decir algo al respecto. España es un paisaje de colas, de penosas colas, unas las forman gentes que van a una huelga y otras, gentes que van camino del paro. Nombres que parecían intocables -Nissan, Sony, Roca, Seat, Indo, Burberry- han preparado su “EREjía” y en la hoguera del desencanto (y de más cosas) arden o van a arder muchos de los nuestros. Pongamos a remojar las barbas, por si acaso. Mercadona deja de firmar contratos con las grandes marcas y se queda con sus marcas “blancas”. Esperemos que al personal no lo muevan del tajo. Seguro que tendremos a alguien, cercano o lejano, entre esos “sacrificados” por la crisis o por cierres que han aprovechado la crisis. Obama baila con su esposa y nosotros bailamos -en lo laboral, en lo económico y en lo anímico- con la más fea, que se llama Crisis. ¿Hemos pensado que aquí sobran voces que diagnostiquen y faltan voces que apunten soluciones? Esto es como diez personas rodeando a un moribundo y nadie es capaz de decir algo más que “qué malita cara se le está poniendo”. Y España está ya a punto de copiarle al pobre Paquirri sus palabras en Pozoblanco: “¡Llamen al doctor Vila!” Lo malo en nuestro caso es que no sabemos si el doctor Vila existe. Y por si faltara algo, en Madrid suena una de espionajes… Y todavía no hemos salido de enero. Saludos. Antonio Una participación Un mes lleva sobre un pedestal de frío la estatua de nieve del invierno. Y nosotros, más encogidos que una culpa, incapaces de coger el paso en este territorio de mercurios agachados. Tengamos la esperanza en que seremos otros cuando la luz se haga. Si los duelos con pan son menos, la crisis con luz debe de tener otras hechuras, eso espero, que nosotros tenemos demostrado que nos alegramos con el sol como se alegran los lagartos. Mientras el sol llega, cueva y calorcito donde lo haya. Y desde hoy, a mirar la participación. Sí, participación. En estas tribus —y en la tribu principal, la capital—, hay mucha gente dada a comprar participaciones de lotería, unas veces por emplear los euros de un décimo en diez números a dos euros, y otras porque hay una costumbre de jugar así, como si nos conformáramos con poca cosa, a pesar de las necesidades. Pues la participación de que hablo no ha sido comprada a capricho, es lo que podemos jugar en la Lotería Obama. Los Estados Unidos llevan casi todos los números, y hay países, como España, a los que les permiten jugar, pero no un décimo sino participaciones. O sea que el Gordo no va a caer nunca aquí, el Gordo, si cae, cae allí. Aquí disfrutaremos de lo que toque en esa participación. Si toca. La tarde de ayer parecía una mañana del 22 de diciembre, los televisores encendidos, las radios, Internet… Y los periódicos de hoy. Todos los medios se centraban en lo mismo: Obama, nuevo presidente de los Estados Unidos. Ya ha salido el número, ya sabemos que lo llevaba en la mano ese muchacho nieto de la negritud que tiene limpia mirada y al que ojalá la suerte le acompañe. Ha salido el número, el premio lo iremos viendo poco a poco, que no lo sueltan de golpe, ni sabemos siquiera si será premio o una ilusión que va desvaneciéndose con los días. Lo que me extraña es que algunos hayan celebrado el nombramiento de Obama como si fuera el de su hijo. Algunos creen que Obama es el Gordo que nos va a tocar, y si resulta Gordo —que ojalá resulte—, aquí nos caerá lo que le corresponda a la participación que tenemos, y mejor será que la cuidemos bien, que después nos ponemos chulos y nos creemos que llevamos un billete y nos pasa lo que ya nos ha pasado, que ni nos reciben. Bienvenido sea Obama, y seamos amables con él, que nos interesa. Si lleva el Gordo en la mano y no nos ponemos a despreciar su patria, quizá rentabilicemos esa participación hasta convertirla, por generosidad de Obama, en algo más. Pero para eso hay que saber lo que se tiene, dónde se está y de quién dependemos en algunos asuntos de suma importancia. Cuidemos la participación que tenemos con los Estados Unidos, por la cuenta que nos trae. Obama no es nuestro presidente, ya lo sé, no es nuestro Gordo, pero a quien nos puede ayudar conviene más tenerlo contento que desconfiado. Vamos con Obama Hola, queridos amigos. O ando mal de memoria o nadie aquí ha hablado de Obama. Ni yo, claro. Pero dado el interés que despierta la figura de quien será esta tarde nuevo presidente de los Estados Unidos, me gustaría saber qué opináis de él. En España, ya lo sabemos, se hacen muchas cábalas. Los hay a favor y en contra, como ocurre siempre. ¿Qué les parece Obama a los de esta casa? Cualquier cosa será, por razón de tiempo, un prejuicio. Pero por apostar que no quede. Dentro de unos meses recuperaremos nuestros escritos de ahora, y veremos quién se acercó más al acierto. ¿Os parece? Pues… hagan juego, señores. Un saludo. Antonio Soraya y Solbes El gastado telón del viejo teatro, en una calle rayana a la zona donde las meretrices apostadas en las esquinas guiñaban en la noche como apagados faros de la tentación, resultaba el tabique que daba, visto desde el gallinero, a la alcoba donde ella, el sueño, andaría probándose nerviosas lentejuelas que la dejaran en escena con el cuerpo de una sirena a medio escamar. Subía el telón y en esa acción los muchachos veíamos algo de vestido subiéndose. Nos habíamos vestido de lujuria y en los ojos nos habíamos colocado una premonición de muslos entregados. Aparecían mujeres hermosas y hombres estilizados que, mezclados, dejaban en el baile un retrato andrógino. Un poco de humor, otro número, hasta que la música y cien luces llegadas de la galaxia del pecado nos mostraban a ella, la vedette: dos piernas como dos cucañas lubricadas de ojos por las que soñábamos subir a conseguir el premio del forestal rincón imposible. Una faldita mínima dos tallas de largo menos que las bragas, y un me agacho aquí, me agacho allí -siempre de espaldas al público, mostrándole inocentemente descuidada el pecado redondo-, en algunas sombras del teatro se oía la respiración enfurecida de los sátiros. Al final, más lentejuelas que carnes, más vestido que naturaleza. Pero la imaginación había recorrido todos los caminos tapados en aquella provincia del deseo. Soraya Sáenz de Santamaría (madre de Dios) ha posado y, quizá sin quererlo, nos ha devuelto a muchos aquella vieja escena a media luz de las vedettes de los 60. Oculta más que enseña. Quizá lo más sensual sean sus pies desnudos, aunque los ojos hechos a aforar tras las telas hacen cálculos de aproximación decimal. Y un grito enfurecido, de sátiro de clausura o de decentes que no se atreven a ser sátiros, se oye en las plateas de España. En otras páginas, Solbes, vestido de entrecrisis, bebe el amargo trago del agua migada con números tristes. Suena el silencio. Y enseña, y todo lo que enseña es malo; y algo más desalentador, que lo que oculta es peor que lo que enseña. Me quedo con Soraya. Al menos, mirándola, no se nos muere, como con Solbes, la libido. Amigos y algo de actualidad ¡Qué alegría me da la acogida que le habéis ofrecido a mi querido Fuentes! Gracias. Merece esa acogida y más. Por cierto, preguntadle por sus libros, que ya ha publicado varios, y el último es sobre una aventura muy interesante (sería buena idea que colgara aquí algunos párrafos). Pregunta Amaya por Martini. ¿Dónde andas, Martini? Te queremos aquí, solo o con hielo (no te va a faltar, con la que ha caído), y si puedes, te traes a la chica que te anunciaba, la que iba con patines… Lo digo para que no tenga que andar… ¿Y nuestro amigo “chileno”? Es que con toda la comida que nos han servido algunos (María Isabel, Libia y otros), sobra comida, y hay que darle salida. Y ¿no vamos a mandarle unas palabras de calor a nuestro amigo Cecilio Callejón, que anda el pobre en Suiza, con más frío que un gintonic? Y a ver qué opináis (a mí me podéis leer mañana en ABC sobre lo que pienso, y hoy lo he comentado en “Herrera en la Onda”) de las fotografías de Soraya Sáenz de Santamaría (Madre de Dios), el revuelo que se ha formado. A ver, quiero ver aquí lo que opinan todos, y más (o no), las mujeres… Tiempos de crisis, invierno de temperaturas bajo cero, y ese vestido propio del mes de julio, descalza… ¡ojú, qué frío! (¿Recordáis, Amaya, Isabel, Libia, los versos de José Hierro de los andaluces en el norte: “Decían “¡Ojú, qué frío!” No “Qué espantoso, tremendo, injusto, inhumano frío”. Resignadamente: “Ojú, qué frío”. Los andaluces”?) Aquí quiero ver vuestras opiniones. Repito: mañana en ABC -en Sevilla y en la edición nacional- podéis saber la mía. Os dejo mi abrazo amigo. Antonio Para todos los gustos Querido José Fuentes, no te salgas de la casa si nadie te ha dicho “vete”, ni te lo dirá. El que creas que tus comentarios -como otros, míos o no- no hayan despertado el interés que suponías, no debe hacerte creer que no son interesantes. Claro que lo son, como todos, hablen de compromiso de los intelectuales o de unas papas con costillas. Todo aquí -todo lo que llegue con respeto- tiene cabida. Ojalá este blog se convierta en “La Casa de la Palabra”, como leí una vez a la puerta de un edificio en Guinea, en un reportaje televisivo. Cabe, pues, tu palabra, Fuentes, palabra que sabes que es muy bien acogida por mí y por muchos. Y si alguien no está de acuerdo contigo, quédate y sigue escribiendo hasta que se consiga el entendimiento. Porque si decides irte por “molestar”, poco podrás hacer con las muchas palabras que te quedan por escribir. Nadie, hasta ahora -que yo sepa-, se ha molestado contigo. Y si te conocieran, menos aun. Lee a Amaya, tan “mediadora” siempre, una magnífica prosista y una excelente poeta. Ya la leerás. Un abrazo. Ahora escribo en dirección a la Sierra Norte, para Alanís. Nuestro amigo -¿te llamo alanisense o “mojino”?- me habla de su castillo. Hermosísimo, querido amigo. Si Alanís parece venir de Al-Haniz (”la tierra fértil”), el castillo parece haberse posado allí de algún sueño. Pero hay que cuidarlo un poco más (te hablo de cómo lo vi hace varios años). Y háblanos del buen aceite que tenéis, y de la ermita, y del río, y del ¿Monte del Cura? Otro abrazo. Antonio Mejor la tribu Él los llama «inventos», aunque en la mayoría de los casos suenen a disparates o sean disparates. Pero El Cangui los tiene apuntados, y no sólo palabras sino frases, giros, dichos mal aprendidos y mal empleados. A él le encanta eso de «más negro que la nácar», «retorsiones de barrigas», «indiciones por la boca» y «vía vegetal» (por Vía Digital). Los va apuntando porque dice que nunca se sabe. Lo primero que apuntó, según dice, fue cuando por la tribu vino un tío de por ahí que se las daba de sabio, un sinvergüenza que se aprovechó del personal para tirarse un día de vinos sin pagar un duro. El tío, al darse cuenta de que en la taberna sólo había paisanos medio analfabetos, dijo que había vivido en Francia y que el francés era la lengua más sencilla del mundo, ya que todas las palabras eran como las del español sino que terminadas en «fo», de manera que el vino era «vinofó», el pan, «panfó», el coche, «cochefó»... Y uno de los paisanos que lo estaba oyendo, asintió y dijo: «Lo que ese hombre está diciendo es verdad, porque el médico se ha comprado un coche y dice que es un “coche Fo”, y el médico no miente». Así que desde el asunto del Ford del médico, que al disparatado que contaba lo del francés terminado en «fo» le vino de perilla, El Cangui apunta esas curiosidades de la lengua. Donde El Cangui dice que no llega es a apuntar lo que habla Magdalena Álvarez: «Porque no es lo mismo. Sí, aquí puede salir una mujer, como oí yo un día, que diga “el cólico portal” y tú sepas que es el código postal; y te puede salir alguien que te diga que tiene dolores de “asiática”, y tú lo entiendes, y lo entiendes si te dice que ha escuchado cantar a no sé quién en “UCD”, y tú sabes que no habla de aquel partido de Suárez sino de “un CD”. Pero lo de esta mujer es imposible, porque no hay coordinación. Para que tú me entiendas, esta mujer aprende a hablar con signos y todos los días se echa dos o tres nudos en los dedos». Cierto, Cangui, mejor la tribu, porque al menos en la tribu hay gracia en las aproximaciones del lenguaje, que tú y yo sabíamos a qué se refería Serafín cuando nos dijo aquella frase inolvidable: «Ahí vengo del médico por lo de los dolores de cabeza. ¿Y sabes una cosa? ¡Hay que vé lo bestias que semos aquí! Toa la vía diciéndole a esto de aquí atrás de la cabeza la “nunca” y ma dicho er médico que se llama “la parte ocidentá”». Mejor la tribu, Cangui, es cierto, mucho mejor. Tú oyes a la ministra y no sabes si lo que dice son unas declaraciones o se está quedando contigo con un trabalenguas. Y es lo que tú dices: «Lo malo no es que piense más ligero que habla; lo malo es que razone como habla, que como en la forma de pensar tenga ese lío, cualquier día hace verdad lo de la copla ésa, y veremos que «por el mar corre la liebre y por el monte las sardinas». Mejor la tribu, sí. Crisis en crisis Hay quien supera una enfermedad y después se cuida tanto que consigue un estado de salud mejor que el de antes de caer enfermo. Esto de verle las orejas al lobo tiene sus ventajas, sobre todo si cuando se las vemos estamos a tiempo de salir vivos de sus dentelladas. El pasado año no nos creímos las voces que advertían del desastre, y cuando vinimos a darnos cuenta estábamos rodeados de ERE y de suspensiones de pagos. No hay nada como un cheque devuelto, una hormigonera parada, un cierre o una rebaja en el sueldo para empezar a verle la cara a la crisis. Nos mordió el lobo. Quienes hemos salido vivos de aquella carnicería, ahora no salimos al campo sin la armadura. El gato escaldado huye del agua caliente y nosotros huimos de todo lo que suene a inversión, gastos extraordinarios, lujos frecuentes, préstamos, riesgos... De pronto, quienes éramos derrochones de lo mucho, nos hemos vuelto administradores de lo poco. Ojalá, como en el dicho popular, de lo mucho falte y de lo poco sobre. No nos creímos el anuncio de lluvias, salimos a la calle sin paraguas y volvimos a casa empapados. Ahora no nos fiamos ni del sol ni de los días azules, y salimos con el paraguas aunque anuncien ola de calor. Paraguas, impermeable, botas de goma... Por si acaso. A este paso vamos a conseguir que la que entre en crisis sea la crisis, lo que sería magnífico. No hay nada para aprender como la experiencia. Y del «ya será menos» de ayer, hemos pasado al «No me fío» de hoy. Las cigarras se han convertido en hormigas y hemos iniciado un camino de sensatez -eso creo- que empalmará con otro de gastos cero, llegará a un cruce de austeridad impensable y ojalá desemboque en un diciembre en el que hemos salvado el pellejo y aun tenemos salud para tirar otro año. Hay quien llega pronto a pobre desde un derroche de la riqueza y quien llega a rico desde una buena administración de la pobreza. Ojalá hayamos aprendido que la mejor lotería es una buena economía. De vez en cuando, a la buena salud le viene bien una tos rara para que no abusemos. Y la mejor manera de vencer una gran crisis es poniéndonos más críticos que ella. A la fuerza ahorcan. Gratitud y alegría Mis queridos amigos… Muchas gracias por vuestras rápidas y múltiples respuestas a mis invitaciones. Gracias a los que lleváis tiempo en la casa -Amaya, María Isabel, Carmina, Libia, Curro, Agustín, Francisco José…- y gracias a quienes están llegando, tan amistosamente, a nuestro mundo de amigos y palabras. Ayer me llevé una gratísima sorpresa: Pepe Orquín. Mis queridos amigos, Pepe Orquín (don José Orquín) es un buen amigo serrano de Aracena (Huelva), fue alcalde -me dicen quienes lo conocieron en el cargo que fue un magnífico alcalde- de su pueblo; hombre culto, magnífico conversador, simpático, cercano, amable, generoso… Pepe Orquín, en un velador en el ¿Bar Manzano, Pepe? me enseñó cómo se consigue, con un vasito de agua y medio de aguardiente, la “palomita” (que nos lo explique aquí), me dijo que en parte de Huelva al aguardiente se le llama “manguara”, derivado de “man-water” (agua de hombre, por lo fuerte), como lo llamaban los ingleses que trabajaban en las minas onubenses, y me dijo algo más: cómo le llaman allí, en Huelva, al sauce. Lo llaman “desmayo” y me parece un nombre bellísimo, amén de responder fielmente al aspecto del árbol. “Desmayo”; precioso, querido Pepe. Que no “desmayen” los amigos en esta casa común de los felices, que cada escrito, venga de donde venga, es una nueva alegría, una nueva forma de luz en esta estancia. Gracias, amigos. De “autobús ateo”, “acento” andaluz y otros asuntos Mis queridos amigos. ¡Estoy más encogío que una cañaílla! Mira que me gusta la lluvia, y mira que prefiero un repeluco a un achicharramiento, pero de vez en cuando se necesita la luz, que la luz no se nos vaya durante mucho tiempo. ¿Cómo lleváis enero, con “todas sus consecuencias”? Digo yo que tendremos que hablar del “autobús ateo”, qué pensamos (yo digo que no estarán muy seguros los que han escrito eso, porque si yo, por ejemplo, te animo a que robes un banco, si no quiero que te estrelles, no se me ocurre decirte “probablemente no haya policías dentro”, o te digo que te la juegues, a pesar de la poli, o te digo que te andes con cuidado, porque si tomamos la frase también podríamos decir “Vive libremente tu vida, aunque no estamos seguros de que Dios no exista”); de modo que me gustaría leer vuestra opinión al respecto. ¿Y qué me decis de la del “acento andaluz” y la cola que ha traído? A ver, andaluces y de otros sitios, ¿qué tenéis que decir? Por cierto, todavía estoy esperando las coplas de nuestro amigo, el que nos dijo que él tenía más coplas que nadie. Será verdad, no lo dudo, pero, contri, no suelta ni una. Libia, tu aceite, de “escándalo”. ¿Y María Isabel, ha salido ya de las nieves? ¿Y Amaya, se nos ha quedado helada en El Retiro? Repito: ¡Estoy más encogío que una cochinilla de la humedá! Abrazos. Ánimos, ya falta menos para el tiempo de la luz… De nieves y coplas Hola, amigos. El nuevo amigo “Anyeo Tesillo” nos dice que sabe más coplas que nadie. Estaríamos encantados -¿a que sí?- de leer algunas de las que nos mande. Anímate, “Anyeo”, hombre, y manda coplas, si es posible, que no conozcamos. Como también me encantaría recibir vuestras noticias de la nevada, si os ha caído o recordáis alguna. De modo que “blanqueemos” el blog con copos…, aunque los hay que se toman estas nieves como si fuera la primera vez que hace este frío en un enero. Nuestra amiga Libia, que también sabe mucho de nevadas, nos lo podrá contar; y nuestra amiga María Isabel, que me consta que en su Granada la encaneció la nieve. En fin, bienvenida cualquier crónica “blanca”…, o de otro color. Abrazos cálidos, que ahora vienen bien. Antonio Una carta Amigo: Os dejo esta carta que he recibido de un amigo de esta casa. Es posible que entre nosotros haya alguien que la firme con él, aunque me llegue sin firma. “Queridos Reyes Magos: No sé si me recordarán: soy el lejano niño aquel que medio aprendió a escribir en este ruego epistolar, hace ya tantos años… Sí, el que pedía todo lo que no recibió y que se conformaba -bueno, se conformaba…- con lo que le decía su padre: “Los Reyes no habrán dado con el pueblo, hijo. Este pueblo está muy lejos”. Yo no me conformaba, porque a los vecinos ricos de la calle sí que les traían cosas, las que pedían y las que ni podían imaginar, que no sé cómo a mí no me traían siquiera lo que ellos no esperaban y les sorprendía. Soy aquel niño que todos los años, sin perder ni una hoja de esperanza, volvía al papel, a la tinta, al ruego, al buzón (¿en qué valija del aire están, esperando respuesta, todas las cartas de niños pobres de la historia?)… Magos de mi infancia, benditos y siempre perdonados Magos de mi niñez, aquella niñez que al final acababa siempre igual: jugando en el corral, en un montón de tierra, con sus propias manos, unas manos que querían hacer todo lo que hubieran hecho los regalos que nunca tuve. Mis Reyes, como no había noticias de ustedes, fueron los niños que se cansaban de sus juguetes, que los daban, averiados, pero los daban. Y yo convertía mi juego en un país de inválidos que me hacían feliz. Soy aquel niño que si bien no lloró nunca al ver su ventana sin los juguetes pedidos, lloró cuando alguien le dijo que los Reyes eran los padres… Y es que, por pobres que fueran ustedes, más pobres eran mis padres, y a mis padres sí que no podía yo pedirles aquel mundo de los escaparates del pueblo: una escopeta, un balón, una bicicleta… De modo que lloré por pobre, no por ser un niño sin juguete, no porque los Reyes no dieran con mi pueblo. Lloré como lloro ahora, Reyes Magos de mi edad adulta, Reyes Magos de todos los 6 de enero vividos con conciencia. Y no lloro tanto por lo que no me traen como por lo que se han llevado las estrellas, el viento, el río, el tiempo. No sé también si ustedes saben que mi infancia quizá duerma en una de esas cajas de la vuelta a Oriente, en cualquier bulto de sobra, que hay infancias que saben esconderse entre los juguetes y los sueños y no hay quien las encuentre. Si lo sabré yo, majestades… Les escribo no para que me traigan lo que nunca me llegó, sino para que me devuelvan lo que fue mío, mío, egoístamente mío, y que se me perdió en las huellas de sus camellos, en los sueños de Navidad, en los caminos blancos y fríos de diciembre, de enero, cuando la yerba pinta el campo para los hombres del campo y para los poetas. Quisiera hallar en la ventana del 6 de enero -o en la ventana de cualquier día, miren si les doy facilidades- la voz de mi padre, sus ojos, su sonrisa, el calor de sus manos, su aliento, siquiera el olor de aquel rey mago de todos los días de mi vida, que siempre vino cargado con la bondad y una mirada de esperanza. Quisiera recuperar el tiempo, el tiempo de mi infancia -sin juguetes, sin lujos, sin desahogo de familia pudiente- en el campo, en las calles abiertas del día, en los ratos largos -aquellos ratos en los que un niño podía cumplir años dos veces- del juego en libertad, los días del camino a la escuela en busca de la aventura de hallar una palabra nueva, una nueva ciudad, un pasaje de la historia que estaba al volver la página del libro recién abierto. Escribo con esa esperanza, la de hallar lo perdido, lo arrancado sin que apenas me diera cuenta. Quiero hallar las voces de mis amigos que se fueron una tarde entre dobles y rezos, unas coronas y un olvido que empezó a madurar apenas se puso el sol sobre las tapias del cementerio… Quiero que me traigan las noches frías de la familia unida y reunida, que se cerraba la puerta de la casa y era como cerrar la mano: todo quedaba dentro. Quiero los días de sueño, la imaginación desnuda, aprendiendo a andar por las palabras, las ideas, las luces del día, la lluvia, la tierra, la noche… No quiero pensar que perderé para siempre todo lo perdido. Debe de estar en algún sitio, majestades, Reyes Magos amigos. Tráiganmelo, ahora que los días distintos empiezan a contar ausencias, sin piedad, y descubrimos que estamos más solos de lo que creemos. Tráiganme los ojos, la voz del recuerdo travestido de olvido, el recuerdo que golpea en las paredes del corazón, de la memoria. Tráiganme los días felices, idos, lejanos, ¿perdidos?, míos, que los siento aquí, donde la verdad no admite rincones para que la escondamos. Tráiganme silencio, paz, concordia, inocencia, fe, ilusiones… Les escribo para que me traigan todo eso, y más, las viejas palabras gastadas que alguien conserva todavía a la orilla de una esperanza… A cambio, llévense la edad, el triste saber del camino andado, los años de camino, esto que llaman valor de la edad, la posición, la holgura, el reconocimiento social, el mentiroso éxito de lo diario, de lo que no podrá ser eterno nunca, o sea, estas hojas falsas de este árbol de plástico en que se ha convertido el esqueleto. Porque también les escribo para que recojan esta equivocada cosecha que soy. Para que se lleven todos estos trabajos, todos estos muebles, todos estos bienes, todos estos logros, todos estos fracasos que llaman triunfos… Quiero lo perdido, que es lo más deseado, “se canta lo que se pierde”, dijo un poeta de la tierra. Porque ya, majestades, nada de lo que tengo me puede hacer del todo feliz. Porque ya todo esto que soy depende de lo que tuve y no tengo. Y ya nada de lo que ayer buscaba y hoy he hallado, tiene el sabor de la búsqueda. Yo buscaba esta edad, estos trabajos, esta casa, estos muebles, estos días míos con otras gentes, por un camino que no es éste, con una ilusión que no es ésta. He llegado, más o menos, al sitio que pretendí, pero no están quienes yo soñaba que estuvieran conmigo para celebrarlo. Esto ha sido despertar y no hallar del sueño más que el aire amargo de la ausencia. Por eso pido mi niñez, mi tiempo, siempre ancho, los míos, quienes estaban conmigo construyendo este sueño. Pido me inocencia, mi fe, mi ilusión. Pido el niño que no se me muere, el que se entristece cuando me ve mayor y peor que solo: lleno de ausencias terribles. Pónganme en la ventana de cualquier día -sigo dando facilidades, ya ven- cualquier día de aquellos en los que yo creí que el despertar de los sueños tendría los mismos personajes que el inicio. Busquen entre esos bultos; es posible que, escondido entre una ilusión y una esperanza, unas cartas de torpe trazo y una fe, hallen un chiquillo que creyó en todo una vez. Incluso, y a pesar de todo, en ustedes.” Reyes Enero 5, 2009 Hola, amigos. Perdido por la Navidad entre trabajo y virus (no del ordenador sino míos), renazco en 2009 para pediros algo: En respuesta a que nunca los Reyes Magos nos trajeron todos los sueños (si hay algún elegido, lo celebro), seamos nosotros Reyes Magos que llevemos a los demás lo que creemos (y sabemos) que necesitan. Que la ilusión que esa gente tiene puesta en nosotros no se desvanezca mañana al amanecer. No perdamos la ilusión de ilusionar, ni tampoco de ilusionarnos. Un abrazo. Antonio Como todos, no Los amigos se lo advertimos aquel día que el niño le dio un puntapié en la espinilla porque él se resistía a darle dos duros para un polo. Ni le dio el cachete que el niño merecía y acabó soltándole los dos duros. Cuando le dijimos que ése no era el camino, dijo: «Es como todos los niños…». El niño, hijo único, creció entre los mimos de sus abuelos y la lenidad de sus padres. Destacaba en todo, es cierto, pero en todo lo malo. El último en hacer los deberes escolares o el primero en no hacerlos, y cuando el maestro le dijo a su padre el plan del chaval, el padre respondió lo mismo: «Es como todos los niños…». El numerito que montó el niño el día de su primera comunión fue más propio de bandolero que celebra borracho un día de botín: se pegó con dos niños, le tiró un vaso de chocolate a una de sus primas sólo porque ésta le dijo que no podía ser malo, porque acababa de comulgar, se entretuvo en tirar de un mantel de papel y volcó todo lo que sobre la mesa había… Y el padre, y la madre, como siempre: «Es muy travieso… Es un niño del que no hay forma de hacer carrera. Y es bueno, muy bueno. Pero, claro, tiene la edad que tiene… Como todos los niños…» Otro día, un par de años más tarde, los amigos le avisamos al padre de que el niño andaba con otros amiguillos golfeando por las calles, metiéndose con la gente, arañando coches y echando petardos en los bares, petardos que explosionaban bajo los veladores de los clientes. El padre, ya con mala cara, como diciéndonos que nos metiéramos en nuestros asuntos, nos dijo lo mismo: «Todos hacen lo que él y sólo a él le echan la culpa.» El día que el director del colegio lo llamó para decirle que su hijo había entrado la noche anterior en el colegio, tras romper el cristal de una ventana, y había robado algunos útiles, el padre contestó que si estaba seguro de lo que decía, y el maestro le dijo que le contaba lo que le contó un vecino que lo vio entrar. Cuando el padre fue a reñirle al niño, madre y abuela lo defendieron a muerte, y el padre por poco tiene que pedirle perdón al chaval y aun aguantó los insultos del hijo. La adolescencia del niño tiene cabida en cualquier biografía de chorizo de película, que el día que no había robado una bicicleta, lo pillaban fumando droga en las afueras con otros de su calaña. Motazos infames por las calles, litronas como compañía, un par de chavalas a las que pegó porque no se prestaron a sus intenciones sexuales… Ni estudios ni trabajo: holganza y golfería y dinero fresco de manos de su madre, su abuela y aun su mismo padre. Ayer, día de año nuevo, me encontré con su padre, triste, abatido: «Ahí vengo de la cárcel, de ver a mi hijo. Lleva seis meses. Intentó atracar un banco y lo han pillado. Ha arruinado mi vida.» Sí, y él, la del hijo. Él fue el único que no quiso ver que su hijo no era como todos. Mudo barro Aún no he sido capaz de montar un Nacimiento como lo soñaba de niño. Cuando tenía tiempo no tenía figuras, y ahora no tengo ni figuras ni tiempo. Me conformo con el misterio, sin más calor que la esperanza, que no sé si ha madurado en metáfora de mi propia vida. Y esta noche, por más que se adorne de tristeza, por más guirnaldas de nostalgia que cuelgue, tampoco quiero montar el Nacimiento con las figuras que han ido muriéndose en el paisaje de mi Belén. No quiero llenarme la memoria de ausentes para siempre, de ausentes muertos. Esta noche, no sé si es porque ya los años se han aficionado a coleccionar ausencias, donde más duele el tiempo es en las figuras que alguna vez –unas, durante muchos años; otras, de paso- estuvieron en el Nacimiento de nuestra intimidad y, por su culpa o por la nuestra, son ya mudo barro de nuestro paisaje diario. Son figuras que viven en otro Nacimiento, quizá junto a nosotros, pero emigraron de nuestro conjunto de figuras por un disgusto, por una riña, por una traición, por una faena, por un choque que dejó lesionados los dos barros, el suyo y el nuestro. A las figuras idas para siempre las coloco en el portal del recuerdo más cálido y más triste; a estas figuras de barro mudo –tan mudo como el nuestro-, barro que pasa indiferente sin querer reconocer lo que fue una vez, barro que es incapaz de volver la mirada, incapaz de rebuscarse en el corazón; a esas figuras las coloco en un triste Belén donde hay mucho de mí. Voy a ese Portal, a ese Nacimiento de palabras que se han negado para siempre, a ese Portal de manos que ya nunca volverán a tenderse con aquella fuerza en nombre de la amistad, a ese Portal de abrazos que nunca más ampararán una relación de mucho tiempo, y voy con la pena de saber que a los dos, a ellos y a nosotros, nos faltó ternura, comprensión, generosidad, humildad, entereza, hombría, o simplemente una palabra para reconstruir el barro. Somos, en ese triste Belén, en ese indiferente Nacimiento de barro mudo, un paisaje lleno de enemistad, o de desamor, desapego, incomprensión, triste Nacimiento sin estrellas, oscuro paisaje por el que deambulamos, ellos y nosotros, procurando no encontrarnos. Un Nacimiento en el que evitamos que vuelva a nacer la esperanza del rencuentro, la ilusión por volvernos a ver, a sonreírnos, a creer en nosotros. Triste Nacimiento nacido de extraños intereses, quizá de envidias, de celos… En ese Nacimiento quizá se amontonen, juntas, cartas de amor y de adioses, cartas de amistad y folios de denuncias o insultos. Es el Nacimiento de lo que fue, el Nacimiento más triste, el que monta la calle, muchas veces, cuando ellos y nosotros coincidimos involuntariamente en el mismo sitio. Qué pena de figuras incapaces de reconocer el amor de ayer, en la misma medida que reconocen la distancia, el odio, el rencor de hoy. Desde un rincón de ese Nacimiento en el que soy rota figura de barro para algunos –un muerto en vida, como lo son ellos para mí-, dejo estas palabras para que mi barro, mudo, como el de ellos, hable siquiera para reconocer que siempre será un error vivir en un mundo de figuras de barro sin palabras. Otro cuentecillo de Navidad Hay mas en mi otro blog http://blogs.abcdesevilla.es/latribudebarbeito/ Mayo Café de mujeres
Cuando en la tribu le llamaban «moderna» a una mujer, Cangui, tú sabes, como yo, lo que querían decir. «Moderna» era aquella mujer forastera que pasaba los domingos del verano, con su marido, camino de la playa, empernacada en el asiento trasero de la moto, con pantalones; «moderna» era la muchacha que pasaba conduciendo un Seiscientos y dejaba ver, a los ojos sátiros de quienes estaban en los malecones de los bares, cuatro dedos de muslo; «moderna» era aquella maestra de escuela de la que decían que habían visto fumar emboquillados en no sé qué fiesta; «moderna», en fin, Cangui, era cualquier mujer que siquiera rozaba los territorios escriturados por el macho. «Moderna» era la que se atrevía a entrar en una discoteca de Sevilla, y «moderna», peligrosamente «moderna» era la que osaba entrar a un bar sin la compañía de su marido o su novio, que una mujer así de suelta no estaba bien vista ni entre las propias mujeres: «Sí, parece buena, pero es demasiado moderna…» Tenía que ser un día de fiesta muy celebrado, y a plena luz del día y en la calle, para ver a dos o tres muchachas solas sentadas junto a un velador tomándose, claro, un refresco, que si además tomaban alcohol, malo, «moderna» al canto. Quizá fueran las muchachas de mi generación las que empezaron a romper el bardo que daba a los terrenos del macho. Amparadas en alguna forastera que viniera a pasar el verano desde la capital o de algún pueblo mayor y más tolerante, algunas muchachas de mi adolescencia se atrevieron a ocupar veladores y a pedir cerveza y aun a darle un par de caladas a un cigarrillo. Pero se la jugaban, ya ves la canallada, Cangui. Cuando la primera abrió la trocha, las mujeres empezaron a ir a los bares cuasi con la misma naturalidad que los hombres. Y así, hasta hoy, que a eso voy. Hablaba el otro día con mi alfajeme sobre la crisis, y me dijo algo acertadísimo, que las mujeres son las que están salvando de la crisis a muchos bares. Me contaba el maestro que por las mañanas, a la hora del desayuno, grupos y grupos de mujeres ocupan veladores en los bares, quizá más que ayer los ocupaban los hombres. Dice que aprovechan cuando vuelven de llevar a sus hijos al colegio y en vez de meterse en casa, deciden desayunar en público y con amigas. Y hacen muy bien, Cangui. Viva la modernidad femenina que incluso colabora en tiempos de crisis. Siempre el milagro de la mujer. Y deja que digan.
Por el poder
El ansia de poder, como el poder mismo, debe de ser algo enfermizo, si no, no se entiende el esfuerzo de algunas personas por conseguirlo o conservarlo, y no hay más que ver —salvo excepciones— la tristeza de esas personas cuando lo pierden. Miremos a los políticos cómo pelean sin desmayo por retener el poder o por dar el salto al sillón. Nadie nos quiere más que nosotros, pero ellos hablan como si les interesáramos más que su propia vida, más que su propio bienestar. No, no es así, por más que no salgan de su pregón de siempre. Pretenden el poder, no perderlo, lograrlo, recuperarlo. Ahí están, como siempre, como si fueran futbolistas de dos equipos que han jugado un partido y después se van de copas; como boxeadores que se machacan en el ring y cuando acaba el combate se abrazan. Han conseguido que veamos sus intervenciones en la televisión como una competición en la que hay que llevarse bien siempre, gane quien gane, pierda quien pierda. Pero que jamás nos cuestionemos la grandeza del poder, ese argumento para seguir en la brecha. La suya. Lo vemos en los primeros nombres de la política nacional y lo vemos en las categorías inferiores en importancia de cargos. No hay más que ver cómo, con tal de mantenerse en el poder, viejos políticos que se subieron al carro de la democracia sin creer en ella, de aquellos que oían nombrar la bandera verde, blanca y verde del andalucismo y decían que eso era cosa de rojos, después, en un acto en el que estaban en el poder, aceptaron himno y bandera con un aparente respeto y aun dando vivas a Andalucía. Y en el otro lado, lo mismo: anticlericales, ateos y blasfemos que, con tal de simpatizar con el pueblo, no sólo se apuntan a conceder medallas a los santos y asistir a cuantas misas les inviten, sino que sueltan vivas a las vírgenes como si no hubiesen hecho otra cosa en su vida. El poder, es el poder. Es la doble moral del poder —o la amoralidad, que dice un amigo—, el juego del vamos a llevarnos bien con todo el mundo, que peligra la nómina de fin de mes y demás beneficios del cargo. Hay quien levanta un imperio a su alrededor a costa del presupuesto público y dice que lo hace para el pueblo. Ya me conozco esa copla —¿por qué no lo hicieron antes, y por qué no siguen haciéndolo cuando no mandan?—, porque se la he oído cantar a muchos, de todas las ideas, que nadie se escapa. Debe de ser algo enfermizo. O algo peor. Juegos de niños Este Gobierno se ha empeñado de tal forma en la igualdad que parece que nos quiere a todos igual… de tontos, de indefinidos, de tibios, ni carne ni pescado, unisex o de doble tracción. No lo sé. Ahora la toman con el juego y dicen que las niñas deben jugar al fútbol y los niños, saltar a la comba, para evitar roles sexistas. ¿Roles? Un Rolex de oro les compraba yo a algunos para que se pusieran en hora con las necesidades del país y las tendencias naturales de los sexos. Ea, niños, venga, a jugar: tú, Pepi, eres el sheriff, o el muchacho, y vosotras, Margarita, Loli y Puri, las ladronas; y vosotros, niños, unos a saltar a la comba, otros a jugar a las casitas y otros a cantar «Tengo una muñeca vestida de azul». Y que Dios reparta suerte. A Enriquito, hace treinta años, lo vio su padre un día jugando a los cromos con sus primitas, y el padre, un bruto redomado que no admitía un delicado en su casta, para quitarle la querencia, se lo llevó con él al campo a que bregara con los mulos y aprendiera a manejar el carro; a la semana se encontró el padre que Enriquito le había hecho a los mulos un collar de flores y al carro le había puesto una trenza de cadenetas de varas de adelfas en flor y le había clavado en la trasera unas estampas de Vírgenes. Hoy, muerto ya el padre, Enriquito vive feliz con su novio en la capital. Si en las manos de algunos cafres de mi niñez hubiesen puesto una muñeca de goma, hacen con ella una pelota, y si a otros les hubiesen dado soldaditos de plomo, para jugar con ellos se hubiesen vestido de madrina de guerra para cartearse con algún soldado, que conocí a uno a quien los Reyes Magos le trajeron una muleta de torero y cogió hilo y aguja de la costura de su madre y se confeccionó una falda estrecha. Y así los niños como las niñas, que había niñas con faldas que en su cuerpo y sus maneras pedían zahones y botas duras, se rascaban la entrepierna y escupían como un gañán y silbaban como un cabrero; niñas a las que para ser muchacho sólo les faltaba que les naciera la barba. Ahora el Gobierno quiere evitar roles sexistas y quiere que los chavales salten a la comba dando chilliditos y las niñas golpeen el balón con la fuerza de Roberto Carlos. Todo sea por la igualdad que se fomenta desde el despropósito y en nombre de una modernidad miope. No van a parar hasta que a los niños les baje la regla y las niñas se operen de fimosis. Duelo de amores Ya ves, ná es eterno, que cantaba Camarón. Cuando íbamos tan felices sólo porque íbamos tan jóvenes y la escasez la tapaban las ganas de vivir, por no tener, no teníamos ni palabras nuestras capaces de conquistar media hora de charla en un paseo o dos horas de silencio en el cine. Tú, tan poco tú que para decirme algo me cantabas una canción —preferiblemente de Eurovisión—, y yo tan poco yo que más allá de la risa y algún taco, hablaba como los muñecos de los ventrílocuos, o sea, movía la boca y las manos y soltaba por mi voz la voz de algún poeta. Versos y canciones, duelo de amores con espadas de amor prestadas. Si querías ponerme impedimentos, ponías vocecita de la Cinquetti y me musitabas que no tenías edad, y si estabas en día de avenate a favor del pretendiente, te ponías en la voz una brocha y gritabas que ibas a pintar las paredes con mi nombre, mi amor, aquel graffiti oral que no pagaba multa y las madres de hijas casaderas consentían mejor que el papel pintado Shark; y yo, que andaba por Bécquer para tratar de curarme del vértigo de la aritmética, en los días de máximo acercamiento a lo más que llegaba era a decirte que no sabía qué te diera por un beso, y en los días tristes, musitaba sin mirarte lo de «…En el mar de la duda en que bogo / ni aun sé lo que creo…» (¡Por Dios, qué alegría de edad!). Duelo de amores con palabras prestadas. Pemán escribió «Estoy acompañado de tantas soledades / que parece que canto con la voz de los otros», y nosotros podíamos decir que estábamos acompañados de tantos extraños que era imposible que nuestra voz sonara a nuestra. Imposible. Ná es eterno. A ti se te rayaron los discos EP de los sesenta y a mí se me iban amontonando dentro los poetas, tanto, que un día escribí algo que creí mío y lo encontré más tarde en una antología de alguien. Tú no lo intentaste, preferías servirme coplas de segunda voz antes que emprender ningún ensayo artístico. Hiciste bien. Años más tarde, yo hubiese podido pedirle noviazgo con carácter retroactivo a cualquier chavala de aquellas que parecían decir «te quiero» en la sala de despertar de la anestesia, y tú hubieses sido la perfecta musa muda de cualquier chaval que empezara a tropezar entre endecasílabos. Todo esto lo pensé antier, cuando Soraya volvía de Eurovisión más perdedora que El Chiquilicuatre y en internet se moría Benedetti. Hoy, tú y yo nos hubiésemos amado por señas. Duelo de Amores Ya ves, ná es eterno, que cantaba Camarón. Cuando íbamos tan felices sólo porque íbamos tan jóvenes y la escasez la tapaban las ganas de vivir, por no tener, no teníamos ni palabras nuestras capaces de conquistar media hora de charla en un paseo o dos horas de silencio en el cine. Tú, tan poco tú que para decirme algo me cantabas una canción -preferiblemente de Eurovisión-, y yo tan poco yo que más allá de la risa y algún taco, hablaba como los muñecos de los ventrílocuos, o sea, movía la boca y las manos y soltaba por mi voz la voz de algún poeta. Versos y canciones, duelo de amores con espadas de amor prestadas. Si querías ponerme impedimentos, ponías vocecita de la Cinquetti y me musitabas que no tenías edad, y yo, que andaba por Bécquer para tratar de curarme del vértigo de la aritmética, te decía que no sabía qué te diera por un beso. Duelo de amores con palabras prestadas. Pemán escribió: «Estoy acompañado de tantas soledades / que parece que canto con la voz de los otros», y nosotros podíamos decir que estábamos acompañados de tantos extraños que era imposible que nuestra voz sonara a nuestra. Ná es eterno. A ti se te rayaron los discos LP de los sesenta y a mí se me iban amontonando dentro los poetas, tanto, que un día escribí algo que creí mío y lo encontré más tarde en una antología de alguien. Tú no lo intentaste, preferías servirme coplas de segunda voz antes que emprender ningún ensayo artístico. Un día, pasados los años, yo hubiese podido pedirle noviazgo con carácter retroactivo a cualquier chavala de aquellas que parecían decir «te quiero» en la sala de despertar de la anestesia, y tú hubieses sido la perfecta musa muda de cualquier chaval que empezara a tropezar entre endecasílabos. Todo esto lo pensé antier, cuando Soraya volvía de Eurovisión más perdedora que El Chiquilicuatre y en internet se moría Benedetti. Hoy, tú y yo nos hubiésemos amado por señas.
Mayo de desmayos
Mis queridos amigos. Bueno, veo que Yamayor podría llevar, perfectamente -y, claro, mejor que yo- la “administración” de esta casa. Eso es lo que yo quería, que fuera tan de todos que nadie se sintiera dueño exclusivo. Tras el repaso de incienso -merecido, ojo- a nuestra querida Amaya, hemos entrado en el “besamano” de Yamayor. Me sumo. Gente así me gusta, como todos. Y celebro mucho que dejéis de vez en cuando versos, porque esta casa nace como un verso suelto deseoso de cópulas de ritmo y rima. Cuando empezamos, que éramos cuatro -mis Curritos, Amaya, María Isabel, Carmina, Libia…- alrededor de la palabra, quizá no pensáramos que esta casa común de la izquierda, de la derecha, del centro, de creyentes y descreídos, hombres, mujeres, sería un Club de la Palabra tan hermoso, tan plural, tan discrepante, a veces, como debe ser. Ojo, aviso para navegantes: no se aceptan insultos, y lo digo por si algún “entrante” ve que no he publicado su texto, pero aquí no se viene a tratar de ofender a nadie, y, además, el altísimo nivel de la mayoría impide palabras torpes que lo dejan todo perdido. A ver, ¿cómo veis la crisis, y, sobre todo, cómo creéis que seguirá? Se aceptan testimonios de afectados, que, en diferente medida, creo que somos todos. A mí, desde luego, me ha afectado, si no en el trabajo diario, sí en algunos extras que estaban pendientes… Pero, en fin, vamos a otra cosa. Asunto Marta del Castillo: ¿No os habéis preguntado, como yo, por qué nadie le llama la atención al padre de Marta cuando dice lo que dice, y señala, y habla de “alguien más”, y de “pruebas concluyentes”? ¿Saben más de lo que dicen y el padre anima a que se sepa todo? ¿No le dicen nada por respetar su dolor? ¿Lleva razón Antonio del Castillo? Asunto píldoras abortivas, mi opinión: qué pena que a una niña de 16 años, con la de cosas que se le pueden enseñar, le pongan a su alcance posibilidad de aborto sin necesidad de consulta en casa y encima las pastillas del mal llamado “día después” las puedan comprar en la farmacia como si fuera bicarbonato. Posiblemente la razón esencial, con matices, esté bien intencionada, pero hablo de las formas -”el gesto”, que decía Cyrano-, esa manera tan “a la pata la llana” de algunos políticos. Y la violencia: me da miedo esta creciente violencia, la facilidad con la que se insulta, se zahiere, se hiere, se mata… y se vuelve a matar. Dije una vez que las navajas tendrían que morir al abrirse, o al sentir que las empuñan manos que se llenan de intención de muerte… “Pez sin escamas sin río…” Ay, los cuchillos. Es una pena que “bellas de sangre contraria”, las de Albacete sean ya un esperanto de la violencia. Quizá esto demuestre lo falto que andamos de palabras, que la pobreza del lenguaje puede llevarnos a “hablar” con cuchillas de doble filo. Y viene el Rocío. Me encanta el Rocío. Mucho más el fenómeno humano que otra cosa, pero me encanta. Llevo muchos años yendo, y para mí el mundo del Rocío es ya un país efímero y ambulante donde tengo muchísimos amigos, y un abrazo en esos días renueva la vida. He ahí el milagro. También tengo ausencias notabilísimas, y con ellas voy por la aldea, con su recuerdo, hablando con palabras de entonces, como en un conjuro íntimo y entrañable. En fin, que os tengo mucho cariño, amigos. Un abrazo. Antonio Ánimo en cuarentena
El que la copia…
Mis queridos amigos: Esta mañana me he llevado una sorpresa al leer una colaboración en prensa, en El Mundo. Leía “La tronera” de Antonio Gala, a quien admiro, y no sabía cómo reaccionar, creí que soñaba o que estaba en un tremendo error. Su colaboración (podéis verla en la edición de papel o en la digital) la titula “Morir de mejoría”. Hbalaba de Zapatero, de su optimismo, y terminaba diciendo que, al ver el optimismo del presidente, se había acordado de una copla “que lei hace años de un indeciso”. La copla dice: “Tanto miedo le tenía / a decir que emnpeoraba, / que él solito se engañaba / y murió… de mejoría”. Bien, muy bien. Muy oportunos título, idea y copla… si no fuera porque una semana antes, el 31-III-09 (buscad en Google “barbeito+morir de mejoría”, este servidor no hubiese publicado una columna con el mismo título, la misma idea y la misma copla final. Tras la sorpresa, me he reído como nunca. ¿Sabéis una cosa? La coplilla que el señor Gala dice haber leído “hace años” la compuse… ¡mientras escribía el artículo, el mismo día 31-III-09! Pero permitidme que me sienta feliz: no todos los días tiene uno la ocasión de que un personaje mundialmente conocido como Antonio Gala le fusile una columna. A sus órdenes. Y si necesita más coplillas “de hace años”, se las hago ahora mismo. Gracias
Amigos míos…
¿De vacaciones de Semana Santa? ¿Cómo la hemos vivido? Y ahora, de vuelta, ¿qué España nos encontramos? Ya vemos: uno quiere que trabajemos dos años más, y lo raro es que eso se lo dice a un país que tiene cuasi cuatro millones de parados… “¡No dos años, dos meses siquiera!2, le habrán dicho algunos. Yo, desde luego, no quiero durar tanto trabajando, porque además ya sabéis (al menos, el amigo yamayor lo intuye) que servidor no es un paradigma de fatiga laboral. Yamayor, uno de nuestros invitados, parece dispuesto a hacerme trabajar más días y más horas en este blog, como si fuera un tajo, una obligación. Todos, querido amigo, no tenemos el mismo tiempo para hacer cuanto queremos. Pero me apetece que hablemos de algunos aspectos de la actualidad: ¿Cómo vemos la situación de la crisis, si plena, aumentada, recortada, sin salida, esperanzadora..? ¿Y la laboral, tan unida a la crisis? ¿Y la económica, tan unida a las dos? ¿Y la política, tan unida a… los intereses de siempre? ¿Y qué me decis de esas prisas con la nueva ley del aborto y la libertad freligiosa, cuando el país pide -necesita- otras soluciones? ¿Tratan, como tantas veces, de conseguir que miremos para otro lado? Y si alguien quiere, hablamos de toros, con mucho gusto y mucha pasión. El domingo de Resurrección estuve en la plaza de la Malagueta, y vi a dos gigantes, Tomás y, sobre todo, Perera. Fue inolvidable. ¿Alguien quiere, mejor, que hablemos de la primavera “rara” que se nos ha venido? Mis plantas, mis flores y mi huerto están de escándalo… Abrazos. Antonio
Nuestra amiga “Amaya”
Hola, amigos. No desvelo su verdadero nombre porque a lo mejor no le hace gracia, pero quiero que sepáis que nuestra amiga “Amaya”, a estas horas, vive unas vísperas que ya son celebración, en su tierra. Algunas personas de allí (ella es natural de Granja de Torrehermosa, Badajoz) han tenido a bien, y le hacen justicia, organizarle un homenaje. “Amaya”, ya ha dejado aquí muestra de ello, es una enorme poeta, amén de una magnífica crítica de Arte. Pues bien, no todos los pueblos son iguales, y si los hay que se olvidan de sus gentes más valiosas, Granja es Granja, y hay que decirlo. Claro que Efi (huy, perdón, quiero decir “Amaya”) es mucha artista. Así que ha viajado desde Barcelona, donde reside desde hace mucho tiempo, y anda ahora gozando del campo, del pueblo, de amigos de ayer, de su calle donde está su infancia y la memoria de los suyos… O sea, anda recorriendo el paisaje de la felicidad. Creo que se merece que nos volquemos con ella desde este blog que ella tanto mima y quiere. Espero que nos sumemos todos a ese homenaje, y cuando entre aquí a saber de nosotros, descubra cuánto la queremos. Gracias. Antonio
Mascarillas y otros asuntos
Mis amigos queridos. Pasado ya el merecido homenaje a Efi (vamos a llamarnos por nuestro nombre, por más que algunos sigan “escondidos” en su alias), y como veo que nadie habla de la gripe porcina o como quieran llamarla, ni de los más de cuatro millones de parados -más lo que anuncian-, ni de la vergüenza y el asco que supone el silencio de los culpables en el caso de Marta del Castillo, ni, por cambiar el ritmo, de cómo han pasado los sevillanos su Feria, ni del contento que tendrán los antitaurinos tras el fracaso en casi todas las tardes de corridas del abril maestrante junto al Guadalquivir, ni de la sorpresa de Susan Boyle, ni de otras cosas, os invito a que, si os parece, dejemos de querernos tanto y miremos al exterior, donde hay mucho que contar. ¿Os parece? Espero que sí. Bienvenida siempre la poesía y el cariño fraternal, pero hay otros latidos que golpean en los pulsos del día. Y merecen nuestra atención. ¿O acaso no osparece una vergüenza, una canallada el “lío” tan bien urdido de los culpables del asesinato de Marta? ¿Y no es un drama cuatro millones de parados y más que esperan turno? pero, en fin, desde estos asuntos al 2-6 del Madrid-Barça, pasando por los preparativos del Rocío, todo cabe aquí. ¿Hace? Un abrazo. Antonio
P.S. Amigo “yamayor”: arrea usted más que un manijero que tuve cuando trabajaba de chaval en el campo. Y los hombres no “semos” escopetas. Tranquilo, hombre, que es que llevo dos mesesitos de ordenador que para mí se queda… Un abrazo.
Ánimo en cuarentena No va a tener que encerrarnos nadie, vamos a ser nosotros mismos, por necesidad, más que por voluntad, quienes nos vamos a encerrar —dónde, por cierto?— en una larga cuarentena de meses y quizá de años, hasta que dejemos de ser un peligro para los demás y para nuestro propio futuro. Alguien nos ha subido a empujones a este tren de los escobazos en el que no hay sitio por el que pasemos que no nos den un golpe, y no con la escoba sino con un garrote con garranchos. Un tren de los escobazos que no es ninguna broma, porque esto no es ninguna feria ni estamos paseándonos por una zona de atracciones, y ese tren pasó por enero y ya era malo, malísimo, y nos creíamos entonces que todo mejoraría, que cómo la cosa iba a ser peor de lo que estaba, y a medida que han ido pasando las estaciones, o sea, los meses, más gordo ha sido el palo que nos han dado, que si en enero nos golpeaban con escobas de cifras alarmantes en las ventas, pagarés que se fueron al ya te veré o al no te veré, febrero, marzo, abril y mayo se han echado sobre nosotros golpeándonos ya con más de cuatro millones de parados, ya con cerrojazos en empresas y en intervenciones de entidades de ahorro, y no hemos llegado a la mitad del año y se nos viene encima la gripe porcina o lo que sea y creemos que es el tiro de gracia. Y lo malo es que resulta que cuando dábamos por bueno el tiro de gracia —¡acaben ya, por Dios!—, no es el tiro de gracia, es otro golpe, que aún estamos vivos —no sé cómo—, que todavía queda más calle de la amargura, que ya anuncian que el paro alcanzará más del veinte por ciento en este año, que la caída de matriculaciones de coches supera ya el cuarenta y cinco por ciento —más que en toda la historia del sector—, y por si fueran pocas pulgas al perro flaco, los rusos —ya ve usted, los rusos— prohíben que se importe carne de cerdo de España y el personal, que andaba buscando sitio entre la cola del paro y los comedores sociales, ahora tiene que dejar las colas para salir en busca de una mascarilla, no vaya a ser que la gripe nos lleve por delante como si fuera un cinqueño desmandado. El ánimo en cuarentena vamos a tener que poner, porque a ver con qué ganitas, con qué fuerza —y con qué posibles— salimos a la calle, con qué confianza asomamos la cabeza por la ventanilla de los días de este tren en el que nos han subido y del que no sabemos si saldremos vivos. Si salimos. Virus de niñatos Y nos asustamos del virus de la gripe porcina o como la quieran llamar, y preguntamos dónde venden mascarillas para protegernos del aire que respiramos, no vaya a estar lleno de bichitos invisibles. ¿Y cómo nos protegemos de la violencia que crece, visible y por las calles, como el peor virus que nos pudiera caer en suerte? ¿Qué mascarilla —qué armadura— nos colocamos para que los bichos de la maldad no nos asesinen por un capricho, unos celos o una cazadora? Gines, mi pueblo del alma, que en estos días sólo sabe organizar el Rocío, la espectacular, popular, ejemplar, sonora de coplas propias, bellísima salida de las carretas, ha tenido que improvisar un entierro porque a uno de los suyos le metieron un cuchillo jamonero en el corazón. Un cuchillo jamonero no es sospechoso en ninguna feria, si está donde debe estar, en las manos de quien corta el jamón; lo que es increíble es que un canalla lleve entre sus «pertenencias» un cuchillo jamonero, y si lo lleva, es para clavarlo, con ventajas, además, porque treinta centímetros de afilado acero es un estoque. «Bonito y triste el camino cuando se viene de vuelta…», sí, y qué triste, y qué doloroso el camino de vuelta de lo mismo, de otro niñato, otro monstruo de apenas veinte años que decide matar y mata apuntando al corazón. Y no se trataba —aunque tampoco eso lo justificaría— de una defensa: acababa de hurtar una cazadora, pero quien es capaz de robar una cazadora lo más probable es que lleve en alguna parte una navaja para responder, si la víctima le planta cara. Ese cuchillo lo cogió ese canalla, esa mierda de tío, para matar. Ahí está el mal en su origen. Nadie se echa al bolsillo una navaja por si acaso, si va camino de la feria; quien va a la feria con una navaja la ha ensayado ya como un baile de sangre y miedo. Miguel Carcaño sigue riéndose en su buena vida de la cárcel de cómo ha ido jugando con todo el mundo tras asesinar a Marta del Castillo, y eso, amigos, en quienes tienen las ideas de un criminal, da muchos ánimos, porque sabe que un asesino puede mentir, puede cachondearse de la Policía, de los jueces y de las gentes de un país y que a nadie se le ocurra ponerle una mano encima. Ese canalla que ha matado de una puñalada al joven colombiano de Gines llevaba un asesino dentro, y dentro le sigue. Y contra ese «virus» no sale ninguna vacuna. Con lo a mano que la tenemos, sobre todo a mano… July 22 FEBRERO A mis invitados
Queridos amigos: Bien que os habéis despachado -y supongo que felizmente- en cuanto queriais decir respecto de la educación y, por cercanía, con el caso de Marta del Castillo. Como ha habido algunos “roces” entre los invitados, pido un tiempo de paz. Cambiemos el tercio, nunca mejor dicho porque llega la temporada taurina… No, tranquilos, no voy a proponer (otra vez) hablar de toros. Digo cambiar el tercio porque es cuaresma, y sería muy interesante para todos que conociéramos cómo se vive este tiempo (en ritos, cultos, gastronomía…) en cada lugar que habitemos. En mi tribu llega el tiempo de los preparativos para la Semana Santa en versión íntima, por la pequeñez del sitio; y de lujos de cocina: tagarninas, cocido con habas, habas en todas sus versiones, alcauciles, comidas de vigilia y, ay, sobre todo, la torrija, esa reina que chorrea miel o se nieva de azúcar… Que nos aproveche. Abrazos a todos. Y vamos a llevarnos bien, caramba… Antonio Pollo a la navaja No es una receta, Cangui, es una modalidad de robo para comer —eso dicen— que ya anda por nuestras calles. A un chaval de un pueblo de Granada que acababa de comprar un pollo asado y unas cervezas, dos tipos lo abordaron y, destornillador en mano, le dijeron que les diera la mercancía. Después, cuando el chaval volvía con su padre de denunciar, aparecieron los dos tíos y en vez de destornillador, usaron navajas. Ya te conté cómo, en Sevilla, dos muchachos hicieron hueco en dos paredes para llegar al bar donde estaba la caja de gambas que robaron, y poco antes de Navidad, por estas tribus, dos tíos en moto huían con dos jamones robados en un salón de celebraciones. Te dije entonces que esto era «Morena clara» en technicolor, sin la gracia de Miguel Ligero y con navajas. Y eso es peor. ¿Tú te acuerdas cuando el hijo del tabernero iba todas las noches de su casa a la taberna a llevarle a su padre un plato de boquerones para las tapas, y en las casapuertas lo esperaban chiquillos deseosos y le arrebataban el plato, hasta que tuvo que buscarse la compañía de un familiar para mantener a salvo su «diligencia» de fritos? Pues lo de ahora es peor. Si niños de los llamados canis les quitan el móvil, el reloj, el dinero y cualquier prenda cara a los niños que creen ricos, hay adultos que se dan al atraco de viandas o de alimentos almacenados. Cualquier día los chavales que reparten pizzas van a tener que dejar la motillo y usar furgones blindados, si no quieren que los encargos se queden a mitad de camino en manos de quien no va a pagarlos. Nos parecía que se habían ido para siempre los tiempos en que los mendigos pordioseaban de puerta en puerta pidiendo «un cachito pan» y las gitanas, aceite frito. Se fueron, pero han vuelto travestidos de violencia y malas artes, y ya no piden, exigen a punta de navaja, con amenaza de paliza o deciden romper paredes por una caja de gambas. Hay hambre, sí, pero hay delincuentes que largan argumentos de mendigo para no molestarse en trabajar para comer o para vender lo robado a bocas más necesitadas, que con la escasez ocurre lo mismo que con la abundancia, allí con faltas y aquí con sobras. Pollo a la navaja, sí, Cangui. Y «jamón a la reja» y «gambas al butrón», y lo que nos queda que ver, que ya nadie aguanta un disgusto en la tripa. Diciendo que es por hambre, cualquier día sube un tío al paso de La Cena y se lleva la comida… http://blogs.abcdesevilla.es/latribudebarbeito/ Como un tiro Apostado, con los cinco sentidos andando de puntillas como un silencioso funambulista por el lomo del cañón, desde los ojos a la mirilla, el cazador aguardará entre las resecas cortinas del monte bajo al sentir que por la maleza cercana se roza la carne prieta del muflón y, guiñado el ojo inútil de la caza, al ver aparecer la pieza exclamará para sus adentros: «Ahí está. ¡Por fin uno!» Pues eso, más o menos, decimos quienes no estamos acostumbrados a ver entre las cortinas del día el paso lento de un político al que una cámara enfoca mientras se corrige el nudo de la corbata y repite la frase ensayada en el espejo del lavabo, una vez ajustado el gesto para dimitir sin drama, y, sorprendidos, decimos: «Ahí está la dimisión. ¡Por fin una!» Porque no estamos hechos a dimisiones, ni aunque estén empujando entre bambalinas. No ajustó bien la cuenta Mariano Fernández Bermejo cuando dijo tan abiertamente que la cacería le había costado mil euros. Se ve que el ex ministro anda de aritmética como de geografía, que si por un lado fue despistado como la paloma de Alberti que creyó que el trigo era agua, nos dijo que, en cuanto a licencia de caza, creía que Jaén pertenecía a Castilla-La Mancha, y en cuanto al coste de los tiros, ya ven, dijo que mil euros y ha resultado una cuenta tan gorda que le ha costado mil euros, gastos de balas, viaje y el cargo. ¡Pues anda que le ha salido barata la cacería al ex ministro! Abrirá su armero, mirará el rifle y dirá que en qué mala hora, porque la experiencia cinegética ha sido para quedarse cinerario… Dice la voz popular que las escopetas las carga el diablo, y la de Fernández Bermejo parece que la cargaron los enemigos, o la cargó él, pero mal, al menos en mal momento. Y unos tiros y una huelga le han quitado la cartera, y ahora sólo tiene unas fotografías con las manos tocando puntas de ciervos y unas imágenes del informativo del mediodía tocando fondo ministerial. Parece la venganza de los muflones, más que de los papeles perdidos de la licencia y la huelga imprevista. Los de su partido colocan tablillas de coto y cierran una veda que la oposición levanta para lanzar al aire la salva del adiós mientras se frota las manos. Que se anden con cien ojos los de la clase política, porque con esta dimisión, voluntaria o forzada, quizá se abra una veda en la que no habrá escopeta que desprecie a todo lo que se le ponga a tiro 
Cadena perpetua «Y luego, el presidio. ¿Qué es el presidio? ¡Allí comen, allí fuman, allí tocan los instrumentos! Mis muertos llenos de hierba, sin hablar, hechos polvo; dos hombres que eran dos geranios… Los matadores, en presidio, frescos, viendo los montes…» Así habla la madre en Bodas de sangre. En una reyerta de dos familias enfrentadas, habían matado a su marido y a uno de sus hijos, y «…pasan los meses y la desesperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo.» Y así hablamos nosotros cuando la maldad nos arrebata de golpe, a capricho, con ese manotazo terrible del odio, a alguien que es carne de nuestra carne, sangre de nuestra sangre, y aun cuando, aunque ajeno, sentimos la suma crueldad y pedimos que se pudran en la cárcel, que jamás, aunque vean los montes, vuelvan al paisaje libre del día. A la madre de Bodas de sangre no le quitaba el sueño los años de cárcel de los homicidas, le quitaba el sueño saberlos vivos. Quería que estuvieran donde sus muertos, bajo tierra, criando yerbas. La voz de la calle pide ahora, en estos días, cadena perpetua por el caso de Marta del Castillo, como lo pidió ayer cuando mataron a Mariluz. No sería justo, y no porque me parezca dura la cadena perpetua sino porque los homicidas o los asesinos han actuado dentro de un marco de leyes que no tiene la cadena perpetua como posibilidad de castigo. No podemos improvisar el grado del castigo en función de la gravedad de éste; antes de que el delito se cometa, el delincuente debe saber —y si no lo sabe, es su deber saberlo— a qué pena puede enfrentarse. Si no hay ninguna ley que prohíba fumar mientras conducimos, nos podrán condenar si causamos un incendio al tirar la colilla encendida, pero no por ir fumando. No podemos pedir cadena perpetua para quien mata a una niña y la tira al mar, o a una muchacha y la tira al río, si la ley no expresa el matiz y no distingue formas de homicidio o asesinato, ya sea una niña, un concejal o un empresario. Si creemos necesaria la condena a cadena perpetua, hay que pedirla en frío, porque en caliente pedimos incluso penas peores, ya saben. Mariluz y Marta duelen en el alma, como nos duelen tantos otros —Alberto, Ascen, Antonio—, pero no podemos pedir que la Ley aplique penas que no existen. Si creemos que debe existir la cadena perpetua, no lamentemos más que no exista y pidámosla para mañana, no de parche para el grano que ya tenemos. 
Machos sueltos Largo y penoso, como cantaba la copla rociera, es el camino de la mujer en busca de su libertad. Largo y penoso porque siempre hay machos sueltos que se lo ponen muy difícil, cuando no imposible. Un verso de Montesinos dice «Quién nos iba a decir que el amor era esto». Pues ya ves, Rafael. El amor y las relaciones, porque quién nos iba a decir que la libertad de las relaciones entre hombre y mujer era esto, algo más peligroso que antes. Cierto es que hace cuarenta años la mujer lo tenía muy difícil, y si un chaval dejaba a su novia, la muchacha, en muchos casos, se quedaba apestada entre los suyos y aguardando a un forastero que, desconocedor de su diario, la aceptara, porque si se quedaba en brazos de otro del lugar, siempre se quedaba en desventaja, como si el haber tenido novio seis meses o tres años fuera una vergüenza que la muchacha tuviera que aceptar —que aceptaba a veces— como norma. Cuentan algunas chavalas que el machismo de hoy es peor que el de antes, porque la libertad (es un decir), si bien le da a la mujer un sitio que nunca tuvo, es en esa misma libertad, en esa cercanía, donde se mueven machos sueltos que siguen considerando que la mujer es algo menor, algo que puede escriturarse a nombre del egoísmo sólo porque la chavala haya dicho un te quiero o se haya entregado en el amor o en el deseo, una noche, dos meses o tres años. El peligro en las relaciones sigue existiendo —con excepciones— allí donde los machos sueltos se creen los dueños de todo y siguen actuando como si los almanaques no hubiesen pasado. Un machista de ayer podía prohibir y prohibía, amenazaba o se daba a la tortura mental —más veces que física— con la mujer, pero en cuanto la mujer ha echado un paso al frente y ha dicho basta, el riesgo es mayor, porque ya el macho suelto tiene dos tareas, la de ser él y la de tratar de que no sea la que está dispuesta a serlo. Largo y penoso es el camino de la mujer: el machismo sigue manifestándose como siempre y encima tiene hoy el añadido de la violencia, si la mujer no se deja someter. Por más que algunos hayan «avanzado» en la estética, la calle está llena de Migueles y Samueles, y, lo que es peor, de Martas que no están dispuestas a que el amor o el deseo carnal tenga que costarles la vida. Las muchachas valientes deben tener algo en cuenta: que pisan un territorio donde los machos sueltos siguen creyéndose los dueños. Ojo. 
Humano bronce Cuando hablo con él siempre tengo dudas de si no habrá salido de cualquiera de sus moldes, porque cuando Marcelo habla, se funde, va fundiéndose en el amor por su arte —que es arte, por más artesana que su dedicación parezca y sea—, sientes cómo los chorros, las arterias incendiadas del bronce van dándole vida a las formas. Primero habla y sientes en su voz el mimo de la cera sobre las formas entregadas. La cera que va modelando —segunda mano de escultor— cada detalle. Después viene aquella imagen amorfa con el material que recubre su primer trabajo. Dentro, roja, aguarda la cera en su clausura de sacrificio y vive a oscuras su efímero sueño de haber sido forma eterna. Después, cuando el horno se convierte en caliente vientre, la cera sentirá cómo el fuego la convierte en lo que ella soñó. Y al final, la obra, la gran obra en bronce, cuidados todos los detalles, todos los perfiles, la más mínima rebaba que pudiera menoscabar la obra del escultor. Paseaba con mi inolvidado Jerónimo Rodríguez Morgado, por su Valencina, la misma patria de Marcelo, y me decía que pocas gentes sabían que muchas de las grandes obras en bronce que admirábamos habían nacido de las manos artistas de Marcelo. Fuimos a verlo, y el patio-corral me pareció una chatarrería, sí, pero una chatarrería de la que me hubiera llevado —para enmarcarlo— cualquier retal por el que se intuían las formas definitivas. Marcelo, cercano, amable y sencillo como un campesino, explicó en qué consistía su trabajo, pero cuando de verdad éste se entiende es cuando lo vemos hecho carne de bronce definitivo. Mas su explicación tiene la sustancia del campesino que nos explica cómo nace el trigo desde que empieza a labrar la tierra. Y sin darse importancia. Marcelo, al que pocos conocen por su verdadero nombre, Francisco Ruiz Salas, es un artista de artistas, porque a él fían sus más delicadas obras quienes dominan las formas para ofrecernos el milagro. Y los artistas se han unido en número de cuarenta y ocho para homenajear el cuarto de siglo que Marcelo lleva completándoles sus obras, y, desde hoy al 5 de marzo, en la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla, expondrán algunas de sus obras y tendremos la ocasión de comprarlas a un precio de ocasión única. Espero, por el bien de todos, que allí esté Marcelo: es el mejor bronce —humano, cálido bronce— que palparse pudiera. Marcelo… 
Yo, pecador Está más o menos claro que cabrita que tira al monte no hay cabrero que la guarde, pero es muy cierto y está muy claro que si el que tira al monte es el cabrero, rara será la cabra que no acabe tirando. Yo sé que es duro hablar de esto cuando son días de llantos, de encender velas y escribir pancartas pidiendo penas gordas para los asesinos de palomas, días de unirse al dolor de la familia de esa muchacha sevillana, Marta, cuya muerte nos agrupa clamando contra la barbaridad y por el fin de este desmadre de violencia, pero no podemos hablar sin salirnos del círculo de la culpa, no podemos señalar sin incluirnos, no podemos analizar sin analizarnos, porque también nosotros somos culpable, en la medida que cada cual considere, de cuanto de malo pasa entre los jóvenes. No se le quita el hambre de ayer a la yegua dándole doble pienso a su potrillo, y muchos padres de hoy han querido remediar su pasado dándoles a sus hijos lo que ellos no tuvieron. Se nos olvidó que no hay capital como el del afecto, la educación, la disciplina, la responsabilidad. Una vez, es una de sus fincas, una mujer rica y soltera, cuando le comentábamos la hermosura de sus propiedades, nos dijo con tristeza a los íntimos: «Cambiaría todo esta herencia materna por el abrazo que nunca me dio mi madre». Nadie puede saber si muchos de estos muchachos que ahora parecen felices en sus noches peligrosas, que viven su juventud aparentemente servidos de todo cuanto de lujo puedan apetecer, mañana exclamarán lo de la rica heredera. Porque es cierto que les damos de todo a los hijos, pero no sé si en ese «de todo» va incluido el afecto necesario, la necesaria cercanía de la educación, la disciplina, la responsabilidad, los más elementales códigos de conducta. Comprarle una moto, un coche, un ordenador, un teléfono móvil pueden ser signos de afecto, pero no es afecto puro. Hablo del roce, de las horas con ellos, de vivirlos, de conocerlos, de saberlos, de sentirlos... Hay en la juventud mucha cabra que tira al monte, pero también hay muchos cabreros. De modo que cuanto ocurre también es, en parte, por nuestra culpa, por nuestra grandísima culpa. Algo más sobre educación Hola, amigos. Ya conocemos qué pasó con Marta. A lo mejor es momento de hablar de la educación, de los principios, de los valores, de la libertad, del sexo, de la juventud… Y, naturalmente, de cuánta responsabilidad en todo tenemos los mayores, padres o no. Miguel es un asesino, sí, lo ha confesado. Marta, su víctima. Dicen los amigos que era violento, celoso, posesivo (las vecinas del muchacho dicen lo contrario), y que por eso Marta rompió relaciones sentimentales con él. Pero siguió viéndolo, llamándolo, relacionándose con él (él fue quien la llevó a su casa esa noche, en la moto), sabedora de que él tenía otra novia. Cuando Marta se relacionó sentimentalmente con él tenía 15 años. En esta historia de tristísimo final hay muchos detalles que, aunque ya no arreglen nada, quizá convendría analizarlos. Mala suerte, sí, confianza excesiva, también. ¿Pero qué está pasando en buena parte de la juventud para que se dé un caso como éste? Sin ánimos de venganza ni, por supuesto, de disculpas al asesino, ¿os parece bien que entremos en detalles? Eso espero. Saludos. Antonio Oferta de febrero Hola, amigos. En febrero, más ventajas, como dice el anuncio de las rebajas. Vamos dejar a un lado el asunto taurino, porque veo que nos puede “coger el toro” del enfrentamiento, y no quiero lesionados en esta casa. Como todavía hace frío y la cocina nos llama -¿a que sí, María Isabel? Por cierto, ¿también le pondrán pegas a tu “rabo de toro” estofado?-, os hago saber que tengo un amigo que está dispuesto a dejarnos a un precio increíble algunos de sus productos, todo sea por tener un detalle con la gente de esta casa. A ver. Mi amigo nos oferta (ya iré dándoles la dirección a los interesados) coquinas, almejas, foie-gras (auténtico francés), atún en todas sus variantes (en conserva, fresco, congelado, guisado…) y, de su sección de prendas de vestir, zapatillas deportivas y zapatos. ¿Me decís a quién no le vuelven locos unas coquinas con sus ajitos y su perejil? ¿Y un buen filete de atún? ¿Quién no hace ejercicios y necesita comprar -muy barato, repito- unas zapatillas? Yo ya le he encargado a mi amigo que me mande algunos productos, porque a ese precio… Espero demandas. Un saludo. Antonio  Fuego en casa Aqui arde bien ya hasta la leña verde. Más hogueras levanta la España del XXI que la Inquisición. Fuego en casa. Arde España con rescoldos de denuncias y chismes, mangazos, aprovechamientos y sospechas, y las lenguas suben por cima de los sillones de algunos cargos como llamas de una Roma infernal, mientras los Nerones de todos los bandos, desde azoteas ignífugas —de momento—, tocan la lira y componen horribles estrofas de condolencia o de simulado contento, y con una mano piden vasos lacrimatorios para quedar bien con los deudos y con la otra le echan un palito a la candela. Que no decaiga ese fuego, canijo, que a falta de montes secos, lo que sea. Están los políticos en su propio partido —léase el PP, hoy, como otros ayer y otros mañana— como estaban los banqueros el verano pasado, que no se fiaban unos de otros, los banqueros no se fiaban de prestarse dinero y los políticos no se fían de prestarse confianza. «No me fío de la mitad de la cuadrilla», le dijo el padre al hijo. Y estaban trabajando los dos solos. En la política, más o menos. Fuego en casa. Y todos los incendios parecen intencionados. Alguien, al ver que están maduros los trigos ajenos (en ocasiones, incluso los propios), ha soltado diez o doce perdices con pajuelas encendidas atadas a las patas, y las perdices han pespunteando de llamas el trigal y no hay espiga que pueda estar segura. Y les trae sin cuidado eso de «cuando un partido se quema…» La mañana que no sabemos que un alcalde socialista se puede comprar por treinta mil euros en el rastrillo del soborno, es porque se adelanta la noticia de una supuesta corrupción que lleva a los Juzgados a un alcalde del PP. Y si allí dicen que todo se soluciona echando al trincón, aquí se acepta una dimisión antes de solicitarse. Ya ven el plan. Alguien tiene interés en que esto arda por los cuatro costados. O será que la lista de sinvergüenzas es más larga que la del paro. Lo cierto es que en treinta años de democracia, si bien no hemos madurado como demócratas, hemos cuajado perfectamente o en denunciantes o en chorizos. O en agitadores. O en canallas dispuestos a vivir de pie antes que el otro se siente en el cargo. O en incendiarios que ven herejes por todos lados. O a falta de verlos, los inventan. Fuego en casa. Habrá que andarse con cien ojos, porque, al paso que llevamos, hasta la manguera del bombero puede convertirse en lanzallamas. Valores, valores
Todavía sería peor la crisis económica —y la financiera— si bajara al nivel al que han caído los valores de la sociedad. Con la pérdida de valores no nos asustamos tanto porque con ellos no nos dejan pagar ni hipotecas ni las compras del supermercado, pero la ruina en valores esenciales es para correr de espanto. Pero, claro, como habla usted de los valores y le dicen que es un carca; habla usted de disciplina —disciplina, ojo, nada de levantar una mano— en la educación doméstica de los hijos y le dicen que usted no está preparado para diseñarles el camino, que ellos tienen derecho a la libertad y a discrepar de usted… Bien, vale, pero a ver si es posible el entendimiento sin que nadie se coma a nadie. El hogar es un territorio en el que el niño siempre estuvo a las órdenes de los padres y hoy ese niño ordena y manda. Por lo común, el niño hoy, en su casa, exige menú a unos padres que de niño comieron lo que les pusieron; exige ropa de marca a unos padres que vistieron como dejaban los tiempos; exige paga a unos padres que de niño trabajaban para llevar algo a casa; impone horarios a unos padres que tenían que estar en casa al oscurecer; y además, un niño que no se preocupa del gasto que suponen diez aparatos eléctricos encendidos; le trae sin cuidado llamar por teléfono desde el fijo a un móvil; le da igual quedarse sin gasolina en la moto o en el coche, porque sabe que la van a pagar los mismos que le compraron la moto o el coche; y no valora ni lo que come, ni lo que viste, ni lo que gasta. Y no crean que son niños callejeros, hablo de estudiantes incluso con buenas notas. A estos niños, salve usted al que pueda, los hemos acostumbrados a vivir como reyes en un territorio en el que hay que hacer milagros para solventar el mes. Ahí es donde han empezado a perderse los valores. Y lo hemos consentido nosotros, los mayores, que con tal de no desentonar del primero que soltó la rienda, dejamos que los caballos se desbocaran. Ya es imposible la doma, porque se rebelarían ante el bocado y la serreta. Pero asumamos la culpa, la gran culpa de haber consentido una sociedad con tantísimos jóvenes enganchados al lujo y a la irresponsabilidad que, por comodidad, desprecian los valores de la disciplina, el orden y la economía. Después diremos que les dimos para que se hicieran hombres de provecho. Les dimos, sí, pero les dimos dinero y lujos, no valores. Cripta de agua Cuando oías hablar de aquella parte del río a la que llamaban, en el sonido, «los Pajerones», te sonaba a pájaro la palabra. Después supiste que «pajerones» venía de «paerones», o sea, de «paredones». ¿Y por qué paredones? Porque, decían, en el fondo estaban las paredes del puente romano que rompió una riada. No conociste a nadie que dijera haber visto aquellas «paredes». Y tuvo que romperse la balsa de la mina —cuasi noventa años más tarde de la rotura del puente— para que desaguaran aquella poza en la que tanto temían bañarse los chiquillos y aun muchos hombres, y al desaguarla viste lo que tanto soñabas, los «pajerones», los gigantescos pies del puente, una enorme y perfecta labor de ladrillo de la que conservas las fotografías que tomaste, quizá las únicas que existan de los pilares vencidos. Pensaste entonces que el río es una gran cripta de agua, anónima tumba sin más epitafio que el pequeño oleaje que el viento le riza al agua… Cripta de pilares de puentes, de animales que se ahogaron en un intento de cruzar el río en crecida o por un traspié, cripta de tantas cosas como las manos submarinas del río arrastraron, cripta de ahogados que nunca encontraron y que se habrán deshecho en el largo camino hasta otro río, hasta el mar… Y lo piensas ahora, cuando ese perro rastreador, «Sultán», lleva a su dueño una y otra vez a las veras del Guadalquivir siguiendo el rastro de esa pobre chiquilla perdida. Si el perro buscara a alguien a quien han enterrado, el perro escarbaría hasta dar con el cuerpo. Pero el olfato del animal no puede con la «tierra» del agua, una «tierra» que va renovándose continuamente. Ojalá aparezca viva la chiquilla. Porque si por desgracia estuviera en el río y es en el río donde hay que buscarla, el río no es la tierra, el río no podrá moverle los pies a un puente, pero es capaz de envolver en sus pliegues un cuerpo hasta hacerlo desaparecer. La tierra, aunque hayan pasado mil años, puede dejar al descubierto unos restos, pero el río devora y convierte su fondo en un heterogéneo y anónimo osario. Miras ahora el paso turbio y precipitado de tu río en crecida, que va sonando como el rumor de una mala noticia que no quisiera decirse. Y miras el sitio de «Los Pajerones» y recuerdas los pies ahogados del puente romano. Y te preguntas cuántas cosas sin nombre —incluso muchos de tus sueños— esconden esas hermosas aguas nadie sabe dónde… Hola, amigos. Disculpadme, porque la semana de lluvias y truenos me ha dejado una avería en algunos aparatos y no he podido dedicarle al blog el tiempo que deseaba. Veo cuánto ha cundido el asunto de Machado y don Cosme, con Rute por medio. Me alegro. Pero cambiemos el tercio, nunca mejor dicho. Hoy quiero que hablemos de toros, de corridas (de toros, claro), de la llamada Fiesta Nacional. Ayer estuve en Badajoz presentando en El Corte Inglés los carteles de la Feria de Olivenza. Quienes me conocen saben que me gusta mucho el mundo que se estremece alrededor del toro y del toro mismo. Una amiga me ha escrito un correo declarándose antitaurina. Como Machado tampoco era muy taurino (decía que en el toreo, la única pasión en verdad era la del toro), os propongo que dejéis vuestra opinión al respecto. Os espero. Saludos. Antonio La tripa estirada Dicen los taurinos que a los toreros hay que verlos cuando se les estira la tripa, o sea, cuando han ganado bastante para no tener que jugarse la vida en una faena ante un toro difícil. A los políticos les ocurre tres cuartos de lo mismo (sálvese quien pueda). Ayer apenas, en España se levantaban voces clamando contra la dictadura, voces que, desde posiciones llamadas de izquierda, pedían el fin de los privilegios, arremetían contra el poder inamovible, la eternidad de los cargos, la vida holgada de los que mandaban, la autoridad para hacer y deshacer cuasi a su antojo, el lujo de algunos gobernantes... Eran unos tiempos en los que la lucha -es un decir, en muchos casos- contra el poder parecía no tener más intención que la igualdad entre los españoles, la consecución de un país de libertades y de progreso. A muchas de aquellas voces se les ha estirado la tripa y han llegado al poder gracias a la democracia. Y ya la faena no es la misma. Cierto es que hubo, hay y habrá hombres comprometidos con sus ideas que, desde un buen cargo, jamás aceptarán privilegios, ni privilegios que criticaron ni aun otros muchos. Pero otros estaban deseando sentarse en la poltrona para no levantarse ni para ir al cuarto de baño. Y algo peor: para, desde esa poltrona, derrochar mucho más de lo que criticaban en otros. En una Galicia donde muchas aldeas tienen problemas de suministro eléctrico en cuanto sopla viento, llueve o truena, y en una España donde hay cientos de miles de personas temiendo que se les acabe el subsidio antes de encontrar un nuevo trabajo, el jefe del Ejecutivo, el socialista Pérez Touriño, ni corto ni perezoso se da a la «solidaridad» con los suyos y no encuentra mejor fórmula que gastarse una millonada golfa en renovar el mobiliario de algunos despachos, una vez blindado su coche oficial, claro. Y el presidente Rodríguez Zapatero diciendo en TVE que el compromiso y el esfuerzo para salir de la crisis han de ser de todos. Pues tiene tajo en casa, presidente. Ya puede empezar por su hombre en Galicia. Y cuando acabe allí, siga pasando lista entre los suyos. A lo mejor así no es tan duro el toro de la crisis. Sobre nacionalismos. Algo de “Juan de Mairena” Hola, amigos. A veces nos creemos el centro del mundo, y para cambiar el tercio en este foro, recojo algunas palabras que Juan de Mairena (Antonio Machado) le decía a uno de sus alumnos: “Que usted haya nacido en Rute, y que se sienta usted relativamente satisfecho de haber nacido en Rute, y hasta que nos hable usted con cierta jactancia de hombre de Rute, no me parece mal. De algún modo ha de expresar usted el amor a su pueblo natal, donde tantas rzíces sentimentales tiene usted. Pero que pretenda convencernos de que, puesto a elegir, hubiera usted elegido a Rute, o que, adelantándose a su propio índice, hubiera usted señalado a Rute en el mapa del mundo como lugar preciso para nacer en él, ya no me parece tan bien, querido don Cosme. En eso puede que tenga usted razón, amigo Mairena” Y, como decía don Antonio, “reflexionad sobre esto”. Saludos. Antonio Nos queda el campo En los sesenta, cuando apretaban las circunstancias familiares y los hijos habían dejado la escuela y andaban por estas tribus en vuelos sin norte, había varias salidas, pero todas, o casi todas, daban al trabajo. Los aventureros le escribían a algún pariente que estuviera en Barcelona o, en vuelo más corto, buscaban el empeño de algún conocido para un trabajo en la capital. Contados fueron los que eligieron el uniforme como salida, y el campo, como un cuartel de instrucción, iba llenándose de reemplazos de muchachos que habían dejado las aulas. Hubo quien apretó los codos y peleó con armas de becas hasta lograr su sueño, y quienes por la situación familiar pudieron seguir en colegios de pago, aunque muchos de aquellos tuvieron que buscarse los garbanzos en otros menesteres porque no pudieron llegar a la universidad. El campo tenía tanta fuerza entonces que en el carné de identidad, en el apartado de la profesión, ni siquiera ponía «Agricultura», simplemente «Campo». El campo se abría de enero a diciembre ofreciéndose en todas sus tareas, todas duras, que en el campo no había -ni hay- labor cómoda, ni siquiera la trilla, por más coplas que se cuenten como se cuentan de la siega. Y un día, como si nada hubiera cambiado -¡con lo que había cambiado!-, se veía natural que el chaval al que quince días antes habíamos visto pasar camino de la escuela con su carpeta, hoy pasara por la calle camino del campo, con una azada o una escardilla, una escalera, un carro o una piara de cabras. Si para algunos fue un estreno doloroso la experiencia del campo tras dejar la escuela, para otros fue quedarse definitivamente en un solo sitio, porque muchos días -y todos los veranos- supieron lo que era trabajar en la tierra. Entonces, un niño ocioso -digo sin escuela y sin trabajo- era tan mal visto como un delincuente. Incluso muchos estudiantes aprovechaban las vacaciones para buscarse unos duros en el verdeo o la vendimia. El campo fue la gran madre que nunca cerró sus puertas a nadie. Dicen que todos los que ahora no tienen tajo en la construcción van a buscar el camino del campo para solucionar el jornal que les falta. Abierto está el campo, pero ya no es el de ayer. Ya no hay cuadrillas de cientos de hombres rozando pinares, ni cavando pies de olivos, ni, en muchos casos, verdeando. La máquina llegó al campo, primero para aliviar la penalidad del bracero, y después para quitarle su puesto de trabajo. La agricultura actual, además, precisa en muchos casos de mínimos conocimientos, y entonces, a veces muchos iban al campo sin distinguir bien un olivo de un chopo. Ahí sigue el campo, abierto. Y el hombre lo sabe. Ojalá, como ayer, pueda ofrecer tanto pan como necesitamos. Pero quizá lamentemos haber destruido tanto campo para levantar casas como las que hoy, sin acabar, nos echan al campo. Hay mas en mi otro blog July 21 http://blogs.abcdesevilla.es/latribudebarbeito/ Marzo
Morir de mejoría
El optimismo es muy aconsejable, mientras las razones del pesimismo no lo desaconsejen. Por su poco acierto,muchas frases del presidente Zapatero nos van a ahorrar más mármol que el cuarto de baño de Tarzán. No es que vaya yo a echarle en cara por qué, en vez de dedicarse a la política, no decidió enfocar su carrera como presidente del Alcoyano -por lo de la moral-, pero sí lo culpo de mala puntería al no llamarles a las cosas por su nombre, no sé si es daltonismo, imprecisión o desconocimiento. Zapatero tendría que ser menos optimista y rogar con Juan Ramón que la inteligencia le dé el nombre exacto de las cosas, que su palabra sea la cosa misma, y no este decir sol y aparecer rayo, no este anunciar al domador de leones y que aparezcan los payasos. Como para tenerlo de vidente en una peña de quinielistas... Nada va mal, todo mejorará...¿en qué quedamos, presidente? ¿Y qué dice él? Pues como aquel que tenía incontinencia urinaria y, avergonzado de orinarse encima por la calle, obedeció el consejo de un amigo de que acudiera a un psicólogo argentino, y al año, cuando volvieron a encontrarse y el amigo le preguntó, respondió: «¡Sí, me sigo orinando! ¿Y qué pasa?». Espero que no acabe así, pero nos confiamos, queremos contagiarnos de su optimismo, y cuando el cuerpo nos va a entrar en caja, sale una Caja como la de Castilla-La Mancha y el Gobierno tiene que hacerle el boca a boca con una millonada de urgencia. Pero, eso sí, todo tiende a mejorar, nada empeora, esto es un resfriado, seamos optimistas. Pero es que nos comen, jefe, aunque usted diga que esos indios vienen de carnaval. Ojalá nunca tenga que regalarle al presidente una coplilla que quedó en la memoria de la tribu, coplilla que le sacaron a un pobre hombre que se negaba a enfermar: «Tanto miedo le tenía / a decir que empeoraba, / que él solito se engañaba / y... murió de mejoría». Hora de excusas Ya sé de amigos, dueños de una casa en el Rocío, que han recibido información de los que han ido pagando a esa casa durante muchos años, y los han llamado para decirles que este año no van, que les ha salido un viaje, que se tienen que quedar con la nieta en casa, que el médico les ha dicho que a ver si beben y comen menos y andan más… Excusas. Para que haya uno que diga la verdad, cientos habrá que a esta hora tengan ya estudiado lo que van a inventarse, con tal de no llamarle al pan, pan, y a la ruina, ruina. Parece que donde no se va a notar la crisis es en los nazarenos, que, por lo leído, todos o casi todos han sacado su papeleta de sitio. Pero hay otras papeletas que más que sacarlas hay que resolverlas, y una de esas papeletas empieza en las corridas de toros, coge el Paseo de Colón y se va derechita a la Feria, y allí tiene que resolver otro asunto, el de la caseta. A ver cuántos de los que hasta ahora han dispuesto todas las temporadas de un buen dinero para entradas de toros, van a hacer cola en las taquillas de la Real Maestranza para dejarse allí lo que saben que habrán de colocar —si lo tienen— en un agujero más necesario. Y cuando alguien les pregunte qué pasa, que van dos festejos y no los han visto, a ver qué responden, si con la verdad del cuento o con un cuento a secas, que no es fácil renunciar a las tardes de sol y tendido y todo cuanto rodea al mundo del viejo aficionado, esa vecindad anual que dura, en muchos casos, veinte días. Y a ver cuántas bajas habrá en las casetas de la Feria, que no sería raro que ya hubiera en cola gente dándose de baja, que a lo que se paga como socio le suma usted los gastos de invitación a amigos y sablistas al uso, niños propios, amigos y novios y novias de los niños, y encima, ropa nueva para la Feria. A ver qué aspecto ofrece la Feria este año y, sobre todo, quién va a tomar nota de la antología de excusas, que si mi mujer dice que ya no estamos para estos trotes, que los niños dicen que mejor se van a la playa, que no hay forma de aparcar cerca… Y el Rocío. A ver cuántos van a pagar por el alquiler de una casa en el Rocío la millonada que se ha pagado hasta ahora. Ahí, en los toros, la Feria y el Rocío vamos a ver la medida de la crisis. Hora de que surjan antitaurinos, antiferiantes y antirrocieros. Y de caer en la cuenta de lo hermosa y lo confortable —y lo barata— que es la casa propia…
Estoy por aquí Hola, amigos. No suponía yo, por más que me decían mis compañeros, el trabajo que supone mantener “vivo” un blog. Permitidme, antes de seguir, decirle a nuestra última visitante, Reme, que aquí puede entrar cualquiera, sea bética, sevillista, de lo que sea; de izquierda, de derecha, joven, maduro… siempre, eso sí, que se guarden las formas de educación mínimas, lo que hasta ahora sucede, por suerte. Muy perdido ando, sí, porque entre algunos asuntos -no quiero ni deciros nada de los nuevos virus que me han entrado, más de 300 troyanos- técnicos y otros personales, no tengo tiempo ni de abrir las ventanas de la casa. Pero os recuerdo, y os necesito (espero poder acabar este texto, porque estoy sintiendo los sonidos de los virus incorporándose a la pantalla), y os pongo estas letras para que abordemos de nuevo el caso de Marta (¿no os parece una vergüenza tanta oscuridad, tanto silencio canalla?), sobre la actitud de algunas cofradías como respuesta al anuncio de la nueva Ley del Aborto, sobre Educación, sobre corrupción, y, claro, sobre qué esperanzas podemos tener cuando va ya un trimestre de 2009 sin que se vean claras medidas para solcuionar la crisis. Y hablemos también de la primavera, de la belleza que nos llueve, de la luz que nos chorrea, de la vida que nos entra… Y de los pasos de Semana Santa, aunque haya algunos que no estén muy alineados con esto. En fin, amigos, de lo que queráis. Un abrazo. Antoni Qué dirá Dios Me lo has dicho siempre, Cangui: «La blasfemia de un gañán no es tan grave como la calumnia de uno con bonitas palabras; es más, seguro que a Dios le suena peor la calumnia». Venías dolido, amigo, por una calumnia que unas lenguas beatonas, de esas lenguas sutiles que no dicen ni «contri», te habían levantado a cuenta de no sé qué inventados amoríos de trascorral que dice que te traes entre manos con una solterona, y tu me juras cien veces que eso es mentira, y que te duele, sobre todo, por ella, por la mujer con quien dicen que te ves cuando la noche pinta sombras, que una cosa es llevarse bien con los vecinos y otra lo que dicen esas lenguas. Moviendo el café de la mañana andábamos, sentados en un velador del bar desde donde se ve la ermita del Cristo. Pasaban hombres buenos, mujeres buenas, esas personas de las que no necesitamos más exámenes que su propia vida para saber que son gente de corazón limpio, gente llana, pobres y ricas, delicadas o rudas, pero buena gente; y esos hombres y esas mujeres entraban a visitar al Cristo, y salían de la ermita, seguro, tras haberle dado gracias, porque la gente buena agradece más que pide. Y en eso que ves venir a las dos lenguas que te han levantado la calumnia, las dos muy modosas, muy emparejadas —aunque entre ellas haya odios no confesados, que tú lo sabes y yo lo sé—, muy cumplidas con todo el mundo, muy de buenos días, cómo está tu niña, y esa sonrisilla falsa como un duro de madera, y esa carita de no haber dicho ni puñetas, y ese aire que se ha modelado santurrón con muchos santiguos y limosna en la misa de mucha gente, en rosarios vespertinos que nunca debieron tocar. Y las ves que van a pasar por delante de nosotros, muy cerca, y, tan falsas como siempre, inmediatamente antes de llegar a nuestra altura fingen un saludo en la otra acera por no pasar por tu lado sin hablarte, para que tú no pienses nunca que no te han hablado sino que se han distraído con otra persona… Y tú que las ves —y yo que las veo— entrar en la ermita. Y al rato las vemos salir en piadosa charla con el cura, despacio, que las vea todo el mundo, con caritas de santa, saludando a todo el mundo —buenos días, cómo está tu madre…—, y tú te tragas lo que se merecen que les dijeras. Siempre hubo señores. Y piensas, como yo, al verlas entrar y al verlas salir —han ido a pedirle algo, seguro—, qué habrá dicho Dios para sus adentros…
Bajar la cebada
Quinientas bestias trabajaban en las tierras de don Afrodisio, el terrateniente que dominaba la comarca y al que le bastaba una orden oral para convertirla en dogma. Don Afrodisio iba a caballo por sus tierras y cien hombres se quitaban el sombrero a su paso. Amo de todo. Don Afrodisio vendía bestias, vendía la cebada para mantenerlas y las contrataba para sus tierras. Lo mismo o parecido hacía con los braceros. Siempre éstos estaban en deuda con el amo, si no por un adelanto de jornales, por la compra de una mula, y si no por la mula, por la cebada. Quien intentara salir del círculo de don Afrodisio era hombre muerto. El amo controlaba y repartía a capricho. Uno de sus hijos le salió vicioso de juegos y empezó a pellizcar el capital, y a esto se sumó una enfermedad en las bestias y éstas contagiaron a algunos hombres. Murieron bestias y enfermaron hombres, y los que estaban sanos y tenían buenas bestias, echaron paso atrás, porque tenían que doblar el esfuerzo en las tierras del amo y no tenían para comprar otras bestias a las que alimentar. El amo no ayudaba a los braceros ni en jornales ni en cebada para las bestias. Y trató de presionar sin abrir la mano creyendo ganar la partida. Pero al amo se le venían encima las cosechas y los hombres no aparecían, y el amo, desesperado, gritaba que todo lo que los braceros tenían se lo debían a él, trabajo, bestias y pan diario. Los braceros, hechos al hambre, aguardaban ayunando días alternos y sin prestarse a las condiciones del amo. Desesperado, sin saber qué hacer con las cosechas, el amo reunió a los braceros: «Os vendo las bestias a mitad de precio, podéis pagarlas en tres años, os regalo la cebada y os doy trabajo.» Dicen que los bancos van a ofrecer sus activos inmobiliarios a precios bajísimos, antes que tener que comérselos. Ya ven, cuando no hay más remedio, hasta los más duros bajan el precio de la cebada...
Azahar de luto Por las cocinas andan las manos abriendo cajones en busca de las viejas recetas de cuaresma, que ahora no me acuerdo si a las espinacas se les echa orégano o comino, si los ajos se machacan crudos o se sofríen y después se majan en el mortero con el pimentón y algo de aceite… Anda la memoria queriendo recordar cómo era aquel secreto de la abuela cuando esparragaba las tagarninas… La cocina se hace toda casa, porque hay que recordar dónde estaba el punto para los guisantes con cazón, cómo era, en fin, aquella sencilla cocina de vigilia de cuando éramos niños. Y sin salir de la cocina, andan las manos mezclando harina y azúcar y aceite y huevos para no sé qué dulces que alguien de la familia hacía como nadie, y algunos hasta quisieran encontrar el canuto de caña con el que la madre estiraba la masa para los pestiños. Panes de torrijas esperan un batido de huevos y un plato hondo con leche o con vino, según el gusto, y la miel que sigue apretada en su bote, todavía sin haber soltado los fríos en la alacena, aguarda a que las torrijas se hayan frito para colocarles ese manto cristalino y dulce… Se remueve todo en las cocinas del sur donde la cuaresma impone un recetario de sabores hondísimos. Los potajes se suceden, y del garbanzo al chícharo —aquél con bacalao, éste casi sin nada—, las ollas hierven con ruido de vapor de siglos. En la calle, el sol ha roto en maduro y ha abierto de un beso el azahar. El aire huele a Virgen Niña y todo lo que por el aire va es una música de vida que embebe, que enamora, que nos hace volver al tiempo ideal de todas las memorias… Pero en ese revuelo de cocinas y en ese revuelo del aire cuajado de blancas y olorosas mariposas quietas en los naranjos hay un ay sin voz sostenido por el aire más sevillano. Mientras rebuscamos viejas recetas, removemos harina y azúcar, mezclamos huevos y aceite, en un basurero a las afueras de la ciudad guarda luto el azahar en el cuerpo desaparecido de una muchacha, un humano azahar asesinado que no le deja al azahar todo el blancor de otras veces. Mientras esa muchacha siga en el ningún sitio de su muerte, el azahar será de luto, la primavera no será ella —no puede serlo—, porque esa muchacha era una primavera sevillana unida a toda esta explosión de luz, de color, de olores, de sonidos, de sabores, de vida… Luto de sangre lleva, aunque no lo veamos, el azahar que ha abierto esta primavera Piropos y azotes Mis queridos amigos: Perdonad lo que pudiera parecer abandono y no es sino la voluntad de dejar largo turno de palabra a cuantos quieren decir aquí. Más que anfitrión, soy lector vuestro, libre oyente de vuestras opiniones. Leo con fruición cuanto escribís, y con más interés si cabe -por la cantidad de opiniones diversas que ha generado-, cuanto sobre la Semana Santa habéis dejado dicho. A este respecto, todas las opiniones son válidas, y algunas han construido un verdadero tratado de este “movimiento” que, a la vista está, no deja el mismo poso en todos. No sé si a todas nuestras manifestaciones culturales -sean o no religiosas- debemos someterlas a un análisis de origen o de cambios para entenderlas, que, a veces, nos basta con la libertad de vivirlas o no, siempre que no generalicemos. Cierto es que la Semana Santa es, para muchas personas, un espectáculo hermoso; para otras, un derroche de lujos y un alarde de vanidad; para otras, un fenómeno humano amparado en la religión; para otras, el aferrarse a una tradición heredada; y para otras, una razón devota con que manifestar su fe, con que celebrar su credo, con que trazar un camino espiritual. Y hay más razones. Pero lo más hermoso es que todo cabe en ella, en la Semana Santa, todos la hacemos nuestra a nuestro amor o a nuestra conveniencia. Ahí veo su grandeza, como en otras manifestaciones religiosas que, aun manteniendo una estética penitencial, han llegado a un estado donde cuesta trabajo deslindar matices. Dije alguna vez que para muchos amantes de la Semana Santa, una torrija es tan importante como un besamanos; y que aceptamos como buenas partes de ese “espectáculo” en las que, por ejemplo, un saetero contratado se santigua en público tras cantar, y que un balcón con mantillas y actitud devota puede tener detrás una intendencia de comida y bebidas… Pero… ¡es todo tan hermoso! Quizá, con todos los respetos a opiniones muy críticas con la Semana Santa, sea válido, aunque sólo sea para llevarnos bien, eso que se cuenta de los dos curas fumadores empedernidos que fueron a tratar el asunto con su obispo; cuando salieron de palacio y hablaron, a uno le permitiían fumar y al otro no. ¿Cómo es posible? Al que no le permitieron fumar le había preguntado al obispo ”si mientras rezaba el rosario podía fumar”, y al que le autorizaron, preguntó ”si mientras fumaba podía rezar el rosario”. Análisis antropológicos, psicológicos y demás al margen, algunos, repito, de gran altura literaria y de enfoque, la Semana Santa despliega un mundo muy interesante, muy rico en matices, muy aprovechable. Amén -por ser prácticos- de generar muchos puestos de trabajo y de haber creado muchísimas profesiones. Recibid mi abrazo. Antonio Marta y el río Queridos amigos: Parece, según la última confesión del asesino confeso de Marta del Castillo, que quienes sospechábamos de que no la hubiesen tirado al río, no estábamos muy equivocados. Para quienes no leyeran mi artículo de ABC del pasado 6 de marzo, lo publico en esta casa de todos. Un abrazo. LA TRIBU Marta y el río Es cierto que Miguel y los suyos –cuantos fueran- tuvieron veinte días para pensarlo todo, para coordinar cada palabra que tuvieran que decir, si los descubrían; en veinte días da tiempo de montar una historia creíble, por disparatada que sea, y el río como solución última es creíble, sí, y puede que el cadáver de Marta esté en algún lugar del río o del mar, pero también el río es una buena excusa para que nadie busque en otro sitio y que el caso duerma la eterna siesta del nadie sabe dónde. El río es muy grande, y vivo; no es la tierra. Buscar un cadáver en un río, veinte días más tarde de haberlo tirado a él, no es fácil. Cierto es que el asesino no sabía si lo iban a detener esa misma noche y las pruebas le hubiesen hecho declarar su acción, pero el río, como poco, le vale a un asesino para ganar tiempo. ¿Quién no se cree la versión del coche de la madre del amigo, la manta envolviendo el cadáver, el traslado al puente, el final que contaron? Pero un cadáver en un río puede resultar una aguja en un pajar, y si además resultara que en ese pajar no encuentran la aguja que buscan… y si además resultara que a la muchacha no la tiraron al río… Hay niebla en este caso. No es un disparate creer una sospecha que tiene el padre de Marta: que mienten. A ver: si el menor ha declarado que cuando llegó al piso de León XIII estaba allí el hermano de Miguel, y el hermano de Miguel dice que no es cierto y da como coartada que estuvo con una mujer y esa mujer lo ratifica, ¿quién miente? No sólo el Guadalquivir, también ellos, los acusados, son un río turbio en el que nadie encuentra el cadáver de la verdad, y tan posible es que el cadáver de Marta no esté en el río como que en la confesión de los detenidos no esté toda la verdad. Y si fuera así, si encontraran el cuerpo de Marta en otro sitio que no sea el río, ¿qué sucedería? ¿Se mantendría la misma pena para el autor o los autores del crimen, y no hablo ya de que por el cadáver se sabría si fue homicidio o asesinato, sino por el recochineo, por lo que ha supuesto en gastos y en esfuerzos baldío de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad? Un lector me pone unas líneas: “Que la busquen ellos, los acusados confesos, en el río… hasta que la encuentren… o digan la verdad, si la verdad es otra.” Desde luego, si resultara que a Marta no la tiraron al río, quizá toda la pena que les caiga nos parecería poca para ellos. Zapatero y Krugman
Mientras en el duelo político de esta España mezquina no salimos de unos trajes, unos muflones y un Jaguar, el Nobel de Economía Paul Krugman ha aparecido en los medios como el hombre del Tiempo de los dineros y está anunciando un largo temporal de ruina al que califica de «aterrador». Y nosotros discutiendo con aclaraciones de José Tomás el torero y José Tomás el sastre, de si eran muflones o venados, de si era Jaguar o Audi. Krugman nos ha llegado en plan Coco, pero no de Coco para asustar a los niños sino de asustarnos a todos. Oye uno a Krugman y le dan ganas de irse corriendo a Alemania, que es donde, según el periodista norteamericano, se están haciendo bien las cosas para paliar la crisis. Y Krugman aquí se ha visto con Zapatero. Sería interesante saber qué dirá el Nobel tras hablar con Zapatero, si le han entrado ganas de hacerle una pregunta, darle un consejo, felicitarle, salir corriendo o pedir una camisa de fuerza... para uno de los dos. Duelo en la crisis. Unos dirán que el encuentro entre Zapatero y Krugman es el del optimismo frente al pesimismo, o el de la visión frente a la ceguera. Lo sabremos. Pero si nos atenemos a los «aciertos» de nuestro presidente, mucho nos tememos que la razón esté más cerca del periodista que del político. Zapatero fijó marzo como pista de despegue de la mejoría, y Krugman pinta nubarrones dentro de la tormenta, anuncia que esto no es nada para lo que viene, y nosotros aquí, sin creernos lo que de bueno anuncia el presidente y sin querer creernos lo malo que prevé el norteamericano. Y preferimos seguir hablando de trajes y de coches, cuando tendríamos que aprender a frotar el palo en la piedra para conseguir fuego, porque, tal como se suceden los días, esto apunta más al regreso a los orígenes que al futuro. Así que no sé si morirme de alegría por el plan Zapatero, o de pena por el plan Krugman. Al baile, Kanouté Engaña su aspecto tranquilo, esa aparente desgana de animal humano cansado. Pero cuando en el verdor ventea la presa, tiene una zancada de piernas hechas a cruzar con urgencia la sabana huyendo del hambre o corriendo tras el pan por el espeso oleaje del desierto. Planta de jefe de tribu y prudencia de hechicero que cura sin alharacas, su mirada es la de todos los ojos que saben que parpadear puede significar darle una ocasión al peligro. Hay en su mirada siglos de insomnio de los suyos, y una alerta de sangre es el tamtan de su pulso. Pocas palabras, las necesarias, como quien pellizca la vianda justo lo que reclama el estómago. Si vistiera túnica y deambulara por los pueblos ofreciendo relojes y calculadoras, le preguntaríamos cómo fue la travesía de la patera. Pero nos llegó vestido de futbolista, anunciado como un cazador del área, y el sevillismo talló para él una peana de ébano, dispuesto a arrodillarse, respetuoso, ante su paso de ídolo que en español no sabía ni mirarnos, casada su lengua bínuba con el francés y los sonidos tribales del bambara o el fula que le empujan por dentro y que quizá le arrullaron nanas negras en la primera vez del sueño… Es un espectáculo verlo jugar. Todo en él es una danza, una danza aborigen que en el fútbol ha impuesto un ritmo africano desconocido, como si en vez de venir a rematar balones, hubiese venido a danzar sin desmayo alrededor de una candela. Cuando Kanouté calcula, controla y decide la escapada, el césped del campo se convierte en yerba de media caña donde los leones aguardan gacelas confiadas. Y empieza el baile, la danza que halla en el canto de los Biri el coro de fiesta que diseña lanzas, escudos y collares de flores en la ladera blanquirroja de Gol Norte. Pero la danza de Kanouté no acaba en el estadio: es un hombre que juega —perdón, que danza— para espantar el hambre de los suyos, que son de los más pobres de la tierra. Ahí, en el compromiso, sí que Frèdèric es el número uno. Fe y convicciones, Kanouté se da todo por los suyos. El próximo martes, en el Museo del Baile Flamenco, del brazo de Cristina Hoyos —que no pare la música—, asistirá a una gala flamenca a beneficio de la Ciudad de los Niños en Bamako, Mali, que construye su fundación. Si en el fútbol es de los mejores del mundo, en la yerba del compromiso humano es el rey de esta selva. Su ejemplo, admirado Frèdèric Kanouté, es de sombrerazo Días de velas Me imagino la celebración de primer cumpleaños que soñaba el presidente del Gobierno cuando marzo se apellidaba 2008: una gran tarta con la forma del mapa de España y en el centro una vela, una vela en la que hubieran escrito las palabras «Primer año triunfal» (o algo así, vamos), una vela con una llama nerviosa como un pajarillo sujeto con liria, aleteando en su cárcel del pabilo como una pirausta, y el presidente que se acerca y, como un bebé, sopla suavemente, primero, hasta que la llama se asuste como queriendo echar a volar, y después, el soplo más fuerte que la apaga mientras, entre aplausos y coro de «cumpleaños feliz», el humillo sale del pabilo renegrido y en el salón se cruzan serpentinas y se sueltan globos. Eso era lo soñado para el primer cumpleaños de su segundo Gobierno. Pero, visto lo visto, más vale ni nombrarlo. No está la cosa para celebrar cumpleaños, porque hay años que, más que cumplirse, se nos vienen encima, nos aplastan, y así fue 2008, y ya veremos 2009. Así que de momento no hay plan de tarta de celebración en el Gobierno, ya que el personal anda a ver si es capaz de aliviar el luto por la crisis, que no destiñe su negro, antes que pensar en tartas y en velitas. Y mientras Carmen Calvo -oh, adivina- ha descubierto que Obama ganó por su perfil femenino, nosotros hemos llegado a la conclusión de que hemos perdido porque Dios nos ha dado la espalda, que hasta Dios se habrá quedado sin preguntas para Rodríguez Zapatero hecho ya a que Rodríguez Zapatero para todos tiene la misma respuesta, y no se ha demostrado aun que en esa respuesta diga la verdad. Así que lo de la tarta y apagar velas, que lo dejen. Nosotros, en cambio, no: lo mejor que podemos hacer es comprar velas, muchas velas, y ponérselas a Dios, bien encendidas y cuidando de que no se apaguen, a ver si el cielo se apiada de nosotros, porque como Dios no arregle esto.. Jugar con vidas Me lo dice el amigo, mientras circulamos por la autovía que abre una brecha entre los encinares hermosos que se visten de verde sus pies en esos campos que nadie, salvo los términos, sabrían distinguir si son de Badajoz o de Sevilla, que Badajoz tiene un cuarterón sevillano que le andaluza mucho más que le extremeña las hechuras. Me lo comenta el amigo, al hilo de la puntada de sangre de esa voz aidada de la ministra de Igualdad: «Mira si es una barbaridad darle libertad para que aborte a una niña de dieciséis años, que a esa edad, la misma ley no le permite, por ejemplo, conducir un coche o votar en unas elecciones. Por lo que podríamos deducir que para el Gobierno, la vida de un ser humano es menos importante que el carné de conducir y que un voto. Es como si a las niñas les hubieran dicho que pueden jugar a las muñecas vivas, y que lo mismo pueden decidir parir a sus muñecas, dormirlas, mecerlas o destrozarlas en el siempre sangriento asunto del aborto. Así que una niña puede hacer de su vientre un sayo, pero no puede elegir a quién va a gobernarla ni conducir un coche. A partir de este ejemplo que te pongo, la barbaridad engorda hasta donde quieras. Se están cargando la adolescencia, la juventud y los más profundos sentimientos del ser humano.» Siguen pasando encinas y verdores increíbles cuando la tarde se echa con arreboles sobre el zigzag de la sierra lejana, y la luz simula una quieta hemorragia de crepúsculo. Sí, amigo, ya esto de las libertades no depende de un mayor o menor —o nulo— sentimiento cristiano, depende de aplicar los más elementales principios de lógica y de sensatez. Una niña de dieciséis años tendría que tener del Gobierno de su país todas las facilidades a su alcance para una buena formación escolar, y en cuanto a sexualidad, la suficiente información y la adecuada educación para disfrutar de su edad sin que le amontonen las edades con todas las responsabilidades. Una niña de dieciséis años no está preparada para decidir sobre una vida, aunque sea propia, ni siquiera para llegar a la preñez, pero tampoco todo el que llega a un Ministerio está capacitado para autorizar capacitaciones. De modo que mientras en el Gobierno no haya capacidad suficiente, no queramos que la haya en cuanto decide. Mucho más que permitirle abortar a una niña, me preocupa permitirle firmar a algunos (algunas, en este caso) que llevan cartera ministerial. Patinar en Sevilla No hace falta que caiga una nevada, ni que monten una de esas pistas de hielo para que la chavalería se divierta y vaya haciendo sus huesos a los golpes, ni, como en Lepe, inventar algo que parece nieve y le da a la plaza un sueño de Navidad postiza. Nada de esto hace falta. En Sevilla se habla mucho del colapso del tráfico, y con razón, que Sevilla en tráfico es una pista de coches locos en la eterna Calle del Infierno de muchas de sus calles. Pero el asunto va de patinaje, un patinaje poco artístico y que puede acabar escribiendo sus crónicas en Traumatología. Los gigantes de bronce que colocó en exposición el Ayuntamiento al poco de inaugurarse la Plaza Nueva, aquellas moles oxidadas, tenían bien plantados sus pies de pedestal y no resbalaban, pero el día menos pensado, como no se ponga herraduras de goma, hasta el caballo de San Fernando se va a quedar patiabierto. El suelo de mármol de la Plaza Nueva es una plaza de Burgos cuando la nieve cuaja en hielo, una pista de patinaje, lo más parecido a algunos suelos de algunas plazas de abasto por la parte donde están las pescaderías. ¿Ha probado a cruzar la Plaza Nueva un día de lluvia con unos zapatos de suela de goma? Pues vaya con cuidado, si no quiere dejarse la cabeza como se la han dejado al pobre árbitro del partido de juveniles en Benacazón. Ayer, como otros días de lluvia, cruzar la Plaza Nueva era cruzar un lago helado… y sucio. La suciedad en la plaza principal de la ciudad daba pena, chorreones de agua sucia, negra, no sé de qué ruedas de qué vehículos, pero con un aspecto peor que el de cualquier calle de mucho tráfico y mucha suciedad. Y a ese aspecto tan lamentable, súmele el peligro del mármol mojado, que, con la suciedad, se presenta bonito de lejos pero con la traición bajo sus pies. Un peligro. Como en la Semana Santa le dé por llover, quizá las cáscaras de pipas y otros desechos frenen los resbalones, pero el suelo de esa plaza, con lluvia, huele a escayola que te caes de risa, o de pena. Como llueva en Semana Santa, más vale que pongan pasamanos por la plaza. La pobre plaza, tan céntrica, no vale ni para el sol ni para el agua, que si cruzarla en verano es atravesar un desierto canalla, cruzarla con lluvia es jugarse los huesos en cada losa. Y quieren poner un quiosco y veladores. Bien, pero eso, en verano. Si llueve, que en vez de bicicletas, el Ayuntamiento alquile patines para cruzarla. Matar al árbitro
El sumarísimo del silbato enciende siempre a una parte de la turba que va al fútbol dispuesta a no aceptar más juicio que el propio, una turba que sólo le perdona errores al árbitro si esos errores perjudican al equipo contrario, que no hay turba alguna que censure un posible error arbitral que le dé la victoria a los suyos. Arbitrar un partido de fútbol -como de otras competiciones- supone colocarse entre dos frentes, algo así como guardia de tráfico de balas en direcciones encontradas, y es muy difícil salir no ya entre aplausos sino entre la indiferencia general, al acabar un partido. Se supone que el árbitro decide por lo que ve, no como la apreciación del encendido aficionado, que decide en función de sus amores o sus odios, o, en ocasiones, desde una posición más cercana a la acción que la del juez. En definitiva, que ser árbitro es un riesgo. Que se lo pregunten si no a ese muchacho que en un pueblo de Sevilla, tras pitar un penalti y responder con la expulsión al jugador que le insultó por su decisión, le dieron golpes para haberlo matado. Al puñetazo del futbolista expulsado siguieron más agresiones de otros compañeros, lo tiraron al suelo y se liaron a patadas con el pobre árbitro, a quien tuvieron que hospitalizar. Un dato: eran jugadores juveniles. Otro dato: dicen que los padres de algunos juveniles, al ver caído al árbitro, pedían que lo remataran allí mismo. Ya ven, no aceptan un penalti o una expulsión, porque les pudieron parecer injustos, y deciden puñetazos a las cejas o patadas a la cabeza, cobardemente, o, como los familiares, piden para el árbitro el sumarísimo de la pena de muerte sobre la yerba. Tras conocer detalles del asesinato de Marta del Castillo, nos preguntábamos cómo es posible, con menos de veinte años, matar a una muchacha y tener la frialdad de pensar un plan para tirarla al río envuelta en una manta en la lluviosa noche de la culpa cobarde. A lo mejor parte de la respuesta podemos encontrarla en la reacción de estos juveniles y, sobre todo, en la de los padres que los animaban a matar al árbitro. Hay mucha maldad, sí, pero alguien o la abona o la está dejando crecer.
July 20 http://blogs.abcdesevilla.es/latribudebarbeito/ Nadie cobra
La crisis ha cambiado incluso la conjugación de algunos verbos, sobre todo, del verbo pagar. Siempre hemos dicho: yo pago, tú pagas, él paga... Bien, pues ahora hay que meterle una negación tras el yo, y nos sale la conjugación más común en esta España que de decir «tengo unos pagaré», ha pasado a decir «tengo un no pagaré». ¿Cómo se conjuga el verbo pagar? Así: «Yo no pago, tú no pagas, él no paga, nosotros no pagamos, vosotros no pagáis, ellos no pagan». Quizá nacido a mediados del siglo XX, por España corría un chiste que encontró acomodo en todas las crisis, y así, en la de los noventa, se contaba: un señor que va por la calle y por detrás alguien le da un toque en la espalda, y el señor, sin volverse, dice: «¡Eh... que a mí también me deben!». Es cierto que la crisis le viene muy bien al que no quiere pagar, porque le basta decir -y cualquiera se lo cree- que a él también le deben. La excusa de los ayuntamientos no falla: «Es que el ayuntamiento me debe todavía facturas de hace dos años, y, claro, dime tú, si era mi principal cliente». Y algunos se dan a la solución de almanaque: «Vamos a aplazar el pago a veinticuatro meses, a ver si pasa esto». Y el que tenía que cobrar hace lo mismo donde debe, y así, de unos a otros, nace la conjugación de la negación, el «yo no pago, tú no pagas, él no paga...». El Gobierno ha lanzado un plan de ayudas a las pymes. Ayer decía un pequeño empresario: «A ver quién puede presentar todo lo que exige el Gobierno para que te dé una ayuda, que el Gobierno exige más papeles que un banco. ¿Que va a conceder tres mil millones? Pues a ver si eres capaz de traerme a tres que hayan catado algo de ese dinero». Le dije al amigo lo de la conjugación, y me dijo que sí, que era cierto, pero cuando ya se iba se volvió y me dijo: «Oye, en esa conjugación de yo no pago, tú no pagas, él no paga..., falta el estribillo...». ¿Cómo? «Sí, éste: nadie cobra»
Verdad cochina Parece una rebelión en la granja sin necesidad de Orwell. Hacemos memoria de la peste equina, de la lengua azul, de las vacas locas, de la gripe aviar, y ahora, en la parte de la zahúrda, ya que no es una falsa alarma la gripe del cerdo, es una verdad cochina. Es lo que nos faltaba para redondear el añito que llevamos, porque si a los bolsillos vacíos, el «No pagarán» que han impuesto en las barricadas de la ruina y los cuatro millones de parados -y lo que vendrá-, le añadimos la gripe porcina, más que un país, nos sale una especie en peligro de extinción. Viene de Méjico la gripe, un virus como una canción de invisible mariachi que nos puede dejar patitiesos antes de que gruña un cerdo. El Méjico lindo es el Méjico de las mascarillas, y ya mismo, como sigan apareciendo casos en España, vamos a movernos por la calle vestidos de quirófano. No me hables, no me beses, no respires, no te acerques... Parece un poema de desamor pero es el miedo, ay, el miedo a enfermar y a no contarlo. Nos creemos reyes de la Creación pero basta el estornudo de un cerdo para ponernos en cuarentena. El cerdo, tan aprovechable, tan de jamón, tan sabroso, hoy se nos presenta como el demonio con virus. «¡Fuera, cerdo!». Y no es ofensa sino mandato. Menos mal que para ponerle a todo este calvario unas gotas de glamur, nos llegan en visita amable Sarkozy y Carla Bruni. Tampoco hubiera pasado nada si sólo viene Carla, total, para lo que van a mirar a Sarkozy cuando vayan juntos... A Sarkozy, si acaso, le mirarán los zapatos con alza, esos donde dicen algunos que también se suben Aznar y otros bajitos. Sarkozy, junto a su mujer y los miembros de la Casa Real española, tan altísimos, no sabe qué hacer para llegarles al hombro. Eso se arregla con un recrecido interior en los zapatos. Lo malo es lo nuestro, que entre la crisis y la gripe porcina, no sabemos qué hacer para llegar a mañana
Quite de Chaves
Antes de que acaben las corridas de la Feria, antes de que sigamos viendo salir por los chiqueros de la Maestranza a algunos toritos que tienen menos interés que el toro de fuego que corretea los pueblos en fiesta, el doctor Vila ya tiene un trabajo hecho, porque a ver si no, querido Ramón, le ha dado a usted hecho Manuel Chaves el premio al Quite Providencial, un premio que puede recoger, por compartido, con el presidente del Gobierno señor Rodríguez Zapatero. Los dos han hecho el quite, por eso digo que podrán compartirlo. No sé qué fue primero, si que Zapatero vio la situación de peligro en la que se encontraba Manuel Chaves y le echó el capote a tiempo, o fue que Manuel Chaves lo llamó —«¡Blanquet, Blanquet!»— viendo que el torito se le venía y lo iba a echar al hule. Fuera lo que fuera, lo cierto es que Manuel Chaves se ha librado de una gorda, de un cornalón de caballo que tiene no dos trayectorias sino más. De momento, la cornada más segura que se ha quitado Chaves con este quite providencial es una cornada de casi un millón… de parados. Una cornada de un millón de parados acaba con un torero de los años de alternativa de Chaves, pero como el toro se la ha pegado a Griñán, que está recién salido y muy entero, pues no será tan gorda. Dice Chaves que echa mucho de menos a Andalucía. Ya lo creo, pero no más que nosotros a él, porque este millón de parados es completamente suyo, «un millón para el peor» podría llevar de título la historia, un millón de parados que se mueven, y no es ciencia ficción, se mueven en busca de un puesto de trabajo. Qué bien lo ha hecho don Manuel, qué finura, qué oportuno en tiempo para evitar la cornada. De ser a esta hora el presidente de una Andalucía que se muere de pena en las colas del paro, ha pasado a ser el que reparte el dinero a las Comunidades Autónomas. Y más: de ser un hombre con sesenta y cinco años, un millón de parados, una crisis y una oposición que estaba comiéndoselo y un penoso retiro andaluz que estaría echándole en cara tantas cosas, ha pasado a ser vicepresidente, y se va a jubilar ya mismo con el sueldazo de un vicepresidente y todo lo que rodea el cargo, y habiéndose librado del cornalón y con el toro en manos del sobresaliente, Griñán. Lo que ha hecho Chaves sí que es un quite, solo o a medias con Zapatero. Y he dicho por error que el toro es para Griñán. No; el toro es para nosotros. Enterito
Religión de abril Nadie lo verá en otro lugar festivo, si no es por la misma razón. Por no ir, no iba ni al cine que convocaba a toda la tribu las cerradas noches de invierno y las largas y cálidas noches del verano. En las fiestas, lo preciso, una salida a los malecones de los bares, una cerveza, una mirada y punto. Ni en directivas de hermandades, ni de espectador en un partido de fútbol, ni, como cualquiera, cerca de las fiestas arraigadas en la costumbre del lugar. Él, a lo suyo. Si cuando los fríos del invierno propician un tentadero en sitio conocido, o de matador conocido, al campo. Su gorrilla, su pelliza, sus pantalones de pana, sus botas de becerro y cien ojos en dos para no perder detalle. Disfruta del campo, sobre todo, si en la dehesa corretea una negra bravura astada y, desde algún sitio, el ala de un capote la llama. Lo que tiene de campo es de dehesa, porque su oficio no está ni en el surco ni en los olivares. Pero se hace todo campo cuando alguien le dice que mañana hay tentadero. Entonces, lo deja todo —puede, porque es autónomo— y se va a su querencia, a su religión. Y cuando vuelve, el relato, que en su voz es la mejor crónica y, sobre todo, la más completa: cuenta cómo está la yerba, cómo los arroyos, cómo las encinas, cómo los sembrados… Y, claro, cómo están las becerras, cómo el matador, cómo «un chiquillo que salió, llamó y le dio seis muletazos jondos que nos dejaron a todos mudos…» Va estas tardes de toros con su hábito abrileño; en vez de la gorrilla de paño del invierno de la dehesa —que es la misma que se pone para ir a los festivales de febrero en los pueblos cercanos—, una más fresca que lleva bajo el brazo; pantalón de milrayas, camisa y cazadora, por si acaso, y aquella almohadilla que le hizo su hija, de rayas rojas sobre un ya apagado color albero. Ni bebe ni fuma ni se va a la playa, ni lujos de coches caros ni ropa de moda, pero a su religión de abril no le falta nunca un abono de Sol y una esperanza. Sube al autobús de línea en el pueblo, llega a las cercanías de la Maestranza con tiempo suficiente, y cuando acaba la corrida, un café y camino de vuelta. Lleva así más de cuarenta años. Se sabe todos los credos del toreo y sus gustos se encajan en el molde clásico arrebatado de pellizcos de arte. Y aunque ese molde se le fue, tan romeramente, sigue ahí, sin faltar, por si acaso un día viene otro capote a pintarle el cielo en una verónica… Amigos míos… ¿De vacaciones de Semana Santa? ¿Cómo la hemos vivido? Y ahora, de vuelta, ¿qué España nos encontramos? Ya vemos: uno quiere que trabajemos dos años más, y lo raro es que eso se lo dice a un país que tiene cuasi cuatro millones de parados… “¡No dos años, dos meses siquiera!2, le habrán dicho algunos. Yo, desde luego, no quiero durar tanto trabajando, porque además ya sabéis (al menos, el amigo yamayor lo intuye) que servidor no es un paradigma de fatiga laboral. Yamayor, uno de nuestros invitados, parece dispuesto a hacerme trabajar más días y más horas en este blog, como si fuera un tajo, una obligación. Todos, querido amigo, no tenemos el mismo tiempo para hacer cuanto queremos. Pero me apetece que hablemos de algunos aspectos de la actualidad: ¿Cómo vemos la situación de la crisis, si plena, aumentada, recortada, sin salida, esperanzadora..? ¿Y la laboral, tan unida a la crisis? ¿Y la económica, tan unida a las dos? ¿Y la política, tan unida a… los intereses de siempre? ¿Y qué me decis de esas prisas con la nueva ley del aborto y la libertad freligiosa, cuando el país pide -necesita- otras soluciones? ¿Tratan, como tantas veces, de conseguir que miremos para otro lado? Y si alguien quiere, hablamos de toros, con mucho gusto y mucha pasión. El domingo de Resurrección estuve en la plaza de la Malagueta, y vi a dos gigantes, Tomás y, sobre todo, Perera. Fue inolvidable. ¿Alguien quiere, mejor, que hablemos de la primavera “rara” que se nos ha venido? Mis plantas, mis flores y mi huerto están de escándalo… Abrazos. Antonio Siempre ella Vendrán carteles redondos que encenderán la esperanza, diestros que sólo al nombrarlos —por arte, valor o fama— dejarán en la afición un sonido de campana de triunfo de otros días, de franelas y de espadas, de paréntesis que encierran orejas, rabos y palmas. Diestros que en el paseíllo con el pasodoble marcan un paso indeciso que pide que después les salgan los sueños que encuadernaron en el insomnio, en la larga espera junto al vestido —seda y oro el miedo calza—, cuando la saliva engorda y el suspiro se adelgaza porque no cabe, no cabe por esa angosta quebrada del mal trago de la hora que se viene, que ya avanza precipitada en agujas de relojes que señalan la hora justa en los espacios llenos de preguntas tantas… Vendrán bonitos vestidos, y si un buen sol acompaña, jugarán a mariposas las lentejuelas. De gala se vestirá el aire limpio de la tarde sevillana. Y la música pondrá en todos los aires ganas de toritos que se arranquen de lejos y lleven alta esa luz de la bravura, de la nobleza, la casta. Y los silencios se harán cuando un dios llegue y se abra de capote y llame y grite ¡jé! Vendrán tardes soñadas. Y vendrán ganaderías —las puntas como dos llamas— a encendernos la emoción, a dejar claro quién manda en la soledad de albero —qué grande sabe la plaza, y del toro al callejón, qué interminable distancia— del que pisa y mira y mide calculando la cornada… Vendrán tardes de bullicio frente al perfil de Triana, por donde el Guadalquivir —verónica desmayada— lleva embebida a la luz que por su cauce se arranca, y se siente tan torero al ver que brillan sus aguas igual que un traje de luces. Vendrán tardes de muchachas hermosas y bien vestidas, y tras ellas, las miradas… Por el Paseo de Colón, la hora que suena es la exacta. Vendrán triunfos sonados y vendrán broncas sonadas; vendrán tardes que sabrán a suspiro —¡tiempo, para!—, y tardes que pesarán como una losa en la espalda. Vendrán azules de cielo y brisas de sal de gracia. Y se vendrán nubarrones negros que el azul desgracian, y vendavales que rompen la estética de la plaza. Y vendrán quizá las lluvias, el feo toro del agua que acarrea suspensiones y desluce cuanto empapa. Pero sea bajo la luz o bajo lluvia, una estampa quedará siempre la misma, nos quedará siempre intacta, triunfadora y dominante, bellísima flor callada, aro a la justa medida de la ciudad: Maestranza… Dos años más El primer sello de cotización lo pagó cuando tenía poco más de trece años, y desde entonces no ha dejado de cotizar ni de trabajar, que no es él hombre de andar parado ni viendo el cine. Pero tiene ganas ya de soltarse de la tarea diaria en la que lleva tantísimos años enganchado, que iba de una obra al campo, de una fábrica a echar los fines de semana de camarero, y ni una semana de vacaciones en su vida, ni un lujo que sobresaliera del diario, si no fue aquella vez que se compró un terno cuando la boda de su hija la mayor, el mismo con el que casó a los demás hijos y enterró a todos los viejos de su casta. Está cansado de tajos y falto de descanso, que ya los huesos le cantan el tiempo mejor que todas las fotografías de los satélites. La cintura le canta un aria de dolor en cuanto hace un esfuerzo inusual, y cuando no es el hombro, es el codo, la rodilla, «esta pierna» o las cervicales, que las vértebras no olvidan los miles de sacos de grano que subió a los soberaos de media comarca. Cuando desde la izquierda empezaron a pregonar jubilaciones gloriosas, se frotó las manos, pero pidió su historia laboral y descubrió que hubo amos que lo tuvieron dos años trabajando y sólo declararon cuatro meses, y aunque en el lomo tenía treinta y cinco años de trabajo, los papeles decían que no llegaba a veinticinco. Va a cumplir sesenta y tres almanaques y se frotaba las manos la pasada Navidad, ajustando cuentas de jubilación, haciendo planes para dedicarse a su huerto en la parcelita que heredó a las afueras, a sus nietos, a su bar y a su tinto del mediodía, poco más. Y cuando ha oído que peligran las pensiones y que un listo ha dicho que para solucionar la crisis los trabajadores han de jubilarse dos años más allá de los sesenta y cinco, se le han venido encima, de golpe, todos los años que lleva trabajados y una pena nueva: la de pensar para qué coño ha estado trabajando y cotizando tanto tiempo, si es posible que su vejez sea peor que su juventud. A lo mejor no aprueban esa barbaridad —una barbaridad que en algunas profesiones puede ser un acierto, pero no para quien se ha dejado la salud en cien tajos—, pero a él, de momento, le están amargando las vísperas de lo que sería júbilo. Es muy fácil, desde el cómodo sillón de un despacho, lanzar paridas así. Antes de hablar con esa alegría, algunos tendrían que pasarse siquiera un mes con el lomo al sol en esos campos… Muchacha de luces La muchacha de azules que se cambió el vestido celeste que la tarde le cortó a su medida, viene ahora luciendo un día derramado de luces increíbles —imposibles—, maduras, que hacen del Viernes Santo un cielo de vigilia por el que Dios camina sin que nadie lo vea. Mira el rescoldo cálido que queda por las calles, restos de luz de cera, lluvia de penitencia. Y la fe, y el delirio, la tradición que tiene el sabor de los siglos en la sangre, las manos, la mirada, en los pulsos… Mira lo que ha quedado después de pasar todo: intacto está el milagro, intacta la hermosura, es la misma belleza vestida de otra forma, la belleza desnuda que se mira despacio en los amplios espejos de la santa mañana. Rescoldos de candelas, morena trashumancia, un son de seguiriya, de fragua, de lamentos, de raza que ha sabido encontrar en un barrio la manera más corta de encontrar lo divino. Como buenaventuras suenen las oraciones, y como toná suena la autoridad de oscuro que llama a la cuadrilla con la voz de un flamenco, con la voz requemada, con la voz sin guitarra, con la voz que se afila como un cante sin nombre… Rescoldos de silencio quedan por donde iba el Silencio abrazado a su cruz, su destino. Rescoldo de respeto que impone, que nos deja en la mudez perfecta que requiere su paso. Rescoldos macarenos que dejó la Esperanza cuando pasó sembrando de piropos las calles, cuando pasó meciendo su pena entre varales y nadie se creía que llevaba una pena. Rescoldos de un Calvario que clavó con tres clavos de luces imposibles la Verdad sin remedio, un rescoldo que enciende la pasión sin notarse, pero que no la deja que la enfríe la noche. La muchacha de azules, la que fue de celeste, la que viste de oro sus carnes por el día, la muchacha que viene con la luz en los ojos, recoge la cosecha de larga madrugada, y mima los rescoldos que Pasión —¡es Dios mismo!— puso como el aliento de Jesús caminando. La muchacha de azules sigue por la mañana espigando perfiles de su propia cosecha. Esta muchacha tiene el tiempo de sus luces. Y en las calles que guardan las huellas de los hombres, distingue el paso firme de un Gran Poder que al hombro lleva a todos los hombres resueltos en madera. Y cuando la muchacha se asoma a la baranda del puente que se cuelga en los hombros del río, un rescoldo de luces le ilumina la cara, la despierta, la llama, la nombra, la enamora. Y con una Esperanza Triana la completa Pan de hambre Imaginemos que está un enfermo en cama, en una planta del hospital, y así lleva internado varios meses, y todos los días pasa el médico, lo saluda, le pregunta cómo está y el enfermo le dice que está como siempre, ni mejor ni peor, y el médico le dice que esté tranquilo, que mientras esté así, o sea, mientras no empeore, es buena señal, que ellos están a la espera de dar con un medicamento que lo cure del todo; y él, el enfermo, como todos los días, le pregunta al médico si sabe cuánto tiempo le queda allí, si sabe cuándo le darán el alta, que está preocupado por su puesto de trabajo, del que lleva ausente medio año, y el médico le responde que no se preocupe, que ellos le darán un informe para que pueda estar en el hospital el tiempo que haga falta sin que peligre su puesto de trabajo, y el enfermo... El Gobierno no da con el medicamento que cure del paro a los millones de españoles que sufren esta epidemia, esos tres millones largos que a lo peor son cuatro cuando vuelvan a contarlos, y cada vez que los parados preguntan por lo suyo -por su mal-, les dicen que no hay alta a la vista, pero que no se preocupen, que lo malo sería que empeoraran, que mientras todo siga así, es buena señal. ¿Buena señal? Pues, ya ven, parece que quisieran convertir en algo bueno un mal crónico, sólo por ser crónico. Y ahora, a la vista de la situación, una situación que se ha visto agravada al no poder cobrar el día 10, porque el día 10 era Viernes Santo -vaya pasión que han sufrido los parados-, dice el Gobierno que van a alargar en casi un año el período de cobro del paro. Esto es como amasar un pan para el hambre, un pan que ni harta ni deja morir -eso que dice Sabina de «este virus que no muere ni nos mata»-, un pan humillante, cuando lo que necesitan los parados es un menú laboral. Pan de hambre que sabe amargo cuanto más se muerde, porque se muerde sin esperanza de otro alimento. Quizá la belleza Porque lo habíamos visto en el cine o en algunos festivos de la tribu, cuando la vida de la primavera organizaba su territorio, los chiquillos nos íbamos a convertir en juego cualquier acontecimiento que tuviera que ver con la belleza, y si las niñas cambiaban sus canciones de corro y comba por aquellas tardes de toros en alguna era donde el niño era el torero y el toro, el músico y el rejoneador, el mozo de espadas y el mulillero, los niños, cuando alguna chiquilla hablaba de organizar una procesión, nos íbamos todos a su idea. Un cajón, o un tablero, alguna manta vieja, dos listones clavados en cruz, cuatro velas o cuatro latas de leche condensada que simularan guardabrisas, o cuatro botellas; un sudario improvisado con la tira de un trapo blanco o con la cinta que alguien hubiera ganado alguna vez en las carreritas de cintas, flores del campo, pitos de cañas, tambores de latas de conservas, aproximada marcialidad, aproximado costal, aproximado todo, los chiquillos sacábamos a la calle aquel pasito, mitad de Semana Santa, mitad de Cruces de Mayo, como quien necesita dejar claro que anda el camino de la belleza, mucho más que el del credo. No nos movía la fe, ni la necesidad de manifestar nuestro cristianismo; era la idea de la belleza, aquella idea que tenía que conseguir con las manos y escasos elementos una obra que en la calle resultara bonita, que llamara la atención. Los niños nos sentíamos actores —sin saberlo— de unas tradiciones que tenían a los santos y a los lujos como protagonistas, como quizá hubiésemos aprendido a hacer casitas de hielo si hubiésemos vivido en Alaska. Copiábamos del natural, tratábamos de conseguir un natural a nuestra medida, de nuestra talla. No nos movía más que la idea de lo hermoso, de entonar con la primavera que pasaba, con la memoria de cuantas procesiones habíamos visto, y nos sentíamos capataces, costaleros, nazarenos —inolvidables capirotes de papel de periódico, inolvidables capas romanas de papel de colores, inolvidables báculos de asas de maletas—, saeteros, músicos… benditos actores de la costumbre, íbamos por la edad portando herencias. El otro día vi una procesión de escolares. Como en aquellos, quizá en estos niños no había más intención que la belleza. Y al ver las procesiones de Semana Santa, he pensado lo mismo: quizá sólo los mueva la belleza. Pero es que aquí la belleza es una religión, un credo Vengan cambios Está el presidente Rodríguez Zapatero como el padre de un amigo mío de la infancia, hombre con dinero y poder, que cada vez que el niño se le presentaba con malas notas, lo cambiaba de colegio: «Lo he cambiado porque hay un profesor que la tiene tomada con él y le hace la vida imposible, y el chaval vale mucho, pero, claro, el profesor lo tiene frenado no sólo en su asignatura sino en todas las demás, y el chaval está tan desanimado que no aprueba ni una...». Así, uno, dos, hasta cuatro colegios. Hasta que un pariente le dijo: «¿Tú no has pensado que a lo mejor el problema es de tu hijo?». Un disgusto le costó. Pero acertó. No eran los profesores, era el niño. No digo yo que Zapatero sea el culpable de todo, que es posible que algunos de su confianza en el Gobierno no hayan dado la talla y aun le contradigan sin razón, pero no estaría mal que el presidente pensara una vez que el problema puede ser él, y no algunos de los que le rodean. Los Gobiernos se parecen mucho al fútbol, y los presidentes son como entrenadores de una plantilla de ministros. Si los resultados son buenos, el presidente -el entrenador- es el mejor del mundo, y si empiezan los problemas, el presidente empieza a tirar de banquillo. Si los cambios son acertados, el equipo se mantendrá arriba, pero como el banquillo no le responda, llegará un rival que le quite el sitio o la grada le grite que se vaya. Me parece que Zapatero es de los que siempre creerán que el problema es del profesor, no del niño. Y ahora que hará cambios en algunos puestos que no le están rindiendo como él -ni las circunstancias- necesita, a ver qué pasa. Tiene larga plantilla, pero no inagotable. Ojalá, por el bien de España, sea capaz de diseñar un equipo ganador, pero si los fallos continúan, esperemos que alguien cercano le diga que es hora de cambiar de entrenador. O -lo que no parece probable- que lo decida él El que la copia… Mis queridos amigos: Esta mañana me he llevado una sorpresa al leer una colaboración en prensa, en El Mundo. Leía “La tronera” de Antonio Gala, a quien admiro, y no sabía cómo reaccionar, creí que soñaba o que estaba en un tremendo error. Su colaboración (podéis verla en la edición de papel o en la digital) la titula “Morir de mejoría”. Hbalaba de Zapatero, de su optimismo, y terminaba diciendo que, al ver el optimismo del presidente, se había acordado de una copla “que lei hace años de un indeciso”. La copla dice: “Tanto miedo le tenía / a decir que emnpeoraba, / que él solito se engañaba / y murió… de mejoría”. Bien, muy bien. Muy oportunos título, idea y copla… si no fuera porque una semana antes, el 31-III-09 (buscad en Google “barbeito+morir de mejoría”, este servidor no hubiese publicado una columna con el mismo título, la misma idea y la misma copla final. Tras la sorpresa, me he reído como nunca. ¿Sabéis una cosa? La coplilla que el señor Gala dice haber leído “hace años” la compuse… ¡mientras escribía el artículo, el mismo día 31-III-09! Pero permitidme que me sienta feliz: no todos los días tiene uno la ocasión de que un personaje mundialmente conocido como Antonio Gala le fusile una columna. A sus órdenes. Y si necesita más coplillas “de hace años”, se las hago ahora mismo. Gracias Doctrina tardía Lo que de ti no consiguió tu padre, lo está consiguiendo tu hijo. Lo que son las cosas. Tu padre, que fue de los primeros y más jóvenes cursillistas de la tribu, te llevó a misa los domingos hasta que tuviste piernas para correr más que él; después, imposible le resultó hacer carrera de ti, digo la carrera que él quería. Cuando el domingo amanecía y tu padre se arreglaba para llevarte, junto a tu madre, a misa, descorrías el cerrojo del postigo y te escapabas por el corral. Si después tu padre te castigaba con no ir al cine, pues no ibas al cine —o sí—, pero tampoco ibas a misa, que era lo que tú querías; y arrastrándote tuvo que llevarte tu padre a la sacristía aquellas tardes de doctrina —cuatro tardes, que incluso de la sacristía te escapabas— para que hicieras la primera comunión. Me río cuando recuerdo lo que de ti me contaba tu padre, aquel día que el cura te dijo que no podías persignarte con la mano izquierda, y tú, ni corto ni perezoso, le dijiste: «Es que con la derecha me sale al revés». Hiciste la primera comunión con menos catecismo encima que un ruso. Y alejado de misas y rezos te mantuviste, aunque haya que decir que no por eso fuiste un muchacho blasfemo o irreverente. Ni una cosa ni la otra, ni rezo ni voto; ¿te acuerdas cuando, en la tribu, a la blasfemia le llamaban voto? Pero a tu padre le dolía que su niño, su único varón, no le hubiese salido tirando a misa. Y, claro, de tu padre no tengo más remedio que acordarme cuando te veo estas tardes, con tu mujer y tu hijo, camino de la catequesis. Tardío catecismo, amigo, que te llega en una edad con otro reposo, que incluso puede venirte mejor que te hubiese venido entonces, cuando para ti el cielo eran los descampados en los que jugabas hasta que el día, de tan cansado, se hacía noche. No creo que, como en el caso de otros que conozco, a la catequesis te haga ir, de mala gana, la necesidad de organizar un fiestón a cuenta de la comunión del niño o la niña. Yo sé que si vas es porque quieres regalarle a tu hijo, corregido de catecismo, el hijo que tu padre no disfrutó. La mañana que tu niño haga la primera comunión procuraré estar cerca de ti, porque sé que te emocionarás, y cuando te santigües, sé que o se te irá la izquierda o se te liará la derecha, pero también sé que en la emoción de ese día habrá lágrimas por las que te goteará tu padre, que, si viviera, lloraría más que tú al verte… Gente del campo 1r el asfalto, porque lo suyo es la tierra honrada; no tendrían que airear más pancartas que las banderas de luz de la intemperie; no tendrían que gritar más que las voces para arrear una caballería o llamar a las ovejas; no tendrían que mancharse de ciudad su limpieza campesina, agricultora, ganadera, porque a ellos les basta la camisa limpia del aire en libertad para sentirse vestidos. Pero están muy solos, muy dejados de la mano de la oficialidad, porque el campo está muy lejos y los hombres del campo no tienen ojos más que para sus cosechas, y eso de llenarse los pies de asfalto, eso de mancharse de avenidas, a ellos, tan limpios de caminos, no les va. Pero es que están muy abandonados. Gente de tierras de huertas y de raspas, de pacíficos olivares, ganaderos, horticultores… Gente del campo. Se manifiestan por la supervivencia del campo y el trabajo en el medio rural. Quieren lo suyo, lo que les corresponde —y quizá menos— por tanto darse a la más hermosa labor del hombre, la geoponía. Están muy lejos, muy solos, muy abandonados. El campo sigue siendo lo último que les duele a los gobiernos, porque los gobiernos saben que las gentes del campo aguantan mucho, tienen alto el techo, de hechas a sufrir, a entregarse, a resignarse y, en muchos casos, a doblar el lomo y callar. Se han ido a Sevilla a regalar productos que han costado mucho dinero y mucho esfuerzo, pero antes de entregarse al trato leonino del precio en origen, ofrecen gratis su cosecha. Es una bofetada sin mano a los responsables de hacer del campo un lugar tan rentable como necesario es, pero esa bofetada sin mano rebota en quienes se han dejado en sus tierras el presupuesto que tenían. Como el Gobierno no se tome en serio los problemas que pesan sobre el campo, miles de agricultores y ganaderos tendrán que renunciar a lo que más quieren, porque será imposible seguir trabajando gratis y aun costándoles el dinero. No tendrían que pisar el asfalto, no tendrían que salir de sus tierras, pero los están acorralando, cercándolos con un dogal de precios que ahorcan, y ven cómo todas las ganancias se van en el camino que va del agricultor al consumidor, o sea, las ganancias se quedan en las manos que no trabajan el campo. Siempre estaré de parte de la gente del campo, y más cuando una bota canalla —sea de quien sea— trate de pisarles el cuello. Aquí está, con ellos July 13 OCTUBRE 26 de octubre
Día del Daño Cerebral Adquirido
Información daño cerebral adquirido El Daño Cerebral Adquirido (DCA) hace referencia a personas afectadas por lesiones cerebrales que irrumpen de manera brusca e inesperada en su trayectoria vital, provocando, en la mayoría de los casos, secuelas muy variadas y complejas que afectan profundamente a la autonomía del afectado y sus familiares.
En esta sección ofrecemos información especializada pero redactada de forma sencilla sobre que es el DCA, causas, rehabilitación, pautas de actuación, términos relacionados, bibliografía etc.
24 de octubre
Día de las Naciones Unidas Documentos: Desde 1948, se celebra el aniversario de la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas, el 24 de octubre de 1945, como Día de las Naciones Unidas. Tradicionalmente, las celebraciones en todo el mundo incluyen reuniones, deliberaciones y exposiciones sobre los objetivos y los logros de la Organización. En 1971, la Asamblea General recomendó que todos los Estados Miembros celebrasen ese Día como feriado oficial (resolución 2782 (XXVI)). Día Mundial de Información sobre el Desarrollo La Asamblea General instituyó en 1972 un Día Mundial de Información sobre el Desarrollo para señalar a la atención de la opinión pública mundial los problemas y las necesidades de desarrollo, a fin de fortalecer la cooperación internacional con miras a resolverlos (resolución 3038 (XXVII)). La Asamblea decidió que la fecha de esa jornada coincidiera, en principio, con el Día de las Naciones Unidas, 24 de octubre, que es también la fecha en que se aprobó, en 1970, la Estrategia Internacional del Desarrollo para el Segundo Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo. La Asamblea manifestó su convicción de que el mejoramiento de la difusión de la información y la movilización de la opinión pública, especialmente la juventud, serían un factor importante para lograr un mejor conocimiento de los problemas generales del desarrollo, lo cual promovería los esfuerzos en materia de cooperación internacional para el desarrollo 19 de octubre
Se celebra hoy el “Día Mundial del Cáncer de Mama”
con el que se pretende concienciar a las mujeres de la importancia de las exploraciones preventivas que posibiliten un diagnostico precoz de la enfermedad Te recomiendo la lectura de esta esta entrada que escribieron sobre el cáncer de mama en este blog un tiempo atrás.
Los mejores 5 libros sobre… el Cáncer
Muchos de nosotros, sobre todo a partir de una cierta edad, cuando tenemos un dolor distinto a los habituales, la primero que hacemos es pensar en cáncer y no digamos si el médico nos aconseja unas pruebas especiales. Hasta que recibimos el resultado, la espada de Damocles la tenemos clavada.
La mayoría de las veces, nuestros miedos son infundados y resulta ser algo simple y fácil de superar, sobre todo si damos tiempo a que el cuerpo reaccione. Aun así, tenemos la obligación de estar bien informados sobre esta enfermedad tan común, en sus distintas manifestaciones y síntomas, antes de que algún familiar, amigo, o incluso uno mismo, pueda tener dicho problema, ya que actualmente tiene cura en muchos de los casos, si se diagnostica temprano.
Para ello lo mejor es ir a las bibliotecas publicas y buscar, para leer tranquilamente en casa, distintos libros que hablen sobre el tema, bien sea en general, o específico. Para prevención mediante la alimentación. Para curación utilizando, junto a la medicina tradicional, la medicina alternativa. Y un gran número de posibilidades que los libros nos dan. Hay muchos autores conocedores del tema, por ser profesionales de la medicina, o por padecer la enfermedad, que lo han plasmado en los libros, para que nos ayuden en nuestras inquietudes y preocupaciones.
Si la enfermedad nos ha llegado, no debemos olvidar la obligación de “porqué me quiero, me cuido’’. Debemos de seguir los consejos de los médicos y también de los esteticistas, como: mantener bien el cuerpo, con una buena hidratación para pieles sensibles, sin baños calientes muy largos, sin perfumes con alcohol, beber agua regularmente, no exponerse al sol y un largo etc.
Todo esto y mucho más lo encontraremos en los libros. Como en estos que son algunos de los mejores libros sobre el cancer (puede encontrar más información de ellos en nuestras páginas): - 110
TRATAMIENTOS CONTRA EL CANCER, de Gyorgy Irmey. - NUESTRA LUCHA
CONTRA LA ADVERSIDAD: EL TESTIMONIO DE MUJERES QUE HAN PADECIDO CANCER, del
Dr. Garcia Forns. - SUPERAR EL CANCER.
Un programa para afrontar un diagnóstico de cáncer, de Margie Levine. -
APRENDIENDO DEL
CANCER: Lecciones de vida para transformar la experiencia, de Galia
Sefchivich. - CANCER. EL LEGADO
EVOLUTIVO, de Mel Greaves.
“Es hora de dejar de usar el término cáncer como metáfora de lo espantoso. 17 de octubre Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza El Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza ha sido observado cada año, a partir de 1993, desde su declaración por la Asamblea General de las Naciones Unidas (resolución 47/196), con el propósito de promover mayor conciencia sobre las necesidades para erradicar la pobreza y la indigencia en todos los países, en particular en los países en desarrollo - necesidad que se ha convertido en una de las prioridades del desarrollo. 16 de octubre Día Mundial de la Alimentación La finalidad del Día Mundial de la Alimentación, proclamado en 1979 por la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), es la de concientizar a las poblaciones sobre el problema alimentario mundial y fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza. El Día coincide con la fecha de fundación de la FAO en 1945. En 1980, la Asamblea General respaldó la observancia del Día por considerar que "la alimentación es un requisito para la supervivencia y el bienestar de la humanidad y una necesidad humana fundamental" (resolución 35/70, del 5 de diciembre). 15 de octubre Día Internacional de las Mujeres Rurales La Asamblea General declara que el 15 de octubre de cada año se proclamará y se celebrará oficialmente el Día Internacional de las Mujeres Rurales. 14 de octubre Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales A través de la resolución 44/236 (22 de diciembre de 1989), la Asamblea General designó el segundo miércoles de octubre como Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales, fecha que fue observada anualmente desde 1990 hasta 1999. 11 de octubre Día de la Solidaridad con los Presos Políticos de Sudáfrica La Asamble General en su resolución 31/6 C proclama el 11 de octubre como Día de la Solidaridad con los Presos Políticos de Sudáfrica. 10 de octubre Día Mundial de la Salud Mental El 10 de octubre de cada año, Día Mundial de la Salud Mental, está dedicado a sensibilizar al gran público sobre este ámbito de la salud. Sirve para promover debates más abiertos sobre las enfermedades mentales y generar inversiones tanto en servicios como en métodos de prevención. Las estadísticas de 2002 de la OMS ponen de manifiesto que 154 millones de personas de todo el mundo padecen depresión, que es sólo una de las muchas manifestaciones de enfermedad mental. En todos los países del mundo son frecuentes los trastornos mentales, neurológicos y de conducta, que causan un inmenso sufrimiento y acarrean ingentes costos económicos y sociales. Las personas con trastornos mentales, además, suelen ser objeto de aislamiento social, tener una mala calidad de vida y presentar tasas de mortalidad más elevadas. - Más información sobre el Día Mundial de la Salud Mental - en inglés - Sitio web de la Federación Mundial de Salud Mental - en inglés - Más información sobre salud mental Enlaces relacionados 8 de octubre Día Mundial de la Visión El segundo jueves del mes de octubre se celebra el Día Mundial de la Visión. 8 de octubre Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales A través de la resolución 44/236 (22 de diciembre de 1989), la Asamblea General designó el segundo miércoles de octubre como Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales, fecha que fue observada anualmente desde 1990 hasta 1999. Enlaces relacionados Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres · 2006-2007 Campaña Mundial para la Reducción de Desastres · Conferencia Mundial sobre la Reducción de Desastres Naturales (2005, Kobe, Hyogo, Japón) · Hyogo Framework for Action (2005-2015) Grupo del Banco Mundial · Manejo de desastres Hazard Risk Management Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación · Ayuda de Emergencia y Rehabilitación Organización Mundial de la Salud · Desastres Health Action in Crises Organización Panamericana de la Salud · Desastres y Asistencia Humanitaria Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo · Reducción de los Desastres Naturales UN Disaster Management Training Programme Programa Mundial de Alimentos Disaster to Development UN Centre for Regional Development: Disaster Management Planning Hyogo Office UNESCO Natural Disaster Reduction UNICEF UNICEF en situaciones de emergencia Países en crisis Recursos adicionales: Las conexiones de los recursos adicionales contenidas en esta página tienen un finalidad meramente informativa. Dicha información no implica responsabilidad alguna por parte de las Naciones Unidas, ni la reconocen oficialmente. Asian Disaster Reduction Center Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres Naturales en América Central Centre d'Etude des Risques Géologiques (Université de Genève) Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN) Centro Regional de Información sobre Desastres para América Latina y el Caribe (CRID) Disaster Prevention Research Institute (Japan) Disaster Research Center (University of Delaware) Earthquake Hazards Programme (US Geological Survey) Emergency Preparedness Information Exchange (Simon Fraser University, Canada) Natural Disaster Reference Database (NASA) ProVention Consortium Risk Frontiers - Natural Hazards Research Centre (Macquarie University, Australia) 6 de octubre
Día Mundial del Hábitat BOLETÍN DEL CENTRO COOPERATIO SUECO Vivienda y Hábitat latinoamérica Nº29 PRESENTACIÓN. Para aquéllos lectores que reciben nuestro Boletín por primera vez, señalamos que este espacio informativo surge a partir de la necesidad que hemos discutido con las distintas contrapartes de la Región Latinoamericana del Programa Regional de Vivienda y Hábitat del Centro Cooperativo Sueco. Su finalidad es fortalecer las sinergias e intercambios que se vienen desarrollando entre las distintas organizaciones que la integran. Se irá nutriendo de las propias experiencias y distintos eventos promovidos en su contexto. DIA MUNDIAL DEL HABITAT. Informaremos en este Boletín las distintas actividades que con motivo del Día Mundial del Hábitat se desarrollarán durante todo el mes de octubre por parte de las distintas contrapartes de los nueve países que trabajamos en el Programa de Vivienda y Hábitat del Centro Cooperativo Sueco, por cierto que los mismos se unirán a otra cantidad de actividades que estarán desarrollando otras organizaciones hermanas en estos y otros países. En particular tanto los compañeros de HIC como de la AIH, están trabajando activamente en otros países y el esfuerzo de todos hará posible seguir avanzando en el camino de la lucha por un hábitat digno. BRASIL Brasil, Jornadas de Lucha por la Reforma Urbana llevará miles de personas a las calles Las movilizaciones de las Jornadas de Lucha por la Reforma Urbana y por el Derecho a la Ciudad llevarán a miles de personas a las calles para reivindicar que una agenda urbana sea instalada como prioridad nacional. Una serie de reivindicaciones orientadas hacia la cuestión del derecho a la ciudad estará en la pauta, tales como el fin de la violación del Derecho a la Vivienda y el fin de los desalojos; el inmediato envío al Poder Legislativo del proyecto de ley que instituye los Consejos de las Ciudades, con carácter deliberativo, y el Sistema de Conferencias de las Ciudades; la aprobación, el monitoreo y el control social, por parte de los consejos de las ciudades, sobre la ejecución de todos las inversiones en viviendas de interés social, saneamiento ambiental y transporte, incluyendo los recursos que vienen del Programa de Aceleración del Crecimiento, entre otras.La Jornada de Luchas es una iniciativa de los movimientos sociales urbanos Confederación Nacional de Asociaciones de Vecinos (CONAM), Unión Nacional por la Vivienda Popular (UNMP), Movimiento Nacional de Lucha por la Vivienda (MNLM), Central de Movimientos Populares (CMP), del Forum Nacional de Reforma Urbana y de los foros estatales y regionales por la reforma urbana y por el derecho a la ciudad de todo Brasil. EL SALVADOR Los compañeros de Fundasal junto a la Mesa Coordinadora de Cooperativas de Vivienda Salvadoreñas desarrollarán distintas actividades. Junto a otras organizaciones “ Por el derecho al agua” la denominada marcha azul de la sociedad civil el 5 de octubre. En la localidad de San Vicente Foro Hábitat el sábado 20 de octubre Y el domingo 28 de octubre se llevará a cabo una gran jornada solidaria internacional, en el terreno de la Cooperativa 13 de enero con participación de compañeros y compañeras Guatemaltecos y Nicaragüenses. GUATEMALA Nuestros compañeros de Idesac, Movimiento Guatemalteco de Pobladores , Federación de organizaciones del Hábitat popular, Desmovilizados de guerra, Desarraigados, Plataforma urbana se han unido para desarrollar este conjunto de actividades. Miercoles 3 de octubre conferencia de prensa. Se planteará situación de la vivienda en el país, propuesta de Ley como contribución a enfrentar el problema e Invitación pública a los 2 candidatos participantes en la 2a. vuelta, a participar en Foro de vivienda por el Día Mundial del Hábitat. Jueves 4: Marcha por el día Mundial del Hábitat, se espera la participación del interior del país y de los grupos organizados en el área metropolitana. Estimamos unas 3 mil personas. Se insistirá en los 3 puntos planteados en la Conferencia de prensa. Jueves 11 de octubre: Foro: Vivienda y elecciones presidenciales 2007. Se hará marcha hacia el congreso y presidencia para insistir en la propuesta de Ley de vivienda y su ordenamiento territorial, equipamiento y servicios; insistir en la necesidad de financiamiento y suelo para vivienda. NICARAGUA Los compañeros de Ceprodel y el Movimiento Comunal Nicaragüense para la celebración del día mundial del hábitat están realizando una serie de foros en los municipios del país y en algunos barrios de Managua. En el mes de octubre, precisamente el día 2 estarán realizando un foro en el distrito III que se realizará en el ranchón de la alcaldía de Managua, están haciendo las gestiones para ver si cuentan con el Alcalde en la conmemoración, el día 04 en Granada, el 11 en Diriamba , el 17 en León y el 24 se realizará un gran Foro central en Managua con invitados de todo el país. En todos ellos se desarrollaran actividades en torno a propagandear la ley de vivienda y el Fondo de Financiación de Viviendas Dignas En este marco además incluirán la jornada solidaria con la cooperativa 13 de enero de San Salvador a realizarse el 28 de octubre. COSTA RICA Lunes 1 de Octubre Día Mundial del Hábitat. Una ciudad segura es una ciudad justa. Participación en el Foro “Una ciudad segura, una ciudad justa” organizado por Ministerio de la Vivienda y UNHabitat. FUPROVI aportará su experiencia en el trabajo comunal como una visión integral para el mejoramiento de barrios en el Precario La Carpio. Además, compartiremos un cine Foro “Ciudad de Dios”, por una ciudad justa, segura e inclusiva. BOLIVIA PROGRAMA DIA MUNDIAL DEL HÁBITAT “Por el Derecho Humano a la Vivienda Adecuada y a una Ciudad Justa” FECHA ACTIVIDAD LUGAR HORAS Domingo 30 de septiembre Feria de Promoción del Día Mundial del Hábitat y el DHV. (Instalación de stands institucionales a las 8:00 a.m.) Plaza principal de Sacaba 08:300 a 13:00 Lunes 1º de Octubre Feria de Promoción del Día Mundial del Hábitat y el DHV. (Instalación de stands institucionales a las 8:00 a.m.) Plaza Principal “14 de Septiembre” Cochabamba 08:30 a 13:00 Jueves 4 de octubre Retreta musical en conmemoración del Día Mundial del Hábitat Plaza Principal “14 de Septiembre” Cochabamba 19:00 a 22:00 Domingo 7 de octubre Feria de Promoción del Día Mundial del Hábitat y el DHV. (Instalación de stands institucionales a las 8:00 a.m.) Plaza Bolívar Quillacollo 08:30 a 13:00 Lunes 8 de octubre Feria de Promoción del Día Mundial del Hábitat y el DHV. (Instalación de stands institucionales a las 8:00 a.m.) Mercado Popular Vinto 08:30 a 13:00 Las Ferias están organizadas por la Fundación PROCASHA, el Movimiento Cooperativo de Vivienda por Ayuda Mutua y la Red RENASEH. · URUGUAY La Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua, realizará una movilización importante con un largo recorrido por el centro de la ciudad a los efectos de reclamar los préstamos y tierras ya comprometidos por el actual gobierno. En su último acto los dirigentes de Fucvam adelantaron que para este mes de no encontrar respuestas favorables, comenzarán en distintas zonas del país ocupaciones de tierra reclamando mayor celeridad a la denominada Cartera de Tierras. PARAGUAY Los compañeros de CIPAE y la Mesa Coordinadora de vivienda y Hábitat tiene programado realzar el dia 1° de octubre de 2.007 por el Día Mundial de los Sin Techos, 1.- Visita de una Delegación de la Mesa Coordinadora al Parlamento y solicitar una entrevista con el Presidente de la Cámara de Diputados para exigir el tratamiento del Proyecto de Ley de SENAVITHA Y FONAVIS, aplazado el 30 de agosto de 2.007 por la Cámara de Diputados. 2.- Conferencia de Prensa en apoyo al tratamiento, consideración y aprobación del proyecto de Ley que crea la "La Secretaria Nacional de Vivienda y Hábitat con rango Ministerial y con presupuesto importante. 3.- Están convocados todas la organizaciones que conforman la Mesa Coordinadora de Vivienda y Hábitat.HONDURAS Los compañeros y compañeras del Cohvisol junto a ICADE vienen trabajando arduamente en la realización de Asambleas del organismo en cada localidad del país. La idea central que los anima es poder este 20 de octubre desarrollar la Primer Convención Nacional del Comité Hondureño de la Vivienda Solidaria a los efectos de seguir fortaleciendo la organización. Conclusión final Como se puede observar en este cúmulo de informaciones país por país se aprecia el sustantivo avance en la movilización y propuesta que sigue creciendo. Esperemos que las actividades programadas por todos y cada uno de las organizaciones colaboren con el mayor fortalecimiento de las mismas y que se siga articulando la unidad para la acción en el Continente. Programa de Vivienda y Hábitat del Centro Cooperativo Sueco. Octubre 2007 CARTA MUNDIAL POR EL DERECHO A LA CIUDAD 5 de octubre Día Mundial del Hábitat La Comisión de Asentamientos Humanos decidió que el primer lunes de octubre de cada año sea el Día Mundial del Hábitat Día Mundial de los Docentes El Día Mundial de los Docentes, fue instituido de manera conjunta por la Internacional de la Educación y la UNESCO. 4 de octubre Semana Mundial del Espacio la semana comprendida entre el 4 y el 10 de octubre, para celebrar cada año a escala internacional las contribuciones de la ciencia y la tecnología espaciales al mejoramiento de la condición humana, teniendo presente que el 4 de octubre de 1957 se lanzó al espacio ultraterrestre el primer satélite artificial de la Tierra, el Sputnik 1, lo que abrió el camino para la exploración del espacio, y que el 10 de octubre de 1967 entró en vigor el Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes. 2 de octubre Día Internacional de la No Violencia La Asamblea General decide observar el Día Internacional de la No Violencia el 2 de octubre de cada año, con efecto a partir del sexagésimo segundo período de sesiones y guiada por la Carta de las Naciones Unidas, y que ese Día Internacional se señale a la atención de todas las personas para su celebración y observancia en esa fecha. Invita a todos los Estados Miembros, a las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, a las organizaciones regionales y no gubernamentales y a los particulares a conmemorar de manera apropiada el Día Internacional de la No Violencia y a difundir el mensaje de la no violencia, entre otras cosas, mediante actividades educativas y de sensibilización de la opinión pública · El primer día Internacional de la no violencia será observado el 2 de octubre del 2007, el aniversario del nacimiento Mahatma Gandhi, líder del movimiento de la Independencia de la India y pionero de la filosofía y la estrategia de la no violencia. · De acuerdo con la resolución A/RES/61/271 de la Asamblea General del 15 de junio del 2007, la cual establece que la conmemoración, el Día Internacional es una ocasión para "diseminar el mensaje de la no violencia, incluso a través de la educación y la conciencia pública". La resolución reafirma "la relevancia universal del principio de la no violencia" y el deseo de "conseguir una cultura de paz, tolerancia, comprensión y no violencia". Al presentar la resolución en la Asamblea General, representando a 140 patrocinadores, el Ministro de Estado para Asuntos Exteriores de la India, el Sr. Anand Sharma, dijo que el amplio y diversificado patrocinio de la resolución constituía un reflejo del respeto universal hacia Mahatma Ghandi y de la perdurable relevancia de su filosofía. Al citar las propias palabras del difunto líder, dijo que "la no violencia es la mayor fuerza a la disposición de la humanidad. Es más poderosa que el arma de destrucción más poderosa concebida por el ingenio del hombre." 1 de octubre Día Internacional de las Personas de Edad El 14 de diciembre de 1990, la Asamblea General, en su resolución 45/106 proclamó el 1° de octubre Día Internacional de las Personas de Edad, en seguimiento a las iniciativas de las Naciones Unidas tales como el Plan de Acción Internacional de Viena sobre el Envejecimiento [en inglés], aprobado en la Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada SEPTIEMBRE 8 de septiembre Día Internacional de la Alfabetización Los avances en materia de alfabetización son un tema para celebrar, ya que el número de persona alfabetizados a nivel mundial ha llegado a cerca de cuatro billones. Sin embargo, la alfabetización para todos - niños, jóvenes y adultos - es todavía una meta lejana. El continuo aplazamiento de esta meta es resultado de una combinación de factores, como el trazado de metas demasiado ambiciosas, los esfuerzos insuficientes o descoordinados, y la subestimación de la magnitud y complejidad de la tarea. Las lecciones aprendidas en las últimas décadas dejan en claro que lograr la alfabetización universal requiere no solo de mayores y mejores esfuerzos, sino de una voluntad política renovada para pensar y hacer las cosas de manera diferente a todos los niveles: local, nacional e internacional. de septiembre Día Mundial para la Prevención del SuicidioCada año el 10 de septiembre se celebra el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. 15 de septiembre Día Internacional de la Democracia La Asamblea General decide observar el Día Internacional de la Democracia el 15 de septiembre de cada año. 16 de septiembre Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono En 1994, la Asamblea General proclamó el 16 de septiembre Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, para conmemorar el día en que se firmó en Montreal, en 1987, el Protocolo relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono (resolución 49/114, de 19 de diciembre). Se invitó a todos los Estados a que dedicaran ese Día a la promoción de actividades relacionadas con los objetivos del Protocolo y sus enmiendas. La capa de ozono, que es una capa frágil de gas, protege a la Tierra de la parte nociva de los rayos solares, y por consiguiente, ayuda a preservar la vida en el planeta. DIA INTERNACIONAL DE LA PAZ Dcomprensión de los asuntos internacionales entre los sudafricanos. 21 de septiembre En el año 1981, La Asamblea General declaró que el día de la apertura de su período ordinario de sesiones en septiembre sería «proclamado y observado oficialmente como Día Internacional de la Paz, y dedicado a conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo y entre ellos» (resolución 36/67). El 7 de Septiembre de 2001, la Asamblea General decidió que, a partir del 2002, el Día Internacional de la Paz será observado cada 21 de septiembre, fecha que se señalará a la atención de todos los pueblos para la celebración y observancia de la paz (resolución 55/282). Declaró que «el Día Internacional de la Paz se observará en adelante como un día de cesación del fuego y de no violencia a nivel mundial, a fin de que todas las naciones y pueblos se sientan motivados para cumplir una cesación de hostilidades durante todo ese Día». También invitó a todos los Estados Miembros, a las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, a las organizaciones regionales y no gubernamentales a conmemorar de manera adecuada el Día Internacional de la Paz realizando, entre otras cosas, actividades educativas y de sensibilización de la opinión pública, y a colaborar con las Naciones Unidas en el establecimiento de una cesación del fuego a nivel mundial. 28 de septiembre Día Mundial del Corazón El 28 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón. Día Mundial de la Rabia Cada año el 28 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Rabia. 29 de septiembre
Día Marítimo Mundial La Organización Marítima Internacional (OMI) celebra cada año el Día Marítimo Mundial. La fecha exacta queda sujeta a cada uno de los gobiernos, aunque suele celebrarse durante la última semana de septiembre. JUNIOInfancia de ratas
Hacía calor en ese llano, un terrible calor que se multiplicaba cuando la instrucción la hacíamos sobre las pistas del aeródromo. Agosto caía como un avión incendiado sobre Tablada, y recuerdo una tarde de servicio en el retén de bomberos, que no sabíamos qué hacer para apagar el fuego que, sin llamas, nos ardía en las ropas, en las carnes, en la pobre sombra que teníamos. Miraba desde allí el Aljarafe y pensaba en el himno de Aviación que cantábamos tantas veces: «Alcemos el vuelo / sobre el alto cielo, / lejos de la tierra…» Lejos de la tierra, sí, porque yo hubiese querido tener alas y volar para escapar de allí, por buscar el frescor del río de mi vida y por dejar aquel llano sin una mala sombra en el que mis veintiún años cumplían con desgana con la patria. Siempre que en coche paso por aquellos terrenos que hoy corta la autovía de circunvalación, pienso en el calor de aquel verano militar y en aquel servicio de retén. Ayer, al pasar cerca de allí vi el campamento de nómadas que han levantado quienes dejaron un mundo de polígono urbano en el que las drogas y las pendencias hacen muchas veces imposible la convivencia. Un campamento de huidos, un chabolismo remendado de cartones y chapas donde las ratas le disputan el pan al hombre. Había niños medio desnudos jugando en el llano bajo un sol africano. ¿Qué infancia es esa? ¿Qué sueños pueden hilvanarse desde un mundo de chabolas sin higiene, sin escuelas, sin más recreo que el aprendizaje del delito? También esa es la Andalucía que tenemos, aunque la oficialidad nos la venda vestida de playas serenas y paraísos de interior. También esa Andalucía es la que nos suena dentro, aunque los políticos no quieran nombrarla, no quieran saberla, no quieran mirarla y no sepan —o no quieran— solucionarla. Belmonte, cuando maletilla, toreaba desnudo las noches de luna en ese llano. No sé si ponerse delante de aquellos toros tenía tanto peligro como pasar los días en esas condiciones. En la Modernidad pregonada oficialmente por la Junta, ¿qué sitio ocupa el chabolismo, sea el de Tablada o sean otros? ¿Hemos pensado en qué van a «licenciarse» mañana esos niños que hoy juegan bajo un sol de julio entre ratas y culebras y duermen, si duermen, en remendadas chabolas? Ser pobre y analfabeto no es ni una moda ni un orgullo, y quizá por eso no tengan ayudas para esta gente. En esa Tablada, ésa sí que es una mili dura.
Pasado sin futuro
Algunas veces, por determinadas obsesiones, parece que son los que se consideran más de izquierda los que no acaban de superar a Franco. Más incluso que muchos que ayer se alinearon con la dictadura. Esto de andar ahora retirándole a Franco todos los títulos que le otorgaron, es como tratar de borrar la memoria de un amor rompiendo sus cartas y quemando sus fotografías, o, como poco, creer que al enemigo se mata no nombrándolo y yéndose de su vecindario. Otros no tenemos que olvidar a Franco porque no lo recordamos, no tenemos que andar solicitando que le quiten títulos porque ni sabemos los que tiene ni nos preocupa. «Sólo es verdad aquello / que en la memoria existe», escribió en versos Montesinos. Y hay mucha gente de izquierda, que ni conoció la guerra ni sufrió el franquismo, que no se quita a Franco de la cabeza y quiere quitarlo de las plazas donde se levanta su figura en bronce o de los papeles donde lo nombraron no sé qué. Debe ser un problema eso de no poder quitarse de la cabeza a quien no se quiere. Y el futuro ahí -allí-, sin nadie que venga siquiera a proyectarlo. Y de Madrid a cualquier sitio donde la figura del dictador o su nombre tengan sitio. Se ve que con el verano vuelve a zumbar el tábano del fratricidio y la tierra se remueve tratando de despertar osamentas. Miremos hacia adelante, que estamos tan pendientes del ayer que se nos va el hoy y se nos va a escapar el mañana. Deberíamos ser «un es cansado» de tantos intentos de vanos olvidos. Como si al despojarlo de sus títulos, fuera a perder la guerra; como si al derribar sus bronces derribaran el «Dragon Rapide». Hacer un esfuerzo para olvidar es reconocer la fuerza del recuerdo. Ya Franco no tiene ni bronces en las plazas ni títulos del Ayuntamiento de Madrid. Bien. ¿Y ahora qué? Más que enterrar el pasado, bien podrían algunos abrir los cimientos del futuro.
Pena, no orgullo
Es pena, porque nunca pudo ser por fuera como es por dentro, que lleva toda la vida tirándole del bocado a una sangre que se le desmanda, un bocado que él mismo se impuso como cilicio social. Es de los que se negaron a darle tres cuartos al pregonero, porque no hacía falta más pregón que sus ojos, aquellos ojos que se le encendían cuando pasaba un muchacho hermoso, aquellos ojos que jamás miraron a una mujer para calcularla en la pasión propia. Él mismo se cortaba las alas que le iban creciendo, aquellas alas que le pedían vuelo libre de llama que incendia un bosque. Se vio, se supo, y se echó a la calle travestido de hombre porque sabía que sólo así lo admitirían en un mundo donde a los mariquitas los machacaba la voz popular en los cadalsos del chiste, cuando no en la lapidación tribal del dedo que señalaba caminos de sombras y roces intencionados donde cundía la pana. Se travistió de hombre y se preparó para no acabar ni en los zócalos de cal y escobilla ni en los comedores de candelabro y marquesa, sirviendo entre cubiertos de plata gastada y heredada porcelana. Es pena, porque sé que dentro le arde —inextinguible carbón del deseo— lo que le arde desde siempre. Quizá le gustaría tener ahora la edad de esas muchachas, de esos muchachos, tan atrevidos todos, tan descarados, que han puesto bandera en las esquinas por las que él ayer pasaba espigando oportunidades de trasnoche; quizá le gustaría, no sólo por recuperar la edad mejor sino por ver si era capaz, de una vez, de dejar que las alas le crecieran libremente, de dejar que el potro se le desbocara… No es orgullo, porque nunca lo consideró tal, que incluso le molestaban —¿envidia?— las mariquitas locas que se descocaban en público. Es pena por no haber sido capaz de vender en sus mostradores lo que almacenaba en su trastienda. Es pena por no haber sido capaz de salir de las sombras que él echó sobre su luz, por no haber podido vivir —ya es demasiado viejo para intentarlo— sin necesidad de sujetar la intención de su mano, de sus ojos, de su sangre… Pagó cara su media clausura. Sórdidas pasiones de riberas de ríos, de nocturnas alamedas, de escondidos cuartos sin ventanas, de amores que se nombran sin género para que pasen, neutro, el fielato donde acechaba la intolerancia. Sé que vería pasar la caravana como la vieja paloma mutilada de alas que, con pena, ve cómo los pichones vuelan desafiando al plomo
Aquel paraíso
A España la han cantado como paraíso en discursos, coplas, reclamos publicitarios, y es cierto que, al recorrerla, la pasión nos lleve a pensar que si no lo es, se parece mucho a la idea que del paraíso tenemos. Sol, verdes, montañas, llanos, mares, ríos, historia honda, cultura, belleza, buena comida, buenos vinos, monumentos, gente abierta... En otro tiempo no muy lejano, cuando parecíamos la reserva espiritual de Occidente, cuando la dictadura nos mantenía a raya y no envidiábamos a nadie, la conciencia paradisíaca de los españoles se reafirmaba en cada manifestación popular. Después vino el cambio y vino otra idea del paraíso, o, mejor, España se sintió un paraíso distinto en el que se aceptaban bien otras ideas, sobre todo si tenían que ver con algunas libertades. Después, un ministro socialista dijo que España era el país ideal para enriquecerse. O sea, de reserva espiritual, pasamos a la posibilidad de reserva económica. El dinero fue el dios de la casa y viva la madre que me parió. Poco a poco, el paraíso ha ido abriéndose, solidario a veces, permisivo otras, a lo loco casi siempre, y resulta que hemos despedido al ángel de la
espada flamígera y aquí todo quisque come la fruta prohibida. Y, claro, sigue siendo el paraíso, pero un paraíso que pide a gritos una reforma. Eso al menos se deduce tras enterarnos de lo que opinan las bandas rumanas, que dicen que España es «un paraíso para delinquir». Pues vaya cambio. De reserva espiritual de Occidente a viña sin vallado sin pasar por el quirófano. No sabe uno, después de lo andado, qué es mejor, si avanzar cabalgando sobre la modernidad o pedirle a la Virgen que nos deje como estábamos, porque si las bandas del Este nos consideran un paraíso para delinquir, donde el delito a veces se resuelve con una firma en comisaría, ya me dirán. Será paraíso, pero alguien ha abierto una puerta que nos comunica con el infierno.
El ídolo redondo
De momento, la fe que menos crisis sufre es la del fútbol. Tranquilos pueden estar los aficionados, porque no saldrá ningún autobús diciendo que probablemente el fútbol no exista, y si tuviera el valor de salir, lo volcarían doscientas manos empujando. Existe, y existe en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, como si de palabras de matrimonio se tratara. Una ciudad con dos equipos, como es el caso de Sevilla, que es capaz de poner en la calle a medio centenar de miles de aficionados, ya sea por la celebración de un triunfo importante como por un revés, y eso lo hacen los aficionados de los dos equipos, significa que el fútbol tiene una salud de hierro. Hagamos memoria de cuando el Betis vino con la Copa del Rey o cuando el Sevilla volvió de Europa victorioso y organizó aquella caravana de éxito —no era para menos, era la primera Copa Uefa que llegaba a la ciudad— que incluso tuvo su recorrido por el río. Pero no nos quedemos ahí, en la hora del triunfo, que cuando en agosto del 95 el Sevilla se vio con un descenso administrativo encima, miles de sevillistas se echaron a la calle para tratar de salvar a su equipo de un error de despachos. Los dos equipos han demostrado que saben estar con sus colores, con su escudo, con el nombre de su equipo hasta donde haga falta. Antier, miles de béticos salieron pacíficamente a pedir que el Betis se suelte de quien lo tiene amarrado y que se quede en otras manos, menos ricas, quizá, pero más amorosas. Nada para concentrar multitudes como ese ídolo redondo que es el balón. Hago memoria y sólo aquel 4 de diciembre andaluz y la manifestación contra el terrorismo cuando mataron a Alberto y Ascen me recuerdan la imagen de los béticos por su Betis, como la del Sevilla ayer por otras razones. Si para todo fuésemos así, ¿qué se nos resistiría? Si la fuerza, individual o colectiva, de sevillistas y béticos la tuviésemos para otros asuntos, seríamos imparables. Ni una muchacha asesinada, ni un cierre patronal escandaloso, ni un desmadre urbanístico, nada nos mueve como cuando vemos que peligra nuestro equipo. Hemos nacido y crecido con una afición que ya es un credo para muchos, y en ese credo ardemos lo mismo de alegría que de pena. Quién le iba a decir esto, hace poco más de un siglo, a aquella gente de Riotinto que, extrañada, miraba a unos mineros ingleses que le daban patadas a una pelota
Obreros y máquinas
Ya sé que no hace falta que medie una máquina para que un obrero muera por un accidente en el tajo, que desde un mareo o un traspié en un andamio al descuido más insignificante pueden causar un desenlace mortal. Pero las máquinas, esos servidores de hierro que hemos creado para nuestra ayuda, a veces se revuelven como un mulo falso y golpean hasta matar a quien briega con ellas. Es cierto, Cangui, que no hace falta que medie un motor, que bajo las ruedas del carro quedó Frasquito, el niño de tu primo, y bajo el trillo quedó un brazo de Juan cuando la mula castaña se asustó de una culebra que salió de la parva. Eran tiempos de pocos avances, sí, pero la tecnología punta también tiene su peligro. Mira si no lo que le ha pasado a ese muchacho de Huévar, que una máquina se lo ha tragado como una boa metálica. Libre de la calamidad del trabajo en el campo, el muchacho estaría feliz de ser un obrero más o menos especializado echándole trabajo a la máquina. Pero las máquinas de hoy, como las de ayer, no responden siquiera a un tirón de jáquima, como puede responder un animal. La máquina es un robot ciego que no para, que no distingue si retuerce una chapa o un brazo, si corta un tronco o una pierna… ¿Te acuerdas, Cangui, cuando una de las primeras trilladoras que vino a la tribu le machacó la pierna al pariente Miguel? Miguel alimentaba de gavillas la máquina, echándolas por la tolva, y quiso remeter con la pierna una de las gavillas, sin saber que se quedaba a merced de la dentellada de la máquina. Una imprudencia, sí, pero fue peor, porque no sé si te acuerdas de que Miguel murió desangrado a la espera de que los responsables de la trilladora y de la finca donde trabajaba resolvieran los papeles para que el accidente no les costara un dineral. En este caso, al peligro de la máquina se sumaron los intereses de los hombres, peores a veces que las mismas máquinas. De aquel suceso me acordé ayer cuando supe lo de este muchacho de Huévar, aunque en este caso nada pudieron hacer por él, porque la máquina no se conformó con la herida. Me acordé porque en la tribu hemos vivido siempre con el miedo a la guillotina vertical de los aserraderos, que en muchas manos queda la cicatriz de los dentados navajazos de la sierra. Las máquinas son como los toros, Cangui: nunca puedes perderles ni la cara ni el respeto. Y aun pendientes de ellas, te cornean. Y a veces incluso te matan.
El fuego invisible
En cuanto llega el invierno, no hay día que en todos los telediarios de España no nos muestren imágenes de nevadas en distintos sitios, puertos de montaña, pueblos, ciudades; nos dicen que los termómetros marcaban no sé cuántos grados bajo cero, y lo que están pasando con la nieve las personas que la sufren. Si la nevada es gorda, los telediarios abren con imágenes de las máquinas quitanieves o de vecinos pala en ristre despejando la entrada a su casa, y también, la alegre y tópica de unos niños lanzándose puñados de nieve. Si en vez de nieve es lluvia copiosa, lo mismo: imágenes de ríos desbordados, de anegados campos de cultivo, de bajos comerciales inundados, de vecinos achicando agua… Cuando el verano se va canalla a las manos de los incendiarios, otro tanto: imágenes del fuego destruyendo un bosque, un fuego que lanza llamas al cielo como en una venganza infernal. Todo lo dicho es visible: la nieve, el agua, las llamas. Pero ninguna —o casi ninguna— cámara viene al sur a contar cuánto sufre la gente bajo el fuego invisible del verano. Se limitan, en los telediarios, a sacar la imagen de un termómetro callejero que marca 48º C, 52º C, pero ése no es el verano aquí, eso sólo es su firma. La historia del verano, cruel, inhumana, terrible, espantosa, infernal, es otra, la que no cuentan. Y no hablamos sólo de lo que debe de ser vivir, todos los días, en un llano sin una mala sombra, sin saber si meterse a morir ahogado por el invisible ahorcamiento de sesenta grados bajo las chapas de una chabola o quedarse a la intemperie esperando, bajo un sol que clava crueles rejones, el aproximado alivio de un soplo de brisa. Ni de tener que trabajar al sol. Hablo de andar estas calles del sur en estos días, de ir a gestionar algo, de subir a un coche que lleva cuatro horas aparcado al sol, de esperar dos minutos para cruzar un paso de peatones en una avenida sin sombra, de cruzar una plaza sin árboles, de viajar en taxi que no tenga aire acondicionado… Ese verano no sale en los telediarios, aunque sea tan cruel como una nevada, como una inundación. No hay alivio. Desde un amanecer a otro el calor lo ocupa todo, asfixia como una mano que nos tapara la boca. Los telediarios sacan imágenes de termómetros, de jóvenes que se refrescan en una fuente, pero la película del verano es otra: la que, invisible, vivimos quienes no sabemos si esto es una estación o una maldición.
Verso y prosa
Envuelvo en lectura mis noches para ayudarles a los sueños cuando tengan que trenzar historias, que si las que inventa el pensamiento propio a veces dan para un amanecer de esperanza o de angustia, las ajenas me invitan a paisajes más allá de ellas mismas. Había releído a clásicos y modernos, y en esto me llegaron dos amigos editados, dos libros, verso y prosa, para admirarlos más y desconocerlos menos. Había leído en un libro de Marina —esa necesidad— una frase un italiano que pedía «una palabra para todos, no para que todos sean escritores sino para que nadie sea esclavo». Eso, eso es. Dos amigos, dos libros me llegaron. En el de versos, Víctor Jiménez, que ha venido esta vez con «El tiempo entre los labios», dice que «Nada / como el amor para esquivar la muerte». Le respondo que nada como la lectura de sus versos para esquivar lo insípido. Tú no pierdes lo que cantas, Víctor; y si lo perdieras, búscalo en mí como en muchos otros. Tu verso, «sobre la nieve del papel en blanco», me llega mío por ser tan montesinamente tuyo. Sé que lo entiendes. Por eso agradezco tanto sus versos, porque siento, como tú, que de pronto suena el tren —el tren es el mismo en todas partes, y es el mismo tren el que los dos miramos— y mi estación es la tuya de San Bernardo. Y, como tú, Víctor, sigo pasando por el túnel que ya no existe. Y veo, como tú, cómo es sólo el tiempo el que «sigue cada día / dictando una por una sus lecciones». Y como tú, «metido cada tarde en desengaños, / sombras, recuerdos, pérdidas, olvidos…», entiendo, como tú —no hay remedio— que «hay a quienes separa la distancia / y a quienes siempre los separa el tiempo». Y del verso, a la prosa. Decidió no vender puertas sino abrirlas, abrírnoslas. Sabía que tenía el duro en esa facilidad suya para inventar historias partiendo de la realidad o partiendo de su mágica fábrica de situaciones, personajes, sucesos. Andaba metido en «El centro de la tierra» que me había dejado su autor, Andrés Pérez Domínguez, y cuando le había cogido a Valdivia todo el asco que tú metiste en ese autobús, Andrés, cuando había admirado los redaños que le echó González a su jefe, me entero de que te han dado el Premio Ateneo de novela por «El violinista de Mauthausen». Enhorabuena. Bendita sea tu mano derecha, Andrés. Con préstamo de Víctor, nada como tus novelas para esquivar la mediocridad y el aburrimiento. Gracias, amigos.
Ritual de conquista
En el jardín, el gorrión, más vivos los colores de sus plumas, grita alrededor de una hembra, a la que pretende seducir alzando su cola y entreabriendo las alas como un exhibicionista con chaqué; le muestra su negra pechera como un metrosexual se abriría la camisa para enseñar sus músculos abdominales. Es un baile de conquista, un canto —un grito— de seducción, hasta que la hembra cede invitándole a un vuelo hasta un árbol de amor o le entregará, como sí de emparejamiento, una ramita, primera piedra del nido. Desde que la primavera señala con luces nuevas el territorio mágico de tantos amores, desde la flor al canto del pájaro, observar el comportamiento de las criaturas aladas es un placer que distrae y entretiene. Y enseña. Aire, ramas, aleros, todo se llena de ritual de amores, de intención de conquista, esa necesidad animal de proyectarse en el otro, de completarse, de prolongarse. La imagen del gorrión abriéndose de alas mientras salta y chilla frente a su pretendida, la encuentro después, por la noche, en los humanos. La noche junto al mar, en las zonas de concentración de jóvenes, es otro baile, otro canto, otro plumaje de colores avivados, otra manera de tratar de conquistar, aunque en el caso de esta noche playera el papel de la conquista lo viera cambiado de manos: era la hembra la que trataba de conquistar. La noche ha salido a pasear con temperatura de verano, y por el paseo orillado de yates de millonarios, por donde suenan leyendas de príncipes árabes que pusieron sus ojos en una muchacha que pasaba por allí y la convirtieron en favorita, por esa vera del mar pasan en chorro muchachas, mayoritariamente extranjeras que vienen a la costa a ver si les toca el sueño de un árabe de yate y petrolera. Las veo pasar no sé si medio vestidas o medio desnudas, con ropas de llamativos colores, gritando bajito la sensualidad que les rebosa —y que las reboza—, exagerando el quiebro de las caderas, deslizando reojos por los veladores que huelen a rico, camino del territorio de la soñada conquista. No sé si a la vuelta, cuando apunte amanecer, habrán conseguido un príncipe árabe o habrán entregado todo su plumaje a un pícaro en un revolcón de exceso de alcohol o de ganas, pero sé que la próxima noche, como todas, volverán a pasar en bandos estas muchachas hermosas, piando en tres idiomas, que no tienen paciencia para esperar el ritual de seducción del gorrión
Pena, no orgullo
Es pena, porque nunca pudo ser por fuera como es por dentro, que lleva toda la vida tirándole del bocado a una sangre que se le desmanda, un bocado que él mismo se impuso como cilicio social. Es de los que se negaron a darle tres cuartos al pregonero, porque no hacía falta más pregón que sus ojos, aquellos ojos que se le encendían cuando pasaba un muchacho hermoso, aquellos ojos que jamás miraron a una mujer para calcularla en la pasión propia. Él mismo se cortaba las alas que le iban creciendo, aquellas alas que le pedían vuelo libre de llama que incendia un bosque. Se vio, se supo, y se echó a la calle travestido de hombre porque sabía que sólo así lo admitirían en un mundo donde a los mariquitas los machacaba la voz popular en los cadalsos del chiste, cuando no en la lapidación tribal del dedo que señalaba caminos de sombras y roces intencionados donde cundía la pana. Se travistió de hombre y se preparó para no acabar ni en los zócalos de cal y escobilla ni en los comedores de candelabro y marquesa, sirviendo entre cubiertos de plata gastada y heredada porcelana. Es pena, porque sé que dentro le arde —inextinguible carbón del deseo— lo que le arde desde siempre. Quizá le gustaría tener ahora la edad de esas muchachas, de esos muchachos, tan atrevidos todos, tan descarados, que han puesto bandera en las esquinas por las que él ayer pasaba espigando oportunidades de trasnoche; quizá le gustaría, no sólo por recuperar la edad mejor sino por ver si era capaz, de una vez, de dejar que las alas le crecieran libremente, de dejar que el potro se le desbocara… No es orgullo, porque nunca lo consideró tal, que incluso le molestaban —¿envidia?— las mariquitas locas que se descocaban en público. Es pena por no haber sido capaz de vender en sus mostradores lo que almacenaba en su trastienda. Es pena por no haber sido capaz de salir de las sombras que él echó sobre su luz, por no haber podido vivir —ya es demasiado viejo para intentarlo— sin necesidad de sujetar la intención de su mano, de sus ojos, de su sangre… Pagó cara su media clausura. Sórdidas pasiones de riberas de ríos, de nocturnas alamedas, de escondidos cuartos sin ventanas, de amores que se nombran sin género para que pasen, neutro, el fielato donde acechaba la intolerancia. Sé que vería pasar la caravana como la vieja paloma mutilada de alas que, con pena, ve cómo los pichones vuelan desafiando al plomo…
Hacerse el loco
Lo fácil que le resulta a un asesino no dejarle a un vivo más salida que la muerte, y la cantidad de salidas que le permiten a un asesino con tal de que se escape de la culpa. Conocemos testimonios de hombres que salvaron el pellejo en las tapias de fusilamientos porque fingieron estar muertos, pero hacerse el muerto en situaciones así no sólo es comprensible sino necesario. Lo que no se explica es la facilidad que tienen los asesinos para tratar de justificar su acción, y la de decir que tienen perturbadas sus facultades mentales es de las más socorridas. De modo que hacerse el loco es, en más de un caso, muy rentable, aunque a la gente normal le resulte incomprensible que un tío que ha planeado un crimen con exactitud milimétrica, que se inventó después una cuasi perfecta coartada, de pronto, cuando ve que le pueden caer quince o veinte años de cárcel, dice —o dice su abogado, o le aconseja alguien— que actuó bajo un ataque de locura. Como si la locura fuera un retortijón. Ahora, a los cinco meses de la desaparición de Marta del Castillo, tras el cachondeíto perfectamente urdido por Miguel Carcaño de señalar el río, primero, y el contenedor de basura, después, sin argumento al que agarrarse, el niñato tiene a su favor la posibilidad de hacerse el loco. De modo que si la personalidad de Carcaño es superior a la de los psiquiatras que lo analicen, si se trata de una mente capaz de urdir las más refinadas fantasías para que corran a su favor, si estamos ante un tío capaz de fingir un estado de locura transitorio, podemos encontrarnos con que a este muchacho, amén de librarse de algunos años de cárcel, vamos a tener que pagarle un médico, encima. ¿Necesitamos saber si anda mal del tarro quien ha sido capaz de mover a cientos de hombres en el río, en un basurero y en un tramo de arios kilómetros de ribera, con frías y calculadas declaraciones para que no aparezca el cuerpo de Marta? Tal vez yo sea un mal pensado, un desconfiado. Pero quien ha consentido cinco meses de calvario de la familia de Marta, y ha engañado a policías y a jueces, debe de tener muy bien amueblada la cabeza. No creo que Miguel Carcaño tenga un gramo de loco, más bien todo lo contrario. Lo que pasa es que sabe que tiene a su favor muchas salidas, y las agotará todas y aun se inventará otras. Aquí los que van a terminar locos son los padres de Marta. Y puede que incluso nosotros
Los dioses mortales
Como en el mundo flamenco por donde corría la letanía de sus ayes lloraban gitanos y castellanos cuando murió Camarón, lloran criaturas en todo el mundo la muerte de Michael Jackson, ese genio del pop que tan poco me atraía, no sé si porque mi adolescencia se quedó, sin soltarse, del baile agarrado en los patios de ambigú y picú de los sesenta, o porque aquella niebla del carbónico en la que se envolvía, bailando algo que para muchos como yo estaba más cerca de un ataque epiléptico que un arte, no me aclaraba el día del ideal de mi música, que tampoco es que yo sea un melómano. Es portada en todos los medios la imagen del excéntrico Michael Jackson, a quienes muchos de sus seguidores, con tal de mantenerlo embalsamado en virtudes, se niegan a reconocer los bandazos al menos raros que dio el muchacho, y les duele que su dios se les haya ido de los mortales a los cincuenta años. Era joven, es cierto, pero es que sus seguidores creían que duraría eternamente, negándose a reconocer que apostar por un vivo es apostar por un muerto, siempre. Un fenómeno de masas era, como otros tantos, como Elvis, como Camarón, como Sinatra. Cuando empezamos a adorar dioses de nuestra quinta es bueno saber —y también lo digo por mí, que tengo mis dioses— que un día se apagarán, antes o después que nosotros, pero se apagarán. Para que la fuerza de la fe no se debilite con la natural pose de la muerte, lo mejor es apostar por Dios o por dioses más duraderos, quiero decir un paisaje, una ciudad, un recuerdo. Queda la obra de esos dioses, y por su obra serán duraderos, pero no sabemos si eternos. Podemos considerar que vivimos mientras duramos en la memoria de alguien, pero no creo que haya memoria eterna. Si bien es cierto que hay personajes —dioses— de la literatura, la música, la pintura, que siguen vivos entre nosotros en la variante de vida de sus obras, bajo tierra, y sobre todo bajo el olvido, hay, seguro, dioses que un día creyeron serlo todo para muchos y se apagaron bajo las sábanas amontonadas de los días. Ha muerto Jackson, aquel niño negro que quiso blanquearse, como si la raza fuera una cuestión de camerino; aquel muchacho genial que parecía un hombre que iba difuminándose para convertirse en muchacha o en andrógino trasunto de mariposa indecisa. Lloran sus seguidores del mundo. Él, Jackson, cuando despierte al otro lado, descubrirá que de dios sólo tenía el nombre.
Pedir para dar
El viento de diciembre pasaba por aquel pueblo cortando la cara en las esquinas. Íbamos varios amigos, todos muy abrigados. A la puerta de una iglesia dos personas cargaban bolsas en una furgoneta; dentro de la furgoneta vimos cien, doscientas bolsas. «¿Qué es eso?», pregunté; uno de los amigos dijo: «Son bolsas de comida. Comida para los necesitados. Quienes acarrean esas bolsas son voluntarios de Cáritas, que una noche como esta tienen fuerzas para ayudar a quienes saben que no comerán si ellos no piden primero esa comida y después no se las llevan. O sea, los pobres de la tierra reciben ayudas de los pudientes y de otros menos pobres que ellos. Y mientras, en estos días, como sabéis, los políticos que dicen estar muy cerca de las necesidades del pueblo, andan organizando comidas de Navidad entre ellos.» Ahora, cuando el verano incendia las calles, hay mucha gente —la misma que andaba por el frío— pidiendo para dar. Gente que tiene su vida resuelta en lo económico y en el laboral, sale a la calle a pedir porque sabe que hay mucho que dar, que hay mucha hambre, hambre básica, digo hambre de un desayuno, de un plato caliente. Siempre ha habido pobres y necesitados, sí, pero la crisis está engordando las colas de la necesidad y en esas colas hay ya jóvenes que no pueden pagar lo que firmaron y además se han quedado sin trabajo, con lo cual muchos de ellos se ven sin hogar y sin poder solucionar un menú, y puede que incluso la crisis les haya pillado recién casados o con un hijo al que cuidar. ¿Qué puertas se abren para ellos? Los políticos exigen mucho papeleo para cualquier ayuda, y el hambre es una herida que o se acude a ella o nos desangra. Los políticos hablan mucho, lanzan titulares grandilocuentes, pero todos sabemos que dista mucho el pregonar del dar. Y cuando la necesidad aprieta, todos, creamos o no, hayamos dado o no, confiemos en la caridad cristiana o no, sabemos que sólo las puertas de Cáritas se abren cuando llamamos. Para un bocadillo, quizá, para una botella de leche, para unas frutas, para un plato de comida, es posible, pero siempre hay respuesta. Inmersos en los tiempos de sobras, jamás pensamos que había gente necesitada de que otra mano pidiera por ella. Y ha tenido que apretar la crisis para que veamos que esas manos que pedían nunca dejaron de hacerlo. Ni dejarán. Y sepamos que lo hacen por nosotros. Benditas sean esas manos.
Un hombre feliz
No sabe salir del campo. Una helada mañana de invierno me crucé con él y le dije que si tenía valor de ir al campo a esas horas; se sonrió y me dijo: «Como las perdices, yo me tengo que llenar todos los días los pies de rociá». La rociada para él es ese diario bautizo de sus pasos, y cuando no hay rociada, tierra, y, siempre, la luz. No sabe salir del campo. Vuelta que da, en el campo acaba. Lleva toda su vida pegado a la tierra. La tierra como escuela, como despensa, como sueño. En la tierra se ha dejado todos sus años y en la tierra sigue, incapaz de desprenderse de la alianza de entrega que le pusieron las circunstancias. Y sigue amante, tan amante ahora, que la pisa suya, como cuando la andaba ajena. No sabe salir del campo, ni quiere. Ni debe: fuera del campo siempre parece un extraño. En el campo es él en toda su dimensión, que es mucha. Generoso, sencillo, amable, sereno, sabio, celoso de cada mata, de cada árbol, de cada animal que cuida. Y todo para compartirlo. Ha convertido el campo en una mesa en la que ofrece el gran banquete de la amistad con un vino que medie: que si unos huevos, que si unos tomates, que si unas acelgas, que si unos racimos de uva, que si unas aceitunas, que si unas naranjas, que si... Para conocerlo hay que ir a buscarlo a su sencillo paraíso, tan esclavo como rey de su creación diaria. Todo lo mima como si le curara una herida a un niño de cuna. Calcula el tiempo por la empírica razón que atesora, y ve los días que van a venir en el día que vive. Nada estudió ni de agricultura ni de veterinaria, pero difícilmente se le va una cosecha y raro es que se le muera una cría. Guardó cuanto miraba y le resultaba aleccionador. Tiene en la mirada dos días claros que no engañan a nadie y que ve venir de largo cualquier cosa rara. Tiene en su mirada el alma lista de los animales que tuvieron que aprender de todas las miradas. Me he acordado de él al leer que en la noche de la tierra tenemos tanta luz que no distinguimos las estrellas. Que no le digan eso a él: guarda estrellas de noche y las cuenta como un pastor sus ovejas. Dueño de soles y de vientos, señor de intemperie, domina como nadie el arte de vivir sobre la tierra, con la tierra, en la tierra. Si el vencejo es capaz de hacer todo lo necesario para vivir sin posarse, este hombre es capaz de hacerlo todo sin despegar los pies de la tierra, la mejor manera de estar cerca de Dios.
Nada ha cambiado
Eran poco más de las cinco de la tarde. Ya lo habíais aviado casi todo en la casa. Tú habías ido a la tienda por un papel de salchichón y unas onzas de chocolate y tu madre había cogido un par de bollos y una sandía mediana. A esa hora, cuando el pobre asfalto de la carretera quemaba como ascuas y dejaba pegadas las alpargatas de goma, tomabais las calles incendiadas de adoquines en busca del camino de las huertas. Polvorientos caminos que si andarlos coincidía con una piara de cabras, te dejaba como un boquerón enharinado. Quemaba la tierra molida del camino —tierra molida del paso de carruajes y caballerías— tanto o más que el asfalto de la carretera, y cuando al fin desde un cerrete divisabais la vega, el verdor de los álamos y las mimbres, el cuerpo iba cogiendo alegría. Pero pesaba el camino. Pesaba porque había que llevar todo aquello que tu madre había dispuesto, y sólo la sandía dolía como la piedra de Sísifo, una sandía que parecía engordar a cada paso tuyo, que ya no sabías cómo llevarla, si debajo del brazo, si en el hombro, si en la cabeza… Frescores de la vera del río donde la grama alfombraba el fin de la caminata. Llegabais sudorosos, cansados, dando la vida por una sombra. Cuando te ibas tras unas adelfas a cambiarte el pantalón por aquel bañador que perdía el color al tercer baño, la gloria. Mirabas el agua serena, seductora, llamándote con silenciosa voz dulce… Te ibas a una de las barrancas o te metías poco a poco por la playa que daba a las adelfas para que el frescor no te sembrara escalofríos. Y te zambullías en aquel sitio que ya en tu memoria ocupará el lugar del paraíso fluvial de toda tu existencia, que no hay mar que se le pueda comparar, ni tardes marinas iguales a aquellas del haz de eneas, las hojas de lampazos y, en la orilla, el verdor cimbreante de las mimbres y la firmeza de los álamos. Después, la merienda, quizá un último baño sin meterse entero, a media pierna, por la digestión. Y vuelta a casa por los mismos caminos polvorientos, cuasi el mismo calor, la misma distancia que parecía mayor… Lo piensas hoy, cuando desde el apartamento, a dos kilómetros de la playa, vas con tu mujer y tus hijos, más cargado que entonces: nevera llena de bebidas y comida, sillas, sombrillas, toallas… Y piensas que nada ha cambiado. Sí, ha cambiado: tienes cuarenta años más y la certeza de que tus veraneos han empeorado.
Arreglar el mundo
Es la diferencia entre coger una navaja para cortar el pan y repartirlo y usarla para segar de un tajo una vida. Digo la actitud del recién fallecido Vicente Ferrer y la de los fanáticos de la sangre ajena. Cuando un hombre tiene la idea de tratar de solucionar el mundo no imagina una gran obra, simplemente se dedica a hacer un poco por alguien que lo necesita, y ese poco va creciendo en ese alguien, y en otros, y en muchos otros, y cuando el hombre viene a darse cuenta, ve que está construyendo una gran obra. La primera idea de Vicente Ferrer, como la última, no fue ir contra nadie sino a favor de alguien. Cuando este gran hombre miró la pobreza de la India no pensó en destruir ningún poder sino en solucionar el pan, el agua, la salud de quienes no tenían nada, en el más humilde sentido de la palabra. El hombre de compromiso ha muerto justo cuando ha quedado claro que el único «compromiso» de otros con la humanidad es tratar de aniquilarla. Imágenes que nos llegan de lejos, imágenes que nos golpean la vecindad derraman sangre, dejan muerte y, donde no los vemos, la risa de satisfacción de quienes pensaron el mal y lo llevaron a cabo. Sería hermoso, ejemplar y aleccionador que pusiésemos ver el primer día de Vicente Ferrer en la India, ese hombre solo ante el gran problema. ¿Qué pensaría? ¿Cuál sería su primera acción? Porque debió de ser algo parecido a cuando nos enfrentamos a un montón de problemas que de pronto se nos ponen delante y no sabemos por dónde empezar. Pero él empezó. ¿Cómo? Haciendo, haciendo algo, algo que debió de parecer poca cosa, hasta acabar construyendo, en medio siglo, un mundo de felices gracias a su entrega. Otros, si miran atrás, verán que toda su lucha tiene sus «frutos» en el cementerio. Es la diferencia de tratar de arreglar el mundo con la entrega al otro o con la destrucción del otro.
Libertad vigilada
Ya dio la cara otra vez El Rafita, ese criminal que tiene mayoría de edad en la maldad, por más que le dieran trato de menor. Esta vez no ha sido tan grave, menos mal, y todo ha quedado, al parecer, en un robo en un domicilio de Málaga. Esta vez no ha tenido a mano a una Sandra Palo a la que violar, pasarle el coche por encima y quemarla. Algunos dicen que, salvo internarlo un tiempo en un centro de menores, no se podía hacer otra cosa con él, porque es un niño. Alguien que es capaz de pensar un crimen y hacerlo como hizo este menor, no es un niño, es un monstruo al que hay que tener bien sujeto muchos años, muchos, hasta que el día que vuelva a la libertad no pueda caminar por ella. Dicen que estaba en libertad vigilada. Pues vaya vigilancia. Así se ríen de nosotros todos los Rafitas que hay, que son muchos, y los que estamos fabricando. El Rafita no es un niño, es un muñeco diabólico, una sangre enferma de sangre, enferma de crimen, enferma de delito. Es posible que al hurgar en su vida nos encontremos a un ser con muchos problemas. Bien. Pero si a ese ser no se le puede tener suelto, se le encierra. La lástima no nos puede llevar a dejar suelto al lobo cerca de las ovejas, sólo porque al lobo le mordiera su madre cuando era cachorro o se duela de un cepo que le cortó la pata. Compadeciéndonos, compadeciéndonos, vamos a crear un país de pobrecitos criminales y de víctimas que en paz descansen. Quien mata por el placer de matar, o por cobrar, o por defender la ceguera de la muerte, no debe andar suelto, jamás. Repito: jamás. Ya hemos sabido de la gran regeneración de El Rafita, ahí la tienen, detenido por robo. De ahí, del robo, si hace falta, pasa al cuchillo, a la escopeta, a lo que se tercie. Que nadie le toque a El Rafita, como que nadie le toque al culpable de la muerte de Marta del Castillo, del inspector Puelles o de tantas otras víctimas. Así nos estamos luciendo, se están luciendo los políticos que siguen creyendo —¿o acaso no lo hacen porque es políticamente incorrecto, aunque en privado piensen lo contrario?— que esto de los menores asesinos, como de asesinos de otra edad que actúan en nombre de otras locuras, se arregla con suavita mano de libertad vigilada o privilegios carcelarios para regenerar. ¿Regenerar? Ahí está El Rafita. Y no sólo él. Ya saben que aquí sale más barato matar que comer. Ahí está el ejemplo de El Rafita. Ojú, España.
Ritual de conquista
rión, más vivos los colores de sus plumas, grita alrededor de una hembra, a la que pretende seducir alzando su cola y entreabriendo las alas como un exhibicionista con chaqué; le muestra su negra pechera como un metrosexual se abriría la camisa para enseñar sus músculos abdominales. Es un baile de conquista, un canto —un grito— de seducción, hasta que la hembra cede invitándole a un vuelo hasta un árbol de amor o le entregará, como sí de emparejamiento, una ramita, primera piedra del nido. Desde que la primavera señala con luces nuevas el territorio mágico de tantos amores, desde la flor al canto del pájaro, observar el comportamiento de las criaturas aladas es un placer que distrae y entretiene. Y enseña. Aire, ramas, aleros, todo se llena de ritual de amores, de intención de conquista, esa necesidad animal de proyectarse en el otro, de completarse, de prolongarse. La imagen del gorrión abriéndose de alas mientras salta y chilla frente a su pretendida, la encuentro después, por la noche, en los humanos. La noche junto al mar, en las zonas de concentración de jóvenes, es otro baile, otro canto, otro plumaje de colores avivados, otra manera de tratar de conquistar, aunque en el caso de esta noche playera el papel de la conquista lo viera cambiado de manos: era la hembra la que trataba de conquistar. La noche ha salido a pasear con temperatura de verano, y por el paseo orillado de yates de millonarios, por donde suenan leyendas de príncipes árabes que pusieron sus ojos en una muchacha que pasaba por allí y la convirtieron en favorita, por esa vera del mar pasan en chorro muchachas, mayoritariamente extranjeras que vienen a la costa a ver si les toca el sueño de un árabe de yate y petrolera. Las veo pasar no sé si medio vestidas o medio desnudas, con ropas de llamativos colores, gritando bajito la sensualidad que les rebosa —y que las reboza—, exagerando el quiebro de las caderas, deslizando reojos por los veladores que huelen a rico, camino del territorio de la soñada conquista. No sé si a la vuelta, cuando apunte amanecer, habrán conseguido un príncipe árabe o habrán entregado todo su plumaje a un pícaro en un revolcón de exceso de alcohol o de ganas, pero sé que la próxima noche, como todas, volverán a pasar en bandos estas muchachas hermosas, piando en tres idiomas, que no tienen paciencia para esperar el ritual de seducción del gorrión…
La vieja fábrica
Cuando
aquel empresario llegó a la tribu y compró aquellos terrenos por los
que nadie daba un duro, lo creyeron loco, pero cuando la fábrica abrió
sus puertas, el campo se resintió, porque se llevó, de golpe, a
cincuenta hombres. La conservera necesitaba mano de obra y la pagaba
mejor que el campo, y al año de abrir, la fábrica era el sostén de la
tribu que trabajaba en ella y aun de parte de los agricultores, quienes
encontraron en la fábrica una buena vía para darle salida a sus
productos. Todo en la tribu era la fábrica, y allí donde el dueño
pisaba, la gente se le extendía como alfombra agradecida, y un aire de
santo milagroso llevaba don Máximo por el pueblo. A los niños que
nacieron entonces, las madres les pusieron de nombre Máximo, porque
sabían que ponerle Máximo a un niño equivalía a un buen regalo del
magnánimo empresario. A los dos años de estar funcionando la conservera
«La Máxima» el nombre de la tribu se unió al de la fábrica y el
esplendor fue llegando, que aporreaban las puertas de la fábrica
buscando trabajo y quienes estaban trabajando en ella hablaban gloria
de aquel modelo empresarial. «Don Máximo» le puso el alcalde al casino
de sociedad que inauguró y que, en parte, costeó el empresario, y
rotuló a su nombre la calle donde vivía; «Don Máximo» le pusieron de
nombre a un bar, a una pensión, incluso hubo algún vecino que le puso
«Máximo» a su perro. Diariamente entraban a la conservera miles de
kilos de productos, diariamente cientos de manos paisanas faenaban,
etiquetaban, empaquetaban, y diariamente cinco o seis camiones salían
de la fábrica rumbo al mercado nacional y a parte de Francia. Todo
giraba alrededor de «La Máxima», y con razón, porque la penalidad del
campo quedó para los mulos y los hombres trabajaban bajo techado y los
chiquillos, en vez de irse a guardar cabras, entraban a trabajar de
aprendices. Así, varios años de crecimiento en todo, del pueblo y,
sobre todo, de la economía del dueño. Pero toda la riqueza de don
Máximo se daba por buena porque daba mucho pan. Los problemas empezaron
cuando irrumpieron en el mercado otras conserveras más modernizadas y
«La Máxima» fue perdiendo fuelle hasta tener que dejar en la calle a
toda la plantilla. Don Máximo tuvo que salir de noche por los corrales,
para salvar el pellejo. La gente, airada, apedreó su casa y quemó la
fábrica
Dios a la sombra
Maldita la gracia que
le hace al Cangui lo que cuentan de aquel señorito sevillano que
mientras disfrutaba del verano en el norte, al enterarse de que en
Sevilla hacía cuarenta y tantos grados, dicen que dijo que lamentaba
perderse un día así. «A ése me lo hubiera llevado yo ese día a apagar
cal a un horno, a ver si decía lo mismo». A nosotros nos pasa lo
contrario que al señorito, que nos hemos ido acostumbrando a los
espacios climatizados y no aguantamos lo que aguantábamos ayer —ni
falta que hace—, somos más vulnerables a un día caluroso y, de tan
hechos al frío de las máquinas que nos congelan los dientes, hemos
perdido en el paladar la celebración de lo fresco: «Todo lo tomamos
demasiado frío, y tan frío, ni el agua sabe a agua ni la sandía, a
sandía». Junio se nos ha venido duro sin avisar, y en su primera
embestida ha derribado caballos, ha roto telas y ha dejado sin tablas
los burladeros tras saltar la raya de los cuarenta. Me lo advirtió El
Cangui este invierno, cuando vio no sé qué extraños movimientos en las
abejas y en las hormigas, que no hay criatura que escape de su
curiosidad: «El verano va a ser duro, y tempranero. Algunas cosechas se
van a venir a la tercera luna». Esto no es nuevo, que veranos canallas
hay por la memoria incendiada de todos nosotros. Dice El Cangui que él
vio un verano, cuando era un chaval, que los pinos escupieron la
cáscara para refrescarse el tronco, y en la era, un pollito que quedó
atrapado en un alambre tras la choza, al sol pelado, ardió como yesca.
El Cangui sostiene la teoría de Antonio el Grande, que dice que san
Antonio marca la dimensión del verano, y si ayer hizo el calor que
hizo, éste verano va a alargarse hasta finales de octubre. Y encima,
muchos no sabemos cómo andar por el verano sin el auxilio del aire
acondicionado: «Imagínate que viviéramos en una chabola de chapas… o
que trabajáramos como hace cuarenta años, que recuerdo un mediodía
deshermanando algodón en un llano pelado, y una de las mujeres, medio
asfixiada bajo tantas telas y colorada como una sandía, preguntó dónde
estaría Dios, y le contestó el manijero que estaba donde tenía que
estar, a la sombra». Cruzando como un huido bajo el sol canalla de
estos días, Cangui, yo también creo que Dios está a la sombra. Eso
parece, al menos, cuando la alcanzo. Con mucho gusto, el infierno del
sol lo dejo para quienes piensan como aquel señorito…
Crías de Cristiano
Quizá
estábamos sembrando maíz a la cavada en la ladera de Especina, allí
donde el tren parece que se te va a caer encima cuando pasa. El
cavador, un hombre con sesenta y tantos años encima, dicharachero y
ocurrente, cuando alguien comentó lo que ganaba Manuel Benítez El
Cordobés por hacer un paseíllo, le dijo a su mujer, mientras ésta
echaba cuatro o seis granos en el hueco de la cavada: «Que digo yo,
Bartolina, que si no sería bueno hablar con ese Cordobés y que se
echara un rato contigo, a ver si te hacía dos o tres crías de
Cordobesitos y nos sacaba de apuros…» Su mujer le dijo de todo, pero
Matías, aunque de broma, lo dijo sabiendo que un rato de El Cordobés
con Bartolina a él le iba a doler menos que nueve horas de azada en la
siembra del maíz. Hoy, sin necesidad de ofrecer a su mujer —como
hacía Matías de broma—, muchos padres lo que hacen es ofrecer las
posibles habilidades de sus hijos, y los llevan a probar a las canteras
de equipos de fútbol porque alguien les dijo que el chiquillo le da
bien al balón, que tiene talento, que es distinto. Conozco a padres que
van con su hijo camino de unos entrenamientos no con la ilusión de
verlo jugar, sino con la esperanza de que el niño haga rica a la
familia. Esto, en mayor o menor grado, ocurría antes en el mundo del
toro, y por eso Matías dijo lo de acostar a su mujer con El Cordobés.
Hoy, sacar adelante a un chaval que toree bien de salón puede costar un
capital incalculable, no sé si fue Emilio Muñoz quien dijo que antes se
necesitaba ser torero para comprar un cortijo, y hoy hace falta un
cortijo para costear a un chaval que quiera ser torero. El fútbol da
menos cornadas y está más al alcance de todos. Y ahora, con el fichaje
de Cristiano Ronaldo y esos más de quince mil millones de pesetas que
ha costado la operación, y los más de mil quinientos millones de
pesetas, limpios, que va a cobrar el portugués por cada temporada,
imaginen lo que muchos padres van a cuidar al hijo que siquiera le dé
dos veces de cabeza al balón de Nivea. Eso y, si fuera posible,
cuántos, como Matías con El Cordobés, ofrecerían lecho propio si
supieran que de allí saldrían crías de Cristiano. Otros, si pudieran,
lo clonarían y acabarían por hacer Cristianos en serie, como quien hace
cubos de plástico. La suerte nuestra es que no podemos hacer copias del
talento que da mucho dinero, si no, nos matábamos por un semental.
El hombre raro Convencido
de que la mejor oportunidad sería cuando estuviera solo, fui a buscarlo
a su finquita cerca de la antigua aceña, donde aprovechó la medio
derruida casa del molinero que vivió allí un siglo atrás para construir
una vivienda en son con su vida, que la casa es una prolongación de él,
y viceversa, dígase la suma sencillez, y dígase con ello la libertad de
una casa —y de un hombre— llena de lujos que otros llaman pobreza: lo
justo para cocinar, lo justo para dormir, lo justo para asearse y un
cuarto que es una alcancía de luces, que del amanecer al ocaso no hay
luz que no administre ese cuarto. Y, rodeándola, una tierra que
amamanta el eterno manantial que rebosa en la alberca y se va, ladera
abajo, hasta socorrer al río. Me
despertó la curiosidad oírle decir a un paisano, al referirse a él,
«allí por donde vive el hombre raro…» ¿Y cómo se llama?, pregunté. No
sabían el nombre. «El hombre raro» por todo nombre. Lleva allí cinco
años y su vida me la ha ido resumiendo por entregas en tardes de
charlas, a partir de haber descubierto que mi interés era por la
persona, no por cuanto le rodea. «El hombre raro» es un culto tapado
que fue licenciándose en todo, según la vida iba imponiéndole
asignaturas. Es un artista sin apenas ejercicio, pues prefiere la obra
diaria de la tierra a andar tallando bellísimas figuras de madera. Ha
viajado por todo el mundo, tuvo mucho dinero, fue reconocido como
artista en su juventud; amó cien veces y se enamoró una, y, dice,
aplicó siempre una razón poética al amor, así que, como Bécquer, un día
decidió que la mejor manera de conservar una eterna memoria del amor
era segándolo en berza. Ama la palabra —dice que habla mucho solo—,
pero calla si canta un pájaro o silba el viento: «Hay riquezas que no
debemos dejar pasar sin aprovecharlas», me dice. La lluvia es para él
«el monólogo de Dios». Por eso prefiere estar solo cuando llueve. Anda
entre sus árboles y sus cultivos como un dios de recreo por el jardín
de su olimpo. Ama el silencio, pasear, la edición de la vida que le
ofrece la rotativa de la luz. No habla de política, ni de fiestas, ni
de proyectos: «Mi proyecto más inmediato es amanecer en paz mañana.»
Cuando vuelvo de estar con él, siempre recuerdo a Fray Luis: «…Un no
rompido sueño, / un día puro, alegre, libre quiero…» Seguiré yendo a
buscar su compañía, y deje usted, Jaime, que los demás le llamen «el
hombre raro».
Eso del poder
Los
veíamos ayer, Cangui, cuando no mandaban, cuando recorrían los pueblos
repartiendo una postiza simpatía, esa prótesis de cordialidad que tan
bien saben vender como auténtica cuando necesitan de la confianza de la
gente. Los veíamos ayer, consultando con la gente, pulsando las
necesidades del lugar, anotando problemas y ofreciendo soluciones,
reclutando a leales para una lista con la que decían que gobernarían
para todos, sin distinción. Iban presentando nombres de los suyos y
parecía que era verdad cuanto decían… Tú los tienes ya muy calados, es
cierto, y por eso me dijiste aquello la tarde que viste a quien optaba
a la alcaldía departiendo con un grupo de paisanos, tan abierta la
sonrisa, tan entregado el ánimo, con aquella aparente sencillez: «¿Tú
no ves que hoy parece de seda?, pues a ver si el gusano entra en el
capullo y verás que sale mariposa… Cuando lleve un año en el cargo,
hablamos. Tú no conoces ese paño». Los
titulares nacionales hablan de cómo el poder construye soberbios,
déspotas, egoístas, aislados hombres y mujeres que al lejos parecían
encantadores. Dicen que tener mucho tiempo las riendas del poder acaba
dejando, más que un caballo domado, un mal caballista. Algunos creen
que todo lo que no sea ellos es un error, y, ciegos —el poder es un
camino a la ceguera—, creen que todo lo que no se le arrodilla es
enemigo. Eso
ocurre en una nación y en una aldea, Cangui. Llevabas razón cuando me
señalabas aquel paño. No hay más que acercarse a ellos para ver cómo
algunos se han creído que la confianza popular de una ocasión de urnas
les escrituró a su nombre el pueblo; no se creen alcaldes, se creen
dueños, y así como condescienden con quienes les bailan el agua
delante, odian a cuantos los cuestionan o les señalan caminos
equivocados. Algunos
incluso han barrido los alrededores del poder hasta quedarse sólo
ellos, todo el poder para ellos, todos consultándoles, y que se atenga
aquel que ose actuar según su criterio en sus atribuciones. Ciega el
poder, crea incluso dictadores travestidos de demócratas, pero
dictadores que si corrieran otros tiempos íbamos a ver hasta dónde
llegaban…No conocía el paño que me señalabas, Cangui, pero es el mismo
de otros sitios: una persona que sólo admite por razón su razón, o su
atropello. ¿Volverán a ser —a parecer— normales? Sí: el día que, otra
vez, necesiten nuestro voto. El puto poder, Cangui…
Dos vehículos Pasan
las carretas del Rocío por algunos caminos de Andalucía, de vuelta de
la romería. En estos días, al verlas pasar, pensaba en lo que supondría
que siguiésemos teniendo la carreta -o el carro- como vehículo de
transporte. Lentas, cansinas, eternizándose en el paisaje, sin prisas,
viviendo cada metro del camino… En el aire, vigilando el paso de las
hermandades, varios helicópteros que en un momento van de un lugar a
otro. El “Así en la tierra como en el cielo” de la romería. Algunos
pueblos tardan tres, cuatro, seis días en cubrir un trayecto que
habitualmente -cuando no es romería- cubren en dos horas, una hora,
media hora… Los peregrinos “viajan” a un tiempo desconocido, al tiempo
cuasi detenido del paso de carreta, de caballo, del andar… Arriba, los
helicópteros. Dos conceptos del tiempo: uno que masca las distancias
segundo a segundo y otro que se las bebe en el tiempo que aquél tarda
en levantarse. Vuelven las carretas, despacio, escoltadas por caballos,
cohetes, gaita y tamboril… En un mar lejano, perdidos bajo las aguas,
doscientos veintiocho pasajeros del tiempo vivido con rapidez,
pasajeros de ese avión siniestrado, jamás podrán saber del tiempo, de
ningún tiempo. Miro al cielo y miro a los caminos. Y me alegro de ser
todavía -aunque nunca se sepa dónde está el peligro- partidario del
tiempo mascado del caminante. A veces viajamos tan rápidos que vamos de
ninguna parte a ninguna parte. Pienso todo esto, mientras lamento el
accidente, recordando con Antonio Machado que “se hace camino al
andar”. Cuento esto para decir que me horroriza volar… en avión.
Abrazos. Antonio Pregón de la Caló
Ni
del olor a azahar, ni del olor a incienso, ni de la luz de marzo, ni de
la Feria, ni de las corridas de toros, ni siquiera del carril-bici; de
lo que más se habla en Sevilla es del calor, de la caló. Yo no sé por
qué no ha organizado ya alguien el Pregón de la Caló, si es lo más
común entre los sevillanos y lo que más dura, si la frase más repetida
por todos los sevillanos y por todos los que vienen a Sevilla, desde
mayo —y a veces desde abril— hasta las veras del otoño, cuando no hasta
el otoño mismo, es «¡Ojú qué caló!», como leemos en algunas camisetas.
El Pregón de la Caló, que patrocinaría el niño de Gambrinus a medias
con alguna casa de abanicos, crearía otra variante de literatura local
dentro del género pregoneril. Es que me lo imagino: «¡Qué me gusta a mí
Sevilla / con más de cuarenta al sol / y ni una mala sombrilla!» Lo
piden los días, los mediodías, las tardes: «Si ves que el infierno
alfombra / las calles de esta ciudad, / no te vayas a escapar / en
busca de alguna sombra». Es posible que el Pregón de la Caló no se
organice porque se han metido por medio quienes nos informan no ya del
calor que hace sino del que va a hacer. Las páginas de consultas del
tiempo son ya ese pregón, pregón sin literatura, sin rima, aunque
encendido pregón que levanta calurosos comentarios. Los del Tiempo, en
este tiempo, se llevan todo el día con Sevilla como la madre que le
nota la frente ligeramente templadita a su niño de cuna: colocándole el
termómetro a ver qué marca el mercurio. Ya sabemos desde hace varios
días que hoy y mañana en Sevilla se van a poder asar sardinas sobre las
barras de nieve, más o menos. Nos anuncian el infierno nada más pasar
el cuarenta de mayo, y haga después el día que haga, el comentario será
que hay que ver el calor que hizo ayer. Y encima los termómetros
urbanos, los chivatos, que a cualquiera le da un día por manipularlos y
poner sesenta grados, y nos lo creemos. Quizá por eso no se organice el
Pregón de la Caló, y es una pena, porque a las rimas «grados», «calor»,
«Sevilla», «sombrilla» le añade usted cuatro historias urbanas que
cuenten lo que sufrió el día que le cogió un atasco cuando iba en el
Seíta por el Paseo de Colón, la tarde que se averió el aire
acondicionado en la oficina o un mediodía que tuvo que aguantar a un
jefe en la Velá de Triana y le sale bordado. Así que marchando una de
pregón con «versos encendidos».
Nadal es humano No
ha tenido que venir Bibiana Aído con sus pruebas para saber que Rafa
Nadal, además de un ser vivo, es un ser humano. La prueba ha sido en
Roland Garros, y dio positivo: perdió. Eso es lo que humaniza a Nadal,
eso es lo que nos despeja la duda cuando ya íbamos camino de creer que
lo de este muchacho era sobrehumano, del más allá de los dioses que
disfrutan en su celeste y tienen el detalle de bajar de cuando en
cuando a la tierra. Nadal ha perdido, qué grande es por eso Nadal. Y
más grande porque ha caído frente a un sueco, Soderling, al que
muchísimos no conocíamos y que ocupa el número veintitantos en el
ranking de los tenistas mundiales. Soderling es grande, amén de por ese
percutor que es su raqueta y esa bala que es la bola, por haber
derrotado a Nadal. Nadal tenía que caer un día, pero no caía, sacaba
fuerzas de su agonía y volvía a ser el Rey de Redes del tenis mundial.
Este revés le llega en un gran momento, aunque su humildad esté a
prueba de laureles. Con 23 años se asume bien un golpe duro. Lo malo
hubiera sido mantenerse así, invicto, años y años, que entonces una
derrota le hubiera sabido a cornalón de Sánchez-Mejías en Manzanares. Cuando
el éxito rodea a alguien, nada como el auxilio de cualquiera que se
acerque a traer un memento. El memento de Nadal ha sido ese sueco
gigante que parece golpear con catapulta, y con piedras, más que con
pelotas. La grandeza de Nadal la veo ahora, en su cabizbaja actitud,
derrotado -que no hundido-, sin posibilidad de ensartar este año su
quinto Roland Garros. Más grande me sabe este Nadal que todos los
anteriores, más triunfador será si sale de la derrota que grande fue
levantando los triunfos. Volverá más grande, «que no se goza bien de lo
gozado / sino después de haberlo padecido...». Hay derrotas que vienen
para enseñarnos a ganar. Nadal ha perdido... ¡qué grande, qué humano
Nadal! July 10 28 abril:8 de abril
Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo
PUESTOS DE TRABAJO SEGUROS Y SALUDABLES
Hagamos realidad un buen empleo
El 28 de abril se celebra, a iniciativa de la Confederación Sindical Internacional (CIS), desde hace ya 12 años, el Día Internacional de la Seguridad y Salud de los trabajadores. Los sindicatos de todo el mundo recordamos a los más de 2 millones de trabajadores y trabajadoras que fallecen cada año así como a los más de 1,2 millones que resultan lesionados y los más de 160 millones que enferman debido a las malas condiciones de trabajo y a la falta de medidas preventivas
El Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo es una campaña internacional destinada a promover tanto la salud y la seguridad en el trabajo como el trabajo decente.
25 de abril
Día Mundial del PaludismoLa Asamblea Mundial de la Salud decidió que se conmemore anualmente el Día Mundial del Paludismo el 25 de abril.
22 de abril
Día Internacional de la Madre Tierra Alrededor del mundo varias organizaciones y ecologistas emprenden
campañas y manifestaciones para instar a los gobiernos a la creación de
leyes que contribuyan a la reducción de la contaminación la Madre Tierra aquella que nos cobija, nos cría y nos alimenta en
forma constante en trabajo cordinado con la luz solar y el aguita
llegan a producir cantidades de variedades de alimentos para todos los
seres vivientes desde los más pequeñitos a los más gigantes fuera de
sus plantas combinadas con los ríos, lagos y mares forman una belleza
exepcional convirtiendose en paisajes atrayentes a diversos
visitantes. Para ella he creado una comedia que relata a la Tierra
quejándose del ser más despreciable del Planeta (EL inhumano).
23 de abril
Día Mundial del Libro y del Derecho de AutorEl 23 de abril es
un día simbólico para la literatura mundial ya que ese día en 1616
fallecieron Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. La
fecha también coincide con el nacimiento o la muerte de otros autores
prominentes como Maurice Druon, Haldor K.Laxness, Vladimir Nabokov,
Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo.
Fue
natural que la Conferencia General de la UNESCO, celebrada en París en
1995, decidiera rendir un homenaje universal a los libros y autores en
esta fecha, alentando a todos, y en particular a los jóvenes, a
descubrir el placer de la lectura y a valorar las irremplazables
contribuciones de aquellos quienes han impulsado el progreso social y
cultural de la humanidad. Respecto a este tema, la UNESCO creó el Día
Mundial del Libro y del Derecho de Autor, así como el Premio UNESCO de
Literatura Infantil y Juvenil Pro de la Tolerancia.
El 23 de abril es un día simbólico para la literatura mundial ya que
ese día en 1616 fallecieron Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de
la Vega. La fecha también coincide con el nacimiento o la muerte de
otros autores prominentes como Maurice Druon, Haldor K.Laxness,
Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo.
Fue natural que la Conferencia General de la UNESCO, celebrada en París
en 1995, decidiera rendir un homenaje universal a los libros y autores
en esta fecha, alentando a todos, y en particular a los jóvenes, a
descubrir el placer de la lectura y a valorar las irremplazables
contribuciones de aquellos quienes han impulsado el progreso social y
cultural de la humanidad. Respecto a este tema, la UNESCO creó el Día
Mundial del Libro y del Derecho de Autor, así como el Premio UNESCO de
Literatura Infantil y Juvenil Pro de la Tolerancia.
7 de abril
Día Mundial de la Salud
El 7 de abril de cada año, el mundo celebra el Día Mundial de la Salud.
Ese día, en todos los rincones del planeta, cientos de eventos
conmemoran la importancia de la salud para una vida productiva y feliz.
Reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, y combatir el
VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades son algunos de los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio que todos los Estados Miembros de la ONU se han comprometido a cumplir para el año 2015.
Aniversario del genocidio en Rwanda
"Mientras tratamos de aprender de las enseñanzas del genocidio de
Rwanda, hay dos mensajes de suma importancia. El primero es no olvidar
jamás. El segundo, nunca dejar de trabajar para prevenir otro
genocidio. Nuestros pensamientos están con las víctimas: los más de
800.000 inocentes que perdieron su vida a una velocidad aterradora.
Nuestros pensamientos están con los supervivientes. Su capacidad de
recuperación siguen siendo una fuente de inspiración para nosotros. La
responsabilidad de todos nosotros es apoyarlos para que reconstruyan
sus vidas. Cuán diferente habría sido si nosotros, la comunidad
internacional, hubiésemos actuado como era debido y a su debido tiempo."
Secretario General Ban Ki-moon
4 de abrilDía Internacional de información sobre el peligro de las minas y de asistencia para las actividades relativas a las minas
Resolución: A/RES/60/97 La Asamblea General declara que, todos los años, el 4 de abril se proclamará y se observará el Día Internacional de información sobre el peligro de las minas y de asistencia para las actividades relativas a las minas;
Recordando todos los tratados y las convenciones pertinentes y sus procesos de examen, Reafirmando su profunda preocupación por los enormes problemas humanitarios y para el desarrollo causados por la presencia de minas y restos explosivos de guerra, que tienen consecuencias sociales y económicas graves y duraderas para las poblaciones de los países afectados por las minas y los Teniendo presente la grave amenaza que representan las minas y los restos explosivos de guerra para la seguridad, la salud y la vida de las poblaciones civiles locales, así como del personal que participa en los programas y operaciones humanitarios, de mantenimiento de la paz y de rehabilitación, Profundamente alarmada por el número de minas que se siguen sembrando cada año, así como por la existencia de un número decreciente pero todavía muy elevado de minas y restos explosivos de guerra y de kilómetros cuadrados de zonas así infestadas como resultado de conflictos armados, y convencida por ello de la necesidad y la urgencia de que la comunidad internacional intensifique sus actividades de remoción de minas con miras a eliminar lo antes posible la amenaza que representan para la población civil las minas terrestres y los restos explosivos de guerra, Reconociendo que, aparte de la función primordial que corresponde a los Estados, las Naciones Unidas pueden desempeñar un papel significativo en el ámbito de la asistencia para las actividades relativas a las minas, y considerando que esas actividades son un componente importante e integral de la labor de las Naciones Unidas en las esferas humanitaria y de desarrollo, y observando que se han incluido actividades relativas a las minas en varias operaciones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz, Destacando la necesidad de convencer a los países afectados por las minas de que se abstengan de sembrar nuevas minas antipersonal para asegurar la eficacia y eficiencia de las operaciones de remoción de minas, Destacando también la necesidad acuciante de exhortar a los agentes no estatales a que se abstengan de modo inmediato e incondicional de sembrar nuevas minas antipersonal y otros artefactos explosivos relacionados, 1. Pide, en particular, que los Estados, con ayuda de las Naciones Unidas y las organizaciones pertinentes que participen en actividades relativas a las minas, según proceda, sigan fomentando la creación y el perfeccionamiento de la capacidad nacional en actividades relativas a las minas en los países en que las minas y los restos explosivos de guerra constituyan una grave amenaza para la seguridad, la salud y la vida de la población local o un obstáculo para el desarrollo social y económico en los planos nacional y local; 2. Insta a todos los Estados, particularmente a los que tienen capacidad para hacerlo, así como al sistema de las Naciones Unidas y a las organizaciones e instituciones competentes vinculadas con actividades relativas a las minas a que, según proceda: a) Presten asistencia a los países afectados por la presencia de minas y restos explosivos de guerra con el fin de que puedan establecer y perfeccionar su capacidad nacional para llevar a cabo actividades relativas a las minas; b) Cuando proceda, en cooperación con los organismos competentes del sistema de las Naciones Unidas y las organizaciones regionales, gubernamentales y no gubernamentales competentes, presten apoyo a programas nacionales dirigidos a reducir los riesgos que entrañan las minas terrestres y los restos explosivos de guerra, en particular para las mujeres y los niños; c) Hagan contribuciones estables, previsibles y a tiempo para las actividades relativas a las minas, incluso por conducto de las iniciativas nacionales y los programas humanitarios de las organizaciones no gubernamentales sobre actividades relativas a las minas, que incluyan la asistencia a las víctimas y la educación sobre los riesgos que entrañan las minas, especialmente a nivel local, así como por conducto del Fondo Fiduciario de contribuciones voluntarias para prestar asistencia a las actividades relativas a las minas y de los fondos fiduciarios regionales pertinentes para la asistencia en esta esfera; d) Proporcionen la información y la asistencia técnica, financiera y material necesarias para localizar, despejar, destruir o neutralizar lo antes posible los campos minados, las minas, las trampas explosivas y otros artefactos y restos explosivos de guerra, de conformidad con el derecho internacional; e) Presten asistencia tecnológica a los países afectados por las minas y los restos explosivos de la guerra, y fomenten la investigación científica y el desarrollo, orientados al usuario, de tecnologías y técnicas relativas a las minas, dentro de plazos razonables; 3. Alienta los esfuerzos para realizar todas las actividades relativas a las minas de conformidad con las normas nacionales aceptadas y con las Normas Internacionales para las Actividades relativas a las Minas, según corresponda, y subraya la importancia de utilizar un sistema de gestión de la información, por ejemplo, el Sistema de Gestión de la Información para Actividades relativas a las Minas, para ayudar a facilitar las actividades en esta esfera; 4. Alienta a todos los programas y organismos multilaterales, regionales y nacionales competentes a que, en coordinación con las Naciones Unidas, cuando proceda, incluyan actividades relativas a las minas, entre ellas la remoción de minas, en sus actividades humanitarias, de rehabilitación, de reconstrucción y de asistencia para el desarrollo, teniendo presente la necesidad de asegurar, en los planos nacional y local, el poder de decisión, la sostenibilidad y la creación de capacidad, y a que también incluyan en todos los aspectos de esas actividades una perspectiva de género y de edad apropiada; 5. raya la importancia de la cooperación y la coordinación en las actividades relativas a las minas, y pone de relieve la responsabilidad primordial de las autoridades nacionales en este sentido, subraya además la función de apoyo de las Naciones Unidas y otras organizaciones competentes a ese respecto, y recalca la necesidad de que las Naciones Unidas realicen una evaluación constante de su función en esta esfera; 6. Observa las posibilidades que pueden brindar las actividades relativas a las minas como medidas de consolidación de la paz y fomento de la confianza entre las partes interesadas en las situaciones posteriores a los conflictos; 7. Declara que, todos los años, el 4 de abril se proclamará y se observará el Día Internacional de información sobre el peligro de las minas y de asistencia para las actividades relativas a las minas; 8. Pide al Secretario General que le presente en su sexagésimo segundo período de sesiones un informe acerca de la aplicación de la presente resolución y del seguimiento de las resoluciones anteriores sobre la prestación de asistencia para la remoción de minas y las actividades relativas a las minas, incluidas las políticas y actividades pertinentes de las Naciones Unidas; 9. Decide incluir en el programa provisional de su sexagésimo segundo período de sesiones el tema titulado “Asistencia para las actividades relativas a las minas”. 62ª sesión plenaria 8 de diciembre de 2005 *Según se menciona en las resoluciones anteriores de la Asamblea General relativas a la asistencia en remoción de minas y a la asistencia para actividades relativas a las minas. Éstos incluyen la Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción, 1997; el Protocolo sobre las prohibiciones o restricciones de la utilización de minas, trampas explosivas y otros dispositivos, en su forma enmendada en 1996 (Protocolo II de la Convención sobre prohibiciones o restricciones del empleo de ciertas armas convencionales que puedan considerarse excesivamente nocivas o de efectos indiscriminados, de 1980); el Protocolo sobre los Restos Explosivos de Guerra (Protocolo V de la Convención de 1980), de 2003 (al 27 de octubre de 2005 no había entrado aún en vigor); y el Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra de 12 de agosto de 1949, relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales (Protocolo I), de 1977. Según se definen en el Protocolo V de la Convención sobre prohibiciones o restricciones del empleo de ciertas armas convencionales que puedan considerarse excesivamente nocivas o de efectos indiscriminados.
2 de abril
Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo El Día Internacional del Autismo recuerda los derechos de las personas que sufren este trastorno Son muchas las personas que sufren autismo en todo el mundo. Se trata de un desorden del desarrollo del cerebro que puede comenzar en niños antes de los tres años de edad y que deteriora su comunicación e interacción social. Hoy, 2 de abril, se celebra el Día Internacional de este trastorno, que pretende recordar los derechos de quienes lo padecen. Varias organizaciones trabajan para conseguir más recursos destinados a investigar y tratar el autismo. La Asociación de Padres de Afectados por Autismo y otros Trastornos del Espectro Autista de Bizkaia (APNABI) y la Asociación Guipuzcoana de Autismo (GAUTENA), que aglutinan a un millar de familias, se han adherido al manifiesto de la Organización Mundial del Autismo (OMA) para que estas personas consigan ser verdaderamente "ciudadanos visibles". El autismo puede comenzar en niños antes de los tres años de edad"Las personas con autismo son, como el resto de la sociedad, ciudadanos de pleno derecho, y por ellos seguiremos trabajando", señala María Isabel Bayonas Ibarra, presidenta de la OMA, que advierte de que los autistas "no son 'ciudadanos invisibles' y todos, ellos y nosotros, seguiremos reclamando la atención y cuidado que precisan". El autismo puede comenzar en niños antes de los tres años de edadLa Carta de Derechos de Personas con Autismo reconoce su derecho a una educación inclusiva, a un alojamiento idóneo y acceso a tratamientos adecuados Cómo reconocer a un niño autista A un pequeño que padece autismo se le reconoce por los siguientes comportamientos: - Deja de hablar o no lo ha hecho nunca. Su lenguaje es limitado. - Repite siempre lo mismo o lo que oye. - No responde a su nombre ni obedece instrucciones. - No se inmuta ante sonidos, aunque no soporta algunos ruidos o luces. - No juega con juguetes. Tampoco lo hace con los demás niños. - Le gusta llevar objetos en la mano sin razón aparente. - Apila objetos o los pone en línea. - Evita cualquier contacto visual y no le gusta que le toquen. - No está pendiente de su entorno. - Para pedir las cosas toma la mano de alguien y la dirige hacia lo que desea. - Camina de puntillas y se ríe muchas veces sin motivo. - Tiene obsesión por la rutina, no soporta los cambios. Repite un patrón una y otra vez. - Suele quedarse quieto, mirando un punto fijo.
25 de marzo
Día Internacional para la Celebración del bicentenario de la abolición de la trata transatlántica de esclavos
La conmemoración del bicentenario de la abolición de la trata
transatlántica de esclavos, es también una oportunidad para recordar
las formas contemporáneas de esclavitud — como el tráfico de personas,
prostitución forzada, niños soldados, y trabajo forzado y en
condiciones de esclavitud y el uso de niños en el tráfico internacional
de drogas — las cuales siguen floreciendo hoy en día, en gran medida
como resultado de la discriminación, la exclusión social y la
vulnerabilidad exacerbada por la pobreza
Día Internacional de Rememoración de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavos
La Asamblea General designa el 25 de marzo Día Internacional de
Rememoración de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica
de Esclavos, anualmente a partir de 2008, como complemento del ya
existente al Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y
su Abolición de la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura.
24 de marzo
Día Mundial de la TuberculosisEl Día Mundial de la Tuberculosis se celebra todos los años el 24 de marzo. El Día Mundial de la Tuberculosis sirve para generar un mayor nivel
de conciencia respecto de la epidemia mundial de tuberculosis y de los
esfuerzos para acabar con la enfermedad. Actualmente, un tercio de la
población mundial está infectada de tuberculosis. La Alianza Mundial
Alto a la Tuberculosis, red de organizaciones y países que lucha contra
la enfermedad, organiza el Día Mundial para dar a conocer el alcance de
la enfermedad y las formas de prevenirla y curarla.
Este evento, que se celebra cada ano el 24 de abril, marca el dia en en
que el Dr. Robert Koch detectó en 1882 la causa de la tuberculosis, a
saber, el bacilo tuberculoso. Este supuso el primer paso hacia el
diagnóstico y la cura de la enfermedad. La OMS trabaja para reducir, de
aquí al 2015, las tasa de prevalencia y muertes por la mitad.
23 de marzo de 2009 Día Meteorológico Mundial 2009 El tiempo, el clima y el aire que respiramosTodos
los años, el 23 de marzo, la Organización Meteorológica Mundial, sus
188 Miembros y la comunidad meteorológica internacional celebran el Día
Meteorológico Mundial con la elección de un tema oportuno. Este día
conmemora la entrada en vigor, en 1950, del Convenio por el que se
estableció la Organización. Posteriormente, en 1951, la OMM fue
designada organismo especializado del sistema de las Naciones Unidas.
22 de marzo
Día Mundial del Agua
En su
de 22 de diciembre de 1992, la Asamblea General declaró que el Día
Mundial del Agua se celebraría el 22 de marzo de cada año a partir de
1993. La fecha es una ocasión única para recordar a todos que, mediante
la ejecución de acciones concretas para obtener agua potable y mediante
un aumento de la toma de conciencia mundial sobre los problemas que se
generan en este ámbito y las soluciones aplicables, se puede conseguir
cambiar la situación.
Mediante lade 23 de diciembre de 2003, la Asamblea General proclamó el período de
2005 a 2015 Decenio Internacional para la Acción, "El agua, fuente de
vida", que comenzó el 22 de marzo de 2005, Día Mundial del Agua.
21 de marzo
Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial
El Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial se
celebra el 21 de marzo de cada año. Ese día, en 1960, la policía abrió
fuego y mató a 69 personas en una manifestación pacífica contra las
leyes de pases del apartheid que se realizaba en Sharpeville,
Sudáfrica. Al proclamar el Día en 1966, la Asamblea General instó a la
comunidad internacional a redoblar sus esfuerzos para eliminar todas
las formas de discriminación racial
21 al 27 de marzo
Semana de solidaridad con los pueblos que luchan contra el racismo y la discriminación racial
La Asamblea General en su resolución decide declarar que todos los años en todos los Estados, a partír
del 21 de marzo, una semana de solidaridad con los pueblos que luchan
contra el racismo y la discriminación racial.
8 DE MARZO DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

|
China
|
- El dragón amarillo ha
despertado
- del sueño secular; la
flor de loto
- no es ya el adorno de jardín
remoto,
- mas un clarín de acento
arrebatado.
-
- Tú, mujer de sonrisa
maniatada,
- de voluntad y mente
prisioneras,
- hoy se te amplían todas
las fronteras,
- y en tu camino no
interfiere nada.
|
|
-
- Doble cárcel de piel y
pensamiento,
- tras los recios barrotes del
chador,
- en ignorancia, látigo y temor,
- tu única melodía es tu lamento.
-
- Alce el puño iracundo la
cuchilla
- para rasgar la ignominiosa tela,
- que el alma sólo es libre, sólo
vuela
- cuando el miedo, cobarde, se
arrodilla.
|
Afganistán
|
|
Africa
|
-
- Todo el furor de la opresión anida
- en el silencio que tus ojos clava,
- libre por dentro, al exterior
esclava,
- arrastrando una vida que no es vida.
-
- Oye el tam-tam que llama en lejanía
- a destrozar grilletes y cadenas,
- y que el ardor que corre por tus
venas
- forje el amanecer de un nuevo día.
|
|
- Olvidada en poblados miserables,
- con el hambre en el vientre, y la
tristeza
- hundiendo el corazón y la cabeza
- como cargas de acero inevitables.
-
- Ya se te acerca la hora decisiva
- de reencontrar tu dignidad humana,
- cada mujer ha de llamarte hermana,
- y sentirás el gozo de estar
viva.
|
Indígena americana
|
|
Europa
|
- Qué propicio contigo fue el
destino,
- llenando casi por completo el vaso;
- sólo llevas un poco de retraso,
- pero avanzando vas por buen camino.
-
- Tantas vienen detrás, tantas no
pueden
- ni el ritmo mantener ni la
esperanza;
- sereno gozo en tu semblante danza,
- y en tus ojos las sombras
retroceden.
|
|
-
- Tensa pasión en su interior, que
nace
- del cruce de cien razas, sangre
inquieta
- que amotina su impulso, o lo
sujeta,
- que exaspera a su amante o lo
complace.
-
- Largo sendero a recorrer; se guía
- por el ritmo en sus pies, y el
alborozo;
- de la nostalgia puede ir al
sollozo,
- pero en el fondo es pura melodía.
|
Hispanoamericana
|
|
Hindú
|
-
- Ha conquistado el hambre, y aún le
quedan
- castas que fusionar en amalgama;
- sombras del Kama Sutra al Ramayana
- entre su piel y su pensar se
enredan.
-
- Urdimbre que libera o esclaviza,
- avance y retroceso, espuela y freno,
- pero el futuro se presenta lleno
- más de fuego y de luz, que de
ceniza.
|
|
-
-
- En dos idiomas, lágrima y mirada,
- comunicas la historia de tu vida;
- soledad de calleja sin salida,
- y desuso extramuros de la
almohada.
-
- En torno a ti se ha levantado un
muro
- que no caerá, que debe rebasarse;
- quien solamente logra hoy
arrastrarse,
- mañana correrá con pie seguro.
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Árabe
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USA
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- Triunfal sonrisa, sin color, sin
miedo,
- aún sin llegar, mas cerca de la
meta;
- dejó el arco hace tiempo la saeta,
- y hacia la diana apunta como un
dedo.
-
- Qué paisaje irreal, qué
incomprensible
- tanta miseria, tanta desventura;
- desde esta luz, esa distancia
oscura
- parece más allá de lo posible.
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Original de

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